
A cuatro días de la operación militar con la que Estados Unidos capturó en Caracas al presidente Nicolás Maduro, Venezuela permanece en un clima de incertidumbre, miedo y autocensura. Aunque el gobierno quedó formalmente sin su principal figura visible, la estructura del chavismo mantiene el control de las instituciones y ha reforzado su presencia política y militar en las calles.
El operativo del 3 de enero tomó por sorpresa a los venezolanos y al mundo, pero no generó un cambio inmediato del poder: el chavismo movilizó a sus bases civiles y militares, y activó el Decreto n.º 5.200, publicado en la Gaceta Oficial, que declaró el “Estado de conmoción exterior”. La medida autoriza detener a quienes “promuevan o apoyen” el ataque estadounidense, lo que, según periodistas consultados por Animal Político, ha impuesto un ambiente de vigilancia y temor.

El oficialismo ha organizado manifestaciones para exigir la liberación de Maduro, mientras que las celebraciones por la captura han sido prácticamente inexistentes. El clima se ha vuelto más tenso: al menos 15 periodistas fueron detenidos desde el 3 de enero —14 ya liberados— y varios reporteros describen un entorno de hostilidad y riesgo. A ello se sumaron las largas filas en supermercados por miedo a un desabasto y los apagones y fallas de comunicación provocados por los bombardeos iniciales.
Durante los primeros días, Caracas lució inusualmente vacía, con un ambiente “similar al de los días más duros de la pandemia”, según relataron comunicadores locales. En las calles, afirman, el shock fue inmediato: supermercados llenos, colas para comprar gasolina, familias resguardadas en casa sin entender si el país estaba al borde de un conflicto mayor.
Para este 6 de enero, parte de la vida cotidiana parece haberse reanudado: servicios restablecidos, transporte en funcionamiento y calles nuevamente transitadas. Sin embargo, periodistas advierten que, pese a la aparente normalidad, la tensión política, el temor a represalias y la sensación de fragilidad siguen marcando la vida diaria en Venezuela.

Para el periodista y analista del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, Rodolfo Rico, incluso para quienes han cubierto años de crisis política, el 3 de enero marcó un punto de quiebre. En la mañana del operativo, pensó que los primeros estruendos eran fuegos artificiales, solo después de escuchar nuevas detonaciones entendió que algo distinto estaba ocurriendo.
Así, casi al mismo tiempo que la ciudad trataba de descifrar el origen de los ruidos, comenzó a circular la noticia de la captura de Maduro. “La sensación inicial fue de desconcierto, una mezcla de incertidumbre con la idea de que quizá algo podía cambiar”, relata.
Rico explica que esa mezcla de alivio, temor y expectativa domina el ánimo en Caracas. Coincide en que la captura no produjo un vacío de poder, pero sí abrió un escenario inédito: “Trump habla de gobernar a distancia durante 18 meses, sin Maduro, pero con la misma gente. Y sin una oposición con poder real. Eso complica todo”.

La nueva Asamblea Nacional instaló apenas 15 diputados opositores, lo que deja al resto de las fuerzas políticas en una posición marginal frente al aparato oficial.
Sobre la cotidianidad, Rico describe que Caracas vivió entre sábado y domingo una estampa “casi de película apocalíptica”: calles vacías, comercios cerrados y supermercados abiertos solo para compras esenciales.

