
Estados Unidos e Israel lanzaron una nueva ofensiva a gran escala contra Irán. Este embate que fue considerado por Tel Aviv y Washington como un “ataque preventivo” tras semanas tensiones crecientes y el aumento visible de las capacidades militares estadounidenses en la región. La ofensiva inicio con bombardeos en las ciudades iraníes de Teherán, Shiraz, Tabriz, Quom, Kermanshah, Isfahán, Bushehr, Bandar Abbas, Karaj, entre otras. Esto con el objetivo de generar un cambio de régimen en Teherán y destruir las capacidades militares iraníes, sobre todo destruir el programa nuclear, la capacidad de desarrollo de misiles y la marina iraní.
Sin embargo, la respuesta iraní fue más amplia y contundente de lo previsto, y el conflicto rápidamente dejó de ser un enfrentamiento contenido entre las tres partes para extenderse por el Golfo y otros puntos de Medio Oriente. En ese contexto, la amenaza al tránsito de buques por el Estrecho de Hormuz, los ataques contra infraestructura energética y la creciente autonomía operativa de la Guardia Revolucionaria tras la muerte del ayatola Alí Jameneí dibujan un escenario de escalada prolongada con profundas implicaciones para la seguridad regional y la economía global.
Aunque la ofensiva inicial fue lanzada por Estados Unidos e Israel, la respuesta de Teherán ha consistido en ataques con misiles y drones contra bases e instalaciones militares estadounidenses y de sus aliados en distintos puntos del Golfo Pérsico y Medio Oriente. Entre los objetivos alcanzados o amenazados se encuentran instalaciones en Israel, Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Siria, Jordania e incluso bases británicas en Chipre. Irán ha declarado que toda infraestructura militar estadounidense y aliada en la región constituye un objetivo legítimo, independientemente del país donde se ubique. Esta postura refleja un cambio respecto a episodios anteriores, en los que buscó gestionar las escaladas con mayor contención, y evidencia ahora una estrategia de proyección directa de fuerza contra intereses extranjeros en un teatro de conflicto ampliado.
Históricamente, Irán había buscado contener y administrar las escaladas con Estados Unidos y sus aliados mediante respuestas calculadas que preservaran su capacidad de disuasión sin detonar una guerra convencional abierta. En episodios anteriores, sus represalias estuvieron cuidadosamente coreografiadas con un doble objetivo: por un lado, apaciguar al ala más radical del régimen y en particular a la Guardia Revolucionaria; y, al mismo tiempo, evitar una escalada mayor que desbordara el conflicto. Para ello calibraba la intensidad y el alcance de sus ataques con el fin de demostrar capacidad militar sin cruzar el umbral de una confrontación total.
Sin embargo, la reacción actual, sugiere un cambio de lógica, pues la respuesta de Teherán en este conflicto demuestra la voluntad del régimen iraní de buscar una respuesta proporcional en vez de solamente apaciguar a los sectores más radicales dentro del régimen. Por lo que en esta ocasión vemos a un Irán dispuesto a librar un conflicto más amplio y no solo a performar una respuesta.
Como tal existe un debate sobre cuáles eran los objetivos reales del ataque estadounidense. El discurso oficial que presentó la Casa Blanca fue que Irán estaba a punto de desarrollar misiles con capacidad de realizar un ataque en contra de las posiciones estadounidenses, por lo que era necesario un ataque preventivo. Sin embargo, de acuerdo con fuentes del Pentágono, estas estimaciones estaban sobre-exageradas o simplemente eran falsas, pues las justificaciones de la Casa Blanca para iniciar el conflicto no estaban respaldadas por los reportes de inteligencia en la materia.
Posteriormente, Washington destacó que su objetivo era realizar un cambio de régimen en Teherán como justificación de los ataques. Sin embargo, los propios informes de inteligencia estadounidenses han puesto en duda la posibilidad de derrocar al gobierno iraní. Y es que realizar un cambio de régimen en Irán no es tan sencillo. Incluso tras la muerte del Líder Supremo, el ayatola Alí Jameneí. A diferencia de lo que suele asumirse, el sistema político iraní no depende exclusivamente de una sola figura, sino que descansa en una estructura institucional consolidada, con una burocracia compleja pero estable, un aparato de seguridad robusto y un brazo armado paralelo al ejército convencional (la Guardia Revolucionaria Islámica) cuya función central es garantizar la supervivencia del régimen, además de que existen mecanismos formales de sucesión previamente establecidos.
Es decir, el régimen iraní está estructurado para soportar la muerte del Líder Supremo sin colapsar. A diferencia de regímenes como los de Libia o Irak, donde la arquitectura del régimen descansaba en las figuras de Muamar Gadafi o Saddam Hussein, la República Islámica de Irán cuenta con instituciones, órganos colegiados y mecanismos formales que permiten la continuidad del régimen. Además, si consideramos que Alí Jameneí tenía 86 años, la posibilidad de su fallecimiento no era un escenario imprevisto, y el proceso de sucesión estaba contemplado dentro del marco constitucional iraní. Incluso, en términos simbólicos y políticos, su muerte puede ser utilizada por el régimen para reforzar la cohesión interna bajo la narrativa del martirio, pues el ser martirizado es considerado como uno de los grandes honores a los que puede aspirar una persona y tiene un profundo peso religioso y una fuerte carga legitimadora dentro de la tradición política chií.
