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Vedas en la pesca: sustentabilidad y legalidad
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ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México,... Continuar Leyendo
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Vedas en la pesca: sustentabilidad y legalidad

Consumir o adquirir pescados y mariscos vedados fortalece y promueve, de forma indirecta, que redes criminales de pesca ilegal depreden sin control la diversidad marina, agotando una de las principales fuentes de proteína del mundo. A la vez, debilita la seguridad alimentaria de nuestro país. No hay duda: las vedas se deben respetar.
12 de febrero, 2026
Por: Esteban García-Peña Valenzuela

¿Sabías que al consumir pescados y mariscos en veda podrías estar apoyando sin saberlo la pesca ilegal?

Sin saberlo, usted podría ser partícipe de la ilegalidad que afecta la supervivencia de las especies que habitan el océano y la salud de sus ecosistemas cuando consume o compra productos pesqueros en veda. Consumir o adquirir pescados y mariscos vedados fortalece y promueve, de forma indirecta, que redes criminales de pesca ilegal depreden sin control la diversidad marina, agotando una de las principales fuentes de proteína del mundo. A la vez, debilita la seguridad alimentaria de nuestro país. No hay duda: las vedas se deben respetar.

¿Por qué las vedas son importantes? Su objetivo es proteger a las especies acuáticas de importancia pesquera en momentos clave de su ciclo de vida, ya sea para permitir su reproducción, asegurar las tallas adecuadas o garantizar la abundancia suficiente para evitar comprometer su supervivencia.

Biológicamente, son esenciales para asegurar la sustentabilidad de la actividad pesquera. Se debe entender que las vedas son actos jurídicamente vinculantes ejercidos por las autoridades federales, a fin de proteger a las especies pesqueras y garantizar la sustentabilidad en su aprovechamiento. La Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentable establece que una veda es “el acto administrativo por el que se prohíbe llevar a cabo la pesca en un periodo o zona específica establecido mediante acuerdos o normas oficiales, con el fin de resguardar los procesos de reproducción y reclutamiento de una especie 1

Con base en lo anterior, queda claro que la captura y comercialización de especies pesqueras en temporadas de veda no solo pone en riesgo la sustentabilidad y supervivencia, sino también es una actividad ilegal, sujeta a sanciones por parte de las autoridades.

¿Como saber si lo que consumimos proviene de fuentes legales y que no incumple períodos de veda legalmente obligatorios? La respuesta no es sencilla. Cada pesquería que cuenta con vedas puede presentar modalidades distintas: algunas especies son capturadas en tiempo y forma legal y pueden ser distribuidas como productos congelados durante buena parte del año. Otros productos provienen de la acuicultura y pueden sustituir a aquellos que se obtienen mediante la captura en el mar. Incluso algunos pueden haber sido capturados en fechas cercanas al inicio de la veda y, con una buena cadena de frío, comercializarse algunos días después.

Sin embargo, el difícil acceso a información veraz, oportuna y accesible al público sobre la legalidad de los productos pesqueros es el principal reto al que se enfrenta la ciudadanía. Surge entonces la oportunidad de desarrollar sistemas de trazabilidad que permitan seguir la ruta de los productos pesqueros desde el barco hasta el plato, y que estos vengan apuntalados por regulaciones que aseguren que cualquier persona tenga fácil acceso a información clara y comprensible sobre la legalidad de la pesca.

Un buen ejemplo es el proyecto de norma oficial mexicana para trazabilidad de productos pesqueros, que se encuentra en proceso de elaboración en la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA).

* Esteban García-Peña Valenzuela es coordinador de Investigación y Políticas Públicas en Oceana.

 

1 Artículo 4 inciso XLVII, Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentable.

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Imagen BBC
“Cocinamos con carbón y leña para 3 familias del barrio”: cómo viven los cubanos el mayor racionamiento de combustible en décadas
7 minutos de lectura

Mientras Cuba se prepara para un temido escenario de “cero combustible” por las presiones de Trump, los cubanos tiran de solidaridad, inventiva y previsión.

10 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Elizabeth Contreras* remueve el carbón en la cocina que improvisó sobre bloques de cemento en el patio de su casa.

En la parrilla hay unas piezas de pollo que alimentarán a tres familias del barrio en un municipio periférico del suroeste de La Habana.

“Mucha gente lleva días cocinando así porque la olla eléctrica apenas puede usarse sin corriente y queda poco gas”, le cuenta a BBC Mundo.

