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La migración no es el problema, es el síntoma
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7 minutos de lectura

La migración no es el problema, es el síntoma

La movilidad humana en el país no es un fenómeno pasajero ni una “ola” coyuntural. Es el reflejo de una crisis de protección que se ha vuelto estructural. Mientras discutimos cifras y fronteras, miles de niñas, niños y adolescentes crecen en la incertidumbre, el miedo y la espera. Entender que nadie migra por placer es el primer paso para responder con humanidad y responsabilidad.
22 de febrero, 2026
Por: Save the Children

En México solemos hablar de “crisis migratoria” como si el problema fuera el movimiento de personas. Pero la migración no es la raíz: es la consecuencia visible de algo más profundo. Lo que enfrentamos hoy es una crisis de protección sostenida, donde la violencia, la impunidad, la pobreza, el cambio climático y la falta de oportunidades obligan a miles de familias a abandonar sus hogares.

México es hoy país de origen, tránsito, destino y retorno. Aquí convergen el desplazamiento forzado interno —personas mexicanas que huyen de sus propias comunidades— y la llegada de población extranjera en busca de asilo o protección internacional. A ello se suman miles que quedan varadas en ciudades fronterizas, que permanecen durante meses o incluso años a la espera de una resolución migratoria, o que regresan sin haber alcanzado su destino.

El desplazamiento forzado interno ha aumentado de forma alarmante. En 2024 se registraron al menos 28 900 nuevos desplazamientos internos en México, un incremento del 129 % respecto a 2023, de acuerdo con el informe Travesías forzadas: desplazamiento interno en México 2024, elaborado por el ACNUR. El documento advierte además que la cifra acumulada de personas desplazadas internas por violencia en el país supera las 390 000, una estimación consistente con los registros del Internal Displacement Monitoring Centre, ante la ausencia de un registro oficial nacional consolidado. Pero incluso estas cifras se quedan cortas: el desplazamiento en México suele ser silencioso, fragmentado y no registrado. Muchas familias se van antes de que ocurra el hecho violento, como medida preventiva. Se van para no esperar a que la amenaza se concrete.

Cuando el miedo se vuelve cotidiano, quedarse deja de ser opción.

Vivir en pausa

A la par del desplazamiento interno, el sistema de asilo en México enfrenta un cuello de botella crítico. En 2024 se registraron casi 80 000 solicitudes de asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), manteniéndose entre los 10 países con más peticiones en el mundo. Esa alta demanda, junto con limitaciones presupuestales y de capacidad operativa, ha generado demoras prolongadas en la atención y resolución de casos. La espera extendida se convierte en una forma de vulnerabilidad para las personas solicitantes y quienes buscan protección internacional.

En el sur del país, ciudades como Tapachula concentran a miles de personas que permanecen meses —incluso años— sin documentos, sin empleo formal y con servicios saturados. En el norte, Tijuana o Reynosa enfrentan dinámicas atravesadas por secuestro, extorsión y control territorial de grupos criminales. En la Ciudad de México, aunque existe mayor oferta institucional, persisten obstáculos como la discriminación, la saturación de servicios y las dificultades para acceder a derechos básicos.

En todo el país, la falta de documentación funciona como una barrera que lo condiciona todo. Sin papeles no hay empleo formal ni acceso pleno a la salud ni continuidad educativa. Sin reconocimiento legal, muchas personas desplazadas internas quedan fuera de políticas públicas específicas. El resultado es un limbo prolongado que erosiona derechos y dignidad.

En medio de esta crisis, las niñas, niños y adolescentes no son un grupo más: son quienes enfrentan los impactos más profundos y duraderos.

Para niñas, niños y adolescentes, el desplazamiento forzado no es solo cambiar de casa: es perder la escuela, las amistades y las redes que sostienen la vida cotidiana. Es ver interrumpido su proceso educativo en etapas decisivas y tener que adaptarse a entornos inseguros, donde la violencia, la explotación o el reclutamiento forzado no son amenazas abstractas, sino riesgos concretos.

