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El hoyo negro de la supervisión policial operativa y las desapariciones forzadas (parte2)
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Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto... Continuar Leyendo
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El hoyo negro de la supervisión policial operativa y las desapariciones forzadas (parte2)

Nadie sabe de qué tamaño es el subregistro de detenciones, nadie sabe de qué tamaño es el subregistro documental respecto a la operación policial y militar en terreno, y nadie sabe de qué tamaño es el subregistro de las desapariciones forzadas.
21 de enero, 2026
Por: Ernesto López Portillo

La primera parte de esta colaboración, publicada en octubre pasado, deja en claro que el conocimiento especializado asociado al comportamiento de la policía, aún el recién producido con base empírica en democracias consolidadas, reconoce que se sabe muy poco sobre lo que esta hace en sus operaciones cotidianas, si bien se puede afirmar que ella funciona de manera relativa bajo sistemas de autogobierno que anidan comportamientos delictivos y violatorios de los derechos humanos. Funcionan las instituciones policiales a través de cadenas de mando que combinan, según criterios de oportunidad, el control formal e informal del desempeño. Se repite que la policía es la cara más visible del Estado cuando, en realidad, la documentación formal de sus rutinas generalmente es marginal o nula.

El 27 de octubre del año pasado la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que las desapariciones que existen en México están vinculadas con la delincuencia organizada, en la gran mayoría de los casos. No es la violencia del Estado, eso es cosa del pasado, enfatizó.

La declaración mereció amplia respuesta por parte de un importante colectivo de la sociedad civil, argumentando que las diferencias respecto al pasado, cuando agentes del Estado militares y civiles desaparecieron masivamente personas como parte de una política de persecución contra la disidencia precisamente política, no quiere decir que las desapariciones que se están cometiendo actualmente no sean desapariciones forzadas propiamente dichas, de acuerdo con la estricta aplicación de la definición de desaparición forzada contenida en los tratados internacionales en materia de derechos humanos de los que México es parte, y de la misma legislación mexicana en la materia.

Cita el colectivo las normas internacionales aplicables a México y afirma que, «cuando agentes del Estado otorgan autorización, apoyo o aquiescencia a agentes no estatales, como podrían ser grupos del crimen organizado, dichas privaciones de la libertad constituyen desapariciones forzadas propiamente dichas, en virtud de la participación directa o indirecta de agentes gubernamentales del Estado».

Este autoriza cuando, por conducto de sus agentes, ha dado permiso oralmente o por escrito a personas o grupos de personas para hacer desaparecer a una persona. O bien, apoya cuando el Estado ha proporcionado algún tipo de ayuda a personas o grupos de personas que han cometido una desaparición forzada, entre otras cosas compartiendo información o proporcionando medios como infraestructura, financiación, armas, capacitación o medios logísticos. Hay varios mecanismos asociados a la aquiescencia y esta existe ante «un cuadro persistente conocido de desaparición de personas y el Estado no ha adoptado las medidas necesarias para impedir nuevos casos de desaparición e investigar a los autores y llevarlos ante la justicia».

Si bien esta respuesta a la presidenta es acertada, el asunto merece ser complementado con la interpretación de las condiciones estructurales que asocian las desapariciones forzadas a la débil o nula documentación del quehacer policial y militar en tareas policiales en terreno. Para decirlo más claramente, la presidenta, al igual que cada presidente antes que ha afirmado que no hay desapariciones forzadas, o cualquier cosa que se haya aseverado supuestamente bajo conocimiento de la tendencia de ese fenómeno, en realidad no está fundada en los hechos comprobados.

En la parte 1 dije que David Bayley comparó la policía en países de regiones de todo el mundo y descubrió que los mandos policiales saben poco o nada de lo que hacen sus subordinados en la calle; también afirmó que “la reforma policial no se decreta, se gestiona”. En la experiencia internacional, explicó, el hecho de que una persona que es responsable política de la policía (poder ejecutivo) decida algo y lo ordene respecto al desempeño policial en terreno, puede impactar mucho, poco o nada. En estricto sentido, al menos en lo que se refiere a las rutinas en calle, generalmente ni siquiera se sabe. Lo que sí se sabe es que decretar cambios no equivale a transformar el quehacer policial.

