
El Royal Beach Club, el nuevo proyecto que la empresa de cruceros Royal Caribbean planea construir en Playa Mía, Cozumel, Quintana Roo, proyecta atender hasta 4 mil visitantes al día, pese a daños ambientales permanentes e irreversibles que proyecta en la Manifestación de Impacto Ambiental en modalidad Regional (MIA-R).
La empresa Royal Caribbean declara en la MIA que presentó ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) que las obras, en la última playa pública al oeste de la isla de Cozumel, contemplan una infraestructura recreativa diurna con piscinas, restaurantes, accesos a playa y servicios sanitarios, sin ofrecer alojamiento nocturno. El proyecto, de ser aprobado por la Semarnat, ocupará una superficie total de 17.42 hectáreas.

De acuerdo con la Gaceta Ecológica de la Semarnat el proyecto Royal Beach Club Cozumel fue ingresado el 20 de noviembre de 2025. Un mes después, el 17 de diciembre, la Manifestación de Impacto Ambiental entró en el proceso de evaluación por parte de la secretaría.
Ante ello, la organización ambiental Greenpeace México señaló en un comunicado que, lejos de ser una iniciativa sustentable, la empresa reconoce, al menos, seis afectaciones severas en su MIA.
Entre las afectaciones que Royal Caribbean declara están desde la reducción de la cobertura vegetal —que incluye selva mediana y vegetación costera— hasta el daño directo a los manglares, ecosistemas protegidos por la ley mexicana y clave para la defensa natural de las costas y la biodiversidad.
El documento también advierte la pérdida irreversible de flora nativa, incluso de especies bajo protección, así como la disminución permanente del hábitat de la fauna silvestre, lo cual obliga al desplazamiento forzado de numerosas especies.
El Royal Beach Club Cozumel se localizará en el kilómetro 15+000 de la carretera Costera Sur, en el estado de Quintana Roo. La MIA señala que el proyecto estima un periodo de 26 años y 3 meses de su vida útil, de los cuales 1 año y 3 meses serán para la ejecución de las etapas de preparación y construcción. Mientras tanto, los 25 años restantes serán para la etapa de operación y mantenimiento.
La empresa Royal Caribbean justifica que una parte del área propuesta para el proyecto se ubica en una zona ya impactada y, actualmente, en uso por la operación de un museo, un restaurante, bares, albercas, toboganes y otras actividades turísticas, además de un muelle que cuenta con sus propias autorizaciones.
“Todo lo anterior tiene una naturaleza similar a la que se pretende implementar con el nuevo club. Este proyecto está diseñado para ofrecer una experiencia turística integral que incluya entretenimiento, actividades acuáticas, restaurantes y espacios de relajación, con un enfoque en la sostenibilidad y la armonía con el entorno natural”, se lee en la MIA.
La empresa señala, además, que una parte del área destinada al desarrollo del proyecto ya cuenta con las autorizaciones correspondientes en materia de impacto ambiental. Incluso, subrayó que este club de playa no es una infraestructura destinada a construcción hotelera sino recreativa.
La MIA en modalidad Regional señala que el nuevo club de playa que Royal Caribbean busca construir en Cozumel incluirá:
El documento describe que el sitio se organiza en seis zonas generales:

En tanto, la superficie total del proyecto, que contempla 17.42 hectáreas, se organizarían de la siguiente manera:
En total, 5.39 hectáreas están destinadas para el desarrollo del proyecto. Las 12.03 hectáreas restantes del área del proyecto se asignarán a áreas libres.
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Dentro de las justificaciones del proyecto en la MIA Regional, la empresa señala que Cozumel se encuentra entre los lugares con puertos de cruceros más concurridos del mundo, al recibir más de 4.6 millones de cruceristas en 2024, provenientes de más de mil 281 escalas efectuadas ese año.
Además, presenta cifras de 2025 en materia turística, con las que apunta que, en los primeros cuatro meses de ese año, ingresaron 1.8 millones de visitantes en cruceros, aproximadamente, un incremento del 3.5 % con respecto de 2024.
La empresa proyecta, con estos datos, un flujo anual que podría superar los 5 millones de visitantes, de aprobarse este nuevo club de playa. Ante los impactos ambientales reportados en la MIA, Greenpeace México señaló que “la naturaleza no es un objeto que se pueda reubicar o mitigar sin consecuencias fatales”.
