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Multilateralismo a la carta, la nueva estrategia de Estados Unidos
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Multilateralismo a la carta, la nueva estrategia de Estados Unidos

Al abandonar 66 entidades internacionales, Estados Unidos no se está retirando del poder global ni de las instituciones donde ese poder se ejerce de forma directa. De lo que se retira es de otra cosa: de los espacios donde se producen normas, estándares, conocimiento independiente y mecanismos de rendición de cuentas en áreas clave de la gobernanza global. Es una retirada funcional del multilateralismo normativo.
13 de enero, 2026
Por: Claudia Calvin

La decisión del gobierno de Donald Trump del 7 de enero de 2026 de retirar a Estados Unidos de 66 entidades internacionales entre organismos, fondos, oficinas, comisiones, foros y plataformas de cooperación fue presentada como un ajuste administrativo y una corrección de prioridades nacionales. Sin embargo, leída con atención, esta salida no representa un abandono total del sistema internacional ni un repliegue aislacionista clásico. Se trata de algo más específico y políticamente más significativo: una retirada funcional del multilateralismo normativo.

La selección no es aleatoria. Al agrupar estas entidades por áreas temáticas, emerge una lógica política consistente. Estados Unidos no se está retirando del poder global ni de las instituciones donde ese poder se ejerce de forma directa. Permanece en el núcleo duro del sistema internacional: conserva su asiento como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, mantiene el derecho de veto, sigue siendo un actor central de la arquitectura financiera internacional y preserva sus alianzas militares estratégicas. De lo que se retira es de otra cosa: de los espacios donde se producen normas, estándares, conocimiento independiente y mecanismos de rendición de cuentas en áreas clave de la gobernanza global.

Esta distinción es fundamental para entender el momento actual del orden internacional.

Empecemos por definir “qué significa salir” y de qué no se está saliendo. El memorándum firmado por Trump ordena el retiro de Estados Unidos de 66 instituciones, entre ellas entidades del sistema de Naciones Unidas y foros multilaterales intergubernamentales. Los cinco órganos principales establecidos por la Carta de la ONU -Asamblea General, Consejo de Seguridad, Consejo Económico y Social (ECOSOC), Corte Internacional de Justicia y Secretaría- siguen existiendo formalmente con Estados Unidos como Estado miembro.

La retirada se concentra de manera muy clara en uno de esos cinco pilares: el Consejo Económico y Social (ECOSOC) y el amplio ecosistema de organismos, comisiones, fondos y programas que dependen de él. ECOSOC es el eje encargado de coordinar el trabajo económico, social y ambiental del sistema ONU. Bajo su paraguas operan las comisiones económicas regionales, como la CEPAL para América Latina, y numerosas agencias dedicadas a desarrollo, población, género, comercio, ciencia y medio ambiente. Salir de ECOSOC no equivale a salir de la ONU, pero sí implica debilitar uno de los ejes que producen diagnósticos, normas y políticas públicas globales. En términos prácticos, “salir” de estos organismos implica tres cosas:

  1. Cese de financiamiento. Estados Unidos deja de aportar cuotas y sobre todo, suspende contribuciones voluntarias que en muchos casos constituían una parte sustantiva de los presupuestos operativos.
  2. Retiro de participación institucional. Deja de enviar representantes, no ocupa asientos en órganos de decisión y no participa en procesos de consenso.
  3. Deslegitimación política. Al retirarse, envía el mensaje de que no reconoce la autoridad normativa o técnica de esos espacios. El resultado es una reducción deliberada del escrutinio externo y una deshabilitación progresiva de contrapesos normativos.

Analicemos de qué sí se está saliendo, sus categorías y significado. La lista de organismos de los que Estados Unidos se retira no es aleatoria. Al agruparlos, aparece un patrón claro.

Medio ambiente, clima y energía. Estados Unidos se retira de instancias clave como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático , la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la Alianza Solar Internacional y UN Energy. Estas instituciones no imponen sanciones, pero producen el conocimiento científico y los consensos técnicos que sustentan las políticas climáticas globales. Al salir, Estados Unidos abandona el espacio donde se definen diagnósticos compartidos y responsabilidades comunes.

Naturaleza, biodiversidad, agua y océanos. La salida de plataformas como UN Oceans, UN Water, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza implica el abandono de la gobernanza ambiental colectiva. Los recursos naturales dejan de pensarse como bienes regulados mediante estándares globales y vuelven a inscribirse en lógicas de poder y explotación con menor mediación normativa y por ende, supervisión.

Democracia, Estado de derecho y derechos humanos. Estados Unidos se retira del Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia, del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), de la Comisión de Venecia y de la Comisión de Derecho Internacional. La democracia y el Estado de derecho permanecen como lenguaje político, pero pierden fuerza como marcos normativos supervisados y evaluados internacionalmente.

Desarrollo, economía, comercio y migración. La salida de UNCTAD, del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y de las comisiones regionales de ECOSOC, incluida la CEPAL, debilita los espacios donde se analizan desigualdad, comercio y desarrollo estructural. El desarrollo deja de concebirse como proyecto colectivo y pasa a gestionarse mediante relaciones bilaterales, transaccionales y asimétricas y cuando sea necesario y útil.

Paz, justicia y postconflicto. El retiro de la Comisión de Consolidación de la Paz, del Fondo de Consolidación de la Paz y del Mecanismo Residual para los Tribunales Penales Internacionales reduce el peso de los instrumentos que conectan conflicto, memoria, justicia y reconciliación. La paz se redefine como estabilización, no como proceso normativo. Cambia la definición de la paz y la manera de participar.