Anoté que esta institución intercambia en cadena de mando mecanismos formales (legales) de supervisión e informales (prácticas legales o no). Un ejemplo reciente nos enseña el alineamiento de comportamientos institucionales policiales, militares y de órganos judiciales administrativos que parecen confirmar la normalización de culturas institucionales que multiplican exponencialmente el riesgo de las desapariciones forzadas.

Me refiero al caso del profesor Leonardo Escobar Barrios de la Ibero Puebla. En la conferencia de prensa del 19 de enero, el maestro Simón Hernández, coordinador de la Clínica Jurídica Minerva Calderón de esa universidad, explicó que han pasado 19 días sin que la detención haya sido esclarecida: «tenemos la verificación de su acceso al filtro migratorio, posterior a ello no hay evidencia videográfica ni ningún tipo de registro de cómo se le detuvo, por qué se le detuvo… en un espacio como un aeropuerto internacional, con una condición de sobrevigilancia, con posibilidades perfectamente de documentar el tránsito de personas, a casi 20 días no se ha podido poner a disposición de la Fiscalía de Nuevo León estos videos. No solo no se ha esclarecido esta mecánica de su detención, reiteramos que el tema de la ausencia de un registro de acuerdo a la Ley Nacional del Registro de Detenciones es una omisión grave… es un incumplimiento de una obligación legal, incluso de una sentencia internacional contra México que lo que busca es asegurar que se eviten condiciones de detención arbitraria y que cualquier persona que es detenida pueda tener certeza de a dónde va a ser presentada, así como que esta información sea pública, verificable y consultable en tiempo real».

Explicó el coordinador que tres autoridades desacataron la obligación: la Guardia Nacional, la policía municipal de Apodaca, Nuevo León, y la autoridad judicial administrativa, lo que constituye «una irregularidad sumamente delicada porque entonces se abre un escenario de potenciales violaciones de derechos humanos sin que quede el registro de que una persona se encuentra bajo resguardo, en custodia, y que haya una autoridad que asume el papel de garante de su vida, de su libertad y de su integridad personal».

El artículo 17 de la Ley Nacional del Registro de Detenciones dispone: «Los integrantes de las instituciones de seguridad pública que lleven a cabo una detención deberán realizar el registro de inmediato y en el momento en que la persona se encuentre bajo su custodia, bajo su más estricta responsabilidad. En caso de que al momento de la detención la autoridad no cuente con los medios para capturar los datos correspondientes en el Registro deberá informar, inmediatamente y por el medio de comunicación de que disponga, a la unidad administrativa de la institución a la cual se encuentre adscrito y que pueda generar el registro».

El caso de Leonardo Escobar Barrios enseña hasta dónde pueden llegar instituciones gestionadas por amplios márgenes de autogobierno.

Yo mismo he entrevistado a policías de no menos de 50 países en visitas de investigación y foros internacionales durante 35 años. Sus representantes confirman, casi nunca públicamente, que la supervisión policial operativa es una caja negra donde se disputan poderes formales e informales de la propia institución y de las redes de intereses vinculados a ella.

En suma, nadie sabe de qué tamaño es el subregistro de detenciones, nadie sabe de qué tamaño es el subregistro documental respecto a la operación policial y militar en terreno, y nadie sabe de qué tamaño es el subregistro de las desapariciones forzadas.

De ese tamaño el hoyo negro en México.

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Imagen BBC
¿Qué quedará de nuestra civilización cuando ya no existamos? Estas podrían ser algunas de las cosas
9 minutos de lectura

Según expertos, los humanos ya estamos dejando una huella indeleble. Pero, ¿qué exactamente quedará de nosotros dentro de cientos de millones de años?