Además, resumió en tres puntos cómo este megaproyecto pone en riesgo el futuro de la isla:
1) La empresa admite en su propio estudio que sufrirá impactos “permanentes, irreversibles, acumulativos y sinérgicos”, lo que convierte la supuesta sustentabilidad en un simple trámite administrativo.
2) Habrá un colapso por saturación, pues se planea recibir a 1.4 millones de visitantes anuales en apenas 17 hectáreas, una presión humana masiva sobre arrecifes y costas que ya enfrentan un estrés ecológico crítico.
3) La privatización de este espacio ocasionará, además del daño ecológico, el riesgo de perder el acceso a la última playa pública de la zona para convertirla en un enclave exclusivo para turistas de cruceros, así denuncian las comunidades locales.

Greenpeace México solicita a la Semarnat que niegue la autorización ambiental del proyecto Royal Beach Club Cozumel, ya que el diseño que propone Royal Caribbean incrementa el riesgo de sedimentación, contaminación y estrés ecológico sobre el arrecife, un ecosistema clave frente al cambio climático.
En la campaña “No al Mega Proyecto de ROYAL CARIBBEAN en Cozumel – Detengamos Royal Beach Club”, activa en la plataforma Change.org llaman a reunir firmas para proteger Playa Mía.
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Señalan que este club de playa “no beneficia por ningún motivo a la población de Cozumel” y “el gobierno no debería permitir este tipo de proyectos. Hacemos un llamado a las autoridades locales y al gobierno de Quintana Roo para que escuchen las voces de su gente y tomen una posición clara contra la construcción de este club de playa”.
También enfatizan que la isla de Cozumel ya tiene “suficiente infraestructura para recibir a los turistas mientras conserva sus encantos naturales y apoya a su comunidad”.

El presidente de EU afirmó que las empresas petroleras de su país invertirán miles de millones en la producción petrolera venezolana, pero el dinero no es el único problema que tendrán.
Donald Trump dejó clara su intención de aprovecharse de las reservas petroleras de Venezuela después de su incursión militar y detención del presidente Nicolás Maduro expresando que EE.UU. “administrará” el país hasta que haya una transición “segura”.
El presidente de EE.UU. quiere que las empresas petroleras estadounidenses inviertan miles de millones de dólares en la nación sudamericana, que tiene los mayores yacimientos de crudo del mundo, para reactivar ese recurso hoy subexplotado.
Trump expresó que las empresas estadounidenses repararán la “muy dañada” infraestructura petrolera y “empezarán a generar dinero para el país”.
Pero los expertos advierten de los inmensos desafíos que enfrenta el plan de Trump, señalando que costará miles de millones y tomará hasta una década para lograr una producción significativa de petróleo.
Así que, ¿podrá realmente EE.UU. tomar control de las reservas de petróleo de Venezuela? Y ¿funcionará el plan de Trump?
Con aproximadamente 303.000 millones de barriles, Venezuela ostenta la mayor reserva probada de petróleo.
Pero la cantidad de crudo que el país produce actualmente es diminuta en comparación con esta riqueza.
La producción cayó agudamente desde principios de los 2000, cuando el otrora presidente Hugo Chávez y luego el gobierno de Maduro reforzaron su control sobre la empresa estatal PDVSA, lo que provocó un éxodo de su personal más capacitado.
Aunque varias empresas petroleras, incluyendo la estadounidense Chevron, siguen activas en el país, sus operaciones se han contraído significativamente a medida que Washington amplió las sanciones e interceptó las exportaciones de crudo con miras a restringir el acceso de Maduro a una fuente económica clave.
Las sanciones -primero aplicadas en 2015 durante el gobierno del presidente Barack Obama por supuestas violaciones de derechos humanos- también han dejado a Venezuela descontentada de inversiones y repuestos necesarios para esta industria.
“El desafío verdadero que enfrentan es su infraestructura”, comenta Callum MacPherson, jefe de cotización de materias primas de Investec (empresa Anglo-Sudafricana bancaria y de gestión de patrimonio internacional).
En noviembre, Venezuela produjo aproximadamente 860.000 barriles diarios, según el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía.
