Home
>
Analisis
>
Organizaciones
>
Innovaciones en políticas de drogas
>
La narrativa contra las drogas que facilitará el intervencionismo estadounidense
Innovaciones en políticas de drogas
Innovaciones en políticas de drogas
El Instituto RIA genera investigación de alto nivel, resaltando y proponiendo soluciones innovadoras para incidir... Continuar Leyendo
5 minutos de lectura

La narrativa contra las drogas que facilitará el intervencionismo estadounidense

El verdadero sentido de las estrategias de Trump no es erradicar el narcotráfico, sino instrumentalizarlo. Las acciones estadounidenses sientan un precedente claro que no debe pasar desapercibido: el uso de la "guerra contra las drogas" para justificar, ante los ojos del mundo, el intervencionismo militar.
07 de enero, 2026
Por: Julia Anguiano Rosas

La reasunción de Trump a la Casa Blanca ha implicado el regreso de una política exterior agresiva y unilateral. Se caracteriza por una intensificación del intervencionismo y retrocesos en la agenda global de derechos humanos. Emplea la retórica de la “guerra contra las drogas” como un arma geopolítica selectiva, tanto en sus relaciones exteriores como dentro de su propio país. Esta vez, llevando esta supuesta persecución regional a un nuevo nivel, de violaciones explícitas al derecho internacional.

América Latina conoce de sobra el historial imperialista de Estados Unidos. Sin embargo, el reciente bombardeo para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro —por ilegítimo que fuera su gobierno— marca un punto de ruptura histórico, al anular por completo el principio de inmunidad soberana e inviolabilidad de las jefaturas de Estado. El objetivo no declarado de las intervenciones es el control geoestratégico de recursos y ello reactiva el fantasma del colonialismo más crudo en la psique colectiva latinoamericana.

El modus operandi fue clásico: formalizar la criminalización de un mandatario para justificar la injerencia en su país. Aunque ahora estas ofensivas se lanzan sin consultar al Congreso ni al pueblo estadounidense. Avanzan unilateralmente, por decreto, atacando tanto a la soberanía de otras naciones como a los derechos de su propia ciudadanía en el interior. Dentro de Estados Unidos dan lugar a redadas masivas, persecuciones y deportaciones en masa de personas migrantes sin documentación a prisiones extranjeras. En el exterior, establecen un precedente peligroso que erosiona las certezas de soberanía, exacerban las crisis humanitarias, designan a grupos como terroristas y emplean armas de destrucción masiva.

La administración de Trump anunció un giro drástico a la manera en que Estados Unidos enfrenta a los grupos involucrados en la producción y distribución de sustancias ilegalizadas, aunque lejos de reducir su influencia estas medidas debilitan la capacidad de acción de los gobiernos sobre el crimen organizado. Para Trump no existe el interés de reducir el poder delictivo en la región, pues a pesar de intervenir el mandato de Nicolás Maduro por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, sus acciones internas destacan por exonerar a responsables identificados y socavar la lucha contra estos grupos.

Con el flujo masivo de armas desde Estados Unidos que impide el control de la violencia en México –y representa el 74 % del armamento ilegal dentro del país–, la administración estadounidense ha influido considerablemente en las políticas antidrogas mexicanas. En su expresión más reciente, responsabilizó a México por su crisis actual del fentanilo aunque, al mismo tiempo, realizó recortes significativos a su presupuesto de salud, con consecuencias directas sobre su población usuaria, y llegó a un acuerdo económico con Purdue Pharma, la compañía que impulsó la actual crisis de opioides en Estados Unidos por comercializar agresivamente el OxyContin como un medicamento analgésico no adictivo.

La farmacéutica de la familia Sackler, de una fortuna estimada en $13,000 millones, se declaró culpable de cargos criminales y se benefició de un acuerdo notablemente laxo: una multa de $8,300 millones de dólares, de los cuales solo tuvo que pagar $225 millones en sanciones civiles sin admitir responsabilidad alguna. La familia resultó prácticamente impune luego de provocar una catástrofe de salud pública, logró conservar gran parte de su fortuna y fue absuelta de futuras demandas.