Adolescentes entre 13 y 17 años están particularmente expuestos al reclutamiento por grupos criminales. Muchas familias deciden huir precisamente para evitar que sus hijas o hijos sean forzados a integrarse a dinámicas violentas. Migrar es una estrategia de supervivencia.

Las niñas y adolescentes enfrentan riesgos adicionales de violencia sexual y explotación, agravados por la falta de documentación y la movilidad constante. Las mujeres y las personas LGBTIQ+ viven altos niveles de violencia basada en género y discriminación, especialmente en contextos de tránsito y asentamientos informales.

El impacto en la salud mental es otro rostro de esta crisis. En nuestro trabajo directo con niñas, niños y adolescentes en movilidad hemos observado un aumento sostenido en la demanda de atención psicológica y acompañamiento psicosocial. El estrés prolongado, la incertidumbre jurídica y el miedo a la violencia dejan huellas profundas, especialmente en la niñez. No se trata solo de experiencias vividas en el lugar de origen, sino también del desgaste emocional que produce la espera y la falta de certezas.

Necesidades que crecen, respuestas que no alcanzan

Las necesidades humanitarias no disminuyen; se transforman y, en muchos casos, aumentan. Sin embargo, la capacidad de respuesta no siempre crece al mismo ritmo. Los recortes presupuestales al financiamiento humanitario —incluidos los fondos destinados a organizaciones de la sociedad civil que brindan atención directa— obligan a priorizar intervenciones esenciales en un contexto donde la demanda supera con creces los recursos disponibles. Esto no reduce la crisis: simplemente traslada el costo a las niñas y niños más vulnerables.

La brecha entre necesidades y respuesta no solo afecta a quienes se desplazan. También impacta a las comunidades receptoras, que comparten entornos de inseguridad y servicios limitados. Cuando no hay políticas públicas robustas y coordinadas, la tensión social aumenta y la cohesión se debilita.

Si esta crisis de protección sigue sin una respuesta integral y sostenida, el riesgo es normalizar el desplazamiento silencioso y perpetuar generaciones con rezagos educativos, afectaciones psicosociales y oportunidades truncadas.

En Save the Children hemos aprendido que hablar de movilidad sin hablar de niñez es dejar fuera el corazón del problema. Nuestro trabajo se enfoca en mantener servicios esenciales de protección infantil, salud, nutrición y apoyo psicosocial en ciudades clave del sur, centro y norte del país.

Esto supone acompañar casos individuales de niñas y niños en riesgo; crear espacios seguros móviles donde puedan jugar y recuperar cierta normalidad; brindar orientación legal a familias que enfrentan un laberinto administrativo, y ofrecer asistencia en efectivo multipropósito, un apoyo económico directo que les permite decidir cómo cubrir sus necesidades más urgentes —pagar una renta para no dormir en la calle, comprar alimentos o costear medicamentos y transporte—. En contextos de desplazamiento, donde cada familia enfrenta realidades distintas, este tipo de apoyo devuelve algo esencial: la capacidad de elegir. También entregamos kits de higiene, alimentación, educación, salud menstrual y protección para familias desplazadas, insumos básicos que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia precaria y condiciones mínimas de dignidad.

El país que decidimos ser

Es fácil caer en narrativas que reducen la migración a decisiones individuales o a cálculos económicos. Pero cuando escuchamos las historias completas, entendemos otra cosa. Entendemos que muchas personas migran porque quedarse significa arriesgar la vida.

Migrar significa dejar atrás el hogar, la lengua, los afectos y los recuerdos. Supone aceptar la incertidumbre como compañera de viaje y enfrentarse a peligros en el camino, así como a la posibilidad de no ser recibido con dignidad.

