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Una nueva guerra en el Golfo Pérsico (Parte 2)
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Internacionalista por el ITESM y maestro en Ciencia Política por El Colegio de México. He... Continuar Leyendo
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Una nueva guerra en el Golfo Pérsico (Parte 2)

Los objetivos estratégicos inmediatos de Estados Unidos e Israel se han concentrado en degradar las principales capacidades de defensa y proyección ofensiva de Teherán: su programa nuclear, el desarrollo de misiles balísticos y drones de largo alcance, y su capacidad naval en el Golfo Pérsico.
04 de marzo, 2026
Por: Adrián Marcelo Herrera Navarro

Tras la muerte de Jameneí, Irán implementó su doctrina conocida como “defensa en mosaico descentralizada” (Decentralised Mosaic Defence), un concepto desarrollado por la Guardia Revolucionaria que consiste en dispersar sus estructuras de mando, sistemas de armas y unidades operativas a lo largo de múltiples nodos geográficos y organizacionales. En la práctica, este modelo reduce la dependencia de un centro único de decisión y otorga mayor autonomía a comandos regionales para ejecutar operaciones de forma independiente. El resultado es un entorno operativo más fragmentado y menos predecible, en el que pueden producirse acciones que no necesariamente reflejan los intereses estratégicos de Teherán, como sería el caso de los bombardeos contra Omán o los ataques contra infraestructura civil o energética en diversos países del Golfo.

Este re-equilibrio interno podría traducirse en una expansión acelerada de las capacidades militares del país. En ese escenario, no puede descartarse una postura más ambiciosa respecto al futuro del programa nuclear, particularmente si desaparecen los contrapesos políticos más moderados que anteriormente habían limitado su desarrollo, sobre todo si se considera que Jameneí era el principal freno al interior del régimen que limitaba su avance debido a sus posturas abiertamente anti-nucleares.

Más allá del eventual interés en debilitar al régimen iraní, los objetivos estratégicos inmediatos de Estados Unidos e Israel se han concentrado en degradar las principales capacidades de defensa y proyección ofensiva de Teherán: su programa nuclear, el desarrollo de misiles balísticos y drones de largo alcance, y su capacidad naval en el Golfo Pérsico. Estos tres componentes constituyen los pilares de la disuasión iraní y son percibidos en Washington y Tel Aviv como la amenaza estructural más relevante para su arquitectura de seguridad regional.

Al margen de la discusión estrictamente nuclear, el programa de misiles y drones otorga a Irán la capacidad de alcanzar bases estadounidenses desplegadas en Medio Oriente y territorio israelí, mientras que su fuerza naval, particularmente a través de tácticas asimétricas, sustenta la posibilidad de cerrar o interrumpir el tránsito en el Estrecho de Hormuz y, con ello, afectar el flujo de hidrocarburos que sale del Golfo Pérsico. Esta medida es considerada como la “opción nuclear” estratégica de Teherán por su impacto potencial en la economía global.

En este contexto, el conflicto ha escalado no solo en intensidad, sino también en alcance, tanto por el número de actores involucrados como por sus efectos sobre la economía global y la seguridad regional. A nivel mundial, el principal foco de riesgo sigue siendo el Estrecho de Hormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa por vía marítima. Si bien la Guardia Revolucionaria ha anunciado su cierre y ha amenazado e incluso atacado a los buques petroleros que transitan por el estrecho, por lo que varias navieras han suspendido el movimiento de sus barcos por la zona, el estrecho no ha sido bloqueado por completo, entre otras razones porque se trata de una operación militarmente compleja, pero sí se mantiene latente la posibilidad de un intento de cierre más agresivo como medida extrema por parte de Teherán.

A la par las tensiones han afectado la infraestructura energética en la región, lo que ya impactó los mercados internacionales, pues el precio del crudo subió con fuerza tras los ataques, con alzas de más de 10% ante el temor de interrupciones en el suministro y el alza de los costos de transporte. Sobre todo, tras el cierre temporal de la refinería de Ras Tanura en Arabia Saudita tras un ataque con un drone. De igual forma el precio del gas natural licuado ya subió más de 50% debido a que Qatar detuvo la producción de gas tras un ataque en el puerto de Ras Laffan.

