
Cada día, millones de niñas y niños mexicanos llegan a las aulas para aprender, desaprender, desarrollar habilidades y comprender el mundo que los rodea. La calidad de esa experiencia depende en gran medida de quién guíe su educación. Decidir cómo seleccionar a quienes enseñan a las nuevas generaciones es, por tanto, una decisión que moldea el destino del país.
El pasado 6 de enero, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) validó por unanimidad una ley que otorga prioridad de ingreso al magisterio a las y los egresados de las escuelas normales públicas, de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) y de los Centros de Actualización del Magisterio (CAM). La resolución se sustentó en el argumento del “fortalecimiento institucional”, incluso por encima de los principios de igualdad de condiciones que establece el artículo 3 constitucional. El ministro ponente Irving Espinosa Betanzo fundamentó su decisión en las intenciones expresadas en la iniciativa de reforma educativa de 2019: la revalorización del magisterio. Surge la pregunta de si estos criterios garantizan la calidad en la preparación de las y los docentes.
Para el ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz, esta resolución representa lo que él llama “la mera recuperación del viejo y peligroso espíritu del legislador”. Se refiere a un método de interpretación constitucional donde el alcance de las normas depende de cómo las y los ministros infieren intenciones políticas en lugar de analizar la Constitución y sus principios.
Así, se deja de lado el interés superior de la niñez, y se confunden dos objetivos inconexos: asegurar que las escuelas normales, UPN y CAM sean atractivas como trampolín profesional y fortalecer su capacidad académica. El riesgo es que el privilegio de acceso no se acompañe de políticas que garanticen mejoras en infraestructura, programas de estudio y capacitación docente en las instituciones formadoras de maestros.
Con esta decisión, la Corte transforma el mandato de fortalecimiento institucional en una garantía de contratación. Ello disminuye la competitividad y los estímulos para una mejor preparación. A cambio, se otorga un esquema de protección administrativa que evita problemas políticos al actual Gobierno.
Para entender la gravedad del fallo, es necesario observar cómo operan las convocatorias de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM). A grandes rasgos, el proceso es lineal: las personas interesadas presentan evidencias, diagnósticos y acreditan cursos para sumar puntos. Los resultados se organizan de mayor a menor puntaje y las plazas se entregan a quienes obtienen las calificaciones más altas.
Sin embargo, una posible implicación del fallo de la SCJN es que ahora se generen dos bloques de aspirantes: la “lista 1” (normalistas públicos y egresados de UPN y CAM) y la “lista 2” (provenientes de universidades públicas y privadas). Se podría agotar la totalidad de la primera lista antes de ofrecer una sola plaza a la segunda.
La investigación de Bedoya, de Hoyos y Estrada sobre la reforma educativa previa en México encontró que los sistemas basados en el mérito mejoran directamente el aprendizaje del estudiantado. Por el contrario, favorecer el origen institucional sin asegurar la calidad de las escuelas de maestros debilitan los mecanismos que aseguran que las y los mejores profesionales lleguen a las aulas.
Para determinar si esta medida de la SCJN contribuye a la meta de “fortalecer las instituciones formadoras de docentes”, conviene revisar qué tanto ha invertido el Estado a ese fin. Entre 2018 y 2026, el presupuesto de la UPN disminuyó 15.6 % en términos reales (ver gráfica 1), mientras que el destinado a educación normal —por ejemplo, en la Ciudad de México— cayó 21.2 % (ver gráfica 2). El gasto por docente en desarrollo profesional se desplomó 77.4 %, pasando de poco más de 400 pesos a menos de 100 pesos por docente.


Estas cifras plantean una pregunta incómoda sobre la coherencia entre la normativa aprobada y las decisiones presupuestales. No se puede asumir que alcanzaremos el máximo logro de aprendizajes que prescribe la Constitución, si se debilita financieramente a quienes forman a las y los maestros. La excelencia no se construye con resoluciones judiciales, sino con inversión sostenida que permita a las instituciones robustecer programas académicos que aseguren que las personas egresadas son las mejores.
La decisión de la Suprema Corte puede representar un retroceso si no se fortalecen las instituciones que forman a los docentes. Con la intención declarada de “revalorización del magisterio”, se han puesto las condiciones para regresar al proteccionismo laboral, que confunde mérito con afiliación institucional.
