Home
>
Analisis
>
Invitades
>
El fin de los grandes capos y la Kingpin Strategy
Blog invitado
Blog invitado
Espacio de análisis, blogueo y... Continuar Leyendo
5 minutos de lectura

El fin de los grandes capos y la Kingpin Strategy

La captura de líderes es parte de la conocida Kingpin Strategy o Estrategia de Descabezamiento de Organizaciones Criminales, la cual es impulsada por la DEA en Colombia y México. La estrategia busca el debilitamiento de una organización a partir de la reducción de sus dirigencias. En México hemos visto efectos adversos, como es el aumento de la violencia derivada de la atomización de las agrupaciones y la lucha entre estas por el control de marcados criminales.
25 de febrero, 2026
Por: Gerardo López García

De forma inesperada, el domingo alrededor de las 11 a.m. se filtró la noticia de que miembros del ejército mataron a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes alias “el Mencho”, durante un operativo que -ahora confirma el gobierno- tenía como objetivo su detención. Con esta acción, cae el líder del identificado como Cartel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más grandes y peligrosas del país, catalogada como organización terrorista por los Estados Unidos y uno de los principales generadores de violencia en México.

Parece que nos encontramos ante un nuevo escenario en la historia criminal de nuestro país, que es la ausencia de los grandes capos, al mismo tiempo que viene acompañado de caras ya conocidas, como es la estrategia de descabezamientos, por lo que considero pertinentes hacerme dos preguntas: ¿se acabaron los grandes capos? y ¿la estrategia de descabezamiento de cárteles es una estrategia propia de la guerra contra las drogas?

Respecto a la primera pregunta, con la muerte de “el Mencho” no solo cae el líder de Jalisco Nueva Generación, sino parece acabarse la época de los grandes capos en México. Con un “gran capo” me refiero a la cabeza más representativa de un grupo criminal, al individuo al que se le atribuye el principal liderazgo y toma de decisiones en una estructura (aunque no necesariamente sea así).

Llegar a ser reconocido como tal no es una labor menor: las estructuras de los cárteles no son completamente jerárquicas, sino que generalmente se tratan de redes desplegadas territorialmente que se articulan alrededor de un grupo central, con alto grado de independencia entre células, pero como eje del grupo central se encuentra la figura del liderazgo. El líder no solo coordina, en alguna medida, las operaciones delictivas; ordena el despliegue territorial y designa mandos medios, también ocupa una posición simbólica. Las células o franquicias de la organización, una vez desplegadas en el territorio, gravitan alrededor de su figura, le rinden pleitesía y refuerzan su marca criminal.

Un liderazgo como el de “el Mencho” o “el Chapo” toma años en forjarse: años de mucho trabajo y experiencia en distintos eslabones de la cadena productiva del tráfico de drogas y otros mercados criminales y, finalmente, de profesionalización en el ejercicio de la violencia.

No quiero decir que ya no existe la oportunidad de que eventualmente surjan otros perfiles que sustituyan los antiguos liderazgos ni que los que actualmente hay no serán peligrosos. Incluso la atomización generalmente son malas noticias para la incidencia delictiva, ya que, como muestra la experiencia mexicana, la atomización viene acompañada de disputas por el control de territorios, rutas y mercados criminales. Lo que hoy probablemente no hay es un perfil que tenga la fuerza operativa y simbólica para sustituir los espacios dejados por los grandes capos y que sean capaces de mantener la unión de las redes que componían la totalidad de la estructura criminal.

Lo que ahora queda claro es que cayó el último gran líder o el más representativo de una de las organizaciones criminales más grandes de nuestro país. Probablemente pasarán años antes de que surja un liderazgo criminal con el mismo alcance que los líderes de antaño, aunque lo deseable sería que ese espacio no volviera a ocuparse.

Por otra parte, resulta inevitable recordar todas las veces en que se ha ejecutado o detenido un gran líder de alguna organización criminal en las dos décadas que llevamos de guerra contra las drogas y el poco impacto que ha tenido en la disminución del ciclo de violencia del país.

Es difícil no pensar en todos los capos que han sido capturados o “abatidos” en estos 20 años de la fase más actual de la guerra contra las drogas: desde las muertes de Arturo Beltrán Leyva (Cártel de los Beltrán-Leyva) en 2009 y Heriberto Lazcano Lazcano (Los Zetas) en 2012, así como la captura de Servando Gómez “la Tuta” (La Familia Michoacana/Caballeros Templarios) en 2014, Joaquín Guzmán Loera “el Chapo” (Cártel de Sinaloa) en 2016 y la captura/extracción de Ismael Zambada García “el Mayo” (Cartel de Sinaloa). Todas las anteriores, durante el gobierno de Calderón.

Este recuento funciona para recordar que una de las partes más relevantes de la guerra contra las drogas ha sido el descabezamiento de organizaciones criminales. Lo traigo a cuenta porque ambos gobiernos de la autollamada cuarta transformación aseguran que la guerra contra las drogas se ha dejado atrás.

Es importante señalar que antes del gobierno de Calderón ya había tenido lugar la captura de líderes con la captura de Osiel Cárdenas Guillen (Cartel del Golfo) en 2003 o de Benjamín Arellano Félix (Cartel de Tijuana) en 2002. La captura de líderes es parte de la conocida Kingpin Strategy o Estrategia de Descabezamiento de Organizaciones Criminales, la cual es una estrategia impulsada por la DEA en Colombia y México. La estrategia busca el debilitamiento de una organización a partir de la reducción de sus dirigencias. En México hemos visto efectos adversos, como es el aumento de la violencia derivada de la atomización de las agrupaciones y la lucha entre estas por el control de marcados criminales.

