
El brote de sarampión que comenzó el 1 de febrero de 2025 suma ya 28 defunciones, luego de que la Ciudad de México reportó por primera vez una muerte ocurrida en 2025, incorporada en el Informe Diario del Brote de Sarampión en México del 9 de febrero de 2026.
Con este ajuste, el total de fallecimientos de 2025 pasó de 25 a 26, a los que se agregan dos defunciones registradas en 2026 —una en Michoacán y otra en Tlaxcala— para un acumulado de 28 muertes desde el comienzo del brote.

El informe del lunes además reportó 2 mil 467 casos confirmados acumulados en lo que va del año. Jalisco concentra mil 432 casos, seguido de Chiapas con 250, Sinaloa con 144, Ciudad de México con 138 y Estado de México con 56.
Durante la conferencia de prensa encabezada este martes por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, la secretaria de Salud de la Ciudad de México, Nadine Gasman, explicó los motivos por los que la defunción ocurrida en 2025 se incorporó hasta ahora al informe nacional de sarampión. Señaló que el caso no había sido confirmado como sarampión en el momento del fallecimiento.
“En relación con la niña que falleció en diciembre de 2025, la razón por la que no se informó en su momento es porque no se certificó como sarampión hasta el día de ayer”, afirmó.
Detalló que la confirmación se completó un día antes de difundirse el informe federal. “Entonces, seguimos todo el proceso, el proceso se cerró el día de ayer y por eso es que se dio a conocer el día de hoy”, señaló.
La primera defunción de 2026, un hombre de 64 años, se confirmó en Michoacán, en el municipio de Coalcomán de Vázquez Pallares, de acuerdo con el informe con corte al 23 de enero elaborado por la Dirección General de Epidemiología.
La segunda muerte de 2026 ocurrió en Tenancingo, Tlaxcala, y fue informada el 31 de enero por el secretario de Salud estatal, Rigoberto Zamudio Meneses, quien reportó el fallecimiento de un niño de un año y un mes. El funcionario señaló que el menor tenía un esquema de vacunación incompleto.
Añadió que el niño ingresó el 28 de enero al Hospital General de San Pablo del Monte, en Puebla, con deterioro general y dificultad respiratoria; posteriormente fue trasladado al Hospital Infantil de Tlaxcala, donde se activó el protocolo ante un caso sospechoso de sarampión. “El avance de la enfermedad complicó su estado de salud, por lo que falleció este 30 de enero”, indicó.
Tras el caso, el sector salud estatal llamó a madres y padres a revisar y completar los esquemas de vacunación.
El impacto del brote sigue estrechamente vinculado a los rezagos de vacunación acumulados en años previos. Durante la conferencia matutina del 20 de enero encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Salud, David Kershenobich, señaló que “el mensaje muy importante es vacunarse, no hay otra manera de controlarlo”.
La brecha en la inmunización —que de acuerdo con datos oficiales comenzó antes de la pandemia y se agravó durante ella— dejó a millones de niñas y niños sin la protección necesaria para frenar la transmisión. Las coberturas estatales aún se encuentran por debajo del 95% recomendado.

Los pequeños fósiles encontrados en el norte de España pertenecen a una especie recién identificada que habitó nuestro planeta hace millones de años.
Investigadores en el norte de España identificaron una nueva especie de dinosaurio del tamaño de un pollo después de un largo estudio de huesos inusualmente pequeños.
La nueva especie recibió el nombre de Foskeia pelendonum.
Se cree que habitó nuestro planeta hace unos 125 millones de años y pertenece a un grupo extinto de dinosaurios herbívoros llamados ornitópodos. A pesar de su tamaño, la investigación reveló que el dinosaurio tenía un cráneo inesperadamente evolucionado.
“Su anatomía es extraña precisamente de una manera que obliga a replantear los árboles evolutivos”, afirmó la paleontóloga Penélope Cruzado-Caballero, de la Universidad de La Laguna en España.
Los fósiles encontrados pertenecen al menos a cinco individuos diferentes, según una investigación realizada por un equipo internacional liderado por el paleontólogo Paul-Emile Dieudonné, de la Universidad Nacional de Río Negro en Argentina, quien trabaja en este proyecto desde 2013.
