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Crecen detenciones por posesión de drogas y leyes facilitan violencia en gobierno de AMLO
Crecen detenciones por posesión de drogas y leyes facilitan violencia en gobierno de AMLO
Las policías han realizado, de manera creciente, más detenciones y puestas a disposición de personas por posesión simple de drogas. Ilustración: Margarita Sousa @yue.ms
11 minutos de lectura

Crecen detenciones por posesión de drogas y leyes facilitan violencia en gobierno de AMLO

El sistema de justicia penal invierte más tiempo y recursos en privar de la libertad a personas por delitos menores de drogas, que en desarticular estructuras del narcotráfico organizado. La ley facilita la acreditación de la posesión simple, que envía personas a prisión de manera sistemática.
30 de noviembre, 2023
Por: Marcela Nochebuena

*Esta investigación forma parte del especial “Miedo, castigo y estigma: el fracaso de la política de drogas de AMLO”, realizado en alianza con Elementa DDHH.

Mientras las campañas impulsadas desde la vocería del Gobierno de México recrudecen un discurso que estigmatiza a las personas usuarias de sustancias, y el consumo de drogas crece y se diversifica, en los últimos años también se ha incrementado la criminalización directa: las detenciones y puestas a disposición por posesión simple van a la alza.  

Si bien entre 2019 y 2020, todavía en los primeros años de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, las detenciones por portar sustancias psicoactivas sin ánimo de venta registraron una leve disminución, al pasar de 43 mil 945 a 42 mil 308 casos, para 2021 –de un año a otro– crecieron en un 25%, para sumar 53 mil 032. 

Datos de los censos nacionales de Seguridad Pública entre 2020 y 2022 evidencian que las policías han realizado, de manera creciente, más detenciones y puestas a disposición de personas por posesión simple, es decir, aquellas que llevan consigo sustancias sin intención de venderlas. 

El delito está previsto tanto en el artículo 477 de la Ley General de Salud como en el 195 bis del Código Penal Federal bajo la figura de narcomenudeo. La primera legislación impone penas de diez meses a tres años de prisión y hasta ochenta días de multa, mientras que el segundo impone cuatro a siete años y medio de prisión y de 50 a 150 días de multa.

El castigo aplica a las personas que poseen alguna de las sustancias contempladas en la Ley General de Salud –opio, heroína, mariguana, cocaína, LSD, metanfetaminas–, siempre y cuando sea una cantidad inferior al resultado de multiplicar por mil los máximos de consumo personal previstos y, por las circunstancias, se considere que no está destinada a la comercialización.

gráfico posesión drogas simples
Diseño: Nadia Núñez @naddnuk

De acuerdo con especialistas y organizaciones, la legislación vigente da pie a que personas que no están involucradas con el narcomenudeo sean detenidas arbitrariamente, violentadas y estigmatizadas, pero aún más grave: procesadas penalmente y privadas de la libertad incluso sin sentencia, pues para el delito de posesión simple aplica la medida de prisión preventiva oficiosa.

De acuerdo con la organización Elementa DDHH, tal como ha venido documentando desde la elaboración de su informe Historias de detención por posesión simple, las policías siguen actuando en gran volumen en contra de la población usuaria de sustancias. 

Las prácticas de hostigamiento se evidencian con el aumento –en la última versión disponible del Censo Nacional de Seguridad Pública– de casi 10 mil casos a nivel nacional entre 2019 y 2021, con lo que en esta administración suman ya 139 mil las detenciones por portar alguna sustancia. 

Lee: “Fentanilo. ¡A la primera te mata!”: SEP anuncia campaña contra las drogas en secundarias y prepas

Aunque en muchos casos estas puestas a disposición del Ministerio Público no necesariamente culminan en la privación de la libertad, se convierten en un mecanismo muy utilizado para extorsionar a las personas. De esta manera, se mantiene el status quo jurídico que permite la criminalización de la posesión simple. 

La arbitrariedad radica en que la autoridad no tiene que comprobar el ánimo de venta para detener, procesar o condenar. Ese es uno de los principales hechos que el actual gobierno prometió cambiar, con el cannabis como puerta de entrada, explica Adriana Muro, directora de Elementa DDHH.  

Las policías, y ahora las entidades militarizadas –con el incremento de su presencia en las calles–, siguen teniendo la facultad de detener personas. “¿Qué nos están diciendo los datos? En este sexenio se han detenido a más de 90 mil personas por delitos de drogas. No todas llegan a cárcel, muchas son presentadas al Ministerio Público, pero en el inter hay muchas vulneraciones a derechos humanos: detenciones arbitrarias, violencia física, psicológica, sexual y corrupción”, agrega.  

Descensos en privaciones de la libertad, pero no en todo el país 

En contraste con el incremento de las detenciones o puestas a disposición del Ministerio Público por posesión simple, la cifra total de personas privadas de la libertad por este delito sí ha registrado una disminución durante este sexenio, pero no en todos los estados del país. En algunos de ellos se evidencian, incluso, incrementos importantes.

