
A un año del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la política migratoria estadounidense ha vuelto a modificar drásticamente las dinámicas migratorias en la región. Para las organizaciones que integran la Red de Documentación, este escenario no representa una ruptura inesperada, sino la continuidad y profundización de un régimen de control que, una vez más, ha desplazado los costos humanos de la contención migratoria hacia los países de tránsito y acogida, particularmente México.
México no es solamente un país que resiente decisiones tomadas fuera de su territorio; también participa en su aplicación. Al aceptar que la contención se implemente dentro de sus fronteras, termina administrando sus costos humanos. Los acuerdos políticos y económicos que sostienen esta lógica convierten a las personas en movilidad en la variable de ajuste: más espera, más obstáculos, más exposición a violencias, menos posibilidades reales de encontrar protección.
Leída desde el derecho internacional, esta práctica entra en conflicto directo con el principio de no devolución consagrado en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados y con las obligaciones establecidas por la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Ninguna autoridad puede regresar, por acción u omisión, a alguien a un lugar donde su vida o su integridad estén en peligro, por lo que obligan al Estado mexicano a garantizar, en la práctica y no solo en el discurso, el acceso efectivo a la protección internacional.
Desde el inicio del segundo mandato de Trump (2025–2028), la migración volvió a ocupar un lugar central en una agenda abiertamente antiinmigrante. Las amenazas de deportaciones masivas, el cierre de facto de la frontera y la cancelación práctica del acceso al asilo profundizaron una estrategia regional de contención impulsada desde Estados Unidos, pero asumida activamente por México y otros países de América Latina. El control migratorio dejó de concentrarse en la frontera y se extendió al interior de los territorios, instalando un régimen de verificación permanente que atraviesa comunidades enteras y altera la vida cotidiana de quienes las habitan.
En Estados Unidos, durante 2025, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) reportó alrededor de 220 mil arrestos realizados lejos de la frontera, en centros de trabajo, comunidades y otros espacios públicos. Este desplazamiento del control ayuda a explicar la caída sustancial de los llamados “encuentros” en la frontera México–Estados Unidos. Entre enero y agosto de 2025 se registraron 135,515 encuentros, una cifra significativamente menor a la de años previos. Sin embargo, esta disminución no da cuenta de una reducción de la migración ni del éxito de las políticas de disuasión, sino del reforzamiento de estrategias de contención más agresivas y selectivas, acompañadas de una menor detección en los puntos visibles.[1]
Esa misma lógica también aparece en las cifras oficiales mexicanas. De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria, en 2024 se registraron 925,085 eventos de personas en situación migratoria irregular, mientras que en 2025 el total reportado fue de 145,449. Estos datos no miden la migración; miden la intervención estatal, su capacidad —o su decisión— de detectar, registrar y visibilizar a las personas en movilidad. La reducción de registros no es un fenómeno técnico ni administrativo: es una decisión política que empuja las violencias fuera del radar institucional.
El artículo 1º constitucional establece que el Estado no solo debe abstenerse de violar derechos, sino garantizar activamente su ejercicio. En ese sentido, cuando decide no registrar ni proteger a las personas en movilidad, incumple su deber de garantía y convierte la omisión institucional en un factor activo de desprotección.
La violencia no desapareció. Se movió fuera de nuestra vista. Los registros de 2024 lo confirman: 62.7% de las agresiones fueron cometidas por grupos criminales, que por primera vez desplazaron a las autoridades como principales perpetradores. Este dato no puede leerse sin la responsabilidad del Estado: las políticas de contención, el cierre de rutas visibles y el abandono institucional han creado las condiciones para que estas violencias operen con mayor impunidad. Desde los estándares interamericanos de derechos humanos, esta expansión de la violencia criminal implica responsabilidad estatal por omisión y falta de debida diligencia en la prevención, investigación y sanción de las violaciones a derechos.
El impacto de este reordenamiento también se refleja en la dinámica de los albergues que integran la Redodem. En 2024 se documentaron 37,999 ingresos, una disminución del 29% respecto de 2023, tendencia que se profundizó durante 2025. Estas cifras no indican una reducción de las necesidades de protección; muestran que menos personas logran llegar a espacios seguros. En el trabajo cotidiano observamos un aumento de reingresos, personas obligadas a regresar ante la falta de alternativas reales para continuar su trayecto o generar medios de vida en los lugares donde quedaron varadas.
Al mismo tiempo, algunos albergues enfrentan recortes de financiamiento, cierres temporales o exposición directa a la violencia en contextos de fuerte control criminal del territorio. Estos hechos no son excepcionales, sino la expresión de un entorno cada vez más hostil para la acción humanitaria. La existencia de los albergues no sustituye las obligaciones del Estado en materia de protección internacional; por el contrario, evidencia los vacíos institucionales que han sido dejados sin atender.
La caída de cifras no puede leerse como una solución, sino como la expresión de una crisis silenciosa de protección que se profundiza fuera del radar institucional. La movilidad humana no se ha detenido; se ha vuelto más riesgosa e invisible. Insistir en la disminución de registros como indicador de éxito distorsiona la discusión pública y desplaza el debate del terreno de las obligaciones estatales al de la gestión administrativa del control.
Ese será el criterio desde el cual la Redodem sostendrá su trabajo de documentación, exigencia y rendición de cuentas, no por la reducción de cifras, sino por la capacidad real del Estado mexicano de garantizar protección, acceso a derechos y condiciones mínimas de seguridad para las personas en movilidad, así como por su disposición a rendir cuentas sobre las violencias que hoy quedan fuera de los registros oficiales.
