
Cientos de policías federales se desplegarán entre el domingo y el lunes en Mineápolis, estado de Minnesota, después de que el asesinato de una mujer a manos de un agente de inmigración desatara protestas masivas en Estados Unidos, anunció el domingo el gobierno de Donald Trump.
La muerte de Renee Nicole Good, de 37 años, a causa de disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante un operativo el miércoles causó que miles de personas protestaran en los últimos días en varias ciudades del país.
“Habrá cientos más (de policías) para que nuestro personal del ICE y de la Patrulla Fronteriza que trabajan en Mineápolis puedan hacerlo de forma segura”, dijo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, en entrevista con Fox News.
La funcionaria federal precisó que el despliegue se realizará entre este domingo y el lunes.

“Seguiremos haciendo cumplir la ley: si alguien comete actos violentos contra las fuerzas del orden o obstaculiza nuestras operaciones, eso es un delito, y les haremos responsables de las consecuencias”, advirtió.
Más temprano, en otra entrevista con CNN, la secretaria acusó a políticos demócratas de promover la violencia contra agentes de inmigración e insistió en la narrativa de la Casa Blanca de que Good era “una terrorista doméstica” y que el uniformado implicado, Jonathan Ross, actuó en defensa propia.
En un video de celular se ve a Good en el volante de su vehículo, diciéndole al agente: “No estoy enojada con usted”. Cuando Ross pasa frente al carro, se escucha a otro agente ordenar a Good que salga, antes de que ella intente huir. Luego se escuchan disparos. Al final de la grabación, se oye al agente que filmaba decir: “maldita perra”.
“Los hechos de la situación son que el vehículo fue utilizado como arma y atacó al agente. Él se defendió y defendió a quienes estaban a su alrededor. (…) Eso es un acto de terrorismo doméstico”, reiteró Noem en entrevista con CNN el domingo.

Varios políticos demócratas, entre ellos el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, rechazan esa explicación, mostrando videos como prueba.
Desde que murió Good el miércoles, miles de personas se han manifestado en varias ciudades del país, en su mayoría de manera pacífica, para exigir, entre otras cosas, que se aclare por completo las circunstancias de este tiroteo mortal.
Las autoridades demócratas critican, por su parte, que los investigadores locales hayan sido apartados de las pesquisas, dirigidas por el FBI.
La investigación debe ser “neutral, imparcial y basada en el establecimiento de los hechos”, reiteró el domingo Frey en CNN.