A nivel nacional, tomando en cuenta penales estatales y federales, mientras que en 2019 había 9 mil 372 personas privadas en centros de reclusión por posesión simple, para 2022 sumaron 5 mil 332, lo que implica una disminución del 43%.

Sin embargo, de acuerdo con especialistas y organizaciones, esto podría deberse en gran medida a la clasificación del delito, ya que está contemplado dentro de la figura de narcomenudeo. Esto quiere decir que más que a un alto a la criminalización, el cambio en la estadística respondería a la conducta en la que se busca encuadrar a la persona detenida con sustancias psicoactivas.

Por ejemplo, Durango “destaca” por la drástica disminución de personas privadas de la libertad en la entidad por este delito. Entre 2019 y 2021 tenía una tendencia creciente, de 634 a 757, y después a mil 017 personas. Repentinamente, para 2022 registró cero privaciones de la libertad. Sin embargo, casi la totalidad de las detenciones –mil 076– fueron clasificadas como posesión con fines de comercio.

Por otro lado, aunque las personas privadas de la libertad por este delito en centros penitenciarios federales pasaron de mil 141 en 2019 a 267 para 2023, al tratarse de un delito del fuero común, la posesión simple se persigue en mayor medida en las entidades federativas.

Mientras que Chihuahua registra el mayor descenso en privaciones de la libertad, al pasar de mil 761 en 2020 a 119 en 2022, entidades como Ciudad de México y Nuevo León muestran una tendencia a la baja en el último año a la que, en realidad, antecede un crecimiento sostenido desde 2019, cuando ambos estados tenían mucho menos personas en reclusión por posesión simple. 

Gráfico posesión simple por estado
Diseño: Nadia Núñez @naddnuk

En contraste, en entidades como Guanajuato y Sonora se ha incrementado significativamente el número de personas privadas de la libertad por el delito al pasar, el primero, de 225 a 563 y el segundo de 67 a mil 77. En otros como Querétaro, Puebla, Quintana Roo, Tamaulipas, Zacatecas, Coahuila y Veracruz también ha crecido el total de personas en prisión por posesión simple.

Para Angela Guerrero, especialista en regulación y política de drogas, en este sexenio se terminaron utilizando las prácticas que tanto se criticaron antes, en el modelo de comunicación –campañas– y de prevención, pero también en el uso que se le ha dado a las fuerzas de seguridad en el país. 

“Aun cuando no lo vemos, porque hay otro tipo de iniciativas que están buscando que no se criminalice por posesión de ciertas sustancias, por otras sustancias sí siguen entrando a los centros penitenciarios y siguen apostando a detener a aquellas personas que no tienen manera de defenderse en un proceso legal”, apunta. 

La “reincidencia” de portar drogas también se castiga

Aunado al crecimiento general de detenciones por posesión simple, y a la relativa disminución de personas privadas de la libertad por ese delito –que no es una realidad en todo el país–, el 32% de ellas regresa a la prisión por el mismo motivo.

Durante 2021, el número de ingresos registrados a nivel nacional por el delito fue de 10 mil 76. En 3 mil 273 casos se trató de personas reincidentes, que fueron privadas de la libertad por segunda vez por portar una sustancia. 

De esta manera, el total de nuevos ingresos por posesión simple representó un 6.3% de todos los nuevos ingresos a reclusorios en ese año. Durante el año anterior, el número de nuevos internamientos había sido de 7 mil 385 personas, un 26% menos.

Lee: Sin más evidencia que el prejuicio: la segunda fase de la campaña contra las drogas del gobierno federal

Para Elementa DDHH, estos datos evidencian que la autoridad sigue haciendo un sobreejercicio del poder sobre las personas consumidoras, incluso sabiendo que muchas no cumplirán una sentencia. En ese sentido, la actual administración no solo mantiene una naturaleza punitiva, sino una narrativa que presenta el incremento de detenciones como sinónimo de éxito de las fuerzas armadas.

Además de basar la persecución en un sistema de cantidades que no toma en consideración el contexto de las conductas, lo que genera una dificultad para determinar el comportamiento que justifica la detención. Esto se debe a que persiste un gran número de acciones concentradas en la figura de narcomenudeo, así como a la falta de investigación y medios probatorios. 

En contraste, no existe un abordaje de los problemas de seguridad mediante el desmantelamiento de las cadenas de violencia y las redes de macrocriminalidad, mientras que las propuestas de modificación al marco jurídico en materia de política de drogas siguen congeladas.

La legislación vigente da pie a que personas que no están involucradas con el narcomenudeo sean detenidas arbitrariamente, violentadas y estigmatizadas, acusan activistas.
La legislación vigente da pie a que personas que no están involucradas con el narcomenudeo sean detenidas arbitrariamente, acusan activistas. Foto: Cuartoscuro

La legislación sobre drogas que nunca llegó

Durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, se han presentado ante el Congreso de la Unión 45 iniciativas –22 en el Senado y 23 en la Cámara de Diputados– relacionadas con cambios en la política de drogas.