Eso es escasamente un tercio de lo que era hace 10 años y representa menos de 1% del consumo de petróleo mundial.
Las reservas del país están hechas del llamado petróleo “pesado, agrio”. Es difícil de refinar, pero útil en la producción de diésel y asfalto. Estados Unidos típicamente produce el petróleo “ligero, dulce” ideal para gasolina.
En anticipación de los ataques y captura de Maduro, EE.UU. también incautó dos buques petroleros frente a las costas de Venezuela, además impuso un bloqueo a la entrada y salida del país de buques cisterna sancionados.
Homayoun Falakshahi, principal analista de cotización de materias primas de la plataforma de datos Kpler, indica que los obstáculos clave para las empresas de petróleo que esperan explotar las reservas venezolanas son legales y políticos.
En conversación con la BBC, el analista dijo que quienes esperan perforar en Venezuela tendrán que llegar a un acuerdo con el gobierno, lo que no será posible hasta que haya un sucesor de Maduro en funciones.
Para Falakshahi, las empresas estarían entonces arriesgando miles de millones de inversiones en la estabilidad de un futuro gobierno venezolano.
“Aun si la situación política es estable, es un proceso que tomará meses”, concluyó.
Las compañías que esperan aprovecharse del plan de Trump necesitarían firmar contratos con el nuevo gobierno cuando esté instalado, antes de empezar el proceso de aumentar la inversión en la infraestructura en Venezuela.
Los analistas también advierten que se requerirán decenas de miles de millones de dólares -y potencialmente una década- para restablecer la producción anterior de Venezuela.
Neil Shearing, analista jefe de Capital Economics, señaló que los planes de Trump tendrían un impacto limitado en el suministro global y, por ende, en el precio del crudo.
Opinó que hay “una enorme cantidad de obstáculos que librar y el plazo de tiempo de lo que va a suceder es muy largo” que los precios del crudo en 2026 verían muy poco cambio.
Shearing vaticinó que las firmas no invertirían hasta que un gobierno estable estuviera instalado en Venezuela, y los proyectos no tendrían rendimiento por “muchos, muchos años”:
“El problema siempre han sido las décadas de inversión insuficiente, el mal manejo y los altos costos de extracción”.
El analista añadió que aunque el país regresara a los niveles anteriores de producción de unos tres millones de barriles diarios, todavía continuaría por debajo de los 10 principales productores mundiales.
Además, Shearing resaltó la alta producción de los países de la OPEP+, diciendo que el mundo actualmente “no está sufriendo de una escasez de petróleo”.
El antiguo director ejecutivo de BP (British Petroleum) John Browne comentó a BBC News que la reactivación de la industria petrolera de Venezuela era un “proyecto a muy largo plazo”.
“La gente subestima el tiempo que se demora hacer las cosas. Alinear todos los recursos, particularmente el material y el personal, toma muchísimo tiempo”.
Mientras que podría haber un “alza rápida” de alguna producción, Browne indicó que el volumen podría de hecho disminuir mientras la industria se reorganiza.
Chevron es el único productor estadounidense todavía activo en Venezuela, después de recibir una licencia de operación bajo el anterior presidente Joe Biden en 2022, a pesar de las sanciones de EE.UU.
La compañía, actualmente responsable de aproximadamente una quinta parte de la extracción de petróleo venezolano, informó que está enfocada en la seguridad de sus empleados y está cumpliendo “con todas las leyes y regulaciones relevantes”.
Las otras grandes firmas petroleras han mantenido silencio público de sus planes hasta ahora, y sólo Chevron ha abordado la situación.
Pero Falakshahi piensa que los jefes de las petroleras estarán conversando internamente sobre si tomar provecho de la oportunidad.
“El apetito de ir a alguna parte esta vinculado a dos factores principales, la situación política y los recursos sobre el terreno”, expresó.
A pesar de la enormemente incierta situación política, Falakshahi concluyó que “la ganancia potencial podría considerarse demasiado grande de eludir”.
John Browne sostuvo que las compañías querrán involucrarse porque “tener opciones de negocio en diferentes partes del mundo es algo bueno”.
“Como oportunidad de negocio, si estás dirigiendo una compañía… vas a querer involucrarte muy rápidamente”.
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