Otra consecuencia global del conflicto es la posibilidad de que varios países revisen y refuercen sus capacidades de defensa. Aunque aún no existen decisiones formales ampliamente documentadas, se ha señalado que la guerra podría acelerar esa tendencia, especialmente en los países del Golfo, cuyas vulnerabilidades estructurales en particular en infraestructura energética y estabilidad económica han quedado más expuestas. Por lo que es previsible que busquen incrementar su gasto militar, profundizando una dinámica que ya venía consolidándose desde antes del conflicto. Esta reacción se explica, en parte, porque históricamente estos países han dependido del paraguas de seguridad estadounidense y hoy enfrentan una creciente percepción de incertidumbre sobre ese respaldo, lo que los ha llevado a explorar proveedores alternativos en Europa para diversificar sus garantías de seguridad.

Cabe destacar que el conflicto se está expandiendo más allá de Irán. Tras la muerte de Jameneí, Hezbollah reactivó su ofensiva en contra de Tel Aviv y lanzó proyectiles desde Líbano hacia el norte de Israel. La respuesta israelí incluyó bombardeos en territorio libanés, sobre todo en Beirut, reabriendo un conflicto que pone en riesgo la ya frágil estabilidad política, económica y de seguridad del país. De esta forma, la participación de actores como Hezbollah y los ataques en el Líbano muestran que la crisis se está convirtiendo en un conflicto más amplio con la capacidad de reconfigurar las dinámicas de estabilidad y seguridad de gran parte de los países del Medio Oriente, más allá del Golfo Pérsico.

En este contexto, Washington enfrenta una clara urgencia estratégica por concluir las operaciones en el menor tiempo posible. Medios israelíes han reportado que, tras el asesinato de Jameneí y la expansión de los contraataques iraníes en diversos países de la región, la Casa Blanca exploró canales de comunicación con Teherán para evaluar la posibilidad de un cese al fuego. Incluso el propio presidente Donald Trump ha declarado que la ofensiva contra Irán está planeada para durar unas cuatro semanas o menos.

Este horizonte temporal no responde únicamente al cálculo sobre cuánto tomaría alcanzar los objetivos estratégicos planteados por Washington, sino también a preocupaciones internas relacionadas con la disponibilidad de munición crítica, en particular interceptores antiaéreos y misiles de precisión. Se trata de una limitación que Estados Unidos ya arrastraba desde enfrentamientos previos con Irán, en los que una porción significativa de su arsenal fue empleada y cuya reposición no se ha completado plenamente, lo que condiciona la viabilidad de sostener una campaña prolongada.

El problema para los Estados Unidos es que los inventarios de misiles defensivos como los sistemas THAAD, Patriot y otros sistemas de defensa están siendo consumidos a un ritmo que podría agotar sus reservas. Sobre todo, si Irán mantiene ataques de forma sostenida, mientras que la producción actual no permite reponer esas reservas con la rapidez necesaria. Teherán es consciente de esto y por ello busca desgastar con drones relativamente baratos las reservas estratégicas de los sistemas antiaéreos israelíes y estadounidenses. Esta restricción logística ha sido señalada internamente por altos mandos militares estadounidenses, quienes han advertido a la Casa Blanca sobre los riesgos de una campaña prolongada, lo que limita la capacidad de mantener una campaña de bombardeo continuo más allá de unas pocas semanas.

Este límite material condiciona el horizonte del conflicto y amplía sus riesgos, pues presiona a Washington a lograr sus objetivos cuanto antes. Por lo que Estados Unidos necesita gestionar una salida al conflicto en el corto plazo o se arriesga a quedar atrapado en una confrontación prolongada sumamente costosa no solo económica sino políticamente. En ese escenario, el principal beneficiado de un conflicto prolongado sería Irán, cuya estrategia se centra en resistir hasta que el costo político, militar y económico de continuar los ataques resulte insostenible para Washington e Israel. Al mismo tiempo, Teherán ha apostado por aumentar deliberadamente los costos para los aliados de Estados Unidos y desgastar la posición de ambos países mediante una política de defensa más agresiva y orientada a la resiliencia del régimen.