Estas propuestas han buscado, en suma, expedir una ley que regule el mercado de cannabis en el país, modificar la Ley General de Salud para regular el uso de esa sustancia con fines medicinales y científicos, y cambiar el Código Penal Federal para dejar de perseguir penalmente algunas conductas relacionadas con drogas.

Otras han abordado la posibilidad de otorgar amnistía a las personas consumidoras y establecer medidas fiscales para la comercialización de la cannabis, así como regularla con enfoque de justicia social y derechos humanos. Esta última presentada por la senadora Olga Sánchez Cordero.

Ninguna ha prosperado. El proceso legislativo ha sido obstaculizado, por un lado, por la supuesta intromisión de empresas privadas extranjeras para generar una regulación a modo que les permita acaparar el mercado y, por el otro, por la postura del presidente López Obrador, que ha dicho que no existen condiciones para ello ni consenso al interior de su gabinete. 

En opinión de la senadora Patricia Mercado, el paso más importante es avanzar en la propuesta de legalización de la cannabis en primer lugar porque es un mandato de la Suprema Corte de Justicia, tanto para uso medicinal como para uso adulto y lúdico, y en segundo, porque significa abrir la puerta a un camino distinto al prohibicionismo.  

“La política prohibicionista, en realidad, a los que más les ha pegado, los que han pagado los costos, son los más pobres, los más vulnerables, las regiones rurales más empobrecidas en ciertos estados de la República. Es cambiar el camino, meter sobre todo a estas poblaciones que han puesto los muertos, como decimos, al cultivo, a la producción de manera legal, y el consumo personal dejar de castigarlo, de prohibirlo”, apunta.

Lee: Seis años sin datos sobre consumo de drogas; en 2024 se prevén primeros resultados de encuesta nacional

En su radiografía Historias de detención por posesión simple, Elementa DDHH muestra un panorama de las características de las personas detenidas por este delito: usuarias de sustancias psicoactivas en su mayoría pertenecientes a grupos en situación de vulnerabilidad, ya sea por sus condiciones socioculturales, su origen étnico o su orientación sexual. El 55% puestas a disposición, además, entre los 15 y 20 años de edad.

Entre otros aspectos, la iniciativa de Sánchez Cordero, presentada desde noviembre del 2018, contemplaba eliminar la cannabis del Código Penal Federal para regularla en la Ley General de Salud con 28 gramos para uso personal y crear clubes regulados e inscritos, así como un instituto, bajo el principio de que la política prohibicionista no va a dar resultados ni en México ni en Estados Unidos.

Esto contribuiría, al mismo tiempo, a terminar con el estigma sobre las personas consumidoras, así como con su discriminación y exclusión. Después de un tramo de avance, la propuesta permanece hasta hoy congelada en el Senado. Mercado sostiene que a pesar de los compromisos, la voluntad política está cerrada y no hay manera de discutirla, pese a que la Suprema Corte ya ordenó legislar al respecto.

Durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, se han presentado ante el Congreso de la Unión 45 iniciativas –22 en el Senado y 23 en la Cámara de Diputados– relacionadas con cambios en la política de drogas.
Durante la actual administración se han presentado sin éxito 45 iniciativas relacionadas con cambios en la política de drogas. Foto: Cuartoscuro

Sin voluntad en política de drogas

Apenas en septiembre pasado, López Obrador viajó a Colombia, por invitación del presidente Gustavo Petro Urrego, a la Conferencia Latinoamericana y del Caribe “Por una política de drogas para la vida, la paz y el desarrollo”, que concluyó con la adopción de una declaración conjunta. 

Ahí, compartió la mesa y el diálogo con una administración que ha privilegiado un enfoque opuesto al suyo: derechos humanos, salud pública, justicia social y reducción de daños frente a las políticas carcelarias y el prohibicionismo.

La senadora Mercado pensó que era una buena oportunidad para revivir la iniciativa, pues uno de los temas centrales fue el daño a los más vulnerados con la política punitiva; la presencia del Presidente, de alguna manera, mostraba que estaba de acuerdo con la política colombiana. “Pero no significó nada esa visita, no cambió absolutamente en nada la voluntad de la coalición mayoritaria”, lamenta.

A unos días de que se cumplan los primeros cinco años de su gobierno, el viraje en la voluntad y la narrativa ha quedado claro: “No descarto la posibilidad de convocar a una reflexión colectiva sobre la legalización de algunas drogas, sobre todo las drogas curativas o de atención médica. La misma campaña nos ha costado trabajo porque no había infraestructura para atender enfermos por consumo de drogas”, decía López Obrador en 2019.

Para 2023, su discurso ya era otro: “Se va a lanzar una campaña para inhibir el consumo de drogas, sobre todo de fentanilo. En México no tenemos el mismo grado de consumo como en otros países. Estamos reforzando con programas sociales y exaltando nuestros valores culturales y morales… El uso y consumo de sustancias y violencia son un fenómeno social. Donde hay violencia, hay que sospechar uso de drogas”.