“Diría que lo más interesante de este descubrimiento es que demuestra que todavía queda mucho material fósil por encontrar y que la mayoría provendrá de dinosaurios de pequeño tamaño”, declaró Dieudonné a la BBC.
“Los dinosaurios pequeños eran mucho más diversos de lo que pensábamos y es posible que la mayoría de los grupos que conocemos se originaran a partir de dinosaurios pequeños que crecieron con el tiempo”, añadió.
Pero los restos de dinosaurios más pequeños son más frágiles y difíciles de encontrar, señaló Dieudonné. “Desafortunadamente, los restos pequeños están mucho más fragmentados… los sedimentos de algunos huesos pequeños desaparecen con mayor facilidad”, añadió.
Este dinosaurio era inusualmente pequeño, según el paleontólogo Koen Stein, de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, quien es coautor del estudio.
Se cree que medía entre 25 y 30 cm de altura, un tamaño comparable al de un pollo.
“Creo que podemos afirmar con seguridad que probablemente se encuentra entre los más pequeños, si no el más pequeño, del continente europeo. Y quizás sea un candidato a ser uno de los dinosaurios más pequeños del mundo en general”, declaró Stein a la BBC, basándose en los hallazgos realizados hasta el momento.
El pequeño tamaño de los fósiles sugería que los dinosaurios podrían haber sido jóvenes. Pero un análisis más profundo indicó lo contrario.
Al menos uno era adulto, explicó Stein, y añadió que, de jóvenes, probablemente caminaban a cuatro patas, mientras que de adultos se volvían más bípedos.
El Foskeia es el rabdodomorfo más antiguo conocido, un grupo dentro de los ornitópodos.
Los rabdodomorfos eran “probablemente muy pequeños desde el principio”, lo que les habría “permitido escapar de los depredadores”, explicó Dieudonné.
“Un tamaño pequeño no es compatible con correr largas distancias, sino más bien con buscar un escondite rápidamente”, añadió.
La mayoría de los fósiles se encontraron en 1998, y algunos más se recuperaron en años posteriores en el mismo yacimiento. Sin embargo, su identificación ha llevado años.
La persona que descubrió el yacimiento y recolectó la mayor parte de los restos fue Fidel Torcida Fernández-Baldor, otro de los coautores del estudio, del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, en el norte de España.
“Desde el principio, supimos que estos huesos eran excepcionales por su diminuto tamaño”, declaró Torcida Fernández-Baldor.
Los investigadores afirman que el descubrimiento del Foskeia —cuyo nombre deriva de la palabra griega antigua que significa luz— es importante para comprender la evolución de los dinosaurios ornitópodos.
“La miniaturización no implicó simplicidad evolutiva”, declaró el paleontólogo Marcos Becerra, coautor del estudio, de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina.
El Foskeia también presentaba una disposición dental distintiva, con dientes frontales que apuntaban hacia adelante, “como un enorme tridente en el centro”, señaló Dieudonné.
Además de sus dientes “algo peculiares”, poseía una “morfología craneal interesante”, añadió Stein. “Es otro ejemplo de los experimentos que ha realizado la evolución”, concluyó.
Investigaciones anteriores, publicadas en 2016, vincularon provisionalmente los fósiles a un dinosaurio llamado ornitópodo de Vegagete. Sin embargo, no había suficiente información para identificarlo formalmente.
Un avance importante en esta última investigación fue la identificación de nuevos elementos craneales, incluyendo fragmentos de cráneo. Esto permitió la identificación y denominación formal del dinosaurio ornitópodo de Vegagete: Foskeia pelendonum.
“En los seres vivos, en general, la parte del cuerpo que nos proporciona más información es el cráneo. Nos informa sobre el proceso de masticación, la vista y el equilibrio del cuerpo”, explicó Dieudonné.
Añadió que la forma de la cabeza se adapta mucho a las necesidades del animal en su entorno, “por lo que estos huesos craneales, por pequeños y fragmentados que sean, nos brindan mucha información sobre el modo de vida del animal”.
“Es importante documentar estos aspectos para descubrir cómo crecían, cómo vivían, cómo morían y cómo evolucionaron, con el fin de comprender cómo la vida en el pasado ha cambiado continuamente en entornos cambiantes”, explicó.
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