Desde el lunes, la ciudad recuperó parte de su movimiento, en parte por una instrucción municipal para reabrir locales. Aun así, persiste un toque de queda de facto: negocios que antes cerraban a las 21 o 22 horas ahora lo hace a las 15 o 16 horas. “La ciudad se apaga temprano”, resume.
Señala que el país opera desde hace años con un sistema de delación vecinal y estructuras comunales vinculadas al chavismo, que facilitan denuncias contra ciudadanos por comentarios políticos. “Incluso antes del sábado ya era difícil conseguir testimonios; ahora la gente simplemente no quiere hablar”, afirma.
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También observa cómo el gobierno ha aprovechado los días posteriores al operativo para reforzar su narrativa. Los actos públicos previstos para el fin de semana en la avenida Urdaneta —originalmente culturales— fueron transformados en concentraciones políticas con pantallas y consignas que exigen la “liberación” de Maduro.
Sobre lo que puede venir, Rico admite que nadie tiene claridad. Hay temor a que Estados Unidos pueda realizar nuevas acciones si el gobierno venezolano no atiende sus exigencias, un escenario que, reconoce, “jamás habíamos pensado que podía ser posible”.
En el terreno social, afirma que el país vive una incertidumbre distinta a las anteriores: una mezcla de temor, expectativas cruzadas y la prioridad absoluta de sobrevivir en un contexto en el que el salario mínimo ronda los 5 dólares mensuales. “Puede que nos hayamos acostumbrado a vivir con incertidumbre, pero esta incertidumbre es nueva. Nadie sabe cómo se va a mover”, concluye.

“Venezuela es, en este momento, el peor país para ejercer el periodismo”, afirma Carlos Flores, colaborador de The Spectator y otros medios internacionales. Describe una situación en la que el miedo y la autocensura ya no son solo reflejos sociales, sino mecanismos de supervivencia.
El decreto publicado en la Gaceta Oficial, explica Carlos, permite arrestar a cualquier persona que “hable mal del gobierno”, una amenaza que ha transformado la labor informativa en un ejercicio de extremo riesgo.
Relata que la persecución no solo se dirige a reporteros de medios tradicionales, sino también a quienes documentan la situación desde redes sociales, el último espacio informativo no controlado por el Estado. “Hay una cacería como nunca antes”, dice.
En su caso, reconoce vivir “en absoluto peligro”, pues las fuerzas de seguridad están actuando sin garantías, y el gobierno ha dejado claro que considera a los periodistas como enemigos internos.

Para Flores, la captura de Maduro no puede explicarse solo como una operación militar impecable. Él sostiene que la ausencia total de respuesta de las fuerzas venezolanas apunta a un acuerdo previo entre el mandatario y Washington. “De Venezuela no se disparó ni un solo misil. No se despegó un solo avión, un solo dron, nada”, afirma.
“Caracas está plagada de sistemas de defensa y no hubo ninguno que se activara. Eso no tiene explicación lógica. Yo creo que Nicolás Maduro pactó con Estados Unidos”, dijo.
Según Flores, ese presunto pacto explicaría también decisiones posteriores, como la eliminación de los cargos contra el presidente por su supuesta jefatura del Cártel de los Soles. “Maduro estaba desesperado por salir de acá. Desde mi punto de vista, él vendió al chavismo”, asegura.

Considera que la estrategia de Washington se sostiene en una apuesta directa al colapso interno del oficialismo. “Para mí, esto es una jugada brillante de Trump: la jugada a la implosión del chavismo”, dice.
Aunque parte de la actividad se ha normalizado, insiste en que la calma es superficial. En varias ciudades, añade, los colectivos —grupos armados afines al gobierno— han tomado el control nocturno, imponiendo un toque de queda de facto.