A 2 mil 700 kilómetros de Palacio Nacional, Lilia Pacheco, quien dirige Prevencasa en Tijuana, Baja California –donde se proporcionan jeringas, servicios médicos y reducción de daños, siempre con una dosis de naloxona disponible para sobredosis–, explica lo que falta entender como sociedad y en el sistema público de salud para acabar con los estigmas sobre las personas usuarias de drogas:

“Primero, qué es la reducción de daños, y entenderlo de esta manera tan pragmática como que sabemos que existe uso de sustancias, que ha existido por cientos de años y seguirá existiendo; independientemente de cualquier política de drogas de cada país, va a haber consumo de sustancias, y tenemos que respetar el derecho de las personas, la decisión de que usen sustancias, pero también tenemos que apoyarlas para que tengan una mejor calidad de vida”.

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Imagen BBC
Los tsimane, la remota comunidad en Bolivia donde las personas envejecen más lento que el resto del mundo
18 minutos de lectura

Estudios de más de dos décadas señalan que los corazones y cerebros de las personas de esta comunidad indígena son los más sanos del planeta.

18 de julio, 2024
Por: BBC News Mundo
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Martina Canchi Nate tiene 80 años. Ochenta. Y una vitalidad indómita, desbordante.

En medio de la selva donde vive, una nube de mariposas rojas la escolta mientras camina por su chaco, que es el pedazo de tierra donde cultiva lo que necesita para comer: yuca, maíz, plátano y arroz.

Después de media hora de caminata, Martina desentierra en poco menos de diez minutos y con sus propias manos tres matas de yuca para extraer los tubérculos de la raíz y destaja con apenas dos golpes de cuchillo varias plataneras para arrancarle los racimos, que luego se cuelga sobre la espalda para cargarlos hasta su casa.

“¿No le da miedo herirse?”, le pregunto mientras, ya de vuelta en su quincho, pulveriza con una piedra pesada los granos de maíz con que preparará chicha, la bebida tradicional de su pueblo.

“No sé qué es eso”, me responde con naturalidad.

Martina es tsimane, una de las 36 naciones indígenas oficialmente reconocidas en el Estado plurinacional de Bolivia.

Es una de los 16.000 miembros de una comunidad seminómada que habita en Misión Fátima, un remoto rincón de la selva amazónica boliviana que está a seis horas en bote desde San Borja, a unos 600 kilómetros al norte de La Paz.

Su aislamiento, creen los expertos, ha sido clave en la forma de envejecer de esta etnia, tan única e irrepetible que lleva décadas siendo estudiada por los científicos.

“Los tsimanes tienen menos arteriosclerosis que las mujeres y hombres japoneses que siguen una dieta extremadamente baja en grasas”, le dice a BBC Mundo el antropólogo Hillard Kaplan en la sala de su casa de San Borja, hasta donde viajamos para entender más el trabajo que lidera desde hace más de 20 años.

Mujer tsimane
BBC
Se estima que hay cerca de 16.000 tsimanes que viven en Bolivia.

Sus investigaciones -hechas con académicos de la Universidad del Sur de California y Nuevo México, en EE.UU-, han revelado que los tsimanes tienen las arterias más sanas que se hayan estudiado hasta ahora en el planeta y que su cerebro envejece a un ritmo mucho más lento que el de sus pares norteamericanos, europeos y de otras regiones del mundo.

Ese vigor otoñal que vimos en Martina se repite en decenas de ancianos tsimanes que mantienen en pleno siglo XXI prácticas preindustriales de agricultura, pesca y caza como medios de subsistencia, las cuales -según nos cuenta Kaplan- “implican actividades físicas y formas de alimentarse que evidentemente tienen un efecto en su particular estado de salud”.

Jatata y chicha

En el caso de Martina, una de las actividades que más tiempo le requiere es un oficio exclusivo de las mujeres tsimanes: tejer los techos de las casas de madera con jatata, una planta que crece en las zonas más profundas del pie de monte que bordea a Misión Fátima.

Para conseguir la cantidad adecuada, Martina debe internarse en la selva y caminar seis horas -tres de ida y tres de regreso-, con los pies descalzos, cargando las ramas en la espalda.

“Lo hago una o dos veces por mes, aunque ahora cada día me cuesta más”, reconoce.

Pero el tratamiento no termina allí: tras el secado de la hoja comienza un proceso que es tan delicado como hacer las trenzas a una niña, pero tan complejo como levantar un rascacielos: el tejido debe quedar firme para que no se filtre el agua, pero a la vez, no tan hermético como para que no permita la entrada del aire.

Tsimane
BBC
Los tsimanes llegan a hacer un promedio de 17.500 pasos diarios. Y muchos andan descalzos gran parte del día.

Muchos de esos techos también se hacen para venderlos en centros urbanos como San Borja o Trinidad, lo que les trae algo de alivio económico a las mujeres involucradas.

“Los tsimanes más ancianos dependen de ellos mismos para comer porque, más allá del apoyo que existe entre familias e incluso de la comunidad, lo cierto es que cada persona responde por los suyos y muchas veces los descendientes de estos ancianos deben pensar primero en alimentar a los sus propios hijos”, le explica a BBC Mundo el médico boliviano Daniel Eid Rodríguez, quien hace parte del equipo de investigación desde sus inicios.

