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“Eliminar el Seguro Popular fue una tragedia”; en Oaxaca, los más pobres deben comprar sus medicinas
“Eliminar el Seguro Popular fue una tragedia”; en Oaxaca, los más pobres deben comprar sus medicinas
Imagen: Alejandro Santibañez @alexso_art
11 minutos de lectura
“Eliminar el Seguro Popular fue una tragedia”; en Oaxaca, los más pobres deben comprar sus medicinas
Con la eliminación del Seguro Popular en este sexenio, la atención a la salud de pacientes más pobres enfrenta falta de medicinas, de estudios y atención hospitalaria.
13 de marzo, 2024
Por: Nayeli Roldán
@nayaroldan 

María, de 24 años, vive en San Juan Chicomezúchil, en la sierra norte de Oaxaca, donde sólo hay un consultorio médico que atiende padecimientos menores como diarreas o gripes. Por eso debe recorrer media hora para ir a Ixtlán de Juárez, otro municipio en el que –igual que el suyo– seis de cada diez viven en pobreza, pero al menos ahí hay un hospital comunitario de la Secretaría de Salud. Es su segundo embarazo y cada mes acude a revisión porque el parto será ahí, donde sí tienen servicio, 18 camas para hospitalización. 

Su esposo se emplea en diferentes oficios mientras ella se dedica a labores de la casa. Han tenido que pagar los medicamentos que le han prescrito porque en el hospital no hay, aunque no son más de 500 pesos mensuales, cuenta María. 

A la par de esos gastos, también están ahorrando para pagar el parto que, según le explicaron, serán 2 mil pesos si es parto natural o 4 mil si es cesárea. Tiene confianza del servicio porque en ese hospital también llevó el seguimiento de su primer embarazo hace siete años. 

— ¿El parto también lo hicieron aquí? –se le pregunta. 

— No, ese sí me mandaron a Oaxaca, pero porque se me complicó, era fin de semana y pues no había quién anestesiara. Pero al final lo tuve en parto normal, no hubo necesidad de eso.

— ¿Y allá te cobraron?

— No, porque lo cubrió el Seguro

— ¿Cuál, el Seguro Popular?

— Sí.

— ¿Siguen teniendo Seguro?

— No, ahorita ya no

— ¿Qué te dijeron, por qué ya no hay?

— Pues dijeron que no, que ya lo habían quitado y pues ya habría que ponerlo uno.

El personal del hospital explica que desde 2020 dejaron de recibir medicinas para surtir la farmacia, ni recursos para mantener el hospital, por eso es que ahora ya le tienen que cobrar a los pacientes, aún sabiendo que se trata de población en condiciones de pobreza, porque si no lo hicieran, no podrían seguir dando el servicio.

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¿Qué era el Seguro Popular?

Se trata de otro de los efectos de la desaparición del Seguro Popular, una estrategia que había funcionado durante 20 años para dar atención médica a las personas sin seguridad social, los más pobres del país, pero que fue sustituida por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), a partir de 2020, aunque fue extinto el año pasado. 

El Seguro Popular consistía en financiar tratamientos de enfermedades consideradas catastróficas por su alto costo, como cánceres, pero también dotaba de medicinas e insumos y se hacía cargo del mantenimiento de hospitales de la Secretaría de Salud que daba servicio en las entidades. 

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Sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador insistió que “ni era seguro, ni era popular”; además, ya no sería necesario una vez que entrara en vigor el decreto de gratuidad de los servicios de salud y medicinas para toda la población. 

Insabi Oaxaca
Foto: Lizeth Ovando

Eliminar el Seguro Popular deja hospitales sin insumos en Oaxaca

A cuatro años de esa decisión, las unidades médicas y los habitantes de municipios tan marginados como Ixtlán de Juárez jamás tuvieron claro cuál sería la diferencia de transformar el servicio a Insabi, lo que sí padecieron es la falta de recursos y de insumos

“Ahorita cada unidad tiende a cobrar porque no hay ingresos por parte de la Federación y hay poco estatal. Los únicos recursos que podemos tener son las cuotas de recuperación, que son pagos de consultas, pagos de cirugías, para que podamos comprar toda esa parte que la farmacia no tiene. Todo es costos, costos, costos”, explica un trabajador de la salud que pidió no publicar su nombre por temor a represalias. 

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“Con Seguro Popular Nos preguntaban ¿‘cuántas consultas diste’? 20, ah pues Seguro Popular nos pagaba las 20 consultas. Las cirugías, igual. Y no se le cobraba a la gente”. 

