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Las urnas, ¿máquinas trituradoras de ideas?
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Ruta Crítica
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto... Continuar Leyendo
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Las urnas, ¿máquinas trituradoras de ideas?
Si la competencia por el poder público no estimula la construcción y la comparación de ideas con argumentos, entonces cuál es el propósito de los procesos electorales
06 de diciembre, 2023
Por: Ernesto López Portillo
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¿Qué son las competencias electorales, si en ellas hay poco o nada de tiempo para discutir ideas? ¿De qué se trata cuando la aprobación de auditorios abiertos riñe con el pensamiento crítico, la reflexión, el discernimiento, el diálogo y los argumentos? ¿Qué se compite en realidad?

Si la competencia por el poder público no estimula la construcción y la comparación de ideas con argumentos, entonces cuál es el propósito de los procesos electorales. Se afirma regularmente que quien gana las campañas es quien mejor conecta con la gente y que esa conexión tiene que ver más con las personas, menos con las promesas.

Parece que prometer funciona poco o nada, dado el descrédito de la llamada clase política, de las instituciones públicas, de los partidos políticos y de los gobiernos, a menos que la persona que promete logre credibilidad, no por lo que dice que hará, sino por lo que provocan sus atributos personales. Esto es, compiten personas más que propuestas.

La mayor inversión en las campañas se orienta a “caer bien” al público, alejándose de la retórica política convencional. Tanto es así que ahora, en el colmo del absurdo, cada vez más personas que hacen política para gobernar buscan conseguir apoyo precisamente negando su identidad política, para autodenominarse ciudadana o ciudadano.

Es un doble vacío; vacío de contenidos propios de una oferta de gobierno y vacío de una identidad política coherente con la ideología que se supone sería la base de tal oferta.

¿Y entonces que tenemos? Campañas sin proyectos de gobierno o con proyectos tan generales que no resuelven nada concreto de los grandes problemas de interés público. Puedo afirmar que así sucede regularmente al menos con la seguridad, la justicia y la paz.

Estos vacíos nos están llevando a expresiones cada vez más cercanas al entrenamiento propio de un espectáculo. Así se abre paso la mercadotecnia electoral donde las personas candidatas son una suerte de productos en venta que, como tales, merecerán ser “comprados” más por lo que provocan desde su imagen que por otra cosa. Todo esto en un contexto en el que la atención se ha fragmentado y la información, para conectar con más gente, es cada vez más superficial y maniquea y, por tanto, engañosa.

Los foros o cualquier formato de reflexión en el marco de las campañas merecen poca y efímera atención; los equipos de campaña (me lo han dicho desde ahí varias veces) organizan encuentros de ideas también para construir una imagen. Nadie -o casi nadie- quiere dedicar mayor tiempo a reflexiones lentas cuando han aprendido que mucho depende de lograr la mayor velocidad en la transmisión de mensajes cortos.

Las elecciones son lo que pueden ser, es el argumento pragmático que justifica los vacíos y que autoriza evadir la difícil tarea de pensar y de someter las ideas a la prueba de la argumentación. Si las ideas no ganan, entonces para qué perder el tiempo; según mi experiencia, esto es generalmente aceptado en las campañas a modo de premisa estratégica. Así se cierra la puerta: las ideas estorban a quienes compiten y los formatos aceptados no dan espacio para que alguien las exija.

En particular en seguridad, justicia y paz, temas imposibles de descifrar auténticamente sin abordajes complejos, la resistencia a la construcción de ideas fundamentadas es especialmente generalizada. Temas que además conectan con fibras políticas y sociales autoritarias mayoritarias que los reducen al uso de la fuerza pública, de manera que abordajes diferentes, como la prevención, se leen como débiles y por lo mismo costosos en términos de popularidad.

Desde el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX estamos identificando la investigación académica especializada para entender a fondo hasta dónde ha llegado esto y qué podemos esperar hacia el futuro.

Por lo pronto, las urnas parecen convertirse en máquinas trituradoras de ideas.

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Qué es el síndrome de Cushing que sufre la actriz y comediante Amy Schumer
4 minutos de lectura
Qué es el síndrome de Cushing que sufre la actriz y comediante Amy Schumer
Si la competencia por el poder público no estimula la construcción y la comparación de ideas con argumentos, entonces cuál es el propósito de los procesos electorales
26 de febrero, 2024
Por: BBC News Mundo
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“Fue como nacer de nuevo”. Estas fueron las palabras que utilizó la actriz y comediante estadounidense Amy Schumer para describir el momento en que recibió su diagnóstico de síndrome de Cushing.

