
En 2025, Pemex dejó de ser un pilar de las finanzas públicas. La combinación de una producción en mínimos históricos, cambios en la forma de cobrarle impuestos a la petrolera y un esquema creciente de apoyos presupuestarios alteró por completo la relación entre la empresa y el Estado.
El resultado es un balance inédito: en 2025 por primera vez, los ciudadanos subsidiaron a Pemex en vez de recibir beneficios sociales gracias a la empresa. A continuación, los factores que ayudan a entender este fenómeno:
En 2025, la producción petrolera de México tocó uno de sus puntos más bajos en décadas. Pemex produjo 10 barriles de crudo por cada mil habitantes, la menor cifra registrada en 35 años. Medido de la forma oficial en miles de barriles diarios (mbd), la producción fue de 1,367 mbd, el nivel más bajo desde 1990 y 208 mbd por debajo de lo aprobado para ese año.
Este retroceso no es un dato aislado: refleja el deterioro de la plataforma productiva del país y limita la capacidad del petróleo para seguir siendo una fuente relevante de ingresos públicos. Con menos barriles producidos, hay menos recursos que repartir, incluso antes de hablar de impuestos o transferencias.

Al declive productivo se suma un cambio profundo en la forma en que Pemex contribuye al erario. En los últimos años se redujo de manera significativa el Derecho por la Utilidad Compartida (DUC), que era el principal gravamen que pagaba la empresa. Este pasó de 65 % en 2019 a 30 % en 2024, lo que permitió que Pemex se quede con una mayor proporción de los ingresos petroleros.
Para 2025, el Gobierno fue más allá y simplificó la estructura fiscal de la empresa. Pemex dejó de pagar tres derechos distintos y pasó a cubrir sólo uno: el Derecho Petrolero para el Bienestar (DPB), con una tasa base de 30 % ajustable según el precio del crudo. Cuando el precio del petróleo es bajo, Pemex paga menos; cuando sube, paga más. Aunque el cambio reduce la complejidad administrativa, también debilita los mecanismos que antes aseguraban una mayor captación para la Federación.
El impacto de estos cambios es claro en la distribución de la renta petrolera. Debido a la nueva estructura tributaria, en 2025 la renta petrolera fue de 968.2 mil millones de pesos (mmdp), la menor desde 2020, año de la pandemia. Visto por persona, la venta de petróleo generó 7,260 pesos por habitante: Pemex se quedó con el 75 % de esos recursos (5,462 pesos), mientras que la Federación recibió sólo el 25 % (1,798 pesos). En los hechos, el Estado captó una porción cada vez menor de una renta que, además, ya venía en descenso.

Más allá de la menor recaudación por derechos, el problema central es que Pemex recibe más recursos públicos de los que aporta al erario. Además de aliviarle la carga fiscal, el Gobierno federal transfiere recursos directos a la empresa a través de la Secretaría de Energía para sostener su operación.
En 2025, Pemex aportó a la Federación 240 mmdp, pero el Gobierno le devolvió 396 mmdp en transferencias presupuestarias. El resultado fue una pérdida neta de 156 mmdp para el Estado, algo que ocurre por primera vez en la historia en un cierre anual.
Visto por persona, el balance es aún más claro. Ese año, Pemex entregó al Estado 1,798 pesos por habitante, pero en esa misma proporción el propio Estado regresó 2,970 pesos a la petrolera. En la práctica, cada mexicano subsidió a Pemex con 1,173 pesos en 2025.

El diagnóstico es claro, pero también lo es el margen de acción. Para que Pemex deje de ser una carga recurrente para la ciudadanía y recupere su viabilidad de largo plazo, se requieren cambios de fondo en su gobernanza y en la forma en que recibe apoyo público.
Primero, es indispensable fortalecer la gestión del Consejo de Administración, asegurando que sus integrantes respondan no a lealtades políticas, sino a capacidades técnicas, experiencia y criterios profesionales. Sin una dirección estratégica independiente y competente, cualquier apoyo financiero seguirá diluyéndose.
Segundo, los apoyos financieros del Estado deben condicionarse explícitamente a incrementar el gasto de inversión productiva, no a cubrir pérdidas operativas recurrentes. El objetivo del respaldo público debe ser reconstruir la capacidad productiva de la empresa, no sostener indefinidamente su operación.
Tercero, es clave mejorar la transparencia de Pemex, con información clara, oportuna y detallada sobre cómo se usan las transferencias que recibe, qué objetivos persiguen y qué resultados generan.
A estas medidas se suman otras recomendaciones: establecer reglas fiscales claras y predecibles para las empresas productivas del Estado, que eviten apoyos discrecionales y permitan evaluar su desempeño con métricas comparables, y definir metas explícitas de rentabilidad, eficiencia operativa y reducción de riesgos fiscales, con seguimiento público periódico.
Sin estos cambios, el riesgo es que el subsidio ciudadano a Pemex se normalice. Con ellos, en cambio, el apoyo público podría convertirse en una palanca de transformación, en lugar de un costo creciente para las finanzas públicas y los derechos futuros.
* Jorge Cano es coordinador del Programa de Gasto Público de México Evalúa. Carlos Vázquez es investigador en dicho programa.

