
Miles de manifestantes se congregaron el lunes en una gran plaza del centro de Teherán en apoyo al gobierno de Irán, enfrentado a un amplio movimiento de protesta cuya represión habría causado cientos de muertos.
Tras las repetidas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de intervenir militarmente si la represión continúa, el canciller iraní afirmó el lunes que su país está preparado para una guerra, pero también dispuesto a negociar.

Ante uno de sus mayores desafíos desde la proclamación de la República Islámica en 1979, el gobierno busca retomar el control sacando a las calles a miles de sus partidarios.
Este lunes, miles de personas se congregaron en la céntrica Plaza Enghelab (“Revolución”) enarbolando las banderas de la República Islámica, en señal de apoyo al gobierno.
En un discurso a la multitud, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, afirmó que el país libra una “guerra contra terroristas”, como parte de un conflicto “en cuatro frentes”.
Qalibaf mencionó las guerras económica y psicológica, una “guerra militar” con Estados Unidos y “hoy, una guerra contra terroristas”.

Manifestaciones similares de apoyo al gobierno se registraron también en otras ciudades del país, de acuerdo con imágenes divulgadas por la TV estatal iraní.
Órganos oficiales iraníes afirman que decenas de miembros de las fuerzas de seguridad han muerto en las protestas.
Sin embargo, oenegés basadas fuera de Irán afirman que la violencia del gobierno contra los manifestantes cobró ya centenas de vidas.
La oenegé Irán Human Rights (IHR), con sede en Noruega, afirmó el domingo que había al menos 192 manifestantes muertos desde que comenzaron las protestas, el 28 de diciembre, pero advirtió que el balance real podría ser mucho mayor.
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“Información no verificada indica que al menos varios cientos, o incluso más de 2 mil personas, según algunas fuentes, han sido asesinadas”, subrayó la ONG, que dio cuenta también de más de 2 mil 600 detenciones.
A pesar del corte de Internet impuesto por las autoridades desde el 8 de enero, imágenes filtradas desde Teherán y otras ciudades de Irán, probablemente por vía satélite, han mostrado grandes manifestaciones en las últimas noches.
En un vídeo autenticado por AFP, se ven decenas de cuerpos envueltos en bolsas negras frente a una morgue en la capital, mientras varias personas parecen buscar a sus familiares desaparecidos.
Las protestas, al principio, eran en contra del aumento del costo de vida, pero con el paso de los días se han convertido en un movimiento contra el régimen teocrático que ha gobernado Irán desde la revolución.
Tras haber amenazado varias veces con ordenar una intervención militar en respuesta a la represión, Donald Trump aseguró el domingo que los líderes iraníes querían “negociar” y que se estaba “preparando una reunión”, sin descartar la opción militar.
“Puede que tengamos que actuar antes de una reunión”, dijo Trump, añadiendo que el ejército estadounidense estaba estudiando “opciones muy fuertes”.

Irán “no busca la guerra, pero está totalmente preparado”, respondió este lunes el canciller, Abás Araqchi, en una conferencia de embajadores extranjeros en Teherán.
No obstante, el diplomático agregó que “también estamos preparados para negociar”, pero matizó que “estas negociaciones deben ser justas, con igualdad de derechos y basadas en el respeto mutuo”.

Simultáneamente, la cancillería iraní afirmó que está “abierto” un canal de comunicación entre el gobierno de Teherán y el emisario de Estados Unidos para Oriente Medio.
El domingo, un video ampliamente compartido volvió a mostrar manifestantes reunidos en el distrito de Punak, en Teherán, coreando consignas en apoyo a la monarquía depuesta.
Reza Pahlavi, hijo del sha depuesto y figura opositora iraní desde su exilio en Estados Unidos, instó a las fuerzas armadas y de seguridad en las redes sociales a “apoyar al pueblo”.

Por su parte, China formuló un llamado a la calma y expresó su oposición a cualquier injerencia extranjera.
Y la Unión Europea (UE) anunció que estaba considerando la posibilidad de imponer sanciones a Irán por la represión a las protestas.