17 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Si en el futuro remoto, algún ser quisiera saber cómo fue nuestra civilización, ¿qué rastros encontraría?

Fragmentos de un mineral llamado pirita de hierro hallados donde eran raros y una fina capa de arcilla de color rojo, junto con mucho trabajo, investigación y conocimiento acumulado, recientemente cambiaron el eje cronológico de la evolución humana.

Los hallazgos revelaron que uno de los momentos fundamentales de nuestra historia, aquel en el que aprendimos a controlar el fuego, ocurrió 350.000 años antes de lo que se pensaba.

El descubrimiento nos recuerda que, con el paso del tiempo, hasta lo crucial puede extraviarse, y es una muestra de cómo los rastros que quedan son a veces la única esperanza de que en el futuro se pueda imaginar lo que fue.

¿Qué quedará de nuestra civilización cuando ya no existamos?

Si, como hacen los científicos ahora, algún ser del futuro lejano explorara la Tierra, ¿cómo podría saber que estuvimos aquí?

Eso se preguntó Steve, oyente del programa CrowdScience de la BBC, inspirado por el famoso poema de Percy Bysshe Shelley “Ozymandias”, que llama a reflexionar cómo hasta lo más magnífico y colosal es insignificante ante el fluir irrefrenable del tiempo.

De los dinosaurios, por ejemplo, hemos encontrado fósiles, aunque se extinguieron hace unos 65 millones de años tras vivir en la Tierra durante unos 165 millones de años… ¿habrá oportunidad de que hallen fósiles nuestros?

“El problema con los fósiles es que la mayoría de las cosas no se fosilizan; solo una pequeña fracción de la vida terrestre se ha fosilizado”, señala el astrofísico Adam Frank, de la Universidad de Rochester, en EE.UU.

Efectivamente, se estima que menos de una décima parte del 1% de todas las especies que han vivido se han convertido en fósiles.

Aún más bajas son las posibilidades de que, así algunos nos convirtamos en fósiles, nos encuentren.

Sin embargo, no es imposible, apunta Paul Davis, curador de geología en el Museo de Lyme Regis, en la Costa Jurásica inglesa.

“Los fósiles pasan por un proceso de transformación de ser vivo a, en esencia, piedra.

“Los huesos o las conchas se van modificando lentamente, a través de millones de años de agua, productos químicos y minerales fluyendo a través de los sedimentos y rocas en los que están incrustados”.

Los humanos, agrega, tenemos a nuestro favor el contar con partes duras, como los huesos y los dientes.

Fósiles de amonites con capa de concha iridiscente intacta, especie Ammonoidea, Período Jurásico, hace 144 a 208 millones de años, Lyme Regis, Dorset, Inglaterra, Reino Unido.
Getty Images
Fósiles de amonites con capa de concha iridiscente intacta, del período Jurásico, hace de 144 a 208 millones de años, halladas en Lyme Regis, Reino Unido.

Para potenciar la posibilidad de convertirse en fósil, “lo mejor es que te entierren en el mar, en algún lugar de una buena cuenca donde se depositen sedimentos muy finos y haya suficiente profundidad para que las aguas no sean muy ricas en oxígeno”.

No obstante, insiste, “las probabilidades de que los humanos se conviertan en fósiles serán escasas, como ocurre con la mayoría de la vida a lo largo del tiempo geológico”.

Entonces, ¿dejaremos huella?

Los paleontólogos Jan Zalasiewicz y Sarah Gabbott, de la Universidad de Leicester (Reino Unido), argumentan que sí, que ya la imprimimos y que además es indeleble.

Los dos científicos escribieron un libro llamado “Discarded” (Desechados, 2025) en el que afirman que los tecnofósiles serán nuestro legado definitivo.

La edad del pollo

Los humanos modernos (Homo sapiens) hemos existido una fracción muy pequeña de la historia de la Tierra -apenas unos 300.000 años de los ~4.540 millones de años del planeta-, y al parecer somos los artesanos de nuestra propia destrucción.