Para quienes se desplazan dentro del país, el dolor no es menor. Huir de la propia comunidad, sabiendo que quizá no se podrá regresar, también fractura identidades. No hay nada sencillo en abandonar la tierra donde creciste. Reconocer esto no significa ignorar los retos que la movilidad plantea. Significa abordarlos desde la empatía y la evidencia, no desde el prejuicio.

México no enfrenta una crisis localizada ni temporal. Enfrenta una crisis de protección que exige respuestas coordinadas, sostenidas y centradas en derechos. Necesitamos fortalecer el sistema de asilo, reconocer formalmente el desplazamiento interno, agilizar la documentación, ampliar servicios de salud mental y garantizar continuidad educativa para niñas y niños en movilidad.

Pero también necesitamos algo más profundo: cambiar la conversación. La pregunta no es si la migración continuará. La pregunta es cómo decidimos responder: con indiferencia o con humanidad.

* Save the Children (@SaveChildrenMx) es la organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook: @SavetheChildrenMexico,  Twitter: @SaveChildrenMx,  Instagram:  @savethechildren_mx.

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Imagen BBC
Cómo las presiones de Trump ponen a prueba la histórica relación entre México y Cuba
12 minutos de lectura

A pesar de las presiones de EE.UU. y de la alternancia de gobiernos mexicanos, México y Cuba nunca han cortado sus relaciones. Pero las amenazas de Trump ponen a prueba de forma inédita esta histórica asociación.

18 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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La hitórica relación entre México y Cuba, que ha pasado por diversas pruebas desde la Revolución Cubana de 1959, enfrenta un test sin precedentes este año.

Estados Unidos ha lanzado una agresiva política para aislar al gobierno de Cuba, con una orden directa del presidente Donald Trump promulgada a finales de enero para sancionar a los países que envíen petróleo a La Habana.

“Hay un embargo. No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada”, dijo Trump el lunes al asegurar que su gobierno busca un “trato” con su contraparte cubana, sin detallar cuál es el objetivo.

Después de sacudir al gobierno de Venezuela a inicios de año, el objetivo regional de EE.UU. se ha centrado en Cuba, un país que desde hace más de seis décadas se ha sostenido como un antagonista de Washington bajo el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro, así como su heredero político, Miguel Díaz-Canel.

Y México ahora se ha colocado en medio de la disputa.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado abiertamente la imposición de sanciones de EE.UU. a los envíos petroleros a Cuba, que califica de “muy injusta”, pero ha tenido que buscar un equilibrio entre su cooperación con La Habana y su relación con Washington.

La mandataria ha optado por incrementar los envíos de ayuda humanitaria como solidaridad con la población cubana, mientras cancela la carga de más buques del combustible para la isla, como venía ocurriendo en los últimos años.

“No es de ahora, es de siempre… Siempre hubo apoyo a Cuba desde su Revolución”, justificó Sheinbuam hace unos días, al recordar que los gobiernos mexicanos desde hace más de seis décadas, de izquierda, centro o derecha, han tenido cooperación con la isla.

Para los expertos, el escenario actual supone una gran prueba para Sheinbaum.

“Hoy México intenta un ejercicio de política exterior, no solo de solidaridad, sino estratégico en el cual México está pagando el costo político, diplomático, monetario, para jugar un rol en el presente y en el futuro próximo de Cuba”, afirma el internacionalista Juan Pablo Prado Lallande.

“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México tenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, añade en conversación con BBC Mundo.

Claudia Sheinbaum con gesto serio y los indices levantados en una de sus conferencias matutinas
Getty Images
La presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado la restricción de EE.UU. a la exportación de petróleo a Cuba.

El acuerdo que sostuvo las relaciones

Desde el triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, las relaciones entre La Habana y Washington se deterioraron rápidamente hasta el punto de quiebre que supuso la fallida invasión de Bahía de Cochinos desde EE.UU. en 1961.

Desde ese momento, Washington sostuvo una política anticomunista activa en la región -en momentos en los que surgía la Guerra Fría con la Unión Soviética- y ejerció su influencia para que los gobiernos de América Latina (y otras zonas del mundo) cortaran los lazos con La Habana.