Sobrevivientes al ataque de EU en Venezuela que condujo a la captura de Nicolás Maduro cuentan sus testimonios. Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.
Eran las 2:00 de la mañana cuando un proyectil cayó en su departamento. “La onda explosiva me tiró contra la pared”, recuerda Wilman González.
Tirado en el suelo, abrió los brazos mirando al cielo y se despidió: “Dios, perdona todos mis pecados”.
En ese instante, recuerda, “sentí que había muerto”. Momentos después se dio cuenta que tenía enterrada en su cara una astilla de madera que se había desprendido de la puerta.
“Como pude me la saqué y fui a atender a mis hermanos que estaban aturdidos por el impacto”, cuenta a BBC Mundo el electricista de 54 años.
Aún con el pómulo derecho morado, apenas puede creer lo que le pasó a él y su familia este 3 de enero, cuando las fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Wilman vivía en el Bloque 12, un antiguo edificio ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera de Caracas.
Habitado principalmente por personas de edad avanzada en un barrio popular, el Bloque 12, o lo que queda de él, es ahora un símbolo de uno de los mayores acontecimientos ocurridos en la historia reciente de Venezuela: el bombardeo de Estados Unidos ordenado por el presidente Donald Trump.
Y es uno de los edificios civiles afectados en un ataque que principalmente tuvo como objetivo instalaciones militares y de comunicaciones.
Mientras Maduro permanece detenido en una cárcel de Nueva York acusado por cargos relacionados con narcoterrorismo, la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, es quien asumió esta semana las riendas del país bajo la tutela de EU.
Según el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, la operación causó la muerte de unas 100 personas, incluyendo civiles y militares.
Wilman es uno de los sobrevivientes, pero su tía Rosa, de 79 años, que dormía en la habitación del lado, no tuvo la misma suerte.
“Ella empezó a gritar: ‘Ay, me duele, me duele el brazo’ (…). Había una lavadora encima de ella. Una lavadora que con el impacto voló y le cayó encima”, cuenta su sobrino que, con dificultad, logró sacarla y sentarla en una silla.
Fue en ese momento cuando la mujer le dijo que no podía respirar.
Desesperados, los familiares llevaron a Rosa González a un hospital donde recibió atención médica de urgencia. Pero pese a todos los esfuerzos, fue demasiado tarde.
Con el ataúd semi abierto para decirle adiós, dos días después del bombardeo, familiares y amigos velaron a Rosa en una pequeña capilla de paredes blancas frente a una estatua de Jesucristo en la cruz.
Wilman, que por ahora está viviendo en la casa de un cuñado, se para frente al que alguna vez fue su hogar y mira los escombros sin explicarse lo que pasó. “Mira cómo quedó… No es justo, no es justa esta vaina”, dice profundamente molesto, mientras señala los restos del Bloque 12.
“La parte más grande del proyectil quedó en el cuarto de mi tía”.
Los restos del misil estadounidense, cuenta, se los llevó el gobierno. Pero el trauma de la experiencia se queda. “Estamos asustados, nosotros nunca hemos estado en una guerra”, cuenta desconsolado.
“Señores, ¡no a la guerra, no a la guerra!. La guerra no hace falta, lo que hace falta es comer, vivir”, grita con rabia frente al edificio. Lo único que hay frente a sus ojos son paredes demolidas, vidrios quebrados, trozos de objetos personales, y los restos de una vida que nunca volverá a ser como antes.
Su vecino, Jorge Cardona, de 70 años, estaba en la sala de su departamento cuando cayó el misil.
De repente, sintió un ruido y luego vino el impacto. “Escuché la explosión y la llamarada de candela y todo voló”.
Quedó tirado en un pasillo. “La pared del vecino se vino para mi casa y se llevó muebles, se llevó todo”. Cuando logró reaccionar, comenzó a sacudirse el polvo y los escombros que habían caído sobre su cuerpo. Rápidamente se puso un pantalón y unos zapatos, y fue a hablar con los vecinos.
“Yo pensé que nos estaban atacando, pero nunca pensé que me iban a atacar a mí”. El proyectil, cuenta, “pegó en la platabanda (techo) de arriba, en el pasillo, y pasó por la ventana del baño de los vecinos”.
“Estamos vivos de milagro”, le dice a BBC Mundo. “Fue algo que se vive una sola vez en la vida y se ve nada más en las películas de Hollywood, donde el muchacho se salva”.
Jesús Linares, de 48 años, estaba durmiendo cuando un zumbido fuerte lo despertó. Lo primero que se le vino a la cabeza es que podía tratarse de un fuego artificial de las celebraciones de fin de año.
Pero cuando llega el impacto, su hija de 16 años, que estaba durmiendo en la misma habitación, le preguntó: “¿Papá qué pasa?”. Él le contestó: “Hija, nos están invadiendo”.
En ese momento la sacó de la cama y mientras iba camino al cuarto de su madre, sintió un nuevo zumbido. Era el misil que impactó el edificio, destruyendo la entrada principal de su casa.
“La onda expansiva me arrojó al piso y sentí que algo me golpeaba la cabeza. Cuando me levanté le grité a mi hija: ‘¡Al suelo, tírate al suelo!'”.
Descalzo, pasó por encima de unos vidrios para buscar zapatos y alcanzó a empacar alguna ropa para él, su hija, y su madre, de 85 años. Luego entró al departamento de su vecina y la encontró tirada en el suelo, totalmente desorientada y con heridas en el cuerpo.
Coronel de bomberos, con 28 años de servicio en la institución, Jesús se dio cuenta que la mujer requería ayuda inmediata. Con una sábana improvisó un vendaje en la cabeza y otro en la pierna para detener la hemorragia.
Su madre y su hija, afortunadamente, solo quedaron con traumatismos leves.
Recordando lo que pasó esa noche, llega a la conclusión de que automáticamente había aplicado el protocolo que se utiliza en caso de un terremoto. Eso le permitió rescatar con vida a su vecina y ponerse a resguardo junto a sus parientes.
Ahora está colaborando en las tareas de reconstrucción del Bloque 12 y permanece alojado en la casa de un familiar junto a su hija y su madre, con la expectativa de volver a su hogar.
Y aunque Jesús está acostumbrado a lidiar con situaciones difíciles, la caída del misil en su edificio le ha dejado algunas secuelas.
Desde el ataque, Jesús se levanta todos los días a eso de las 2:00 de madrugada, la hora en que el proyectil impactó en su vivienda.
A esa hora, “retrocede la película”, y recuerda lo que vivió el día en que Estados Unidos atacó Venezuela e impactó al Bloque 12.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.