Pero así nuestra existencia termine siendo poco más que un pequeño parpadeo perdido en un gran periodo geológico, Zalasiewicz considera que seremos como otro parpadeo que tuvo un enorme efecto: “El gran meteorito que acabó con los dinosaurios. En este caso, nosotros somos el meteorito”.

Puede que no seamos la inmensa roca que chocó con la Tierra y eliminó especies, pero estamos interfiriendo con ellas de otras formas sorprendentes.

“Al causar la extinción o transportar animales y plantas, hemos alterado el camino de la evolución biológica, por lo tanto, hemos alterado el patrón del registro fósil, y eso va a aparecer”, dice el paleontólogo.

“Basándose en eso, nuestros exploradores del lejano futuro se preguntarán qué pasó y por qué. Y van a centrarse en la capa donde empezó todo: la nuestra”.

Pollos asándose
Getty Images
Quizás se preguntarán: “¿Por qué tantos pollos?”.

Zalasiewicz se refiere a los estratos en la Tierra, capas de roca, sedimento o suelo que se acumulan a lo largo del tiempo como las páginas de un libro, mostrando la historia geológica del planeta, donde las capas más profundas son las más antiguas.

La composición química de esas capas indica qué procesos físicos estaban ocurriendo en ese momento.

Una de las cosas que encontrarían esos paleontólogos futuros es el resultado del gran impacto que los humanos hemos tenido en otros animales.

Cuando no los transportamos de un rincón del mundo a otro, elegimos ganadores y perdedores, señala Gabbott.

“Hoy en día, solo el 4% de los mamíferos son salvajes. El otro 96% somos nosotros o los animales que criamos para comer. Así que hemos cambiado por completo la diversidad de la vida.

“Fíjate en los pollos. Matamos 75.000 millones de pollos cada año. Y los pollos representan dos terceras partes de la biomasa de aves en la Tierra… ¡dos terceras partes son pollos!”.

Así que esos científicos del futuro remoto, al examinar los estratos de toda la historia de la Tierra en busca de rastros de alguna civilización posiblemente se preguntarán: ¿Por qué hay tantas aves parecidas? ¿Y por qué morían en masa?

Cenizas y parqueaderos

Así como nuestra habilidad de controlar el fuego, otras formas de generar calor y energía ya han dejado y siguen dejando huellas que los futuros paleontólogos podrían notar.

Entre ellas, residuos mortales que tenemos que enterrar profundamente bajo tierra, los nucleares, “unos de los pocos que realmente hemos pensado profundamente sobre cuánto tiempo van a durar, aunque seguimos dejando la solución del problema para más adelante”, resalta Gabbott.

Y luego están las minas de carbón gigantes, presas enormes y huellas menos directas.

“Un rastro que ya hemos dejado tras la quema de enormes cantidades de carbón, petróleo y gas es la ceniza que ha subido a la atmósfera como humo y contaminación”, señala Zalasiewicz.

“Se llaman partículas carbonáceas esféricas. Son trozos muy pequeños de carbono sin quemar. Son realmente, realmente robustas. Son indigeribles y simplemente se quedan ahí como una capa dentro de los estratos.

“En un futuro lejano, los paleontólogos podrán encontrar esos pequeños restos de ceniza rica en carbono fósil de manera muy similar a como ahora encontramos habitualmente esporas fósiles de polen en estratos: tomas un poco de roca, la disuelves, miras los restos bajo el microscopio y, voilà, habrá unos trozos de ceniza volante únicos. No hay nada igual en el registro geológico”.

Entonces, las huellas químicas en las rocas nos delatarán en el futuro. ¿Pero, no perdurarán rastros más concretos? ¿Un poco de cultura quizás?

Panorámica de Venecia
Getty Images
¿Qué quedará de tanta belleza?

“Si tienes una ciudad, como Venecia, Nueva Orleans o Shanghái, que se están hundiendo, eventualmente empezarán a cubrirse por capas de arena y barro. Los edificios en ruinas quedarán en muy mal estado; se convertirán en una capa de escombros.

