
Ese sonido estridente filtrado en el ADN colectivo es la materialización de un contrato social con décadas de asimilación. La alerta sísmica representa la oportunidad de anticipación sobre la tragedia, una muralla de algoritmos para la supervivencia.
¿Qué habría pasado si en septiembre de 1985 México hubiera contado con el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, una robusta red de sensores en la costa del Pacífico y una cultura de la prevención centrada en los simulacros? La historia con certeza se escribiría con menos ausencias.
Entonces, el Estado mexicano era un gigante ciego que se enteró del desastre cuando ya tenía el polvo encima, con escasa o nula capacidad de reacción evidenciada por la intervención de sociedad civil en labores de rescate de vivos y de cuerpos.
La gestión de riesgos, como sugiere el sociólogo Ulrich Beck en su teoría de la “Sociedad del Riesgo”, no consiste en eliminar el peligro, sino en domesticarlo mediante conocimiento. En 1985, el riesgo era una fuerza mística; ahora es una variable calculada en milisegundos.
Si la alerta del CIRES hubiera sonado en los radios de transistores aquel jueves antes de las 07:17, el margen de evacuación habría permitido que miles de personas abandonaran los edificios de la colonia Roma o el Centro Histórico.
La evolución de la cultura sísmica ha transitado de una sociedad a la expectativa de instrucciones por televisión a una exigente de protocolos automatizados. Este cambio refleja la capacidad para convertir la tragedia en resiliencia. El SASMEX es ahora un engranaje donde no interviene el capricho humano.
Cuando el C5 dispara la señal por más de 28 mil altavoces no hay un burócrata decidiendo si la magnitud amerita el susto; hay un sistema automatizado que lee la energía liberada y decide en una fracción de segundo. La alerta se activa cuando 1) el sismo será igual o mayor a 5 y el epicentro está a menos de 200 kilómetros, 2) es igual o mayor a 5.5 con epicentro a menos de 350 kilómetros, y 3) si es igual o mayor a 6 sin importar la distancia.
México, junto con Japón, lidera una vanguardia global en esta materia. El sistema nipón, implementado tras el terremoto de Kobe en 1995 operado por la Agencia Meteorológica, emite alertas a través de celulares, radio, televisión y altavoces públicos.
Sin embargo, de poco sirve el algoritmo perfecto si el ciudadano no sabe qué hacer con ese tiempo extra. Los simulacros dejan de ser una molestia administrativa para convertirse en un ejercicio de supervivencia. Si un sismo es un evento geológico, el desastre es la falta de preparación de la sociedad. Por ello, la convocatoria de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, para el próximo simulacro metropolitano del 18 de febrero representa el reconocimiento de la defensa ante la vulnerabilidad.
Cuando la alerta suena, además de la evacuación de edificios, se está honrando la memoria de quienes en 1985 no tuvieron sesenta segundos de ventaja.
* Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es coordinador general del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (@C5_CDMX).

La conferencia, que reúne a líderes gubernamentales, expertos en seguridad y ministros de defensa, se celebra en un momento en que la tradicional alianza política y militar de Estados Unidos y Europa enfrenta tensiones.
Europa y Estados Unidos “existimos juntos”, declaró el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, el sábado, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, en un discurso en el que destacó que el destino del continente europeo “nunca será irrelevante” para EE.UU.
Pero Rubio criticó las políticas energéticas y migratorias de sus predecesores y de algunos líderes occidentales, que, según él, han empobrecido a la gente y “amenazan nuestro futuro”.
También criticó a Naciones Unidas, afirmando que la organización no ha desempeñado ningún papel en la resolución de conflictos.
La conferencia, que reúne a líderes gubernamentales, expertos en seguridad y ministros de defensa, se celebra en un momento en que la tradicional alianza política y militar de Estados Unidos y Europa enfrenta tensiones por las políticas del presidente estadounidense Donald Trump.
Además, el duro discurso del vicepresidente estadounidense, JD Vance, en la Conferencia de Seguridad hace un año, marcó el inicio de un período de enfriamiento en la relación transatlántica.