Jesús Alfredo Abreu Mena, periodista y exreportero de política, aseguró que en Caracas se tiene una sensación de incertidumbre respecto de lo que podría suceder en la nueva etapa de la élite política del chavismo.
Agrega en entrevista que en Venezuela ya existía una tensión que se recrudeció con la elección presidencial. “Estamos hablando de un cierre de espacio cívico y político, porque así lo decidió el oficialismo y la élite que gobierna. Además, lo que ocurrió el 3 de enero llevó a los ciudadanos a moderar sus actividades”.
Que esté detenido Nicolás Maduro no significa que haya desaparecido el temor entre los habitantes, y eso lo vimos el lunes 5 de enero, día en el que hubo detenciones de periodistas. Ese es el contexto que tenemos en Venezuela, dijo Abreu Mena, excolaborador de El Pitazo, medio independiente fundado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y Trapiche Films.
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La noche en la que Nicolás Maduro fue detenido por militares estadounidenses muchas personas en Caracas quedaron sin energía. En la zona donde vive Abreu Mena “automáticamente nos quedamos sin servicio eléctrico y empezaron a fallar las coberturas de telefonía, los teléfonos celulares. Lo único que tenía disponible para informarme era la radio pública que está controlada por el gobierno”.
Agrega que se enteró del decreto del Estado de Conmoción varias horas después del ataque estadounidense. “Por la propia censura que existe en Venezuela, donde no hay acceso a medios independientes, si se pregunta en la calle a alguna persona sobre el contenido del decreto, es muy seguro que no lo conozca”.
Después del ataque pasaron unas 4, 5 o 6 horas para que algunos negocios abrieran con mucha cautela y apoyo de cuerpos de seguridad, porque “aquí en Venezuela todo está marcado, de alguna manera, por el miedo a lo que ha sido todo el contexto represivo en el que se desenvuelve el ciudadano en un espacio cívico cerrado”.

Para la periodista venezolana Virginia Acosta, la aparente normalidad que el gobierno intenta transmitir contrasta con el clima de vigilancia y autocensura que domina a buena parte de la población.
Aunque alcaldías y autoridades militares han pedido “retomar la cotidianidad”, Acosta explica que muchos ciudadanos —y especialmente los periodistas— han optado por limitar sus desplazamientos ante la presencia de retenes instalados por funcionarios y colectivos armados, donde se revisan teléfonos celulares, conversaciones de WhatsApp y publicaciones en redes sociales.
“La gente que puede evitar salir lo está haciendo, porque hay miedo real”, señala. En zonas de Caracas, incluso transitar por vías como la Cota Mil, una importante arteria vial, ha sido descrito como un riesgo por las revisiones arbitrarias y la incertidumbre sobre quién controla esos puntos.
A esto se suman los bloqueos de medios digitales y redes sociales, que obligan a la ciudadanía a informarse mediante VPN o a depender de contactos fuera del país. Acosta advierte que el marco institucional se sostiene en una figura inédita en la legislación venezolana: la llamada “falta temporal forzada”, categoría que no existe en la Constitución pero que fue adoptada para justificar que Delcy Rodríguez asumiera como presidenta encargada durante 30 días, con posibilidad de prorrogar el periodo por otros 30.
“Sabemos que no es una falta temporal, es permanente, porque Maduro no va a regresar en el corto plazo”, afirma. Cumplido ese lapso, el gobierno estaría obligado a convocar elecciones, aunque el presidente estadounidense Donald Trump ya afirmó que no habrá comicios en lo inmediato y que se priorizará la “reconstrucción del país”.
La periodista subraya que la estructura del chavismo sigue intacta —del Tribunal Supremo a la Fiscalía y la Fuerza Armada— y que, pese a rumores de fracturas internas, el poder sigue cohesionado en torno al alto mando político que quedó al frente tras el operativo.
En cuanto al panorama electoral, Acosta describe a una oposición desarticulada, pero cuya base social sigue reconociendo a Edmundo González Urrutia y María Corina Machado como los referentes legítimos tras las elecciones previas.

