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La decadencia del expríncipe Andrés: de “héroe” de la Guerra de las Malvinas a su relación con Epstein
La decadencia del expríncipe Andrés: de “héroe” de la Guerra de las Malvinas a su relación con Epstein
Foto: AFP
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La decadencia del expríncipe Andrés: de “héroe” de la Guerra de las Malvinas a su relación con Epstein

Andrés Mountbatten Windsor, quien fuera descrito como "hijo preferido" de la fallecida Isabel II y "héroe" de la Guerra de las Malvinas, fue detenido y liberado horas después este 19 de febrero, por sus vínculos con Epstein.
19 de febrero, 2026
Por: Redacción Animal Político / AFP

El expríncipe Andrés, considerado como el “hijo preferido” de la reina Isabel II, fue detenido la mañana de este jueves por su relación con el agresor sexual Jeffrey Epstein. Horas después fue puesto en libertad “bajo investigación”.

Andrés Mountbatten Windsor fue visto durante años como una celebridad y un militar valiente; sin embargo, se convirtió en una “mancha” para la corona. Este 19 de febrero, la policía de Thames Valley registró también su residencia en una finca que pertenece al rey Carlos III, en Sandringham.

El expríncipe, quien cumplió este jueves 66 años, perdió toda la admiración que generaba y que incluía para los británicos su participación en la Guerra de las Malvinas contra Argentina en 1982. Su nombre reapareció nuevamente tras la revelación de millones de documentos del caso Epstein en Estados Unidos.

Sigue leyendo: Arrestan al expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, bajo sospecha de mala conducta en un cargo público

Su hermano mayor, Carlos III, que sucedió en el trono a su madre, Isabel II, ha querido marcar las distancias, tras revelarse la relación que sostenía Andrés con el fallecido Epstein. “Permítanme dejarlo claro: la justicia debe seguir su curso”, dijo en una declaración firmada personalmente este jueves.

Poco antes de las 19:30 horas locales, la cadena británica BBC difundió una imagen del expríncipe saliendo de una comisaría del condado de Norfolk en el asiento trasero de un automóvil, conmocionado y con la mirada perdida. Las autoridades investigan si habría compartido material confidencial con Epstein en su cargo público.

El pasado 9 de febrero, el monarca británico indicó estar “listo para ayudar” en las investigaciones sobre su hermano, si la policía lo solicitara en la acusación de presunta mala conducta en un cargo público

Un vocero de Carlos III destacó que “el rey ha dejado clara (…) su profunda preocupación por las acusaciones que siguen saliendo a la luz respecto a la conducta del señor (Andrés) Mountbatten Windsor”.

“Héroe” en decadencia

Andrés, quien renunció a sus títulos de príncipe y duque de York, era considerado en el Reino Unido como un “héroe” de la Guerra de las Malvinas, en la que participó a los 22 años como piloto de helicóptero.

La estadounidense Virginia Giuffre, que se quitó la vida en 2025, lo acusó de haberla agredido sexualmente tres veces en 2001, cuando ella tenía 17 años, por la intermediación de Epstein, condenado por pederastia. Andrés siempre negó esas acusaciones.

La familia Giuffre recibió con satisfacción el arresto de Andrés. “Nuestros corazones rotos se han aliviado con la noticia. Nunca fue un príncipe”, señalaron sus hermanos en un comunicado.

En noviembre de 2019, Andrés trató de defenderse sobre su relación con Epstein en una entrevista televisada con la BBC que se convirtió en un verdadero fiasco. El expríncipe se mostró arrogante y carente de compasión por las presuntas víctimas.

Andrés explicó que el financiero le había permitido conocer a gente interesante y juzgó simplemente “inapropiado” el comportamiento de su amigo.

La entrevista provocó tal polémica que lo llevó a anunciar aquel año que se retiraba de la vida pública, una decisión humillante y rarísima para un miembro de la familia real.

Nacido el 19 de febrero de 1960 en el Palacio de Buckingham, diez años después que su hermana, la princesa Ana, Andrés es el tercero de los cuatro hijos de la reina Isabel II y del príncipe Felipe.

En su juventud fue uno de los solteros más codiciados y multiplicó las conquistas antes de casarse, en 1986, con Sarah Ferguson. Dos hijas nacieron de esa unión, las princesas Beatriz (1988) y Eugenia (1990), pero el matrimonio no duró.

A pesar de su divorcio, en 1996, Andrés y Sarah afirmaron ser siempre “los mejores amigos del mundo” y la duquesa salió en su defensa.

Foto: Especial
Foto: Especial

Representante de comercio

Tras su separación, Andrés fue visto junto a mujeres con los pechos descubiertos de vacaciones en Tailandia o participando en una fiesta de disfraces con el tema de “prostitutas y proxenetas” en Estados Unidos.

Después de 22 años en la Marina Real, el duque de York se convirtió en el representante especial del Reino Unido para el comercio internacional, pero fue sumamente criticado por sus elevados gastos a expensas de los contribuyentes.

Precisamente su comportamiento cuando ejercía ese cargo, entre 2001 y 2011, motivó este jueves su arresto por la policía británica.

Lee más: “La familia real no está por encima de la ley”: británicos aprueban arresto del expríncipe Andrés por su relación con Epstein

El pasado 11 de febrero fueron revelados documentos que parecen indicar que el hermano del rey Carlos III proporcionó informaciones confidenciales al agresor sexual Jeffrey Epstein cuando ejercía esa función.

Sus relaciones con el yerno del expresidente tunecino Ben Ali, así como con el hijo del difunto dictador libio Muamar Gadafi y con un multimillonario kazajo eran vistas con malos ojos, pero en 2011 salieron a la luz sus vínculos con Epstein, condenado en 2008 por conducir a las niñas a prostituirse.

Una familia real en desgracia

Andrés Mountbatten Windsor, despojado de sus títulos de príncipe y duque de York por sus vínculos con Epstein, volvió a verse implicado en las últimas revelaciones, entre ellas una foto que lo muestra de rodillas e inclinado sobre una mujer.

La policía británica afirmó que se encontraba investigando una posible mala conducta por la filtración de documentos confidenciales a Epstein, en los tiempos en que Andrés era enviado comercial del gobierno.

Su exesposa, Sarah Ferguson, también apareció con cercanos vínculos con el delincuente sexual Epstein.

Recientemente, medios británicos, como The Sun, reportaron que el expríncipe Andrés se exilió lejos de la Casa Real de Windsor, tras aparecer en fotografías y correos vinculados a Epstein.

Familia real expríncipe caso epstein
Foto: AFP
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Imagen BBC
Por qué te incomoda escuchar a alguien que piensa distinto (no es solo ego)
5 minutos de lectura

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.

18 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.

Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.

Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.

El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.

Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.

El cerebro detecta conflicto antes de razonar

Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.

Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.

La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.

Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.

Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.

dibujo a lapiz de un cerebro. tiene algunas líneas de color amarillo, azul y rojo.
Getty Images
Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.

El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.

Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva

Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.

Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.

A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.

En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.

Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.

Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.

El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.

El estrés dificulta escuchar y pensar con calma

Un factor clave en todo este proceso es el estrés.

Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.

En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.

radiografías del cerebro en una tablet. Una mano señala el dispositivo.
Getty Images
Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.

La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.

Escuchar desde la calma se puede entrenar

La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.

El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.

Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.

Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.

Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.

Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.

De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.

Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.

un hombre canoso, sentado en un escritorio y con un computador en frente, se lleva las manos a la cara. Aunque no se le ve el rostro su posición implica que está angustiado.
Getty Images
El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros.

La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.

Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.

En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.

Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.

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BBC

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