“Nos ayudamos entre vecinos en esta incertidumbre”, añade esta pensionista de 68 años.

Cuba sufre una crisis energética y de escasez de combustible que se agravó desde mediados de 2024 y que en este 2026 se acerca a un abismo impredecible.

“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en una alocución el pasado 5 de febrero que precedió al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.

Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump en EE.UU. desplegó varias medidas que dificultan el acceso a combustible de la isla, como la amenaza de imposición de aranceles a los países que envíen petróleo.

Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.

Esto se une a problemas crónicos para generar electricidad por deficiencias productivas, plantas termoeléctricas obsoletas y falta de divisas para acceder a combustibles en el mercado internacional.

Son situaciones que el gobierno de La Habana atribuye al embargo económico estadounidense impuesto sobre Cuba desde los años 60, cuando triunfó la revolución socialista de Fidel Castro y se nacionalizaron industrias y negocios estadounidenses.

¿Peor que en el Periodo Especial?

Lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla.

En los 90, Cuba dependía mayoritariamente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), su principal aliado político y comercial.

Tras derrumbarse la URSS, los cubanos sufrieron una grave crisis conocida como el Periodo Especial que para muchos, incluida Contreras, nunca llegó a superarse del todo, sino que se pasó “por mejores y peores momentos”.

“Pero lo de ahora me parece más grave”, opina.

Cocina improvisada de Elizabeth Contreras.
Cortesía
Cocina improvisada de Elizabeth Contreras, que servirá para que unas tres familias del barrio tengan alimentos ya preparados.

Con el colapso del comercio entre Moscú y La Habana a comienzos de los 90, los cubanos se vieron forzados a un racionamiento extremo de recursos y alimentos.

Como ahora, cocinaron con carbón, sufrieron problemas de transporte y convivieron con largas horas de apagones.

Contreras recuerda que, “parecido a hace tres décadas, hemos sufrido cortes de electricidad de hasta 18 horas en más de una ocasión en las últimas semanas”.

El plan anunciado por el gobierno cubano para ahorrar incluye racionar la venta de combustible, utilizándolo para actividades económicas imprescindibles y servicios esenciales, además de priorizar el teletrabajo e implementar clases semipresenciales en universidades.

Embarcación con migrantes cubanos en una fotografía tomada en 1991.
Bill Gentile/CORBIS/Corbis via Getty Images
El Periodo Especial agravó la migración de cubanos hacia el exterior.

Díaz-Canel rescató en su discurso el concepto de “opción cero”, un plan de supervivencia planteado en los 90 ante un escenario de “cero petróleo”.

Michael Bustamante, profesor asociado de estudios cubano-estadounidenses de la Universidad de Miami, aclara que, en términos comparativos, el PIB de Cuba hoy es menos débil que en los 90.

“Entre el 91 y el 94, el PIB se desplomó más de un tercio. Desde la pandemia para acá, el deterioro se calcula en un 11%. No existe la misma magnitud”, dice el académico.

Sin embargo, Bustamante comprende que muchos crean que la crisis actual es más grave.

“La economía cubana nunca se recuperó del todo tras el Periodo Especial y, aunque el colapso de ahora es menor en porcentaje, se siente peor para muchos porque se parte de una situación ya de por sí delicada”, añade el experto.

Bustamante observó en su último viaje a Cuba en 2023 que los cubanos sienten que en los 90 la crisis fue igual para todos, pero que hoy se notan disparidades.

“Tras la aparición de tiendas privadas, bien surtidas, quienes tienen dinero pueden conseguir cosas. Uno pensaría que eso aliviaría la crisis para algunos, pero tengo la sensación de que hay una desigualdad rampante que poco tiene que ver con lo vivido en los 90”, argumenta.

Inventiva y costumbre

Dos testimonios obtenidos por BBC Mundo relatan que, en medio de la crisis, todavía notan cierta normalidad en las calles.

“Veo Cuba como hace unas semanas. No hay fogatas en cada calle y vimos bastante gente fuera, haciendo fila en cajeros y mucho tráfico. Todavía no he visto ‘la época de las cavernas’ que pintan muchos”, cuentan dos mujeres en mensajes de voz.

Lo cierto es que, ya sea por costumbre o inventiva, a muchos esta situación les agarra prevenidos.

Una usuaria cubana en TikTok, @darlinmedina93, ha explicado en su cuenta cómo cocinar con leña o lavar ropa en ríos.