“Eso hace que se vean obligados a realizar actividades diarias que les exigen a todos los niveles, no solo físico sino también mental”, agrega.

Las mariposas rojas detienen su aleteo cuando Martina declara que la chicha está lista. La bebida fermentada, espesa y amarilla, comienza a circular en unas totumas enormes que apenas caben en la mano.

Martina con una totuma de chicha
BBC
La alimentación es uno de los aspectos fundamentales de la buena salud de la que gozan los ancianos tsimanes.

El sabor dulce de lo que beben arranca varias sonrisas.

“Si ves, aquí nadie fuma”, nos dice Jesús Bani, intentando explicarnos la causa de la fuerza que observamos en Martina y los otros ancianos.

“El único vicio para nosotros los tsimanes es tomar chicha”, nos aclara divertido.

El corazón y el cerebro

En marzo de 2013, el cardiólogo estadounidense Randall C. Thompson publicó junto a un equipo de especialistas un estudio que afirmaba que tras examinar mediante resonancias magnéticas a más de 140 momias de tres antiguas civilizaciones (la egipcia, la incaica y la que habitaba las islas aleutianas cerca de Alaska) habían encontrado signos de arteriosclerosis en 47 de ellas.

Esa afirmación ponía en entredicho la creencia médica de que la presencia de placas en las arterias en personas de edad avanzada era una condición que habían traído la modernidad y la sociedad industrializada con su sedentarismo y su dieta de alimentos ultraprocesados.

Entre los académicos intrigados por esa publicación estaban Kaplan y su colega de la Universidad del Sur de California Michael Guvern.

Pero incluso más que los resultados, les llamó la atención el método.

En ese entonces, Kaplan y Guvern llevaban cerca de diez años estudiando a los tsimanes en Bolivia.

Habían llegado a ellos con el propósito de conocer más sobre cómo envejecen las sociedades antes del impacto de la tecnología.

Aunque fueron visitados por los españoles en el siglo XVI, los tsimanes han seguido viviendo según sus costumbres ancestrales, ajenos a la mayoría de los cambios del mundo moderno, con el que hasta hace poco apenas habían tenido contacto.

De hecho, su idioma, el moseten-chimane, refleja su aislamiento: no tienen muchas palabras y para nombrar gran parte de los artefactos contemporáneos deben usar el español. Para comunicarnos con ellos, fue clave el rol de Jesús, que actuó de traductor.

“En nuestro estudio habíamos notado que los ancianos no mostraban signos de padecimientos propios de la vejez como hipertensión, diabetes o problemas cardíacos, pero nuestra aproximación era antropológica, no médica”, anota Kaplan.

“Solo con un método como el que usó el profesor Thompson, o sea con tomografías computarizadas, podíamos saber exactamente qué ocurría dentro de sus cuerpos”, le explica el especialista a BBC Mundo.

mapa de Bolivia
BBC

Kaplan y Guvern convencieron al equipo de Thompson de unirse a su investigación para ampliarla al campo médico.

Durante cerca de un año, 700 ancianos tsimanes participaron en un programa que se llevó a cabo en el hospital de Trinidad, la capital del departamento del Beni, que tenía el único tomógrafo que existía en la región.

El estudio, cuyos primeros resultados se publicaron en la revista The Lancet en 2017, confirmó las sospechas que tenían desde el principio: el 87% de los tsimanes mayores de 70 años que fueron examinados presentaban un mínimo riesgo de cardiopatía aterosclerótica.

Una segunda fase, que se dio a conocer en 2023 en la revista Proceedings of the National Academy of Science, entregó otro resultado sorpresivo: los ancianos tsimanes presentaban hasta un 70% menos de atrofia cerebral que personas de la misma edad en países industrializados como Reino Unido, Japón o Estados Unidos.

En palabras de Kaplan: un tsimane de 80 años tenía la misma salud cardiovascular y cerebral que un adulto de 55 años en Nueva York o Londres. Y a la hora de envejecer, sus cerebros parecían hacerlo de forma mucho más lenta.

“Nos encontramos con cero casos de alzhéimer entre toda la población adulta. Es muy notable en medio del mundo que vivimos”, nos relata Eid en las afueras del hospital de Trinidad, donde él está a cargo de una nueva fase de investigación con los ancianos tsimanes.

Con los datos ya obtenidos, los científicos comenzaron a trabajar con más ahínco que nunca para descubrir la fuente de ese bienestar prolongado.

Los dos estudios dirigidos por Kaplan fueron corroborados ampliamente por otros investigadores, varios de ellos consultados por BBC Mundo, quienes los confirmaron como una importante revelación tanto en el campo de la medicina como en el de la antropología.

Hillard Kaplan.
BBC
El antropólogo Hillard Kaplan ha estado al frente de la investigación sobre los tsimanes desde hace más de 20 años.

El Edén de los tsimanes

Juan Gutiérrez Rivero tenía 8 años cuando escuchó por primera vez de un lugar llamado Loma Santa. Así lo cuenta mientras acecha agazapado a un mono araña antes de que el primate perciba su presencia y huya entre la espesa vegetación.