[1] InSight Crime, Gamechangers 2025: Criminal Migration Income Boom and Bust, 2025. De acuerdo con este informe, entre febrero y octubre de 2025 las autoridades estadounidenses registraron en la frontera con México un promedio mensual de entre 9 y 10 mil encuentros con personas migrantes, lo que representa una caída del 92 % respecto al promedio de 123 mil encuentros mensuales en el mismo periodo de 2024. La drástica disminución se replica a nivel regional: Panamá —país de tránsito clave entre Sudamérica y Centroamérica— reportó únicamente 78 personas cruzando la selva del Darién entre mayo y septiembre de 2025, frente a las decenas de miles que lo hacían mensualmente en 2022 y 2023 por rutas controladas por redes criminales. Disponible en: https://insightcrime.org/news/gamechangers-2025-criminal-migration-income-boom-bust/

El presidente estadounidense difundió un mensaje en video en sus redes sociales en el que aseguró que el objetivo del ataque es acabar con el programa nuclear y con el régimen iraní.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado que su país ha lanzado “importantes operaciones de combate” en Irán y ha llamado a los iraníes a sublevarse contra el gobierno de los ayalatolás.
“Vamos a destruir sus misiles y arrasar su industria misilística. Quedará totalmente destruida”, afirmó Trump en una declaración en video de ocho minutos publicada en las primeras horas de la mañana en EE.UU. en su red social Truth, poco después de que se informara sobre explosiones en Teherán.
El presidente se dirigió a los iraníes e instó a que utilizaran los ataques a gran escala de EE.UU. para derrocar al régimen.
“Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Será de ustedes. Esta será probablemente su única oportunidad durante generaciones”, declaró. “La hora de su libertad está cerca”.
También dijo a los miembros de las fuerzas de seguridad iraníes que se les daría “inmunidad” si deponían las armas, o de lo contrario “se enfrentarían a una muerte segura”.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también se dirigió en un mensaje a los iraníes: “Nuestra acción conjunta creará las condiciones para que el valiente pueblo iraní tome su destino en sus propias manos”.
Trump acusó al régimen liderado por Alí Jamenei de librar una “campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa contra Estados Unidos” y aseguró que con el ataque buscan “defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo cruel de gente muy dura y terrible”.
El gran objetivo de la operación a gran escala es acabar con el programa nuclear iraní y derrocar al régimen, según la declaración del presidente.
“Siempre ha sido política de Estados Unidos, en particular de mi administración, que este régimen terrorista jamás pueda poseer un arma nuclear. Lo repito: jamás podrán poseer un arma nuclear”, afirmó el presidente, quien añadió que en la Operación Martillo de Medianoche del pasado mes de junio, “destruimos el programa nuclear del régimen en Fordow, Natanz e Isfahán”, los principales centros nucleares iraníes.
Trump declaró que Irán ha rechazado todas las oportunidades para renunciar a sus ambiciones nucleares y ha seguido desarrollando misiles de largo alcance que pueden amenazar a sus aliados en Europa, a las tropas estadounidenses en el extranjero y que “pronto podrían llegar a territorio estadounidense”.
Teherán firmó en 2015 un acuerdo para restringir su programa nuclear con los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China) y la Unión Europea, pero Trump retiró a su país del acuerdo en 2018, durante su primera presidencia.
El presidente dio a entender que la operación lanzada este sábado tendrá un mayor alcance que la del pasado junio, y que podría incluso producir bajas estadounidenses.
“Las vidas de valientes héroes estadounidenses podrían perderse y podríamos tener bajas”, señaló.
Trump aseguró también que el régimen iraní lleva 47 años coreando “Muerte a Estados Unidos” y ha librado una “campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa contra Estados Unidos”.
El mandatario recordó la toma de la embajada de su país en Teherán en 1979 por los seguidores del ayatolá Jomenei, el ataque suicida contra un cuartel en Beirut en 1983 en el que murieron 241 militares estadounidenses (y 58 franceses) y el ataque también suicida contra el destructor USS Cole en el año 2000 sobre el que, según Trump, Irán tenía conocimiento y “probablemente estuvieron involucrados”.
Acabar con los “grupos terroristas que patrocina” Irán también es, según Trump, uno de los objetivos del ataque.
El presidente acabó su declaración dirigiéndose al “gran y orgulloso pueblo de Irán”, al que aseguró que la hora de la libertad estaba cerca.
“Manténganse a resguardo. No salgan de sus casas. Es muy peligroso afuera. Caerán bombas por todas partes”, dijo.
A principios de enero, Trump amenazó con bombardear Irán cuando las fuerzas de seguridad reprimieron las protestas antigubernamentales que tuvieron lugar a nivel nacional, matando al menos a 6.480 personas, según activistas de derechos humanos. Advirtió entonces que los responsables “pagarían un alto precio” y dijo a los manifestantes que “la ayuda está en camino”.
Pero, días después, el presidente señaló que había recibido garantías del gobierno de Irán de que “las matanzas habían cesado” y su atención se centró en el programa nuclear del país, que ha estado en el centro de una larga disputa con Occidente.
Este sábadoTrump señaló, sin embargo, que esta será, probablemente, “la única oportunidad en generaciones” de cambiar al régimen y hacerse con el control del gobierno.
“Durante muchos años, han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han recibido. Ningún presidente estuvo dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche”, dijo el mandatario estadounidense.
En la misma línea, Netanyahu, en un mensaje público difundido por sus redes sociales, declaró que “ha llegado el momento de que todos los sectores del pueblo iraní —los persas, los kurdos, los azeríes, los baluchis y los ahwazíes— se liberen del yugo de la tiranía y creen un Irán libre y que busque la paz”, dijo el primer ministro.
“Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar”, sentenció Trump.
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