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Inteligencia artificial en la educación: qué no deben cambiar

Sólo puedes saber que la IA está equivocada si conoces previamente sobre un tema. Así que el sistema educativo debe garantizar que esas habilidades permanezcan.
26 de enero, 2026
Por: Josune Arcelus de Diego

La semana pasada en dos series distintas de televisión escuché diálogos en donde se decía prácticamente la misma línea: “Mamá, para qué quieres que me preocupe por la universidad si ya hay inteligencia artificial”. Al principio me arrancó una sonrisa, pero conforme más lo iba pensando, menos chistoso me parecía. Y es que, por donde se vea, las implicaciones de esa frase no son muy halagüeñas: por el lado de que ya no se necesita “pensar” o “saber”, porque todo te lo dará la inteligencia artificial (IA), significa renunciar a la capacidad de pensamiento, y si se lo ve por el aspecto de que la educación que se ofrece está resultando obsoleta para el mercado laboral, implica desastrosas perspectivas de empleo para generaciones más jóvenes.

Como madre de dos preadolescentes, no puedo permanecer indiferente frente al tema. Si de por sí antes de la invención de ChatGPT el sistema educativo en general parecía desfasado del resto del mundo, ahora parecieran existir en universos paralelos.

A diferencia de otras tecnologías anteriores, esta adopción ocurrió de la noche a la mañana. Casi literal. De un día para otro, los profesores se encontraron con que sus alumnos podían entregar tareas completas elaboradas por ChatGPT, distintas entre sí, sin ser identificable el plagio. En Estados Unidos y muchos países de habla inglesa, la respuesta inicial por gran parte de las escuelas fue prohibir su uso y el de otras herramientas conocidas como Large Language Models (LLM), ya que generaban entender y generar texto de forma similar a los humanos. Sin embargo, a tres años de su lanzamiento en noviembre del 2022, estas medidas se han relajado un poco. Tanto alumnos como profesores lo han incorporado dentro de sus actividades de aprendizaje de manera positiva.

Aunque los profesores reportan aprovechar las ventajas de la IA generativa para planear mejor sus clases, y tener acceso a recursos y actividades novedosas, son quienes por ahora llevan la mayor carga de este cambio. El mayor peso es para los de nivel universitario y nivel medio superior, ya que son quienes dependen más del trabajo externo a las aulas, para promover y evaluar el aprendizaje.

Algunos han decidido darle la vuelta a la tortilla a la enseñanza, cambiando el rol del alumnado frente a la información. Los alumnos pasan de ser creadores de contenidos a ser supervisores. En vez de pedirles que escriban sobre algún tema, juntos buscan en clase los resultados que les arroja herramientas como ChatGPT, y las critican. Analizan si tiene lógica, si es cierta la información, o sugieren ideas respecto a cómo se podría haber abordado el tema de forma distinta.

De inicio esto suena bien, innovador, adaptado a los tiempos cambiantes. Sin embargo, presenta el inconveniente de que no se promueve la originalidad de pensamiento. Es decir, de creación de ideas. Si nuestro papel de ahora en adelante se va a limitar a sancionar ideas, ciertas habilidades cognitivas se atrofian.

Según un estudio conducido por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) Lab, en el cual se ponía a un grupo de estudiantes a realizar un ensayo con ChatGPT y a otros con Google o sin ayuda, se descubrió que quienes lo hacían con la ayuda de la IA generativa mostraban menos áreas de su cerebro iluminadas. La actividad neuronal disminuía en un 47 % en promedio. A primera vista su ensayo era más completo, pero al terminar el ejercicio estos estudiantes tenían una menor retención de lo aprendido. Su atención en el proceso había sido menor. Y esto es importante, ya que la memoria juega un papel fundamental en el aprendizaje y creación de conocimiento, según las neurociencias. Sólo puedes comparar y establecer patrones respecto de cualquier tema, si tienes guardado ese contenido.

Incluso para sacarle provecho a esta inteligencia artificial, se necesita obtener a priori esas funciones cognitivas relacionadas con la originalidad de pensamiento. Sólo puedes saber que la IA está equivocada si conoces previamente sobre un tema. Así que el sistema educativo debe garantizar que esas habilidades permanezcan. Quizás una primera propuesta sería limitar el uso de la inteligencia artificial a nivel primaria, donde se fundan las bases de estas habilidades; sin embargo, es aquí donde se han presentado casos de éxito con herramientas para facilitar el aprendizaje, por ejemplo, para facilitar la lectura o el entendimiento de matemáticas, así como para el desarrollo de idiomas.