Pero ahora, el discurso de Rubio mostró que al parecer hay un esfuerzo de desescalada, en particular por la parte estadounidense.
El jefe de la diplomacia estadounidense dijo que su país espera contar con el apoyo de sus aliados europeos: “EE.UU. y Europa existimos juntos”, dijo. “Nuestro destino siempre estará entrelazado con el de ustedes”, agregó Rubio entre aplausos.
Y reiteró a sus aliados europeos que Estados Unidos tiene la intención de colaborar con ellos, pero sostuvo que esa alianza necesita ser reforzada: “No queremos aliados débiles”, dijo, y agregó que a su país no le interesa ser “un cuidador educado y ordenado del declive controlado de Occidente”.
Rubio comenzó su discurso hablando de la “alianza histórica” entre Estados Unidos y Europa y de cómo se creó un mundo sin fronteras tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
Pero afirmó que esa fue una “ilusión peligrosa” y una “idea absurda” que ignoraba tanto la naturaleza humana como la historia.
Nos ha “costado muy caro”, agregó.
Posteriormente Rubio analizó el libre comercio, afirmando que mientras otros países han invertido en sus propias economías, “nosotros, Occidente, hemos externalizado cada vez más nuestra soberanía”.
Afirmó que, al invertir en políticas que buscaban apaciguar un “culto al cambio climático”, también “hemos invertido en políticas que empobrecen a nuestra gente, mientras que nuestros competidores invierten en petróleo”.
Rubio también declaró que Occidente “se ha abierto a una ola de migración masiva sin precedentes”, que, según él, “amenaza nuestro futuro”.
“Cometimos estos errores juntos”, dijo y agregó que “juntos, Estados Unidos y Europa ahora tienen la obligación con nuestros pueblos de avanzar y reconstruir”.
Con Trump, afirmó, “Estados Unidos planea asumir la tarea de renovación y restauración”.
“Si bien estamos preparados para hacerlo solos, si es necesario, preferimos hacerlo junto con ustedes”, declaró dirigiéndose a los líderes europeos presentes en la sala.
“Somos parte de una sola civilización: la civilización occidental”, indicó y agregó que Europa y Estados Unidos están conectados tanto económica como culturalmente. “Europa debe sobrevivir”.
Posteriormente Rubio abordó el tema de la migración y la seguridad fronteriza y dijo que Occidente puede prosperar, pero solo si controla sus fronteras.
“Esto no es una expresión de xenofobia”, afirmó, sino un “acto fundamental” de soberanía nacional.
Agregó que la seguridad fronteriza constituye una “amenaza urgente” para el tejido social y la “supervivencia de nuestra civilización”.
Sobre los sistemas de cooperación internacional, como la ONU, el secretario de Estado señaló que no era necesario abandonarlos ni desmantelar las instituciones globales del viejo orden.
Pero, dijo, “deben reformarse y reconstruirse”. La ONU, indicó “aún tiene el poder de ser una herramienta para el bien en el mundo, pero no han respondido a algunos de los problemas más urgentes de la actualidad”.
Para concluir su discurso Rubio se refirió a la alianza entre Europa y Estados Unidos.
“No queremos aliados débiles”, declaró. “EE.UU. quiere una Europa que pueda defenderse “para que ningún adversario se vea tentado a poner a prueba nuestra fuerza colectiva”.
Continúa diciendo que la administración Trump no quiere aliados que busquen “racionalizar el statu quo roto”, sino que quiere a aquellos que estén dispuestos a arreglarlo.
No tenemos ningún interés en ser “guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente”.
Una ovación de pie para Marco Rubio con una sala repleta aquí en Múnich que respiró aliviada.
El mensaje principal del discurso inaugural de Rubio es que Estados Unidos sigue queriendo ser aliado de Europa.
Pero existen claras diferencias. Atacó las medidas adoptadas para abordar el cambio climático, la migración y el libre comercio.
Claramente, todavía hay muchas diferencias entre Europa y Estados Unidos, pero creo que, en el fondo, Rubio intentó sanar algunas de las heridas causadas aquí el año pasado por J. D. Vance.
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