Siguiendo esta misma tendencia, en diciembre de 2025 Trump indultó oficialmente al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, uno de los pocos jefes de Estado enjuiciados por narcotráfico, que había sido condenado a 45 años de prisión por traficar cientos de toneladas de cocaína. Ignoró pruebas contundentes y debilitó un caso histórico, anunciando simultáneamente que dejaría de aplicar leyes contra la corrupción transnacional y el lavado de dinero.

Su administración también eliminó la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que financiaba programas para debilitar al crimen organizado y ofrecer alternativas a las nuevas generaciones; abandonó al gobierno de Haití, el país que más asistencia recibía, dejándolo a merced de bandas que hoy usurpan el poder estatal, y suspendió numerosos programas del Departamento de Estado que fortalecían instituciones anticrimen en la región.

El verdadero sentido de las estrategias de Trump no es erradicar el narcotráfico, sino instrumentalizarlo. Las acciones estadounidenses burlan flagrantemente los acuerdos de la ONU y el derecho internacional, exponiendo la falta de mecanismos reales de sanción y la actual incapacidad de la comunidad internacional para frenar a una potencia hegemónica. Pero sientan un precedente claro que no debe pasar desapercibido: el uso de la “guerra contra las drogas” para justificar, ante los ojos del mundo, el intervencionismo militar.

Corresponde al pueblo venezolano, y solo a él, decidir el futuro de su país. Sin embargo, lo que está en juego trasciende las fronteras de Venezuela. Se trata del futuro de América Latina. De manera que hacemos un llamado a superar la instrumentalización del uso de sustancias como un pretexto para incurrir en violaciones a la soberanía. Anticipamos que enfrentar los deseos de injerencia estadounidense continuará siendo un reto para la actual administración en México. Pero como una organización que promueve políticas de drogas sostenibles, respetuosas de los derechos humanos y centradas en la salud pública, sostenemos con firmeza que la violencia nunca solucionará los desafíos relacionados con las sustancias y su consumo. La paz no se decreta, sino que se construye con evidencia y justicia.

* Julia Anguiano Rosas es investigadora y analista de políticas públicas. Es licenciada por el Centro de Investigación y Docencias Económicas (CIDE) y responsable de investigación en el Instituto RIA. Lidera proyectos de investigación sobre usos de sustancias psicoactivas y políticas de drogas. Está interesada en impulsar políticas públicas sobre drogas centradas en la salud pública y en la producción de información local sobre su consumo.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia
Tú puedes ayudarnos a seguir.
Sé parte del equipo
Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.
Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...
Imagen BBC
Dioses, emperadores y números que no coinciden: cuál es el origen del nombre de los 12 meses del año
6 minutos de lectura

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.

01 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.

Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.

Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.

Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.

Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.

Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.

Enero

Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.

Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.

En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.

Una ilustración del dios romano Jano
Getty Images
El dios Jano era representada con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro.

Febrero

A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.

Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.

Marzo

En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.

Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.

Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.

De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.

Una pintura de Venus, Cupido y Marte, de la mitología romana
Getty Images
En la mitología romana, Marte era el dios de la guerra y pareja de Venus, con quien concibió a Cupido.

Abril

Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.

Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.

Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.

Mayo

Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.

Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.

Junio

El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.

Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.

Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.

La pintura
Getty Images
Junio también fue nombrado en referencia a una deidad romana: Juno.

Julio

Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)

En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.

Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).

Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.

Agosto

De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.

Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).

Septiembre

Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.

Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.

Un busto de Julio César
Getty Images
Bajo su dominio, Julio César instauró el calendario de 365 días, el que hasta entonces se ajustaba más al año solar.

Octubre

El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.

Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.

Noviembre

La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.

Diciembre

Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.

Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.

Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.

BBC

Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.

Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.

También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp.

Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.

Iniciar sesión

Registrate
Suscribete para comentar...