Pero México, siendo un vecino geográfico clave, no solo reconoció al gobierno revolucionario de Cuba, sino que fue el único país que no rompió relaciones con la isla, incluso ante presiones explícitas como las que hubo en asambleas de la Organización de Estados Americanos en los primeros años de la década de 1960.

Prado Lallande explica que México justificó su decisión en sus principios de política exterior pacifistas de la Doctrina Estrada, pero también se posicionó como país mediador entre Cuba y EE.UU., logrando un acuerdo trilateral y no publicitado que convenía a las partes.

“Por un lado, Estados Unidos ‘le permite’ a México tener una política soberana respecto a Cuba, de apoyo político, diplomático, de cooperación, etcétera. Por otro lado, más interesante es que tras la Revolución Cubana, México y La Habana pactaron que Cuba no iba a promover revoluciones en México, como sí lo hizo en otros países de Centroamérica, Sudamérica, África, a cambio de que México respaldara al gobierno de Fidel Castro en escenarios internacionales y en el ámbito global. Una especie de tit for tat [esto por lo otro]”, señala el analista.

EE.UU., por su parte, se aseguraba de que no hubiese influencia comunista en su frontera directa de México, a la vez que combatía los grupos surgidos en Centro y Sudamérica.

Fidel Castro y José López Portillo en una recepción del presidente mexicano al cubano en Cozumel
Getty Images
Fidel Castro realizó diversas visitas a México bajo los gobiernos del PRI.

Al gobierno mexicano de la época, encabezado por Adolfo López Mateos, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de carácter nacionalista, le convenía mostrarse ante los mexicanos como un estado que tomaba sus propias decisiones, más aún frente a EE.UU. con su historial de influencia hegemónica sobre el país.

Pero de manera menos evidente, el acuerdo también le permitía evitar la influencia cubana en los nacientes movimientos revolucionarios e izquierdistas de corte socialista en el territorio mexicano surgidos en la década de 1960, algunos de ellos inspirados en la isla.

De hecho, Fidel Castro y sus hombres organizaron su alzamiento armado en México.

Por otra parte, a nivel cultural, tanto México como Cuba comenzaron a sostener un rico intercambio, principalmente en la música, el cine y la literatura.

“Históricamente ha habido cercanía al nivel societal, mexicana y cubana. Hay afinidades históricas, por cercanía cultural, espacial, un pasado común del colonialismo español”, recuerda Prado Lallande.

“Y hay fuertes conexiones societales entre mexicanos y cubanos, y viceversa, sobre todo de orientación de izquierda, personal o de partidos, sindicatos, organizaciones sociales. Históricamente han visto a Cuba como un referente”.

La actriz cubana Ninón Sevilla en una escena de la película mexicana
Getty Images
Diversas actrices cubanas participaron en la época de oro del cine mexicano.

Cooperación y desencuentros

Los presidentes de México de la segunda mitad del siglo XX mantuvieron buenas relaciones con Fidel Castro y afianzaron algunos acuerdos de intercambio bajo el marco del pacto de la década de 1960, pues a EE.UU. le servía tener un oído en la isla en los mandatarios mexicanos.

De hecho, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid fueron colaboradores de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., la CIA, entre 1960 y 1994, como se supo tiempo después al desclasificarse documentos secretos.

“Durante el periodo del PRI”, explica Prado Lallande, “hubo ejercicios de colaboración de distintos rubros: técnico, científico, tecnológico, cultural, educativo, para vincular de manera oficial a los dos países”.

El colapso de la Unión Soviética supuso un duro golpe para Cuba, que se quedó sin el apoyo de la potencia antagonista de EE.UU. Pero México fue un apoyo.

En esos años de la década de 1990, el presidente Carlos Salinas de Gortari, un político neoliberal nada afín a la izquierda, mantuvo la cooperación económica en los momentos en que la isla atravesaba la escasez de alimentos e insumos del llamado “periodo especial”.