Ahora sus finanzas se rigen bajo el modelo de “beneficencia pública”, en el que se registran los ingresos y egresos de las “cuotas de recuperación” y el poco presupuesto del gobierno estatal. Por eso “a muchos pacientes se les da la receta, pero se les dice ‘compren’”, dice el trabajador.  

El Insabi también desapareció, y fue sustituido por el IMSS Bienestar a partir de 2023, pero la estrategia tampoco es clara. 

“A nivel Oaxaca no se ha aterrizado nada. Nos dijeron que a partir de enero de 2024 en automático pasamos a ser IMSS Bienestar, pero no hay un documento como tal que nos lo diga, ni nadie que venga a decirnos. Solo queda como aviso parroquial”. 

Usan ahorros y pensión de adultos mayores para pagar tratamientos

Los pacientes del hospital comunitario pintado de naranja confirman que ahora pagan por todo; por eso hace un par de años abrieron un local donde hacen estudios de laboratorio y rayos X justo enfrente, porque esos servicios dejaron de ser públicos

Afuera del hospital una familia está pegada a la pared cubriéndose de sol. Eva, de 66 años está en silla de ruedas, se fracturó el tobillo mientras cuidaba de sus borregos en su pueblo, Santiago Laxopa. Sus hijas la llevaron a Ixtlán, pero ahí no la pudieron atender porque no había médico en ese momento, y tuvieron que trasladarse hasta el hospital civil Aurelio Valdivieso, en la capital oaxaqueña. 

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Necesitó una radiografía, pero no se la hicieron en el hospital, sino que la pagaron en una sucursal de Salud Digna, y compraron las medicinas que le recetaron. Solo de eso fueron 2 mil 800 pesos, más los gastos de transporte que hacen ahora por cada revisión. De su pueblo a Ixtlán les cobran 700 pesos y si van a Oaxaca, son 1,400.

Para pagarlo, han tenido que utilizar los ahorros que juntó su esposo Fidel Celis, de 68 años, trabajando como herrero. “Gracias a eso tenemos nuestro ahorrito y sacamos adelante este compromiso (el accidente de Eva)”; y para comer, Fidel siembra maíz, chícharo, haba y frijol.

Además de los ahorros, Fidel y Eva también utilizan la pensión para adultos mayores, el principal programa social del gobierno de López Obrador. Con todo eso apenas han solventado los gastos, aunque no saben cuánto ha sido en total. “Ahí tenemos los papelitos pero ni en cuenta cuánto hemos gastado, el caso es que estamos gastando (porque) nomás nos dan la receta y tienes que comprar las medicinas”. 

Oaxaca Insabi
Foto: Lizeth Ovando

Ellos eran usuarios del Seguro Popular, su hija mayor dio a luz ahí sin pagar nada, y a Fidel le detectaron hipertensión. “Empezó mi enfermedad y tenía yo el seguro, vine aquí porque el doctor del pueblo me mandó para hacer unos estudios en laboratorio y pues con el seguro no te cobraban nada. Y salió el resultado de que yo tenía triglicéridos, todavía estoy en tratamiento. Tengo mis citas cada dos meses. 

Sin embargo, el tratamiento ya no se lo provee el Seguro Popular sino que el pueblo se organizó para que las autoridades municipales de Santiago Laxopa compraran las medicinas que los enfermos requerían. 

“Cuando llegó el momento en que van para arriba las medicinas, entonces el pueblo dijo ‘¿y por qué no nos ayuda el municipio?’ Entonces ya está estipulado en un escrito que es un apoyo que trae el Municipio a la salud”.

A la espera de una operación que no llega

Froylán tiene 56 años. Pasó la noche afuera del hospital Aurelio Valdivieso en la capital de Oaxaca, junto con su hermana y sus sobrinos. Están esperando que operen a su madre, necesitan amputarle el pie a consecuencia de la diabetes. Trajeron el poco dinero que tenían, pero ya se gastaron 900 pesos en las medicinas, por eso también previnieron y para comer, trajeron tortillas y salsa, que en ese momento tienen en el suelo, a un lado de un cobertor color azul. 

Él es campesino y gana 300 pesos al día cuando se integra a una cosecha. La familia también cría y vende pollos y guajolotes, pero quisieran tener más para poder pagar los 120 mil pesos que cobraría un hospital privado por la cirugía de su madre, el mismo donde la atendieron en julio pasado. 

Froylán cuenta que su madre tenía el dedo del pie morado y la llevaron a un hospital particular “porque ahí luego luego atienden. Nos dijeron ‘el dedo chiquito ya no sirve, como una fruta, y cuando ya está así hay que quitarlo’, y se lo quitaron”. 