En Estados Unidos se han instalado escuelas privadas, las llamadas Escuelas Alpha, que dependen mayoritariamente de aplicaciones de inteligencia artificial. Los profesores no imparten las clases, simplemente guían el aprendizaje o resuelven dudas. Cada veinte minutos, los alumnos descansan. Se identifica como gran ventaja un mayor rendimiento, tener más tiempo para dedicar a otras actividades, y la posibilidad de avanzar a un ritmo individualizado.

Efectivamente, las plataformas de IA resultan muy útiles para atender a poblaciones con necesidades especiales: permiten traducir un contenido a múltiples lenguajes (incluyendo el de señas) de manera inmediata, repetir una lección hasta que el alumno entienda, o proponer sin esfuerzo material nuevo y más avanzado para los pupilos más dotados. Herramientas como Lexia ayudan a leer a aquellos estudiantes más tímidos, que quizá no se atrevan a leer un texto en frente de la maestra o compañeros por miedo a ser juzgados, y que encuentran en la IA un interlocutor más respetuoso y amable.

La clave de estas herramientas es que de antemano fueron diseñadas para la educación. El sistema educativo espera que el alumno dé respuestas. ChatGPT da respuestas, pero las plataformas educativas están diseñadas para acompañar al alumno en utilizarlas. Es por ello que pueden aportar valor, aunque estudios realizados en niños de varias edades demuestran que leer un libro en dispositivo digital activa menos el cerebro que hacerlo en uno físico, según comenta la investigadora Maryanne Wolf en su libro Reader: Come Home. Que un adulto le lea a un niño, dispara toda una serie de conexiones que no son posibles con la IA.

Lo mismo con los profesores. Si bien un agente de IA pueda parecer tener más conocimiento, explicar de manera más divertida y clara, y ser más paciente que un profesor de carne y hueso, la realidad es que nuestro cerebro está hecho para procesar información de la vida real. El aprendizaje que se obtiene de la IA es más volátil, los alumnos le prestan menos atención; en cambio, la interacción con una persona dispara más actividad cerebral, crea circuitos que dejarán una huella. Especialmente en aspectos como lo emocional-social, como señala la neuróloga Vanessa Pytel.

Todavía es pronto para saber si estos experimentos educativos como las Escuelas Alpha tendrán éxito, pero lo que ya puede vislumbrarse es la necesidad de capacitar al profesorado. Desafortunadamente, tanto alumnos como maestros no reportan haber recibido la capacitación adecuada para utilizar la IA generativa. Conforme a la encuesta Crossroads: Navigating the Intersections of AI, en México, el 51 % de estudiantes no saben cómo usarla. Además, no se trata de cómo usar en sí la herramienta o de hacer prompts, sino de identificar cómo posibilitar el aprendizaje en este nuevo entorno. Buscar la pedagogía.

Para ello es indispensable revisar la misión del sistema educativo. Si sólo se trata de acumular conocimiento y obtener destrezas, la educación como la conocemos se vuelve obsoleta frente a la IA. Pero si lo que se busca es el desarrollo humano, entonces lo importante es redefinir los métodos con los que se plantea llegar a ello. La discusión no es trivial, es casi filosófica, ya que el ser humano siempre se había planteado como un ente con una capacidad excepcional de inteligencia. Si eso ya no es lo que lo distingue, qué es lo que sí. Ese será el valor agregado que deberá buscarse propagar en un nuevo sistema educativo.

No resulta claro que se esté llevando a cabo un redimensionamiento de este tamaño en la política educativa de los países. Para variar, este nuevo cambio en los países no desarrollados será aún más complicado, y ahondará los rezagos ya existentes. Las desventajas de posibilidad de plagio y renuncia al pensamiento original estarán presentes como en todo el mundo, pero las oportunidades de capacitación de los maestros y de contar con equipo para hacer un uso adecuado de la IA tardarán demasiados años en presentarse.

Es decir, que los alumnos que quieran copiar respuestas lo harán más fácil y con mayor impunidad, sin que se gocen de las ventajas motivacionales y personalizadoras de los programas educativos de IA en las aulas. Al respecto, recuerdo que hace diez años al platicar con una de las fundadoras de Zorro Rojo -una organización mexicana dedicada a enseñar a leer y escribir a niños mayores de ocho años-, me señalaba que niños llegaban hasta quinto de primaria sin saber leer y escribir bien, gracias al acceso que tenían a la información que les daba un celular. No quiero ni pensar lo fácil que será aparentar progreso ante sus maestras para estos niños rezagados al contar ahora con ChatGPT.