Una alternativa ante esto sería establecer un rango o puntaje sobresaliente en las evaluaciones de ingreso. Bajo este esquema, cualquier aspirante que lo alcance se integraría a una lista de asignación inmediata, sin importar si proviene de una institución pública o privada, o si las unidades administrativas tienen otras prioridades.
Esta propuesta no elimina el criterio de preferencia para las normales públicas, siempre y cuando sus egresados y egresadas coincidan con los perfiles más destacados. De esta manera se genera un incentivo real para la mejora institucional, empujando a las escuelas normales, UPN y CAM a competir por la calidad de sus egresados, en lugar de depender de plazas aseguradas. Al robustecer la capacidad académica y de investigación educativa para mejorar la formación de formadoras y formadores, finalmente se estaría logrando el objetivo de fortalecimiento institucional.
El Estado debe atender su responsabilidad de financiar de manera sostenida la formación docente. El interés superior de la niñez debe ser la brújula y no consideraciones políticas o gremiales. La resolución unánime de los nuevos ministros de la Corte preocupa no sólo por la lógica política que la guió, sino por sus consecuencias. Con esta decisión, se aleja aún más la posibilidad de construir un sistema educativo que atraiga a las personas mejor preparadas e innovadoras, que logren el máximo aprendizaje de sus estudiantes.
* Marco Antonio Fernández Martínez es director de la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad y profesor-investigador en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, ambas del Tec de Monterrey. Coordina, además, el programa de Educación y Anticorrupción en México Evalúa. Ana Gabriela Nuñez y Javier Patiño García son investigadores de la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad. Éste último es también investigador asociado de México Evalúa. Los autores agradecen las observaciones de Sandra Reyes, Roberto de la Rosa, Daniel Hernández y Karla Contreras.

El equipo de BBC Verify localizó al portaaviones estadounidense Abraham Lincoln a 700 km de Irán mediante imágenes satelitales, mientras Washington y Teherán negocian en Suiza.
El equipo de BBC Verify confirmó mediante imágenes satelitales la ubicación del portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln cerca de Irán, mientras Washington presiona a Teherán por su programa militar y la reciente represión mortal de manifestantes.
Funcionarios estadounidenses e iraníes se reúnen en Suiza este martes para una segunda ronda de conversaciones.
Irán dice que la reunión se centrará en su programa nuclear y el posible levantamiento de las sanciones económicas que impuso Estados Unidos.
Washington ha indicado previamente que quiere discutir también otros temas.
El Abraham Lincoln lidera un grupo de ataque con tres destructores de misiles guiados y transporta 90 aeronaves, entre ellas cazas F35, y 5.680 tripulantes.
Varias informaciones indicaron que fue desplegado en la región del golfo Pérsico a finales de enero, pero no había aparecido en imágenes satelitales hasta ahora, cuando fue localizado frente a la costa de Omán, a unos 700 km de Irán.
La llegada del Abraham Lincoln se suma a lo que sabemos sobre la actual concentración militar estadounidense en Medio Oriente durante las últimas semanas, en las que BBC Verify ha rastreado un aumento de destructores, buques de combate y cazas estadounidenses en la región.
Reportes indican que Estados Unidos también ha enviado a Medio Oriente el USS Gerald R Ford, el buque de guerra más grande del mundo, que podría llegar a la región en las próximas tres semanas.
Imágenes disponibles públicamente de los satélites europeos Sentinel-2 muestran al Abraham Lincoln en el mar Arábigo a unos 240 kilómetros de la costa de Omán.
No se había visto al barco desde que supuestamente entró a la región en enero; se presume que hasta ahora se hallaba cruzando mar abierto, donde la cobertura satelital es limitada. Los activos militares en tierra son más visibles y con frecuencia son capturados por los satélites.
BBC Verify ha rastreado 12 buques estadounidenses en Medio Oriente a través de imágenes satelitales: el Abraham Lincoln, un portaaviones de propulsión nuclear clase Nimitz; los tres destructores clase Arleigh Burke que completan su grupo de ataque; dos destructores capaces de realizar ataques de misiles de largo alcance y tres buques especializados para combatir cerca de la costa que actualmente aparecen posicionados en la base naval de Baréin.
Hemos visto otros dos destructores en el Mediterráneo oriental cerca de la base estadounidense de Souda Bay, y uno más en el mar Rojo.
