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La violencia vino del norte, de Carlos Pérez Ricart
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La violencia vino del norte, de Carlos Pérez Ricart

El libro La violencia vino del norte documenta cómo la desregulación de armas en Estados Unidos incrementó el tráfico de rifles a México, fortaleciendo al crimen organizado y elevando la violencia, lo cual no es aceptable en un contexto de corresponsabilidad binacional.
22 de enero, 2026
Por: Víctor Manuel Sánchez Valdés

¿Tiene responsabilidad Estados Unidos de la violencia que se vive en México? Esa es la pregunta que responde el nuevo libro La violencia vino del norte, del académico del CIDE, Carlos Pérez Ricart, el cual fue publicado en diciembre de 2025.

Se trata de uno de los mejores textos académicos que se han escrito sobre la violencia en México en los últimos años, porque desentraña con datos la relación entre un proceso de desregulación en la compra de armas y el aumento en la cantidad de rifles de alto poder que se trafican de Estados Unidos a México.

Es decir, sostiene que la falta de controles en la venta de armas en los Estados Unidos es responsable de un porcentaje relevante de la violencia en México y también en el mismo Estados Unidos, porque al quitar los límites que hubo durante una década en la venta de rifles de asalto, provocó un aumento en los tiroteos masivos en escuelas, centros comerciales y otros espacios públicos.

Si bien lo anterior no se trata de un argumento nuevo, ya que ha sido sostenido durante años por muchos investigadores, periodistas e incluso por el Gobierno de México, lo novedoso es que presenta una cronología muy clara del proceso de desregulación, y con datos soporta cómo cada ley a favor de la industria armamentista y de la Asociación Nacional del Rifle se tradujo en más ventas de armas, en rifles de mayor poder en las calles y en más violencia.

Pérez Ricart señala varios momentos críticos. Por ejemplo, la adopción de la Ley Brady en 1993, que obligó a los vendedores a revisar los antecedentes penales de los compradores, y la Assault Weapons Ban en 1994, que prohibió la venta por 10 años de armas de asalto en los Estados Unidos, ambas impulsadas en el gobierno de Bill Clinton.

Sin embargo, el lobby armamentista logró que en 2024 esta ley no se renovara y el congresista Todd Tiahrt impulsó un año antes -en 2003- una serie de enmiendas que dificultó a la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos el dar seguimiento al rastreo de las armas, impidió que se compartieran estadísticas públicas y que esa información se pudiera usar como prueba en procesos judiciales.

Pero lo peor vino en 2005 cuando George W. Bush firmó la Protection of Lawful Commerce in Arms Act, que impide que las empresas de armas sean procesadas por los delitos cometidos con las armas que venden, como corresponsables, lo que en la práctica las hace inmunes.

Esta transformación legal se combinó con el combate frontal emprendido por desde el sexenio de Felipe Calderón, ya que coincidió la necesidad de mayor acceso a armas del crimen organizado, con una mayor disposición y facilidad para comprar armas en los Estados Unidos.

Esto ayudó a crear intrincadas redes de compra de armas en donde ciudadanos estadunidenses -la mayoría sin antecedentes compran armas en armerías, ferias o a particulares- las pasan a México por una frontera que prácticamente no revisa los vehículos que entran a México y dentro de nuestro país las mismas se envían a los lugares en donde hay disputas territoriales entre bandas criminales.

Al final existe una corresponsabilidad de ambos países en la violencia que vive México, y se requieren cambios legales que restrinjan la venta indiscriminada. Sin embargo, suena poco probable que se pueda dar pronto.

Se trata de un excelente texto para entender la violencia en México y las posibles opciones que tenemos para hacerle frente, que les recomiendo leer. El mismo ya se encuentra disponible en las principales librerías del país y en plataformas como Amazon, en formato impreso, libro electrónico y en audiolibro.

* Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval) es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: [email protected].

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Imagen BBC
¿Viaje al centro de la Tierra?: la máxima profundidad a la que se ha adentrado el ser humano en la Tierra y su importancia
4 minutos de lectura

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?

14 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Un dibujo que muestra el planeta Tierra con una sección cortada, revelando la corteza, el manto y el núcleo.
DeAgostini/Getty Images

Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.

Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.

Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.

Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?

Las capas de la Tierra

La Tierra está formada por cuatro capas principales.

Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.

“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.

Diagrama que muestra una sección transversal de la Tierra, con las principales capas etiquetadas: la corteza oceánica y la corteza continental en la superficie, seguidas del manto y, a continuación, el núcleo externo y el núcleo interno.
BBC

La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.

Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.

“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.

Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.

El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.

Hacia lo “superprofundo”

El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.

Un hombre con una camisa beige y un casco azul, de espaldas a la cámara, apunta un chorro de agua hacia una caverna rocosa dentro de una cueva.
Eva-Lotta Jansson/Bloomberg vía Getty Images
La mina de oro Mponeng alcanza hasta 4 km de profundidad en algunos puntos.

Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.

El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.

Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.

Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.

Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.

Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.

La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.

Un edificio en ruinas sobre un terreno pedregoso, bajo un cielo azul
Lenorlux vía Getty Images
El pozo superprofundo de Kola ahora se encuentra abandonado.

La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.

Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.

Escanear la Tierra

Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?

La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.

Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.

“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.

Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.

Líneas dibujadas sobre una hoja de papel blanco que representan ondas sísmicas
Getty Images
Las ondas sísmicas atraviesan distintos materiales de manera diferente.

Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.

“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.

Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.

Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.

*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.

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BBC

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