Si bien resulta posible imaginar que no será necesario aumentar el número de maestros para enfrentar estos cambios, lo innegable es que el nivel de preparación de los mismos deberá ser sin lugar a dudas más alto del actual. En especial porque lo que se busca no es inundar el tiempo de escuela con pantallas, sino dotar a los niños de las habilidades y conocimientos necesarios para que el uso que hagan en sus casas sea a favor, y no en detrimento de su aprendizaje. Esto resulta crucial si tomamos en cuenta que es muy probable que saliendo de la escuela los niños tengan acceso a varias horas de pantalla, cuyo abuso actual está llevando a un incremento en la ansiedad de niños y adolescentes, con funestas consecuencias en su salud mental, que en casos extremos está llevando al suicidio. Es decir, que se debe de dar capacitación para la IA, sin que el uso de pantallas en la clase sea predominante.

También es importante destacar que la IA al día de hoy ha sido diseñada para complacer. Y para promover el estudio, es necesario que alguien externo al alumno ofrezca resistencia a la procrastinación y distracción que de manera automática presentamos los seres humanos. La concentración y atención que estudiar requiere no se presenta de manera fácil. Si el alumno le dice a ChatGPT “No quiero seguir estudiando”, probablemente le diga que se tome un descanso o le proponga otras actividades para realizar; no le va a insistir que lo haga ni le explicará los motivos por los que es importante que lo haga. De ahí que la presencia de maestros competentes refuerce su papel en el sistema educativo.

Por último, el cambio frente al mercado laboral es bastante incierto. No sólo se trata de entrenar a la gente en el uso de una herramienta nueva, como había venido ocurriendo con muchos cambios tecnológicos, sino que implica un viraje de rumbo en la idea que teníamos de valor agregado que puede aportar la humanidad a la economía en al menos el último siglo.

Antes, se veía a la tecnología como automatizadora de actividades monótonas, repetitivas, que en una época hicieron los animales y luego las máquinas. Luego, sirvió de facilitadora de operaciones humanas fácilmente parametrizables. Pero la IA generativa ha penetrado en el mundo de la creación y la identificación de contexto, que se concebía como exclusivo de lo humano. Trabajos “de escritorio”, que solían ser considerados como punta de lanza de la economía contemporánea, corren ahora peligro. Como es el caso de los mismos programadores, pero también los doctores, psicólogos y artistas. Paradójicamente, tendrán más empleo quienes laboren en áreas lejanas a la IA, en actividades manuales que los robots todavía no dominan. Imposible saber cuáles permanecerán así.

Claro que hay muchas industrias que seguirán teniendo el ritmo de crecimiento de las tecnologías anteriores, donde lo conveniente para un joven será aprender a usarlas para implementarlas. Pero la posibilidad de actuación autónoma de las tecnologías dificulta la visualización del futuro. Se pone en evidencia la tensión que ha existido en la educación previamente a la IA, sobre la misión del sistema educativo, si debe de servir para crear competencias para el mercado laboral o para el desarrollo humano en la sociedad. O las dos. Parece un buen momento para volver a discutirlo, regular y actuar en consecuencia.

En pocas palabras, por lo que se ha observado hasta ahora, la IA tiene gran potencial de complementar la actividad de aprendizaje en las aulas, pero su uso debe de ser reglamentado, y no podrán sustituir a los profesores de carne y hueso. Es imperativa la capacitación de los profesores y alumnos en el uso de la IA, y no sólo como entrenamiento de uso, sino para facilitar los objetivos de aprendizaje. Para ello es indispensable revisar lo que se busca con la educación, garantizando el desarrollo de las habilidades cognitivas a la niñez. Las grandes empresas de tecnología ya están viendo cómo adaptar las herramientas tipo ChatGPT a la educación, pero como es natural, sólo buscarán su propio interés. Las agencias educativas de los países deben involucrarse de forma activa, ya que la pervivencia de las cualidades humanas que nos hacen ser lo que somos, depende de ello.

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Imagen BBC
Por qué la Patrulla Fronteriza de EU está actuando lejos de la frontera y qué papel tuvo en la muerte de Alex Pretti en Mineápolis
8 minutos de lectura

El cuerpo creado para vigilar las fronteras internacionales del país ha terminado siendo empleado por Trump en su cruzada nacional contra la inmigración ilegal.

26 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

La muerte de un segundo ciudadano estadounidense en menos de un mes en el marco de redadas migratorias en Mineápolis no solo ha provocado airadas protestas y condenas en el país, sino que también ha puesto la atención en el comportamiento de los agentes de uno de los organismos que participa en la ofensiva contra la inmigración ilegal impulsada por el gobierno de Trump: la Patrulla Fronteriza.