“Pero lo que está debajo de eso -aparcamientos subterráneos, sistemas de alcantarillado y demás-, estará mucho mejor conservado, simplemente porque tendrán una capa de suelo, sedimento, barro y arena encima, y se convertirán en estratos”, anticipa el paleontólogo.

Mmm… poco romántico. Aunque quizás quede algo de las obras de arte que varios museos almacenan en sus bodegas subterráneas.

Y tal vez otras pistas les permitirán sospechar al menos que fuimos creativos.

“Creo que dirán que éramos tecnológicamente avanzados porque hemos combinado elementos y materiales de formas muy imaginativas”, supone Gabbott.

“Además hemos creado muchísimos materiales nuevos: hay unos 5.200 minerales que se encuentran de forma natural en el planeta; los humanos hemos producido artificial y sintéticamente 300.000 minerales nuevos”.

Esa manipulación del entorno, ya sea fabricando nuevos materiales, quemando combustibles fósiles o interfiriendo con otras especies, nos hará detectables durante mucho tiempo.

¿Habrá alguna idea de cuánto?

Dinosaurios… de juguete

Es muy difícil probar cuánto durarán nuestras cosas, explica Gabbott.

“Lo que podemos hacer son experimentos en el laboratorio, y yo hago muchos, en los que básicamente asalto un material con temperaturas o presiones altas, o a veces, luz ultravioleta muy fuerte, para acelerar artificialmente su descomposición.

“Esos experimentos son útiles, pero realmente no nos dicen cuánto van a durar las cosas, por eso buscamos análogos en el registro fósil.

“Por ejemplo, tenemos hojas fósiles de hace cientos de millones de años. El papel está hecho de celulosa, que es lo mismo que las hojas. Así que usamos eso como análogo para afirmar que el papel, en el entorno adecuado, probablemente podría durar cientos de millones de años”, ilustra la experta.

Dinosaurio de plástico
Getty Images
¿Creerán que son íconos adorados por fieles de una religión desconocida?

Ahora, si tuviera que calcular durante cuántos millones o miles de millones de años en el futuro seguirán presentes nuestras huellas, ¿cuál sería su mejor estimación?

¿Durante cuánto tiempo cree que los paleontólogos podrían mirar atrás y ver que existimos?

“Mi apuesta sería hasta el fin del planeta, honestamente”, responde.

“Piensa que la Tierra tiene 4.500 millones de años y tenemos rocas de 4.000 millones de años que contienen grafito. Así que, el grafito en forma de lápiz podría durar 4.000 millones de años.

“Y el plástico va a durar muchísimo”.

Así que esos exploradores del futuro posiblemente encontrarán, enterrados en algunos estratos del suelo, lápices y bolígrafos…

…y hasta cosas que quizás los confundan, como las figuritas de plástico con forma de dinosaurios que quizás puedan sobrevivir más tiempo que los fósiles de los animales que sirvieron de modelo.

“Potencialmente, sí podría pasar pues los fósiles de dinosaurios son materiales biológicos. Así que el hueso de los dinosaurios remineralizado probablemente podría durar cientos y cientos de millones de años, pero no estoy segura de si miles de millones de años, porque realmente no tenemos un caso de prueba para eso.

“Los dinosaurios de plástico con los que juegan los niños, por su parte, si acabaran enterrados en sedimentos en el fondo del océano, podrían durar más que un hueso real de dinosaurio”.

Quién sabe cómo los paleontólogos del futuro lejano interpretarían la presencia de objetos con la forma de esos gigantes extintos.

Al fin y al cabo, ayer, hoy y mañana -por distante que sea ese mañana-, lo que hacen los científicos que exploran el pasado es imaginárselo a partir de las pocas piezas que logran hallar de un rompecabezas inmenso.

* Este artículo está basado en el episodio “How long will traces of our civilisation last?”, realizado por Caroline Steel y Sam Baker, de la serie del Servicio Mundial de la BBC CrowdScience.

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BBC

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