De esa operación, explica, fueron 25 mil pesos. Pudo pagarlo al vender su yunta (dos bueyes) en 60 mil pesos, pero ya no tienen nada. “El dinero se va rápido”, dice. Esta segunda vez que se puso mal, la llevaron a consulta al particular también, y le dijeron que “ya no le circulaba la sangre en el pie, y ya hasta tiene gusanitos”, dice Froylán. 

Llevan un día esperando afuera del hospital, y nadie les dice cuándo podrán operarla. “No nos dicen ni cuándo, y ella tiene sed y tiene hambre, y no le dan porque dicen que no debe de comer. Tiene puro suero nomás ahí por la vena”. 

“Lo que pasa es una tragedia”

El hospital Aurelio Valdivieso recibe a pacientes de todo el estado de Oaxaca. Lo mismo atiende fracturas como la de Eva, que pie diabético como la madre de Froylán, y 700 partos al mes como el de María. 

Por eso es que las 180 camas que tiene, siempre están ocupadas. Pese a que el hospital está rebasado, nunca han logrado que sea declarado de segundo nivel y que los partos sean atendidos en un hospital para la mujer, que inauguraron en el gobierno de Gabino Cué, pero que no ha vuelto a funcionar. 

José Manuel Salcedo, el jefe de Pediatría, lleva más de 30 años laborando ahí. Explica que sí vio diferencia cuando eran parte del Seguro Popular porque tenían medicamentos e insumos necesarios para atender a los pacientes. Cuando se le pregunta cuál es la diferencia ahora, responde de manera tajante: 

Fue una tragedia con este gobierno. La verdad no puedo mentir, y a quien quiera que le pregunte va a decir lo mismo: ha sido una tragedia. No tenemos medicamentos, no tenemos cómo hacer las cosas, lo hacemos porque los pacientes están ahí,  porque nuestra ética nos dice hay que hacerle y buscarle pero la verdad es que sí ha sido muy muy difícil. Ha habido marchas, ha habido huelgas, ha habido de todo, corridos de directores porque no funciona”. 

Insabi salud
Foto: Lizeth Ovando

“Se iban a morir a su casa” ante falta de insumos médicos

Salcedo explica que la ocupación de camas es de 100%, lo cual representa un riesgo porque ante tanto trabajo “algo te va a salir mal”, pero además, ya no tienen lo suficiente para atenderlos. Hasta 2018, con los recursos del Seguro Popular les surtían el almacén dentro del hospital y al que solicitaban lo que requerían para cada atención, pero después comenzaron las carencias y, luego, la pandemia de Covid-19 las agudizó aún más. 

— ¿Cómo funcionaba el Seguro Popular aquí en un hospital como este, doctor? 

— Había programas, por ejemplo, el de los niños que se llamaba de Gastos Catastróficos era para todos los recién nacidos con insuficiencia respiratoria, cardiopatías, y tenían atención total. Otro era el Nueva generación, donde todos los niños de un año hasta los 5 años, todo lo que les pasara tenían atención total. Todos los niños con leucemia, con problemas neuroquirúrgicos. En adultos, por ejemplo todo lo que fuera columna, cadera, huesos largos; medicina interna todo, había hasta diálisis peritoneal y todo para el manejo de los diabéticos. Cuando llegó este nuevo se los quitaron o sea toda esa gente se murió.

— ¿O sea ya no tuvieron seguimiento de sus tratamientos? 

— Ya no, se acabó, ya no hubo para diálisis, ya no hubo para nada

— ¿Y qué hacían los pacientes, doctor?

— Pues se iban a morir a su casa.

— ¿Y ustedes qué les decían? 

— Que no tenemos con qué atenderlos, ni lugar, ni nada porque lo quitaron.

— ¿Qué les dijeron cuando se dio el cambio de Seguro Popular a Insabi?

— Ni siquiera nos dijeron del Insabi, solo que quitaban el Seguro Popular. Por eso empezamos a pedir que nos dieran recursos. Por eso hubo muchas marchas y huelgas, plantones y todo porque no era posible ni agua, ni alcohol, ¡ni gasas! 

En todo este tiempo sus demandas han sido ignoradas. Funcionan con lo mínimo e incluso, el mismo personal hace vaquitas para comprar medicinas o pagar los estudios que requieren cuando las familias de sus pacientes no tienen para solventarlos. Por eso, dice Salcedo, el Seguro Popular funcionaba bien en ese hospital.

