
En cumplimiento de las medidas cautelares ordenadas por el Instituto Electoral de Michoacán (IEM), el senador Gerardo Fernández Noroña eliminó los videos de su canal de YouTube considerados constitutivos de violencia política de género contra la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, luego de que la autoridad le instruyera editar o suprimir segmentos específicos del contenido.
En un oficio dirigido a la secretaria ejecutiva del IEM, María de Lourdes Becerra Pérez, y difundido este jueves en sus redes sociales, el legislador además negó haber cometido actos de molestia, hostigamiento o intimidación contra Quiroz, y afirmó que continuará ejerciendo su derecho a debatir y criticar a funcionarios públicos como parte de su libertad de expresión.

En el documento, Fernández Noroña detalló sobre la eliminación de los videos cuestionados: “Toda vez que la plataforma YouTube no permite la edición de videos ya subidos, no fue posible realizar modificación alguna. En consecuencia, se procedió a su eliminación total”.
Con ello respondió al Procedimiento Especial Sancionador en materia de Violencia Política contra la Mujer en Razón de Género, acuerdo IEM-PESV-02/2026, notificado el 17 de febrero, que le otorgó un plazo de 24 horas para editar o borrar los segmentos señalados y acreditar por escrito el cumplimiento de las medidas cautelares.
La resolución del IEM ordenaba al senador suprimir expresiones vertidas en dos transmisiones realizadas el 24 y 25 de noviembre de 2025, en las que se refirió a las acusaciones de la alcaldesa Quiroz contra los morenistas Leonel Godoy y Raúl Morón Orozco, por el asesinato de su esposo, Carlos Manzo.
Entre los fragmentos sujetos a edición destacan declaraciones como: “La declaración irresponsable de la alcaldesa Quiroz en Uruapan de señalar a Godoy y Morón como posibles responsables (…) la ambición se le despertó y va por la gubernatura de Michoacán”.
En otro video, el legislador afirmó: “Solo reproducen lo que dije, y lo sostengo… es una posición fascista y tiene una intención: la vía electoral, porque su ambición se le despertó dentro de la tragedia que vive”.
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En su oficio, Fernández Noroña rechazó haber incurrido en actos de molestia, hostigamiento o intimidación contra la alcaldesa. “Enfatizo que no he cometido algún acto de molestia, hostigamiento o intimidación en contra de Grecia Quiroz García. Lo anterior, debido a que no está en mi forma de conducirme como senador de la República”, sostuvo.
También defendió su derecho a la crítica política: “Seguiré ejerciendo mi derecho a debatir y criticar a cualquier persona que tenga una responsabilidad pública… y así ejercer mi derecho de libre expresión, libre manifestación de las ideas y mi prerrogativa a no ser reconvenido como senador para lograr un debate político significativo”.
El legislador pidió finalmente al Instituto Electoral de Michoacán tener por desahogado el requerimiento emitido el 16 de febrero de 2026, al haber eliminado los videos ante la imposibilidad técnica de editar los fragmentos identificados por la autoridad.

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.
Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.
Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.
El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.
Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.
Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.
La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.
Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.
Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.
Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.
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Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.
Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.
A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.
En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.
Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.
Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.
El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.
Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.
En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.
La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.
El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.
Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.
Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.
Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.
Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.
Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.
La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.
Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.
En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.
Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.
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