El enfermero Alex Pretti, de 37 años, murió el sábado a consecuencia de los disparos que le propinaron agentes de esa fuerza.

Desde el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) afirmaron que los uniformados utilizaron sus armas de fuego en defensa propia después de que Pretti, quien según ellos tenía una pistola, se resistiera a sus intentos de desarmarlo.

Sin embargo, videos y testigos indican que lo único que el enfermero sostenía en su mano era su teléfono celular, con el cual estaba grabando las acciones de los agentes.

¿Qué es la Patrulla Fronteriza y en qué se diferencia del no menos controvertido Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) que ha venido ocupando los titulares en los últimos meses?

Vista aérea de una lista de camiones de carga que esperan por ser revisados en San Diego.
John Moore/Getty Images
La Patrulla Fronteriza también tiene la responsabilidad de combatir el contrabando de bienes y productos.

Parte de un gran aparato

La Patrulla Fronteriza “es la rama policial móvil y uniformada de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés)”, se lee en el sitio web de esta dependencia adscrita al Departamento de Seguridad Nacional.

Con más de 60.000 empleados, la CBP asegura tener bajo su mando a una de las organizaciones policiales “más grandes del mundo” y su misión es “la gestión y el control de fronteras”.

Su tarea abarca el combate contra el contrabando de productos y mercancías y garantizar la seguridad agrícola y sanitaria mediante la vigilancia de sus puertos y aduanas; la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y la inmigración ilegal, y facilitar los viajes de turismo y negocios a EE.UU.

La Patrulla Fronteriza, que es parte de la CBP, nació en 1924, aunque sus orígenes se remontan a décadas anteriores.

Uno de los antecedentes del cuerpo fueron los Vigilantes Montados del Servicio de Inmigración, unos oficiales que desde 1904 patrullaban a caballo la frontera con México para prevenir los cruces ilegales, en especial de personas provenientes de China, se lee en el sitio web de la CBP.

Sin embargo, la combinación de unas leyes migratorias más duras y de la prohibición de la producción y venta de alcohol que entró en vigor en 1920 en EE.UU. impulsó la creación de un organismo que se dedicara a la vigilancia permanente de las zonas fronterizas.

Un guardia fronterizo a caballo a principios de la década de 1910.
Getty Images
Los primeros agentes que vigilaban la fronteras terrestres de EE.UU. iban a caballo.

Frank W. Berkshire, un funcionario del servicio de inmigración nacido en Kentucky en 1870, es considerado el padre de la Patrulla Fronteriza de EE.UU., pues fue él quien a finales de la década de 1910 comenzó a escribir a sus superiores sobre la necesidad de establecer una fuerza que vigilara las fronteras terrestres, en particular la del sur con México, según documentos disponibles en el Archivo Nacional de Washington.

Con el paso del tiempo, los legisladores fueron ampliando las facultades del cuerpo.

“En 1952, se permitió por primera vez a los agentes de la Patrulla Fronteriza abordar y registrar un medio de transporte en busca de inmigrantes ilegales en cualquier lugar de EE.UU. Por primera vez, quienes ingresaran ilegalmente al país podían ser arrestados”, se lee en su sitio web.

Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, el sistema de control migratorio estadounidense fue reformando, con más fondos y la creación de nuevas estructuras, como el Departamento de Seguridad Nacional y el ICE.

Un agente de la Patrulla Fronteriza de espalda ve como otros policías se llevan detenido en una camioneta a uns persona.
AFP via Getty Images
Los agentes de la Patrulla Fronteriza pueden actuar dentro territorio de EE.UU. y, por ello, han comenzado a operar junto a sus pares del ICE.

¿Por qué está en Mineápolis?

Aunque nació para vigilar las fronteras internacionales e impedir el ingreso ilegal de productos y personas a EE.UU., la Patrulla Fronteriza también puede actuar dentro del territorio estadounidense.

Los agentes del cuerpo pueden realizar patrullajes en las zonas y barrios en los que pueda haber inmigrantes ilegales, y pueden establecer puestos de control, tanto fijos como temporales, según se explica en el sitio web de la CBP.

Lo anterior es posible porque el artículo 287 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad autoriza a los integrantes de la Patrulla a realizar procedimientos, incluidas detenciones, sin necesidad de una orden judicial “dentro de una distancia razonable de cualquier límite externo de EE.UU.”.

La legislación fija en 160 kilómetros esa “distancia razonable” a cualquier límite fronterizo, explica la organización de derechos humanos American Civil Liberties Union (ACLU, por sus siglas en inglés) en su sitio web.