Castro asistió personalmente a la investidura de Salinas, que enfrentaba acusaciones de fraude electoral, lo que le sirvió al mexicano para legitimar su gobierno.

Y México comenzó a realizar envíos de petróleo a la isla, un reflejo de cómo se beneficiaban ambos gobiernos de la relación política.

Miguel de la Madrid es condecorado por Fidel Castro en La Habana
Getty Images
El presidente Miguel de la Madrid fue condecorado por Fidel Castro en una visita a La Habana en 1988.

Pero con la salida del PRI de la presidencia de México, en el año 2000, las relaciones entre México y Cuba se enfriaron notablemente bajo los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, ambos del derechista Partido Acción Nacional (PAN).

El recordado episodio llamado “Fidel, comes y te vas” dio muestra de ello: Fox invitó a Castro a la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU en México, pero le pidió personalmente al líder cubano que se marchara después de almorzar, discretamente, para evitar conflictos con otro gran invitado, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush.

La conversación fue grabada y difundida por La Habana, lo que causó gran molestia al gobierno mexicano.

“No hubo rompimiento de relaciones, pero sí una crisis”, recuerda Prado Lallande.

Aún y con las relaciones reducidas, en parte por las críticas del gobierno mexicano hacia la falta de democracia y derechos humanos en la isla, tanto Fox como Calderón realizaron visitas a Cuba.

Y el regreso del PRI a la presidencia, con Enrique Peña Nieto (2012-2018), supuso un nuevo entendimiento a tal grado que México condonó una deuda de más de US$350 millones por envíos petroleros a Cuba.

“El objetivo de México era no perder lo ganado. No perder el capital político invertido en Cuba en términos del relacionamiento histórico a favor del respeto mutuo, respeto a soberanías”, explica Prado Lallande.

Y añade: “El país quería presencia política y geoestratégica en el Caribe, que es la tercera frontera de México. Y Cuba es la isla más grande de las Antillas, por lo tanto es un referente obligado en la política exterior de México para cualquier gobierno, de izquierdas o derechas”.

Vicente Fox y Fidel Castro en una calle de La Habana
Getty Images
Pese al desencuentro con Fidel Castro, Vicente Fox visitó La Habana en 2002 en un intento por normalizar las relaciones.

Aunque la relación de México y Cuba siempre se justificó en la política exterior de cooperación plasmada en la Constitución mexicana, la promoción de los derechos humanos o la democracia, que también son principios del estado mexicano, no fue lo primordial durante los gobiernos del PRI.

Prado Lallande considera que eso se explica porque “para el PRI, que no tenía sensibilidad democrática, ese asunto no le generaba problemas, desafíos o contradicciones”.

“El PRI pasó de ser un partido con antecedentes de izquierda a reorientarse, con el pasar del tiempo, política e ideológicamente. Un partido muy adaptativo y pragmático. En su relacionamiento con Cuba no tuvo conflicto en este sentido”.

Sin embargo, los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo sí realizaron los primeros contactos conocidos con los grupos de la disidencia cubana, al igual que Vicente Fox y Felipe Calderón, algo que tensó las relaciones con el presidente Fidel Castro.

El reimpulso en el obradorismo

La llegada del primer gobierno de izquierda en México en 2018, con Andrés Manuel López Obrador, supuso un nuevo reimpulso a la relación con La Habana, que ya estaba bajo el mandato de Miguel Díaz-Canel.

López Obrador no se contenía al expresar su admiración hacia los cubanos “por su arrogancia de sentirse libres” frente a Estados Unidos, y criticaba las políticas de embargo económico de Washington sobre la isla: “¿Que no es ruin esa política medieval?”, cuestionó el presidente mexicano en 2022.

Durante su mandato, López Obrador reactivó los envíos de petróleo a Cuba, pero también estableció acuerdos que iban desde la llegada de médicos cubanos para atender clínicas remotas en México a la compra de vacunas durante la pandemia de covid-19 o la impresión de libros de texto para Cuba en imprentas mexicanas.