“Sé que me vas a decir que la cocina en leña es muy rica (…) pero no es fácil, mi amor, que tengas que batirte todos los días a cocinar con carbón, leña, que tu casa se te llene de tizne y que te ahogues del humo”, narra la usuaria en uno de sus videos.

Jennifer Pedraza*, trabajadora y estudiante de 34 años, reúne “bombillos, ventiladores y lámparas recargables, además de cargadores portátiles”.

“También acumulo agua, que está fallando”, le dice a BBC Mundo.

Pedraza y Contreras sí notan una disminución del tráfico en los últimos días.

Avenida del Malecón de La Habana este domingo 8 de febrero.
Adalberto Roque / AFP via Getty Images
Así lucía la usualmente transitada avenida del Malecón en La Habana el pasado domingo, ya de por sí día tranquilo y descanso en la capital cubana.

Imágenes de agencias de noticias mostraron importantes avenidas vacías este domingo, como la del Malecón habanero, que habitualmente es una de las más transitadas de la capital.

“Solo rezo por no enfermarme porque me da pavor pensar cómo podré moverme”, dice Contreras.

Es algo que no le afecta tanto a Pedraza porque vive cerca de su trabajo, pero recientemente “dejó de hacer un examen en la universidad” porque estudia lejos y “no había cómo llegar”.

Su principal preocupación es su hijo de 9 años: “En la escuela casi nunca hay corriente y, cuando sale, debe hacer repasos y tareas a oscuras porque cuando llega a casa tampoco hay electricidad”.

“Tampoco puede ver dibujos animados o películas, ni usar mucho el teléfono cuando no hay luz o internet. Es complicado para un niño estar todo el tiempo a oscuras”, cuenta.

La situación, si bien grave, no es crítica para todos los ciudadanos con los que contactó BBC Mundo. Varios de ellos cuentan con familiares en el exterior que envían remesas, alimentos y recursos, o tienen un empleo por cuenta propia.

Pero quienes no tienen estas vías se apañan con un salario medio de 6.830 pesos cubanos al mes (US$14 al cambio en el mercado informal), según cifras de noviembre de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba.

Una botella de aceite cuesta alrededor de US$2,5 y una caja con 30 huevos casi US$6, según Pedraza. Ahí se va más de la mitad del ingreso oficial.

Efecto incierto

Tras la captura de Maduro, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, quien es de origen cubano, comenzaron a presionar al gobierno de la isla.

No está claro si, como en Venezuela, buscan forzar un cambio de liderazgo tras más de 60 años de un sistema sociocomunista de partido único.

Antes de las presiones petroleras, ya Trump había incluido de nuevo a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y revertido muchas de las medidas aperturistas tomadas por Washington en 2015, a fines de la segunda presidencia de Barack Obama.

Díaz-Canel aseguró en su discurso del 5 de febrero que “Cuba está dispuesta a un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema”, aunque “sin presiones”.

La historia dice que las medidas de EE.UU. contra la isla han servido poco para acercar posturas.

Una pantalla de televisión en Cuba mostrando el discurso de Díaz-Canel el pasado jueves 5 de febrero.
YAMIL LAGE / AFP via Getty Images
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel reconoció la difícil situación de la isla, a la vez que mostró disponibilidad al diálogo con EE.UU. “sin presiones”.

“La asfixia económica de EE.UU. hacia Cuba nunca ha funcionado. Empobrece a la población y la afecta mucho más que al gobierno. No ha servido para que se negocie la gestión económica y política de la sociedad cubana”, recuerda Bustamante.

El profesor cree posible que esa historia de presión que no llega a ninguna parte se repita, aunque piensa que EE.UU. tiene hoy más cartas sobre la mesa.

“La pregunta es si Washington forzará una crisis humanitaria que provoque un estallido social y justifique una intervención militar o si el gobierno cubano cederá o apostará a aguantar hasta las elecciones de medio término y que Trump pierda capital político”, analiza Bustamante.

Son teorías que resuenan en la población cubana.

“Hay quien comenta si aquí puede suceder lo de Venezuela, aunque a nadie le gusta escuchar sobre balas y bombas”, comenta Contreras.

La sensación de que “algo va a pasar” es compartida entre cubanos de dentro y fuera de la isla, pero es difícil de predecir que será ese “algo” tras décadas de impasse político entre Washington y La Habana.

*Los nombres reales de los testimonios fueron omitidos por protección de fuentes.

Línea gris.
BBC
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