A pesar de que la frontera con Canadá más cercana a Mineápolis está a unos 500 kilómetros de distancia, la ciudad cuenta con un aeropuerto internacional que es un paso fronterizo internacional y ello explicaría por qué los agentes del cuerpo están en la ciudad.

No obstante, esta interpretación no es compartida por organizaciones como el Consejo Estadounidense para la Inmigración, desde donde aseguraron que la administración de Trump ha recurrido al cuerpo simplemente por sus facultades.

“La zona de los 160 kilómetros limita la autoridad de la Patrulla Fronteriza hasta cierto punto: no pueden abordar autobuses ni trenes fuera de la zona, ni establecer puntos fijos de control vehicular. Sin embargo, sí tienen la facultad de detener a un conductor e interrogarlo sobre su estatus migratorio si tienen una ‘sospecha razonable’ de que no es ciudadano”, explicaron en un artículo disponible en su sitio web.

Manifestantes durante una vigilia por la muerte del enfermero Alex Pretti portando carteles en el que se acusa al ICE de
The Minnesota Star Tribune via Getty Images
La actuación de la Patrulla Fronteriza y del ICE en Minéapolis ha generado una ola de protestas.

Esta tesis fue confirmada recientemente por el gobierno de Trump.

“Su capacidad para operar en todo el país garantiza que la Patrulla Fronteriza pueda hacer cumplir las leyes de inmigración, combatir el contrabando y hacer frente a las amenazas a la seguridad nacional en cualquier lugar de EE.UU”, afirmó Tricia McLaughlin, vocera del Departamento de Seguridad Nacional.

“Y la aplicación de las leyes de inmigración no se limita a las regiones fronterizas, pues las personas que evaden la detección en la frontera pueden ser detenidas en otros lugares”, agregó.

A lo largo de los años la actuación del cuerpo ha sido cuestionada.

“Los agentes de la Patrulla Fronteriza han estereotipado y deshumanizado a quienes son objeto de sus acciones (…) Los agentes de la Patrulla Fronteriza rara vez son sancionados por mala conducta , incluso cuando esta resulta en muerte”, denunció el Consejo Estadounidense de Inmigración.

Por su parte, la ACLU aseguró que ha registrado 372 muertes a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza desde 2010, de las cuales 79 fueron por uso de arma de fuego y 49 afectaron a ciudadanos estadounidenses o residentes legales.

El comandante de la Patrulla Fronteriza de EE.UU., Gregory Bovino, durante una rueda de prensa.
Brandon Bell/Getty Images
Gregory Bovino, comandante de la Patrulla Fronteriza, ha defendido la actuación de sus subalternos y ha denunciado una campaña en contra de ellos.

Diferencias con el ICE

El ICE y la Patrulla Fronteriza son ambos policías migratorias, aunque la última -como ya se mencionó- también es responsable de luchar contra el contrabando de bienes y productos, contra el terrorismo y de asegurar el normal ingreso y salida de visitantes extranjeros a EE.UU.

El ICE se creó como parte de la Ley de Seguridad Nacional de 2002, en respuesta a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Sus más de 20.000 agentes tienen la facultad de detener y arrestar a personas sospechosas de estar en EE.UU. sin la documentación necesaria, para lo cual pueden realizar redadas en casas o lugares públicos en cualquier parte del país, se explica en su página web.

El año pasado, la Corte Suprema emitió un fallo que allanó el camino para que los agentes de este cuerpo pudieran utilizar la raza, el acento y el lugar de trabajo como factores para decidir a quién detener. Fue una decisión que activistas de derechos humanos han calificado de discriminatoria.

Asimismo, el ICE investiga delitos relacionados con inmigración como la trata de personas y fraude de documentos y, también puede detener a ciudadanos estadounidenses en circunstancias limitadas; por ejemplo, si una persona interfiere en un arresto o agrede a uno de sus agentes.

¿Cómo distinguir a un agente de la Patrulla Fronteriza de otro del ICE? Los agentes de la Patrulla Fronteriza suelen vestir de color verde oscuro o con ropa de camuflaje, y a menudo identifican en sus chalecos en los que se lee: U.S. Border Patrol (Patrulla Fronteriza).

Sin embargo, en los últimos meses se ha visto en varias operaciones a agentes que no van uniformados ni exhiben ninguna identificación del cuerpo al que pertenecen y que, además, portan lentes de sol o máscaras que cubren sus rostros.

Con la administración de Trump, el ICE se ha convertido en una de las agencias de seguridad mejor financiadas del país, por encima del FBI y la DEA, con un presupuesto que asciende a unos US$ 84.000 millones, de acuerdo con los datos de USASpending, una organización independiente que monitorea el gasto público estadounidense.

Raya gris
BBC

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