Como tal, puede sostenerse que se trata de una estrategia propia de la llamada “guerra contra las drogas”, en la medida en que ha sido un componente central del enfrentamiento frontal contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico y, más aún, un mecanismo recurrente de intervención de los Estados Unidos en América Latina.

En ese sentido, la muerte de Nemesio Oseguera, “el Mencho”, se inscribe claramente en esta lógica. Como he sostenido en otros textos, la política de guerra contra las drogas no ha desaparecido; por el contrario, sigue presente y se manifiesta en al menos tres dimensiones: el rechazo a la legalización, el creciente punitivismo, y la centralidad de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad pública. No sorprende, por tanto, la continuidad de la llamada kingpin strategy, especialmente si se consideran las presiones provenientes de los Estados Unidos y la necesidad del gobierno mexicano de evitar escenarios de mayor tensión bilateral o incluso insinuaciones de intervención en territorio nacional.

Viendo estos elementos en su conjunto, no es de extrañarse que durante los gobiernos de la autodenominada 4T es que finalmente se hayan acabado los grandes liderazgos de la delincuencia organizada.

* Gerardo López García (@gera_emp) es licenciado en Ciencias Políticas y maestro en Estudios Políticos, ambos grados por la UNAM. Realizó el Diplomado en Defensa y Seguridad Nacionales en la UNAM y se especializa en análisis de seguridad pública, delincuencia organizada y control territorial. Ha sido funcionario público federal y local (INEGI, FGR Y SSC-CDMX).

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia
Tú puedes ayudarnos a seguir.
Sé parte del equipo
Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.
Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...
Imagen BBC
Corea del Sur sentencia a cadena perpetua al expresidente Yoon Suk-yeol por insurrección tras declarar la ley marcial en 2024
3 minutos de lectura

El exmandatario alega ser inocente, mientras a las afueras de la Corte se congregaron manifestantes a su favor y una fuerte presencia policial.

19 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

Prisión de por vida.

Esa es la sentencia que un tribunal dictó contra el expresidente Yoon Suk-yeol, quien fue declarado culpable de abuso de poder y de planificar una insurrección en Corea del Sur.

En diciembre de 2024, el exmandatario declaró la ley marcial e intentó usar a las fuerzas armadas para ejercer control en el país.

Su intento de golpe duró sólo seis horas, pero puso a prueba la democracia y causó una crisis política, con su partido siendo derrotado en las elecciones siguientes.

En enero, los fiscales dijeron que “la ley marcial de emergencia, inconstitucional e ilegal de Yoon, socavó el funcionamiento de la Asamblea Nacional y la Comisión Electoral… destruyendo de hecho el orden constitucional liberal democrático”.

La pena máxima por organizar una insurrección en Corea del Sur es la condena a muerte o cadena perpetua. El Ministerio Público había solicitado la primera.

Durante la audiencia hubo una enorme presencia policial, así como manifestaciones en apoyo al político, en una muestra de lo polarizada que está la sociedad surcoreana en torno a este caso legal.

La ley marcial que declaró Yoon suspendía el Parlamento, los partidos políticos y los sindicatos, e imponía la censura a los medios de comunicación.

Él niega los cargos en su contra.

En el juicio, según la agencia de noticias Reuters, el también exfiscal argumentó que tenía autoridad presidencial para declarar la ley marcial y que su acción tenía como objetivo dar la voz de alarma sobre la obstrucción del gobierno por parte de los partidos contrarios a su administración.

Yoon ya está cumpliendo condena por otra sentencia relacionada con la ley marcial. Aún enfrenta dos juicios más relacionados con ella.

¿Quién es Yoon Suk-yeol?

Nacido en Seúl en 1960, Yoon ganó notoriedad en el país gracias a una larga carrera de fiscal en la que se ocupó de algunos casos destacados de corrupción, como el que salpicó en 2016 a la entonces presidenta Park Geun-hye.

Presentándose como un azote contra los delitos contra el patrimonio público y un “antifeminista” en un momento en el que la sociedad surcoreana parecía muy dividida en torno a cuestiones de género, Yoon desembarcó en la política y fue el candidato del conservador Partido del Poder Popular en las elecciones de 2022.

En los comicios, el político derrotó por un margen inferior al 1% a su rival Lee Jae-myung, del izquierdista Partido Democrático.

Yoon se benefició del rechazo generalizado a la gestión anterior de Mon Jae-in, del Partido Democrático, y alcanzó la presidencia tras una campaña centrada en sus promesas de combatir la corrupción.

El voto de los jóvenes varones atraídos por sus promesas de frenar lo que Yoon considera excesos feministas fue otra de las claves de su victoria electoral.

Según le dijo a la BBC Don S. Lee, profesor de Administración Pública de la Universidad Sungkyunkwan, en Seúl, había “grandes esperanzas” entre sus votantes de que el nuevo gobierno liderado por Yoon “perseguiría valores como la ética, la transparencia y la eficiencia”.

Pero esas expectativas se vieron en gran medida defraudadas por los escándalos en los que se vio envuelto el gobernante y sus allegados.

línea gris que separa el texto
BBC

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro canal de WhatsApp.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.

Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...