En este contexto, la guerra ya representa un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad de Medio Oriente. Lo que comenzó como un intercambio de ataques directos entre Estados Unidos, Irán e Israel ha evolucionado hacia una confrontación regional con múltiples frentes y amplias implicaciones militares, energéticas y políticas. La posibilidad de una guerra aérea sostenida, los ataques contra infraestructura energética y la participación de actores como Hezbollah han ampliado el foco de inestabilidad más allá de un enfrentamiento inicialmente acotado entre Estados Unidos, Israel e Irán. Por lo que incluso si Washington logra encontrar una salida al conflicto o cumplir sus objetivos tácticos inmediatos, el costo estratégico puede ser mayor, con un Irán mucho más agresivo, una región más militarizada, más polarizada y con menos márgenes para la contención y la diplomacia.

 

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Imagen BBC
Quiénes son ahora los narcos más buscados por EU tras la caída de “El Mencho”
6 minutos de lectura

No hay “un sucesor claro e indiscutible” de Nemesio Oseguera, explica un exjefe de la agencia antidrogas DEA. Pero varios nombres figuran en las listas de prófugos principales de Washington.

27 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Algo seguro sobre la muerte de “El Mencho” es que, sin su figura en el mundo del narco, las drogas ilícitas aún pasarán entre los países en cantidades industriales.

Hasta su violenta caída el domingo en un operativo militar para capturarlo, Nemesio Oseguera era desde hacía años el hombre más buscado de México, como antes lo fueron Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada y otros jefes narcos.

Ninguna de esas súbitas variaciones nominales alteró de modo fundamental el flujo global de narcóticos, y los expertos descartan que algo diferente ocurra ahora.

Bajo el liderazgo de “El Mencho”, el Cartel Jalisco Nueva Generación expandió sus tentáculos por México, decenas de países de la región y alrededor del planeta hasta Australia, según las autoridades.

Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta US$15 millones por información que permitiera arrestar a Oseguera. Su agencia antidrogas DEA incluyó a este narco en su lista de fugitivos más buscados en 2016: salió de ella siete años más tarde de forma temporal y la encabezaba cuando fue abatido.

Pese a que procuraba mantener un perfil bajo, “El Mencho” era considerado uno de los últimos grandes capos capaces de controlar todo el negocio a gran escala, desde la producción hasta el tráfico y la distribución de estupefacientes.

“El panorama se aleja de la era del líder único y todopoderoso hacia estructuras de liderazgo más resilientes e interconectadas”, le dice a BBC News Mundo Ray Donovan, un exjefe de operaciones de la DEA que supervisó los esfuerzos que llevaron a la captura de “El Chapo” a inicios de 2016 en México.

Pero, ¿quiénes son en este contexto los narcos más perseguidos por Washington tras el fin de Oseguera?

De la MS-13 a “Los Chapitos”

A la cabeza la lista de fugitivos más buscados de la DEA, actualizada tras la muerte de Oseguera, figura ahora Yulian Archaga, un hondureño acusado de dirigir las operaciones de la pandilla MS-13 en su país y de traficar grandes cantidades de cocaína a EE.UU. La agencia ofrece hasta US$5 millones por ayudar a capturarlo.

Apodado “El Porky”, Archaga permanece prófugo desde 2020, cuando varios hombres armados mataron a policías y militares para que escapara de un juzgado hondureño donde respondía por el homicidio de dos fiscales.

Captura de pantalla de la página de la DEA donde figura el hondureño Yulian Archaga como uno de los fugitivos más buscados.
DEA
El hondureño Yulian Archaga figura en la lista de fugitivos más buscados de la DEA como líder de la pandilla MS-13 en su país.

Siguen en la nómina de la DEA dos hijos de “El Chapo”: Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, con una recompensa de hasta US$10 millones ofrecida por Washington a cambio de información para arrestar a cada uno.

Ambos “Chapitos” son considerados líderes del cartel de Sinaloa y responsables de la producción y tráfico de fentanilo tras la cadena perpetua que cumple su padre en EE.UU. y la caída de sus hermanastros Joaquín y Ovidio Guzmán López, quienes el año pasado aceptaron los cargos de narcotráfico en su contra en ese país.

“La muerte de Nemesio Oseguera”, señala Donovan, “no dejó un sucesor claro e indiscutible, pero Iván Archivaldo Guzmán Salazar destaca como una de las figuras más peligrosas que hoy están prófugas”.

“Aunque no ejerce el mismo control centralizado que ‘El Mencho’, su dominio de las cadenas de suministro clave, su acceso a precursores químicos y su disposición a enfrentarse al Estado (…) lo sitúan entre los traficantes más importantes que operan hoy”, agrega.