La restauración de unos ángeles en una antigua basílica de Roma ha generado controversia en Italia por el parecido de uno de ellos con la primera ministra Giorgia Meloni.
La imagen de un ángel en un fresco restaurado en una iglesia del centro de Roma ha causado desde asombro hasta indignación por el parecido que tiene la pintura con el rostro de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni.
La polémica surgió el fin de semana, luego de que el diario La Repubblica publicara un artículo en su portada en el que hizo notar la semejanza de la política de 49 años con la obra al interior de la basílica de San Lorenzo in Lucina, una de las iglesias católicas más antiguas de la capital italiana.
El párroco de la basílica había encargado al sacristán y artesano Bruno Valentinetti restaurar unos ángeles que flanquean un busto de Humberto II, el último rey de Italia.
No se trata de un fresco antiguo, pues fue hecho en el año 2000 y no estaban bajo ninguna protección cultural. Pero el resultado llamó la atención por el parecido del rostro de uno de los dos ángeles con Meloni.
“Los rasgos de la primera ministra son evidentes”, decía la nota de La Repubblica, lo que llevó a que se cuestionara a Valentinetti y al párraco local.
“Se lo están inventando. Esta no es una obra antigua, debieron hacerla para el Jubileo del 2000. Me pidieron que la arreglara y lo hice. Trabajé en ella durante dos años y terminé hace un año”, respondió el artesano.
Pero la polémica no ha dejado de crecer.
Algunos políticos han pedido una investigación, como la diputada opositora Irene Manzi, quien calificó el retoque de “inaceptable” y señaló que violaba las leyes sobre el patrimonio cultural del país.
La Secretaría de Cultura italiana informó que especialistas investigan el caso para “establecer la naturaleza del trabajo realizado”.
La Diócesis de Roma también dijo que investigará lo ocurrido.
Mientras, la propia Meloni bromeó sobre la obra de arte.
“No, definitivamente no me parezco a un ángel”, dijo en Instagram, junto a un emoji riéndose.
Las imágenes de los ángeles en una de las alas de la basílica de San Lorenzo se habían deteriorado por la humedad en la antigua iglesia, según explicó el sacerdote Daniele Micheletti a la agencia de noticias italiana Ansa.
Así que le encomendaron a Valentinetti que trabajara en la restauración para que quedaran tal y como fueron hechas hace más de dos décadas.
En entrevista con La Repubblica, el artesano de 83 años aseguró que aceptó el trabajo “para corresponder a la gratitud del párroco” por permitirle vivir y tener un empleo como sacristán en la basílica.
Aseguró que ya había hecho otros trabajos y que este era uno más que le encomendaban. “No es Meloni. He restaurado los rostros tal y como eran hace 25 años”, insistió.
También dijo que no conoce a la primera ministra y que no simpatiza con el partido de derecha de Meloni, Fratelli d’Italia.
En cualquier caso, imágenes difundidas por medios italianos parecen mostrar que el rostro del ángel antes de la restauración no tenía nada que ver con el de Meloni.
Micheletti está satisfecho con el trabajo y defendió el talento de Valentinetti: “No es pintor de casas; es muy bueno”, dijo el párroco la agencia Ansa, agregando que la polémica era “una tormenta en un vaso de agua”.
El caso pronto llegó hasta las autoridades eclesiásticas. En un comunicado, el cardenal Baldo Reina, vicario papal para la diócesis de Roma, dijo que se “distancia” de las declaraciones de Micheletti y expresa “su decepción por lo sucedido”.
“Iniciaremos de inmediato las investigaciones necesarias para determinar las posibles responsabilidades de los implicados”, expresó Reina “Las imágenes del arte sacro y la tradición cristiana no pueden ser objeto de mal uso ni explotación, ya que su único propósito es apoyar la vida litúrgica y la oración personal y comunitaria”, dijo.
En cualquier caso, a raíz de la polémica, se ha multiplicado el número de visitantes en la basílica.
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