“Cada vez hay menos animales y cada vez hay que caminar más para cazarlos”, se queja.

Juan tiene 78 años, aunque cuesta creerlo al observarlo cómo se mueve cuando apunta al animal. Su estado físico es prodigioso: cabello oscuro sin una cana, ojos vivaces, las manos musculosas y firmes. Si no fuera por las profundas arrugas del rostro, podría pasar por un joven padre que debe salir a cazar para sobrevivir.

“La mayoría de los tsimanes pueden estar entre cuatro o seis horas activos sin descansar, ya sea caminando, sembrando o en labores domésticas. Estar en movimiento es parte de su identidad”, nos indica Kaplan.

Resonancia magnetica a un tsimane
BBC
En los últimos seis años se han estudiado cerca de 1.500 tsimanes mediante el uso de tomografías computarizadas.

Y del secreto de su envidiable salud arterial, añade el experto.

Más números que lo ilustran: gracias al uso de relojes electrónicos, en la investigación se logró determinar que los tsimanes completan un promedio diario de 17.000 pasos, cuando la media de una persona en Occidente se calcula en apenas 6.000.

La caza es de gran exigencia física.

A Juan le enseñó su padre mientras recorrían el Beni en el empeño de encontrar la Loma Santa, ese lugar que le describía colmado de animales, tierras fértiles y ríos transparentes, donde se podía pescar con solo meter las manos en el agua. El Edén de los tsimanes.

De él aprendió cómo pulir las flechas y cuáles utilizar en las presas enormes como el tapir o en las pequeñas como los monos. También lo inició en las destrezas con armas de fuego y en las estrategias para tener una cacería exitosa.

Ahora su objetivo es un pequeño taitetú, un cerdo peludo y salvaje, que logra escabullirse velozmente entre el follaje antes de que Juan apriete el gatillo.

Decepcionado, habla de cómo el destino de su comunidad sería otro si conseguir la comida no fuera cada vez más difícil, si no insumiera cada vez más días la caminata para dar con algún animal que sirva para comer. De cómo hubiera sido su destino si hubieran encontrado la Loma Santa.

Días después, ya de regreso en su casa, nos cuenta que en medio de esa búsqueda infructuosa de aquel lugar sagrado se casó y tuvo hijos.

“Finalmente uno se da cuenta que la Loma Santa es la familia”, nos dice de repente con un dejo de nostalgia y sabiduría.

Juan apunta con una escopeta.
BBC
La caza es una actividad que todavía usan para adquirir la proteína necesaria en su dieta.

La tierra y el agua

Otro aspecto fundamental para explicar la excepcional salud de los tsimanes es la alimentación.

Los investigadores hallaron que de todo lo que comen, solo el 14% contiene grasa (y en ningún caso grasa trans) y que sus alimentos son altos en fibras, a pesar de que el 72% de ellos sean carbohidratos.

“Yo me levanto y a lo primero que me dedico es a cocinar el arroz para el desayuno. Después voy por el plátano y la yuca para hacer el almuerzo”, nos explica Martina, mientras revisa en las brasas que le sirven de cocina cómo va la cocción.

Las proteínas -en este caso, la carne- serán provistas por los hombres como Juan, que se fueron de caza hace un par de días.

Aunque lo ideal es que aparecieran con un tapir de 300 kilos, todos saben que eso es una fantasía del pasado y que, en un buen día, probablemente se habrán topado con algún mico distraído y un par de aves.

O con lo que se ha convertido en una fuente de alimentación cada vez más importante: un sábalo o un surubí de los que da el río.

Cualquiera sea el botín, será parte de una dieta que no contiene ingredientes procesados: todo lo que se consume viene de la tierra o del agua de esta selva. Tradicionalmente, no hay frituras, y nada se reboza en pan.

“Todo eso termina siendo determinante en los bajos índices de colesterol en nuestro cuerpo”, señala Eid.

Una mente brillante

En la casa de Fermín Nate, otro tsimane de Misión Fátima, las paredes están pintadas de humo. Un tronco de madera arde en el piso de tierra y nunca se apaga. El único perro al que le permite entrar a la vivienda se acomoda sobre las cenizas aún tibias para entrar en calor.

Fermín lo mira, sonríe, saca de su mariko una flauta hecha artesanalmente con un tubo de plástico de los que se utilizan en las tuberías modernas, y comienza a tocar una antigua tonada indígena.

“Las canciones las aprendí de mi abuelo cuando era un niño”, nos explica cuando se toma un respiro.

Fermín tiene 78 años, y dice que recuerda perfectamente todo lo que le enseñaron sus padres y abuelos, no solo sobre música, sino sobre subsistencia.

Ahora él continúa con la tradición, enseñándole a miembros de su familia cómo manejar y cuidar los cáñamos que se usan en las flechas, una de las herramientas fundamentales para la pesca del sábalo.

“Las flechas se deben limpiar todos los días para que el moho no las dañe”, les dice.

Tras la publicación del artículo en The Lancet en 2017, los investigadores tenían claro cuál debía ser la siguiente fase del estudio: “Nos habíamos concentrado en la parte cardiovascular de los tsimanes, pero era evidente que también debíamos estudiar el estado de salud del cerebro”, indica Eid.