También hemos seguido los movimientos de aeronaves estadounidenses en la región y hemos visto un aumento en el número de cazas F-15 y EA-18 estacionados en la base militar Muwaffaq Salti en Jordania, y de los aviones de carga estadounidenses y aeronaves de reabastecimiento y comunicaciones que se mueven hacia Medio Oriente desde Estados Unidos y Europa.
El Comando Central de Estados Unidos publicó el 6 de febrero imágenes del Abraham Lincoln flanqueado por destructores, cazas, aeronaves de vigilancia y buques de la guardia costera en el mar Arábigo en una aparente demostración de poderío militar, a lo que Irán respondió con su propia demostración de fuerza.
El lunes, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní (CGRI) lanzó un ejercicio marítimo en el estrecho de Ormuz, ubicado en el Golfo entre Omán e Irán.
En el ejercicio se mostró al comandante en jefe de la Guardia, el general de división Mohammad Pakpour, que inspeccionó buques en un puerto, antes de que se lanzaran misiles desde uno de los buques participantes, según reportó la Agencia de Noticias Tasnim, vinculada a la CGRI.
El estrecho de Ormuz se considera una de las rutas marítimas más importantes del mundo y un punto crítico para el tránsito de petróleo.
Alrededor de una quinta parte del petróleo y gas del mundo fluye a través de él, incluida la carga de la Isla de Kharg, la principal terminal de exportación de petróleo de Irán.
El reporte que muestra las últimas maniobras militares de Irán mostró a Pakpour volando sobre la isla en un helicóptero.
El experto en inteligencia militar Justin Crump le dijo a BBC Verify que los actuales preparativos militares estadounidenses en Medio Oriente muestran “más profundidad y sostenibilidad” que las maniobras previas a la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro en enero, o la operación que llevó a ataques aéreos contra las instalaciones nucleares de Irán el pasado junio.
Todas incluyen un grupo de ataque de portaaviones y varios destructores que operan de forma independiente.
Sin embargo, Estados Unidos desplegó sus efectivos en Venezuela e Irán el año pasado bajo circunstancias bastante diferentes.
Antes de su ataque en Venezuela, Estados Unidos desplegó en el Caribe el Gerald R Ford, uno de los ocho buques de guerra que rastreamos en la región en ese momento, aunque usó menos aeronaves ya que podía enviar fácilmente aviones desde bases en el territorio continental de EE.UU. o desde su base en Puerto Rico.
Estados Unidos también desplegó buques de asalto anfibios dentro del Caribe, que pueden usarse como plataformas de lanzamiento para operaciones de helicópteros, como se vio con la captura de Maduro.
Pero generalmente se considera al ejército de Venezuela menos capaz de defenderse o tomar represalias contra Estados Unidos que el iraní.
Cuando Estados Unidos atacó Irán el año pasado en la Operación Martillo de Medianoche, que tuvo como objetivo las instalaciones nucleares iraníes, atacaba a un país con un ejército mucho más poderoso que Venezuela y capaz de golpear bases estadounidenses en todo Medio Oriente.
Durante Martillo de Medianoche, Estados Unidos tenía dos grupos de ataque con portaaviones en la región, cinco destructores colocados en los mares Mediterráneo y Rojo, y tres buques de combate en el golfo Pérsico.
También había desplazado escuadrones de cazas y aeronaves de reabastecimiento desde Estados Unidos y Europa, pero los vuelos de bombarderos furtivos B2 que se usaron para atacar las instalaciones nucleares de Fordo, Isfahan y Natanz en realidad despegaron de bases estadounidenses en Misuri.
Crump, director ejecutivo de la compañía de riesgo e inteligencia Sibylline, dijo que la acumulación de buques de guerra y aeronaves estadounidenses, así como las ocho bases aéreas de las que dispone en la región, le permitiría a Estados Unidos mantener “un ritmo de ataque bastante intensivo y sostenido” de unas 800 salidas al día, con el objetivo de hacer “ineficaces” las respuestas iraníes.
“Lo que vemos no es solo preparación de ataque, sino más bien un despliegue disuasorio más amplio capaz de escalarse o reducirse”, dijo.
“Esto significa que tiene más profundidad y sostenibilidad que los contingentes de fuerza organizados para Venezuela o Martillo de Medianoche el año pasado. Está diseñado para sostener un enfrentamiento y contrarrestar todas las respuestas potenciales contra los activos estadounidenses en la región y, por supuesto, Israel”.
*Con información adicional de Barbara Metzler, Ghoncheh Habibiazad, Thomas Copeland, Yi Ma.
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