Del lado del oficialismo, considera que la aspirante natural sería Delcy Rodríguez, aunque admite tensiones internas por las versiones que señalan a los hermanos Rodríguez como facilitadores de la información que permitió la captura de Maduro. Si esa candidatura no se consolidara, dice, el otro nombre con peso del chavismo sería Diosdado Cabello.
La periodista también relata cómo los días posteriores al operativo estuvieron marcados por compras de pánico, largas filas en supermercados, farmacias y estaciones de servicio, y fluctuaciones de precios vinculadas a la inestabilidad del tipo de cambio.
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Aunque la situación comenzó a estabilizarse el 6 de enero, la población sigue actuando con cautela ante posibles desabastos o nuevas restricciones. En contraste, las únicas movilizaciones visibles han sido las organizadas por el oficialismo, que —según Acosta— ha coaccionado a trabajadores públicos y vecinos mediante colectivos armados para asistir a actos en apoyo a Maduro. “Movilizaciones para celebrar su captura no existen; sería imposible con las amenazas que hay”, señala.
Pese a la reactivación parcial de la vida cotidiana, Acosta resume el ánimo del país en tres palabras: miedo, incertidumbre y esperanza contenida. “Todos sabemos lo que queremos que pase, que haya un cambio real. Pero nadie tiene certezas de lo que viene”, afirma.
“La captura de Nicolás Maduro no significa que a Venezuela hayan llegado la democracia y la libertad. Eso todavía no existe en Venezuela. No tenemos democracia y no tenemos libertad”, afirma la periodista Ronna Rísquez.
Venezuela comenzó a perder su democracia desde el año 2000, “aunque la gente dirá ‘bueno, Hugo Chávez no era Nicolás Maduro, sí, pero Chávez fue la persona que comenzó a destruir la democracia, ¿no? Entonces, para mí desde que él era presidente comenzó a perder la democracia’”, dijo la periodista de investigación y autora del libro El Tren de Aragua: la banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina.
“Hubo un cambio de líder, pero no de la estructura que controla al país, no hemos visto que haya cambios en las prácticas de represión y violaciones a los derechos humanos que habíamos estado viviendo antes del 3 de enero”, agregó.
Para Ronna Rísquez es preocupante que sigan gobernando las personas que destruyeron el país. Independientemente de la supervisión o vigilancia que ejerza Estados Unidos sobre ellas, “para los venezolanos son quienes formaron parte del equipo de Nicolás Maduro, que participaron en las torturas, en las violaciones a los derechos humanos, en crímenes de lesa humanidad, además de la corrupción”.
Lo fundamental, señala, es que “sí hubo una intervención, Maduro está detenido y enfrentando la justicia, algo que los venezolanos queríamos, pero la democracia y la libertad todavía no han llegado a Venezuela.

Valentina, nombre ficticio de una periodista independiente que pide reservar su identidad por motivos de seguridad, afirma que después de los bombardeos algunos sectores en Caracas se quedaron sin electricidad, incluso por 40 horas.
“En mi caso, nos quedamos sin servicio como a las 15:00 horas del sábado 3 y volvió el lunes 5 al mediodía. Nos quedamos sin agua también, porque se apagan las bombas del edificio, y estuvimos totalmente incomunicados”, agrega en entrevista telefónica con Animal Político.
Asegura que las declaraciones que ha dado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generaron diferentes expectativas, particularmente por el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina, sin mencionar a la opositora María Corina Machado, a quien amplios sectores venezolanos veían como una figura clave.

Además, las versiones contradictorias sobre si Estados Unidos mantiene comunicación o acuerdos con Rodríguez, causa desconcierto: ella negó públicamente cualquier coordinación con Estados Unidos, pero Donald Trump insistió en que su gobierno sí “trabaja” con ella.
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La tensión se reavivó con la instalación de la nueva Asamblea Nacional en el Palacio Federal Legislativo, en el centro de Caracas. Coincide en mencionar que las medidas represivas han aumentado con operativos policiales y grupos civiles armados que en distintos puntos de la ciudad revisan los teléfonos celulares y las redes sociales de los venezolanos.
Sobre el decreto de Estado de Conmoción Exterior, que amplía las facultades de los cuerpos de seguridad, afirma que no es nada nuevo en Venezuela, donde la ciudadanía en general borra chats antes de salir de sus casas, evitan publicaciones en redes sociales y cuidan lo que se dice en público. “La gente vive con la sensación de que cualquiera puede estar observando: el Estado, un policía, un colectivo”, resume.