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“Gracias a Dios no hubo un paciente que se pudiera ir diciendo ‘no me apoyaron’. Aquí no se robaban nada, no se perdía nada. Si (el presidente) dice que se robaban, debió haber puesto candados para que no sucediera, ir fiscalizando bien cada estado, cada unidad, pero no quitarlo, porque eso fue como una decapitación”.

Carencias provocan que den menos consultas

Las carencias han impactado en la capacidad de atención. Antes realizaban 50 mil consultas y unos 22 mil egresos hospitalarios, pero ha bajado a la mitad, lo que, por supuesto, genera reclamos por parte de los usuarios. Pero Salcedo, como el resto de sus compañeros intentan, como lo que pueden, atender a sus pacientes y salvar vidas, por eso apela a que, una vez conociendo sus condiciones, los comprendan. 

“Hacemos lo más que podemos por sus pacientes. No nos reclamen cuando de repente no tenemos porque ni ellos tienen ni nosotros tenemos qué ver. No nos culpen de alguna impericia porque nosotros  también estamos desesperados pero ¿cómo le hacemos? Entiéndanos, tengan comprensión. Esperemos que las cosas cambien. Yo digo que cambiarán si el Seguro Popular volviera otra vez y no que nos dejaran sin nada”.

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Qué pasa con nuestras cuentas de redes sociales cuando morimos
6 minutos de lectura
Qué pasa con nuestras cuentas de redes sociales cuando morimos

Lo que ocurre con la presencia de una persona en internet tras su muerte se ha convertido en un tema de enorme relevancia.

11 de abril, 2024
Por: BBC News Mundo
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“Algunas personas no saben que Matthew falleció y le siguen escribiendo feliz cumpleaños en su muro. No es muy agradable”.

Matthew, el esposo de Hayley Smith, murió de cáncer hace más de dos años, a los 33 años. Ella aún no sabe qué hacer con sus cuentas de redes sociales.

“Intenté convertir la cuenta de Facebook de Matthew en una página conmemorativa, y básicamente lo que te pide es que subas su certificado de defunción”, explica Hayley, quien vive en Reino Unido.

“Lo he hecho más de 20 veces y no funciona, no pasa nada. No tengo fuerzas para ponerme en contacto con Facebook e intentar solucionarlo”.

¿Qué es una cuenta conmemorativa?

Con el avance de la tecnología y los miles de millones de personas que utilizan las redes sociales en todo el mundo, lo que ocurre con la presencia en internet de un usuario después de su muerte se ha convertido en un asunto de gran importancia.

Las cuentas en redes sociales siguen vivas y activas a menos que un familiar informe a la plataforma respectiva que la persona ha fallecido.

Algunas plataformas ofrecen la opción de cerrar el perfil una vez que los familiares informan del fallecimiento, mientras que otras dan otras alternativas.

Por ejemplo, cuando Meta —la empresa propietaria de Facebook e Instagram— recibe un certificado de defunción, la cuenta del fallecido puede eliminarse o convertirse en una “conmemorativa”, lo que significa que se congela en el tiempo y se convierte en una página que recuerda al usuario y permite publicar fotos y recuerdos.

El logotipo de Facebook se muestra en un smartphone entre otras redes sociales
Las distintas plataformas tienen enfoques diferentes, pero todas le dan prioridad a la privacidad de los fallecidos. Foto: Getty Images

Entonces, junto al nombre del usuario aparece un mensaje que dice “in memoriam” y nadie puede acceder a la cuenta ni utilizarla si el usuario original no proporcionó un “contacto autorizado” para gestionar el contenido o pedir que se desactive el perfil.

En Facebook, las cuentas conmemorativas no les aparecen recomendadas a potenciales amigos virtuales en la pestaña “Gente que tal vez conozcas”, y los usuarios de la lista de amigos de la persona fallecida no reciben notificaciones de su cumpleaños.

Google, propietario de YouTube, Gmail y Google Fotos, ofrece a sus usuarios la opción de cambiar los ajustes para decidir qué ocurre con sus cuentas si permanecen inactivas durante un periodo de tiempo determinado.

X (antes Twitter) no ofrece la opción de guardar el perfil “en memoria” del fallecido y sólo es posible desactivar la cuenta en caso de muerte o incapacidad del propietario para utilizarla.

“Hay varios enfoques, pero todas las empresas dan prioridad a la privacidad del fallecido”, dice Joe Tidy, corresponsal de tecnología del Servicio Mundial de la BBC.