Prado Lallande considera que a partir de entonces se hizo notoria la diferencia entre la cooperación “horizontal” que hubo en los gobiernos del PRI con Cuba, con intercambios de ambas partes, a la asistencia “vertical” que inició con el gobierno de López Obrador y continuó con la presidenta Claudia Sheinbaum desde 2024.

“A raíz del deterioro cubano, político, social, y a la luz de la fortaleza del presidente López Obrador y su visión de gobierno asistencialista, México le tendió un brazo a Cuba no necesariamente en términos de cooperación, sino sobre todo una relación asistencialista, paternalista”, apunta el experto.

Andrés Manuel López Obrador y Miguel Díaz-Canel en un encuentro en Campeche, México
Getty Images
López Obrador estrechó la relación de México y Cuba, país hacia el que no dudó en expresar su admiración.

La empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) comenzó a vender petróleo a Cuba “en términos muy generosos”, asegura Pardo Lallande.

Aunque no ha sido pública la información de ventas directas a la isla, el actual director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, señaló a inicios de febrero que el monto vendido era de US$496 millones con un contrato abierto desde 2023.

Matizó las críticas de la oposición asegurando que era menos del 0,1% de la producción mexicana.

Y según los reportes más recientes disponibles de Pemex, de enero a septiembre de 2025 México envió 17.200 barriles de crudo al día, lo que representa un 3,3% de las ventas que hace el país al exterior.

Ante las preguntas de periodistas, Padilla evitó responder cuánto se envía a la isla en términos de asistencia directa, pero dijo que “es mucho más por contrato que por ayuda humanitaria”.

A partir de la amenaza arancelaria de Trump, sin embargo, México se ha colocado en un escenario sin precedentes en el que se ha visto obligado a dejar de cooperar con Cuba libremente.

Sheinbaum criticó la decisión de EE.UU., que calificó de “muy injusta” porque afecta directamente a la población al limitarse la producción de energía eléctrica y paralizar en general las actividades en la isla.

“Puede uno estar de acuerdo o no con el régimen del gobierno de Cuba, pero no debe afectarse a los pueblos nunca. Entonces, nosotros vamos a seguir apoyando y seguimos haciendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder recuperar el envío de petróleo, porque no se puede ahorcar a un pueblo así, de esa manera. Es muy injusto, muy injusto”, sostuvo la mandataria.

Un buque de la Marína de México llegando al puerto de La Habana
SRE
El gobierno de Sheinbaum ha enviado ayuda humanitaria a Cuba en buques de la Marina mexicana.

México envió ya dos buques cargados con alimentos y artículos de higiene personal para la isla, pero no ha enviado más petróleo mientras su gobierno sostiene conversaciones con el de EE.UU. sobre el tipo de sanciones que pretende imponer si se hace.

“Por lo pronto no vamos a enviar combustible”, precisó Sheinbaum.

El antiguo pacto que perduró durante décadas ha quedado de lado: “El flujo de cooperación hacia Cuba nunca se había detenido por fuerzas externas. Es un cambio muy importante, de fondo, que México se haya visto obligado a parar. Y, frente a ello, recurre al plan b que es ofrecer ayuda humanitaria”, dice Prado Lallande.

Aunque México ya no tiene un intercambio directo con una Cuba que no le puede ofrecer algo a cambio, la lógica de mantener el apoyo a la isla sigue siendo clave, considera el experto.

“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México retenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, explica.

“Es un ejercicio estratégico de política exterior. Independientemente del color del partido político que gobierne México, Cuba es un objetivo de Estado por el peso político de la isla, su cercanía geográfica, su peso en las relaciones internacionales, y en la política respecto a Estados Unido”, continúa.

“La línea roja -que México no está dispuesto a cruzar- sería no hacer política exterior hacia Cuba”.

BBC

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