La principal incógnita, afirma la periodista de la fuente política, sigue siendo política: ¿quién ejerce el poder en Venezuela? Aunque Nicolás Maduro fue capturado, la estructura chavista permanece en las instituciones, lo que ha generado la percepción de que hubo un quiebre, no un cambio real. “Desde afuera puede parecer que todo terminó, pero aquí entendemos que esto apenas comienza”, resume.

El incendio sucedió en un bar de Crans-Montana, en el cantón de Valais. No se ha dado a conocer la causa pero un fiscal descartó que se tratara de un ataque.
Las autoridades en Suiza informaron que “varias decenas” de personas se presumen muertas y por lo menos 100 resultaron heridas tras un incendio en el bar de un centro de esquí en Suiza.
En una rueda de prensa, expresaron que las víctimas de la tragedia son de diferentes nacionalidades y se está trabajando para identificarlas. El ministerio de Exteriores de Italia citó a la policía suiza diciendo que hay unos 40 muertos que no han podido ser identificados por las quemaduras.
Muchos de los heridos también tienen lesiones “significativas” y quemaduras.
Se han enviado unos 10 helicópteros, 40 ambulancias y 150 socorristas al lugar de los hechos en Crans-Montana, cantón de Valais.
La unidad de cuidados intensivos del hospital en Valais está completamente llena, con pacientes siendo enviados a otros centros de cuidados para quemaduras.
Los funcionarios alertaron a la ciudadanía de tomar precauciones para no añadir presión adicional a los hospitales.
No se mencionó la causa del incendio, pero un fiscal local descartó que se tratara de un ataque.
Un testigo que habló con el canal BFMTV de Francia describió a las personas rompiendo las ventanas para huir de la conflagración, algunas gravemente quemadas. También contó de padres corriendo en pánico hacia el lugar para ver si sus hijos estaban atrapados adentro.
Otros testigos que vieron los hechos desde afuera en la calle los describieron como una película de horror y relataron como habían visto unas 20 personas tratando apresuradamente de escapar del humo y las llamas.
La policía divulgó un video tomado después del incendio que muestra la terraza del bar Le Constellation.
Hay mesas, asientos y cojines tirados por el recinto. Se cree que el incendio empezó en el piso inferior.
A eso de la 01:30 hora local (00:30 GMT) se registró un incendio “de origen indeterminado” en el bar Le Constellation en Crans-Montana.
Un joven que estaba dentro del bar expresó al noticiero 24 Heures, “dispositivos pirotécnicos instalados en botellas ordenadas (por clientes) en la discoteca habrían provocado un incendio en el techo”, que “habría estallado muy rápido”, desencadenando escenas de pánico.
Igualmente, un residente de Crans-Montana dijo al mismo noticiero que había “escuchado helicópteros toda la noche”. “Con los fuegos artificiales, al principio no entendíamos de qué iba todo. Y entonces vimos el humo.”
En la rueda de prensa que posteriormente dieron las autoridades del Valais no se comentanaron las causas del incendio, pero testigos citados por los medios suizos culpan a los artefactos pirotécnicos.
El portavoz de la policía del cantón de Valais, Gaëtan Lathion, mencionó con anterioridad a la agencia AFP de “una explosión de origen desconocido”, pero no dio más detalles.
Algunas versiones sugieren que hay al menos 40 muertos, pero la policía ha limitado su información a “decenas”. Lo que destacaron es que hay muchas personas afectadas por la tragedia, probablemente de diferentes nacionalidades.
Expresaron que tomará algún tiempo para descubrir quiénes murieron y quiénes resultaron heridos y de dónde son.
El área ha sido completamente acordonada y se impuso un veto al tráfico aéreo sobre Crans-Montana para permitir el acceso exclusivo de los vehículos de socorro.
La policía manifestó en la rueda de prensa que todos los que están involucrados en la operación están “impactados” por este “momento doloroso”.
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