A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos ha puesto todos los ojos sobre la figura de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta ejecutiva escogida por el mandatario como su mano derecha.
A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
En un comunicado, la presidenta de la Sala Constitucional del tribunal, Tania D’Amelio, argumentó que la Constitución atribuye al vicepresidente la función de suplir las faltas temporales o absolutas del presidente, como la que atraviesa actualmente el país.
La magistrada se refirió a la operación militar estadounidense que resultó en la detención de Maduro y su esposa como un “secuestro” y una “agresión extranjera”.
Con el nombramiento de Rodríguez como presidenta interina, el tribunal le otorga el poder para liderar “la defensa de la soberanía” y “preservar el orden constitucional”, señalaba el comunicado.
Horas antes del pronunciamiento del TSJ, Rodríguez, en mensaje televisado desde Caracas, también condenó la acción de EE.UU. y calificó la captura de Maduro y su esposa de “secuestro ilegal e ilegítimo”.
“Lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbarie”, aseguró Rodríguez, durante una alocución que dio al país en cadena nacional de radio y televisión.
“Sitiarla, bloquearla, es una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional y configura delitos de lesa humanidad. Que ningún bloqueo pretenda torcer la voluntad de este pueblo”, dijo Rodríguez, quien llamó a sus compatriotas a salir en defensa de su país y afirmó que “en Venezuela solo hay un presidente, que se llama Nicolás Maduro Moros”.
Con esas palabras respondió a lo dicho por el presidente estadounidense, Donald Trump, durante la primera rueda de prensa tras la captura de Maduro.
En la comparecencia convocada para explicar la operación militar realizada este sábado, Trump ya sugirió que Rodríguez podría ser la persona que estaría al frente del gobierno tras la salida de Maduro, pero que trabajaría alineada con el gobierno de EE.UU. en la recuperación de Venezuela.
El mandatario estadounidense aseguró que Rodríguez había estado en contacto con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y dio a entender que aparentemente ella estaría dispuesta a acceder a todas las exigencias de Washington. “No tiene alternativa”, apuntó.
Sin embargo, poco después de la rueda de prensa de Trump, Rodríguez realizó una alocución en cadena nacional de radio y televisión en la que ratificó su posición de considerar a Maduro como “el único presidente de Venezuela”, denunció su captura como un “secuestro” y agregó que Venezuela “no se entrega, no se rinde y jamás va a ser colonia de nadie”.
Estas últimas declaraciones son coherentes con la Delcy Rodríguez a quien Maduro ha calificado en el pasado como “tigresa”, por su defensa del proyecto de socialismo bolivariano.
De hecho, quienes la conocen suelen decir que es “muy inteligente”, pero también que es “dogmática”.
Pero ¿quién es realmente Delcy Rodríguez?
Delcy Rodríguez lleva la política en los genes.
Esta abogada de 56 años es hija de Jorge Antonio Rodríguez, quien fue guerrillero en la década de 1960 y murió bajo custodia policial en 1976, luego de ser detenido por su vinculación con el secuestro de William Niehous, un alto ejecutivo de una empresa estadounidense que operaba en Venezuela.
El fallecimiento de Rodríguez causó conmoción en la opinión pública, pues se produjo debido a las torturas y malos tratos a los que fue sometido por las autoridades policiales.
Esa muerte se convertiría en parte de la motivación que llevaría a Delcy a estudiar Derecho, carrera que cursó en la Universidad Central de Venezuela y que, luego, prosiguió con estudios de Derecho Laboral y Sindical en Francia.
“Tomé una decisión de hacer justicia en el caso de mi papá y entré a la escuela de Derecho. Allí inmediatamente apliqué para ser auxiliar de investigación en el Instituto de Estudios Penales”, comentó una vez ella.
Ese suceso también habría influido en su acercamiento a la política. “La revolución bolivariana, la llegada del comandante Hugo Chávez, fue nuestra venganza personal”, dijo en una entrevista en 2018, aunque aseguró que no actuaba movida por el odio.
Al igual que su hermano mayor, Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, Delcy Rodríguez comenzaría su escalada en la jerarquía política durante el gobierno de Hugo Chávez, cuando llegó por primera vez al gabinete para ocupar por unos meses el Ministerio del Despacho de la Presidencia.
Pero fue tras la llegada de Maduro al poder cuando ocupó numerosas posiciones en la cima del Poder Ejecutivo. Inicialmente, fue ministra de Comunicación e Información, ministra de Economía y canciller.
Y, en los últimos tiempos, ascendió hasta la vicepresidencia ejecutiva, cargo al que además le ha sumado las responsabilidades de ministra de Hidrocarburos.
También fue la primera presidenta de la polémica Asamblea Nacional Constituyente electa en 2017, un cargo de gran relevancia pues -al menos en la teoría jurídica- disponía de más poder que la presidencia, por ser considerado un órgano con carácter supraconstitucional.
Al igual que su hermano Jorge, Delcy ha sido una pieza fundamental que el gobierno de Maduro ha usado como operador político tanto fuera como dentro de Venezuela.
“Delcy trabaja en dúo con su hermano. Ella es un poco menos intelectual, más operativa. Son personas bien formadas que han ocupado un vacío como consecuencia del abandono absoluto de gente capaz que ha habido en el gobierno”, opinó el politólogo Nícmer Evans en entrevista con BBC Mundo en 2024
Delcy Rodríguez ocupó formalmente el cargo de ministra de Exteriores de Maduro entre 2014 y 2017, pero más allá de detentar el cargo, ella nunca ha dejado de ser una de las caras visibles del gobierno tanto dentro como fuera de Venezuela.
De hecho, en los últimos años durante los cuales Maduro redujo sus viajes al exterior, ella ha sido una operadora clave en las relaciones con países aliados como Turquía, China o Irán.
En la escena internacional, Rodríguez también ha protagonizado varios incidentes como cuando en 2016, siendo canciller, intentó ingresar a una reunión del Mercosur en Buenos Aires, luego de que Venezuela hubiera sido excluida del bloque.
Años más tarde, ocurriría lo que la prensa española llama el “Delcygate”, una polémica que estalló luego de que la madrugada del 20 de enero de 2020, Rodríguez aterrizara en un avión privado en el aeropuerto de Barajas en Madrid, donde se reunió durante algunas horas con el entonces ministro de Transporte de España, José Luis Ábalos, a pesar de que sobre ella pesaba una prohibición de entrada en el espacio Schengen emitida por Austria.
Rodríguez es una del medio centenar de altos funcionarios venezolanos sobre quienes la UE ha impuesto sanciones debido a las violaciones de los derechos humanos y al deterioro de la democracia en Venezuela.
Fue sancionada por EE.UU. en 2018, cuando el Tesoro de ese país impuso también este tipo de medidas contra su hermano Jorge Rodríguez, así como contra el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y la primera dama, Cilia Flores.
Entonces, como ahora, Delcy Rodríguez ha rechazado este tipo de medidas y ha cuestionado de forma abierta estas políticas estadounidenses.
Así pues, pasar de eso a ser el supuesto instrumento de Trump para una transición post-Maduro en Venezuela puede exigirle unas dotes de contorsionismo político de esas que solamente pueden lograrse bajo la presión de las realidades más tozudas.
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