“Notamos es que aunque sí hay cambios cognitivos con el envejecimiento, no llegan a ser problemas serios o demencia, por así decirlo”, agrega.

Fermin en su casa limpiando cañas
BBC
Fermin le enseña a los más jóvenes sobre el cuidado con el cáñamo con el que se hacen las flechas.

Fermín fue uno de los tsimanes que viajó desde Misión Fátima hasta Trinidad para los estudios de resonancia magnética. Allí evaluaron el volumen de su cerebro y lo correlacionaron con otros datos como masa corporal y dieta.

“Pero no bastaba con las imágenes cerebrales”, anota Eid. “Necesitábamos otra información como la función cognitiva”.

Y para eso había que viajar a las comunidades.

“Dime por favor el nombre de ocho animales”, le pregunta Gerardo, integrante del equipo médico, a Hilda Canchi. Le habla en su idioma, el chimán.

Ella lo mira sin asombro. Tiene 81 años y vive junto a su segundo marido, Salomón, en la comunidad de Santa María, a unas tres horas en bote desde San Borja por el río Maniqui. Gracias a su chaco, tienen todo lo que necesitan para comer.

“Danta, mono, perro, pescado, gato, pato, pollo y cerdo”, responde sin inmutarse.

“¿Y seis nombres de peces que hay en el río?”, inquiere Gerardo y va llenando la planilla que lleva en la mano.

“Surubí, bagre, tujuno, tachaca, paleta y sábalo”, vuelve a contestar Hilda sin hacer una pausa.

“Ahora los números del uno al diez”.

“Uno, dos… ¿cinco?” Trastabilla. Duda.

Fermin
BBC
Fermin toca la flauta frente al rio Maniqui, su principal fuente de alimentos.

“Ellos tienen problemas con los números, pero no porque los hayan olvidado, sino porque nunca se los enseñaron”, aclara Gerardo, que realiza el examen cognitivo en representación del gobierno local.

Los resultados de las pruebas de la función cognitiva en personas como Hilda y Fermín, junto a las imágenes de las resonancias, arrojaron resultados en la misma línea de los estudios anteriores: en los tsimanes no solo el proceso de declive de las funciones cerebrales es mucho más lento si se los compara con personas de la misma edad de otras partes del mundo, sino que no hay registro de enfermedades degenerativas asociadas al envejecimiento como el alzhéimer.

Infecciones y niñez

Danta en el horno.
Michael Guvern
Los tsimanes consumen la mayoría de las proteínas de los animales que cazan en la selva.

Pero… En esta historia hay algunos peros.

“Las tomografías también mostraron zonas calcificadas, que hablan de la presencia de placa en las arterias del cerebro. Y que a la vez son signos de un posible proceso degenerativo similar al Parkinson”, acota Eid.

A pesar de la vida activa de ancianos como Hilda, Fermín, Juan y Martina, lo cierto es que cuando comenzó el estudio la expectativa de vida de los tsimanes apenas llegaba a los 45 años, principalmente por las altas tasas de mortalidad infantil que los afectaban.

Y los hechos son tan crudos como crueles.

Pocos minutos antes de proceder con una de las resonancias que hacen parte de la tercera fase del estudio -centrada en la salud mental de los tsimanes-, Eid conversa con una de las ancianas que será examinada.

-Y usted ¿cuántos hijos tiene?, le pregunta Eid

-Seis, responde ella, pero su rostro denota una tristeza inmensa

-¿Y cuántos se le han muerto?

La mujer se ve abatida. Acude a las manos para responder con exactitud la pregunta del médico.

-Cinco- indica finalmente.

El mismo aislamiento que les ha permitido a algunos tener una vejez asombrosa, ha sido una cruz para otros: “Había una alta mortalidad infantil. Estas personas que llegan a los 80 años fueron las que lograron sobrevivir una infancia llena de enfermedades e infecciones”, señala el especialista.

Hilda y Pablo en su casa.
BBC
Hilda vive con su segundo espsoso, Pablo. Ella misma se encarga de recoger el arroz, el plátano y la yuca para alimentarse. Tiene 81 años.

Cerca del 100% de la población tsimane ha enfrentado en algún momento de sus vidas el ataque de un parásito o un gusano.

Para los investigadores es un dato relevante, y están buscando precisamente demostrar una hipótesis sobre cómo esas infecciones podrían ser otra de las causas -además de la alimentación y el ejercicio- detrás de la salud envidiable de los ancianos tsimanes.

El punto de partida para esa teoría fue la pandemia del covid-19.

La crisis del coronavirus causó en Bolivia cerca de 22.000 muertes y un millón de infectados en cerca de dos años. Y fue particularmente feroz en Santa Cruz, el departamento vecino del territorio tsimane.

Esos datos, provistos por el gobierno, junto a los que el equipo de Kaplan ha acumulado, los llevaron a pensar que esa inmunidad a enfermedades como el coronavirus puede estar relacionada con su alta tasa de infecciones.