Amy Schumer había sido objeto de comentarios sobre su cuerpo en redes sociales durante las últimas semanas, en los que algunas personas notaban que el rostro de la actriz se veía más “relleno”.

Al principio, Schumer había comentado que el cambio de apariencia se debía a que padecía endometriosis, una condición que afecta el sistema reproductivo de las mujeres.

Sin embargo, en los últimos días reveló que le habían diagnosticado el síndrome de Cushing, una enfermedad que puede alterar el funcionamiento del cuerpo como consecuencia de elevados índices de cortisol.

“Hay varios tipos de Cushing, algunos de ellos pueden ser fatales que requieren incluso de una intervención quirúrgica en el cerebro”, le dijo Amy Schumer al portal News Not Noise.

Schumer, quien es conocida por sus rutinas de comedia y películas como Trainwreck (Esta chica es un desastre), señaló que su diagnóstico no es tan delicado.

“El tipo de Cushing que sufro es el que de algún modo se soluciona solo, por lo que estoy saludable y esa es la mejor noticia que he podido recibir”, dijo la comediante.

La apariencia de Amy Schumer había causado revuelo en las redes sociales, por lo que ella misma consultó a los médicos a raíz de los comentarios que leyó, especialmente sobre su rostro.

Ella misma también había reportado a mediados de 2020 que había sido víctima de otro extraño padecimiento: la enfermedad de Lyme, que es causada por la picadura de un insecto.

Pero, ¿qué es el síndrome de Cushing y por qué puede ser fatal?

Síndrome de Cushing, una enfermedad rara

El síndrome de Cushing se le llama así porque, hacia 1932, el médico cirujano estadounidense Harvey Cushing lo reportó como un posible trastorno después de realizar varias investigaciones.

Cushing, conocido como un médico pionero de la neurocirugía, había observado que ciertos tumores hacían que el cuerpo produjera más cortisol que el normal y analizó las consecuencias que esto tenía en el cuerpo.

Ello dio inicio a la investigación del síndrome que llevaría su nombre.

De acuerdo al Servicio de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), el síndrome de Cushing se registra especialmente en personas que toman medicamentos con esteroides durante mucho tiempo, debido a que estos contienen una versión sintética del cortisol.

Ahora, aunque el síndrome había sido observado por Cushing por su trabajo en neurocirugía, lo cierto es que en muy raras ocasiones el cuadro puede ser causado porque el propio cuerpo produce elevadas cantidades de cortisol.

En estos casos, por lo general se debe a la presencia de un tumor en la glándula pituitaria del cerebro o en una de las glándulas suprarrenales.

Al cortisol se lo conoce como la hormona responsable de los reflejos de “pelear o huir”.

Cuando envía señales de alarma al cerebro en respuesta al estrés, puede influir en casi todos los sistemas del cuerpo, desde el inmunológico hasta el digestivo.

Esto hace que se presenten algunos síntomas en el cuerpo que están relacionados con este trastorno, como el aumento de grasa en el pecho y el estómago mientras se mantienen brazos y piernas delgados.

También la acumulación de grasa en la parte posterior del cuello y los hombros, que es conocida como “joroba de búfalo”.

Otro síntoma puede ser el rostro rojo, hinchado e inflamado, como en el caso de Amy Schumer.

Difícil diagnóstico

Aunque suele ser benigno, si no se trata, el síndrome de Cushing tiende a empeorar y puede llegar a causar la muerte.

El exceso de cortisol puede dañar tejidos y sistemas fundamentales para el cuerpo.

Y aquí surge otro inconveniente: es un trastorno infrecuente que afecta a apenas 2 personas en un millón.

Debido a eso, el diagnóstico suele ser tardío.

Para detectarlo, el paciente debe hacerse un examen de orina, sangre o saliva.

Según el NHS, la prueba de saliva es más precisa si se hace a medianoche, por lo que la persona debe ser ingresada en el hospital.

Para el test de orina el paciente debe tomar dexametasona, un corticoide sintético. Si la persona está sana, este medicamento disminuye los niveles de cortisol.

Si ello no ocurre, entonces es posible que tenga el síndrome de Cushing.

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BBC

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