Además, resulta difícil concebir una operación de cambio de régimen sin la capacidad de ejercer control efectivo sobre el territorio iraní. Para ello sería necesaria, en algún grado, la colaboración de actores internos como el ejército regular, un escenario poco probable que, además, podría derivar en una confrontación directa con la Guardia Revolucionaria. En la práctica, un intento serio de sustituir al régimen implicaría mantener una presencia militar extranjera sostenida sobre el terreno, con el costo militar, político y estratégico que ello conlleva. Esto supondría el despliegue de tropas en un terreno sumamente complejo y militarmente difícil de controlar para administrar la transición, asegurar el control territorial y neutralizar tanto a las fuerzas armadas convencionales como a la propia Guardia Revolucionaria. En ese contexto, es poco probable que la muerte de Jameneí, por sí sola, detone un cambio de régimen en Irán.
Por el contrario, su muerte puede abrir la puerta a una postura más agresiva en la política de defensa iraní. La Guardia Revolucionaria Islámica ha emergido como el principal actor en esta escalada al asumir el liderazgo operativo y prometer un “castigo duro y decisivo”. Tras el asesinato del líder supremo, la Guardia Revolucionaria ha desplazado a los sectores más moderados que podían haber abogado por una respuesta contenida y ha reforzado su influencia en la toma de decisiones estratégicas en un momento de transición particularmente delicado.

Una escuela en la ciudad de Minab fue alcanzada por uno de los misiles lanzados por EU e Israel, según el gobierno iraní. El presunto ataque dejó decenas de niñas muertas y heridas.
La ciudad de Minab, en el sur de Irán, estaba de luto este martes mientras se llevaba a cabo un funeral masivo con decenas de víctimas del ataque con misiles que alcanzó a una escuela de niñas en la mañana del sábado.
De acuerdo con el fiscal Ebrahim Taheri, el impacto de un misil dejó al menos 165 muertos y 96 heridos. La mayoría de las víctimas eran estudiantes.
El gobierno iraní ha responsabilizado a Estados Unidos e Israel del ataque. “Es un acto barbárico”, dijo el presidente, Masoud Pezeshkian.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) declaró estar investigando los informes del incidente, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que el país “no atacaría deliberadamente una escuela”.
Por su parte, el ejército israelí afirmó no tener conocimiento de ninguna operación en la zona.
El impacto en la escuela se dio en medio de los ataques del sábado por parte de las fuerzas de EE.UU. e Israel sobre múltiples objetivos militares y gubernamentales en Irán.
El sábado (Shanbeh) es el primer día de la semana laboral en Irán, por lo que la escuela iniciaba sus actividades.
Como reportó el Servicio Persa de la BBC, la primaria, llamada Shajare Tayyebeh, está ubicada cerca de una base de las Guardias Revolucionarias, el complejo del Cuerpo Seyed al-Shohada.
Sus instalaciones también incluyen una clínica, una farmacia y un gimnasio.
Al comparar algunos videos tomados posteriores al ataque con imágenes satelitales, el equipo de investigación del Servicio Persa identificó su ubicación junto a un complejo organizativo del CGRI en el bulevar Resalat en Minab.
En la imagen de abajo, las capturas de pantalla de uno de los videos en el momento en que el camarógrafo ingresa al predio de la escuela coinciden con las imágenes satelitales del lugar.
Los videos publicados desde el incidente muestran imágenes desgarradoras de los heridos y los cuerpos siendo rescatados de entre los escombros.
Pezeshkian dijo sobre el ataque: “Nunca se borrará de nuestra memoria”.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, también publicó una foto de la escuela en la red social X, anunciando que la misma había sido destruida y que “niños inocentes” habían sido asesinados.
“Estos crímenes contra el pueblo iraní no quedarán sin respuesta”, agregó.
Los medios iraníes han informado de otros dos ataques perpetrados por EE.UU. e Israel contra escuelas en Teherán y Qazvín. Sin embargo, aún no se han publicado imágenes de ambos lugares.
Al ser consultado por la BBC sobre el incidente en Minab, Rubio dijo que había visto los reportes y que el Departamento de Defensa investigaría “si fue nuestro ataque”.
“Estados Unidos no atacaría deliberadamente una escuela”, afirmó Rubio, acusando por su parte a los iraníes de apuntar a civiles en la región.
De haber muerto niños, como denuncia Irán, sería “un resultado trágico”, pero aseguró no tener detalles de lo ocurrido.
Por su parte, Israel afirmó el domingo que no tenía constancia de ningún ataque suyo o de EE.UU. contra una escuela.
“En este momento no tenemos constancia de ningún ataque israelí o estadounidense en ese lugar… Estamos actuando con extrema precisión”, declaró el teniente coronel Nadav Shoshani.
Según el grupo de derechos humanos Hengaw, con sede en Noruega, la escuela Shajare Tayyebeh estaba impartiendo sus clases matutinas en el momento del incidente.
El grupo de derechos humanos afirmó que, según se informa, los objetivos del ataque eran las instalaciones cercanas del CGRI, pero no ha habido reportes independientes sobre el impacto en ese complejo militar-civil.
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