Género, infancia e inclusión. La salida de ONUMujeres y de oficinas dedicadas a la protección de la infancia y a la prevención de la violencia sexual implica que los derechos sociales y de género dejan de ser compromisos multilaterales robustos y se subordinan a prioridades e intereses políticos nacionales.

Ciencia, conocimiento y formación. Al retirarse del Foro Global de Ciber Expertos UNITAR, de la Universidad de la ONU y del sistema de formación interna, Estados Unidos debilita el papel del conocimiento independiente y de la evidencia técnica como base de la gobernanza global.

En conjunto, estas salidas no eliminan las normas, pero sí debilitan los mecanismos que las hacen visibles, discutibles y exigibles, y el país se deslinda de las premisas, compromisos, acuerdos y sobre todo, la supervisión de los mismos.

Tan importante como entender de qué se sale Estados Unidos es comprender en qué decide quedarse. Permanece en la Asamblea General de la ONU, en el Consejo de Seguridad con derecho de veto, en la Corte Internacional de Justicia -aunque históricamente con reservas-, en la Secretaría de la ONU, en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y en sus alianzas militares estratégicas. Es decir, se queda en los espacios donde el poder se ejerce de manera directa y donde la asimetría de influencia juega a su favor. Aquí cabe hacer un paréntesis, el Proyecto 2025 propone su salida del FMI y del BM, habremos de ver si esto sucede en el futuro cercano.

Esta combinación no es contradictoria. Es coherente con la nueva visión de su papel en el mundo y de la política exterior que está blindando. Abandonar el Consejo de Seguridad o la arquitectura financiera global implicaría perder espacios centrales de influencia. Abandonar organismos normativos, en cambio, reduce costos políticos sin sacrificar poder estructural. Se renuncia a reglas, no a fuerza; a estándares, no a capacidad de acción. El multilateralismo deja de ser un marco compartido y se convierte en un recurso instrumental.

Esta arquitectura selectiva del retiro tampoco debe leerse como un proceso cerrado o definitivo. En varios casos, la retirada formal requeriría procesos adicionales, incluidas votaciones o notificaciones específicas, que aún no se han completado. Mientras la permanencia selectiva siga siendo políticamente redituable, Estados Unidos continuará operando bajo esta lógica híbrida.

La impredecibilidad, lejos de ser un efecto colateral, forma parte de la estrategia: el margen de maniobra se amplía cuando el factor sorpresa se convierte en instrumento de poder.

El resultado de esta estrategia no es el colapso inmediato del orden internacional, sino su transformación. Las normas siguen existiendo, pero se aplican de manera selectiva. La democracia y los derechos humanos permanecen en el discurso, pero pierden peso como reglas organizadoras de la acción internacional. El derecho internacional se debilita no porque desaparezca, sino porque pierde capacidad de arbitraje efectivo frente al poder.

Para regiones como América Latina, las implicaciones son profundas. Con reglas debilitadas e instituciones erosionadas, la soberanía se vuelve más condicional y la gobernanza más dependiente de relaciones bilaterales asimétricas. No estamos ante el fin del multilateralismo, sino ante su resignificación y utilidad selectiva.

Esto deja una pregunta clave sobre la mesa: ¿qué pasará en y con el mundo cuando una de sus principales potencias decide conservar su poder, pero deshacerse o ignorar los límites? La actuación desde la premisa de la unilateralidad será una constante, los hechos lo están demostrando.

La retirada funcional del multilateralismo normativo no elimina el orden internacional, lo está redefiniendo. Este hecho marcará la política global de los próximos años.

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Imagen BBC
¿Puede la estimulación tecnológica mejorar el funcionamiento de nuestro cerebro?
6 minutos de lectura

La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.

08 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?

Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.

Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?

Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.

La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.

Marcapasos para el cerebro

La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.

“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.

Una trabajadora sanitaria se inclina sobre un paciente acostado en una camilla de hospital con un marco alrededor de su cabeza, preparándose para una cirugía cerebral.
Getty Images
La estimulación cerebral profunda implica una operación quirúrgica para implantar cables en el cerebro, conectados a un generador de pulsos que generalmente se inserta en la parte superior del pecho.

En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.

La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.

La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.

La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.

El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.

No hay un enfoque que sirva para todos

Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.

Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.

“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.

Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.

Ilustración de dos cerebros
Getty Images
En las personas con párkinson, las células nerviosas de la región del cerebro conocida como sustancia negra, mueren. Izquierda: sustancia negra sana (naranja). Derecha: sustancia negra degenerada (amarilla).

Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.

Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.

Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.

“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.

Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.

¿Un refuerzo para la memoria?

No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.

La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.

Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.

Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.

“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.

“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.

Ratón de laboratorio
Getty Images
Los circuitos de la memoria en el cerebro han sido estudiados en ratas de laboratorio.

Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.

Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.

Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.

La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.

“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.

Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.

“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.

Una neuróloga está de espaldas a la cámara y observa exploraciones cerebrales en una pantalla grande que tiene delante de ella.
Getty Images
Actualmente se están utilizando o probando diferentes técnicas de estimulación cerebral en una variedad de afecciones neurológicas, como la depresión y la epilepsia.

Posibilidades para el futuro

Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.

Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?

Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.

“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.

Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.

“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.

*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.

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