“No se comparten los datos de acceso, y sólo se puede acceder a ciertos datos como fotos y videos con peticiones específicas que a veces necesitan de una orden judicial”.

Las redes sociales más nuevas, como TikTok y Snapchat, sin embargo, no tienen ninguna disposición al respecto, añade.

¿Debemos preparar un testamento digital?

Los perfiles activos de usuarios fallecidos pueden ser un problema si datos, fotos u otros contenidos caen en manos equivocadas, advierte Sasa Zivanovic, experto en ciberdelincuencia y ex jefe del departamento de delitos de alta tecnología del Ministerio del Interior de Serbia.

Alguien podría descargar algunos de los datos del perfil o incluso tomar el control de toda la cuenta.

“Las fotografías, los datos y los videos pueden utilizarse para crear cuentas falsas con el nombre de la persona fallecida y extorsionar a conocidos y amigos que no saben que la persona en cuestión ha muerto“, afirma Zivanovic.

James Norris, fundador de la Digital Legacy Association de Reino Unido, subraya que es importante que todo el mundo haga una copia de seguridad cuando pueda.

Señala que en Facebook, por ejemplo, se puede descargar un archivo completo de fotos y videos y pasárselo a un familiar.

“Si me diagnosticaran una enfermedad terminal y tuviera un hijo pequeño que no estuviera en Facebook, podría descargar todas mis fotos y videos, eliminar los mensajes porque no querría que mi hijo viera mis mensajes privados, recopilar mis fotos favoritas y escribir una historia sobre cada una de ellas”, explica.

Testamento
BBC
James Norris aconseja preparar un testamento digital.

Norris cree que es crucial planificar qué ocurrirá con tus cuentas de redes sociales cuando fallezcas y recomienda a la gente que prepare un “testamento digital y de redes sociales”.

“En última instancia, las redes sociales son un negocio. Estas plataformas no son los guardianes de tu legado digital”, afirma. “El guardián de tu legado digital eres tú”.

No obstante, considera que las plataformas de redes sociales podrían facilitar el proceso a los familiares.

“Es importante dar a conocer las funciones y herramientas disponibles en cada plataforma. Cuando las hay, no todo el mundo sabe que existen”, afirma.

“El legado digital no se limita a las redes sociales”

“El legado digital es un gran tema”, advierte Sarah Stanley, enfermera de la organización benéfica Marie Curie, con sede en Reino Unido, que ofrece atención y apoyo a personas con enfermedades terminales y a sus seres queridos.

Subraya que la gente debe pensar no sólo en sus cuentas de redes sociales, sino en todo lo que posee digitalmente y qué hacer con ello en caso de fallecimiento.

Un celular tomando una foto de jóvenes en una fiesta en una casa
Getty Images
Sarah Atanley afirma que el legado digital va más allá de las redes sociales.

“Las fotos y los videos digitales pueden contener muchos recuerdos. Ahora hacemos muchas operaciones bancarias en línea”, explica.

“También hemos visto un aumento en la popularidad de los juegos en línea, en los que la gente dedica mucho tiempo y esfuerzo a crear sus avatares y vivir en un espacio en línea”.

“Así que creo que vale la pena decir que el legado digital no se limita a las redes sociales”.

Atanley está de acuerdo en que es importante empezar a pensar en lo que tenemos digitalmente y en lo que queremos que ocurra con ello.

¿Queremos que alguien se haga cargo de nuestras cuentas en las redes sociales? ¿Queremos que alguien las recuerde? ¿Queremos dejar a nuestros hijos un álbum digital de fotos? ¿O queremos imprimirlas como se hacía antes y tener un bonito álbum de fotos impreso que podamos dejarle a alguien cuando hayamos muerto? El legado digital es algo sobre lo que hay que pensar y hablar“.

Hayley y Matthew Smith
BBC
Hayley dice que quiere convertir el perfil de Facebook de Matthew en una página conmemorativa.

Para Hayley y Matthew, sin embargo, no fue un tema fácil de tratar.

“Realmente no hablé con Matt de esto cuando se estaba muriendo, porque él no quería hablar de la muerte”, dice Hayley.

“Además, cuando se agravó la enfermedad, no era él mismo. Así que no era capaz de responder a mis preguntas”.

Hayley dice que todavía quiere guardar el recuerdo de Matthew en su página de Facebook, pero que no se está encargando de ello en este momento.

“Es muy doloroso estar constantemente mirando un certificado de defunción. Por eso no lo he hecho”.

“Creo que es un proceso excesivamente complicado y que las empresas deberían facilitárselo a los familiares”, afirma.

Línea gris
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