Ray Donovan, exjefe de operaciones de la DEA, delante de varias fotos bajo un cartel que dice
AFP via Getty Images
Ray Donovan, exjefe de operaciones de la DEA, dice que en el negocio narco “el panorama se aleja de la era del líder único y todopoderoso”.

El exjefe de la DEA explica que las designaciones de los narcos más buscados por la agencia “deben entenderse como una herramienta estratégica”, en lugar de una simple advertencia pública o ranking, su objetivo es presionar a las organizaciones criminales y sincronizar los esfuerzos en su contra.

En la lista también figura el uruguayo Sebastián Marset, a quien una investigación en Paraguay y otros países vinculó con el envío de toneladas de cocaína a Europa.

EE.UU. acusa a Marset de lavado de activos del narcotráfico y ofrece pagar hasta US$2 millones por colaboración para detenerlo.

Otro de los más buscados por la DEA es el mexicano Alfonso Limón-Sánchez, también conocido como “El Poncho Limón”, considerado una figura clave en la estructura del cartel de Sinaloa que lideraba “El Mayo” Zambada.

Afiche del gobierno de EE.UU. ofreciendo una recompensa de hasta US$10 millones por información que lleve al arresto de Iván Archivaldo Guzmán Salazar.
Departamento de Estado de EE.UU.
Iván Archivaldo Guzmán Salazar es requerido por EE.UU. como líder del cartel de Sinaloa que fundó su padre, “El Chapo” Guzmán.

Esa facción del grupo está en una guerra interna con “Los Chapitos” desde que Joaquín Guzmán López secuestró a Zambada y lo trasladó en avión a EE.UU. en 2024 para entregarse con él a la justicia, según admitió el propio hijo de “El Chapo” en un tribunal federal.

Se estima que el bando de “El Mayo” dentro del cartel lo encabeza su hijo Ismael Zambada Sicairos, alias “El Mayito Flaco”, quien también enfrenta cargos en EE.UU. pero hasta ahora está ausente de la lista de los más buscados de la DEA.

¿El próximo?

La lista de 10 fugitivos más buscados del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI por sus siglas en inglés) menciona a algunos narcos como Archaga entre distintos tipos de criminales, pero tiene diferencias con la nómina de la DEA.

El FBI incluye a Fausto Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, presunto líder de una organización denominada con sus apellidos acusada de enviar metanfetamina, cocaína, heroína y otras drogas a EE.UU., y ofrece hasta US$5 millones por información para arrestarlo.

Afiche del FBI sobre Fausto Isidro Meza Flores como uno de los 10 más buscados del Buró Federal de Investigaciones de EE.UU.
FBI
“El Chapo Isidro” aparece en la lista de más buscados del Buró Federal de Investigaciones de EE.UU.

El Buró también señala entre sus más buscados al venezolano Giovanni Vicente Mosquera como líder del grupo Tren de Aragua, bajo cargos de distribución internacional de cocaína e intento de apoyar a una organización terrorista extranjera.

La retribución prometida por ayudar a capturar a Mosquera también llega hasta US$5 millones.

EE.UU. ha ofrecido recompensas mayores por altos miembros del gobierno de Venezuela, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello (US$25 millones) y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino (US$15 millones), acusados de traficar cocaína, aunque ninguno figura hasta ahora en las listas de más buscados de la DEA o el FBI.

Entre la decena de prófugos de la nómina del Buró sí aparece el colombiano Wilver Villegas-Palomino, alias “El Puerco”, bajo cargos en EE.UU. de narcoterrorismo y distribución internacional de cocaína como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de su país.

El precio por su captura llega hasta US$5 millones.

Afiche del FBI sobre Wilver Villegas-Palomino como uno de los 10 más buscados del Buró Federal de Investigaciones de EE.UU.
FBI
Wilver Villegas-Palomino es otro de los más buscados por el FBI como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.

Claro que estas nóminas están sujetas a revisiones.

Por ejemplo, entre los diez más buscados del FBI aún figura el exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, acusado de liderar una organización de narcotráfico. Pero tras su arresto y extradición a EE.UU. el mes pasado, ahora sobre su foto se lee “Capturado”.

Y así como “El Mencho” salió de los más buscados de la DEA esta semana tras su muerte, una pregunta siempre abierta es quién será la próxima alta o baja en esas listas negras.

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BBC

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