“Entre ellos no hubo un solo caso grave de covid-19, mucho menos un muerto. La gente en San Borja y Trinidad se enfermaba, pero acá, en las comunidades al lado del río, no se produjo ni un solo caso”, le explica Kaplan a BBC Mundo.

Pero como él mismo señala, todavía es una teoría.

Cambio climático y “peque-peque”

Juan regresa a su comunidad con apenas un par de aves. No es un buen balance para tres días de caminata, lejos de su casa y de su familia.

Pero ya comienza a habituarse a los magros resultados: no ha podido cazar un animal lo suficientemente grande en meses. Y la razón, explica, es una sola: el fuego.

A finales de 2023 Bolivia, y especialmente el departamento del Beni, fue devastada por una serie de incendios forestales que se extendieron por varias semanas y destruyeron cerca de dos millones de hectáreas de selva y bosque.

“El fuego. El fuego hizo que los animales se fueran de acá”, nos dice.

Hilda es examinada
BBC
A los ancianos tsimanes se les aplicó un test de capacidad cognitiva para conocer su estado de salud cerebral.

Por esa razón desde hace unos meses viene trabajando en la idea de dedicarse a la crianza de ganado. En un pastizal cerca de su casa, nos muestra con orgullo cuatro novillos de res que espera se conviertan en la fuente de proteína de la familia en los próximos meses.

“Al menos hasta que los animales vuelvan”…

Kaplan es consciente de que el cambio climático está afectando las costumbres que han llevado a los tsimanes a tener las características envidiables en sus arterias. No solo son los incendios forestales, sino también la sequía y las inundaciones que los empujan a buscar otros medios de subsistencia.

Los cambios obligatorios que están teniendo que hacer ya están dejando huellas.

Los últimos estudios han revelado que, a pesar de la notable salud de los ancianos tsimanes en términos cardiovasculares, ciertos índices que hasta hace años eran invisibles han empezado a aparecer en las tablas de estadísticas.

“Cuando comenzamos con este estudio en 2003 los casos de diabetes no llegaban a dos entre todas las personas analizadas. Ahora, esos casos se han multiplicado por ocho”, ejemplifica Eid.

También los niveles de colesterol han comenzado a aumentar entre la población más joven.

“Cualquier pequeño cambio en sus costumbres termina afectando esos índices de salud. Por ejemplo, la introducción de los peque-peque”, añade el médico.

El peque-peque es un motor fuera de borda de unos seis caballos de fuerza que debido a su tamaño y a su bajo costo se ha convertido en el favorito de quienes navegan el Maniqui.

Este simple relevo -de los remos al motor- ha traído cambios en algunos hábitos alimenticios de los tsimanes: al acortar las distancias con los centros de abastecimiento, ahora pueden acceder a alimentos como azúcar, harina y aceite para frituras.

Bote en el rpio maniqui
BBC
La introducción de motores como el llamada “peque-peque” ha cambiado las costumbres de los tsimanes.

“Además, están dejando de remar, que es una de las actividades físicas más exigentes. Y estos alimentos son los que producen el aumento en los niveles de colesterol y sin duda inciden en que ahora notemos casos de diabetes y de obesidad”, indica Eid.

Sin embargo, más allá de los traspiés, los investigadores señalan que hay lecciones para aprender de los estudios de los tsimanes.

“Es simple: gastan mucha más energía o calorías de las que consumen a diario. Y aunque cada vez comen menos debido a los problemas que tienen para asegurar su alimento, eso no significa que los ancianos dejen de estar activos”, concluye Kaplan.

Para los propios tsimanes, la principal lección de todos estos números y resultados de estudios es demostrar que se puede ser feliz con poco.

“A nosotros, a pesar de las evidentes necesidades, con lo que nos da la tierra nos basta. Por eso somos personas tranquilas, sin afanes y por lo general estamos de buen humor”, le cuenta a BBC Mundo Justina Canchi, una de las líderes de un movimiento que promueve los derechos de las mujeres tsimanes que tiene su sede en Misión Fátima.

Y añade: “La pandemia fue el mejor ejemplo de eso: mientras al mundo entero lo encerraban y se enfermaba, acá la vida siguió igual, sin cuarentena, sin infecciones, porque todo lo teníamos a la mano para sobrevivir”.

Hilda termina el examen cognitivo y vuelve con Salomón, que la espera en su pequeña casa de madera y jatata. En las paredes no cuelgan cuadros ni retratos familiares sino frutas de chontu y racimos de plátano pintón que serán utilizadas en la cena. Hilda está contenta de que la lluvia, tras dos días intensos, se ha detenido y ella podrá regresar a su chaco a recolectar el arroz.

También está feliz, nos cuenta, porque hace poco sus hijos y nietos, “que no me desamparan”, le mataron un cerdo para celebrar “sus 100 años o algo así”. Muchos tsimanes no saben su edad exacta. Ni les importa saberla.

“No tengo miedo de morir” -nos dice con una carcajada-, “porque me van a enterrar y yo me voy a quedar ahí. Muy quieta”.

Mira a Salomón, nos mira y vuelve a reír.

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