
A pesar de que la medida ya se había puesto en marcha desde 2011 —misma que con el tiempo se relajó—, a partir de este 1 de enero será obligatorio que todos los habitantes de la CDMX entreguen sus residuos separados en orgánicos, inorgánicos reciclables e inorgánicos no reciclables, pues de lo contrario los trabajadores de limpia podrán negarse a llevárselos.
“Es una norma que ya está vigente, es la norma 024, no es una norma nueva, sin embargo, pues son hábitos y costumbres que hay que integrar en la población y que todo el tiempo hay que estar recordando”, señaló Julia Álvarez Icaza, secretaria de Medio Ambiente de la CDMX.
Con esta medida, detalló la funcionaria, se busca llegar al 50% de eficiencia de separación de los residuos en la Ciudad de México, lo que al final del sexenio se traducirá en un ahorro anual de mil millones de pesos.
“Queremos generar un gran movimiento de conciencia ambiental en la Ciudad de México donde todas y cada uno de nosotros sepamos que poniendo nuestro granito de arena estamos aportando al planeta, aportando a los mantos acuíferos, aportando al suelo, aportando al aire”, subrayó.
Cuestionada sobre las razones por las que en esta ocasión la medida sí trascenderá y no se relajará como sucedió en el pasado, Álvarez Icaza sostuvo que la creación de la nueva Agencia Integral de Residuos, organismo descentralizado que solamente se va a dedicar a la gestión de los residuos, hará la diferencia para articular no solo los esfuerzos que la población haga en sus hogares, sino toda la infraestructura que se ha construido para gestionar las 13 mil toneladas de residuos que se generan todos los días en la CDMX.

De ese total, 8 mil 500 toneladas son las que se recolectan en camiones y contenedores de las colonias y que llegan directamente a la infraestructura pública como a las estaciones de transferencia, a las plantas de selección o plantas de composta a fin de que se les dé el tratamiento según les corresponda.
“Hay que recordar que tenemos una Ley de Economía Circular que establece un nuevo paradigma de cómo debemos de repensar nuestra relación con los residuos para que no sea solo una relación lineal, es decir, en donde se usa y se desecha, sino que se pueda alargar la vida útil de los productos y para que esta ley sea posible, hay que empezar a separar”, detalló la funcionaria.
Julia Álvarez Icaza, secretaria de Medio Ambiente de la CDMX, descartó que la administración local esté contemplando multas a aquellas personas que no entreguen sus residuos separados.
En entrevista, la funcionaria detalló que el único obstáculo que tendrá la ciudadanía es que si no cumplen con la medida, los recolectores de basura no aceptarán llevarse sus desechos hasta que los separen y entreguen en el día correspondiente.
“Estamos en una fase de reeducación, de repetición y de cultura cívica de la sociedad; de animarnos a formar parte de este movimiento y poner nuestro granito de arena, por lo que en esta primera fase la sanción es no recibir (los desechos)”, explicó.
Durante los últimos meses, dijo, se ha trabajado con el sindicato de limpia de la capital para informarles de la medida y externarles que si los residuos no están separados ellos pueden negarse a recibirlos.

“Ellos son el primer punto de contacto con la ciudadanía, entonces es muy importante que también se sumen a educarlos y ayudarles a identificar qué tipo de residuos corresponden con cada una de las fracciones, además de que también son los primeros en poder decir ‘si no nos estás entregando el día que corresponde la fracción asignada, pues no recibimos estos residuos’”, compartió la funcionaria.
Con el cierre del Bordo Poniente en 2012, en la Ciudad de México ya no existen rellenos sanitarios, por lo que los desechos que diariamente se generan en la capital del país son enviados a rellenos sanitarios del Estado de México y Morelos.
A esos lugares no se envía el 100% de los residuos, sino solo aquellos que no fueron separados y que no se pueden aprovechar.
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Transportarlos y pagar para que estos rellenos sanitarios reciban los residuos anualmente le cuesta al Gobierno capitalino 2 mil millones de pesos, presupuesto que podría reducirse a la mitad si la ciudadanía, desde casa, separa los residuos correctamente.
“Los plásticos, por ejemplo, si se separan bien, se pueden convertir en materia prima otra vez con un proceso de reciclaje apropiado (…) y ya no acaban en un relleno sanitario en donde contaminan los mantos acuíferos, se contamina el suelo o se genera gas metano, que es uno de los gases más eh dañinos en términos de gases efecto invernadero”, explicó la titular de la Secretaría de Medio Ambiente capitalina.
“La idea es reducir el envío de residuos a los rellenos sanitarios y esto impactaría de manera positiva en las finanzas públicas, porque todo lo que ahora se gasta para enviar a rellenos sanitarios, se podría destinar al mejoramiento del equipamiento de la infraestructura pública para el tratamiento de los residuos”, agregó.

Para este 2026 se prevé rehabilitar la planta de composta de Bordo Poniente para tener una capacidad instalada de recepción de 2 mil 500 toneladas de residuos orgánicos al día con lo que se podrá generar composta que se reintegra en parques, camellones y áreas verdes de la CDMX.
Al término del gobierno de Clara Brugada, compartió Álvarez Icaza, se contará con otras cuatro plantas de composta.
“El cálculo es si logramos transformar el 50% de los residuos en materia prima o en cualquier otro elemento para aprovechamiento, podríamos reducir hasta un 50% el gasto público que invierte la Ciudad de México en el envío a rellenos sanitarios de los residuos”, subrayó.

“El camino de ida puede ser largo, pero está lleno de esperanza. Sin embargo, el regreso es más difícil”, cuenta Sasha.
Sasha viaja en un tren nocturno que se adentra en una zona de guerra. La joven de 22 años va en el llamado “tren del amor”, que parte desde la capital ucraniana, Kyiv, para encontrarse con el hombre que ama en Kramatorsk, una ciudad en la región de Donetsk, en el este del país. El reencuentro será muy esperado, pero también breve.
Mientras toma su café de la mañana, Sasha le dice a BBC News: “No me preocupo por mí misma, sino por mi esposo. En este momento, él está saliendo de su posición”.
El viaje es agotador y muy peligroso, pero para Sasha, vale la pena el esfuerzo. “El camino de ida puede ser largo, pero está lleno de esperanza. Sin embargo, el regreso es más difícil”, comenta.
Desde el 5 de noviembre de 2025, Ferrocarriles Ucranianos ha suspendido los servicios de tren en Donetsk debido a la intensificación de los ataques contra la infraestructura ferroviaria. Ahora, el tren no se detiene en la propia Kramatorsk, sino en un pequeño pueblo que se encuentra a dos horas en autobús de la ciudad.
“Y durante ese transbordo, cualquier cosa puede pasar”, dice Sasha. “Pero es bueno que los trenes sigan funcionando, porque eso da esperanza”, añade.
Sasha se casó en agosto de 2025.
“Dmytro me lo dijo de inmediato: serás mi esposa. No le creí. No tenía planeado casarme antes de los 25 años”, dice ella con una sonrisa.
Su esposo es militar de carrera. Siete de sus 26 años de vida los ha pasado en las fuerzas armadas de Ucrania. Sasha también tiene vínculos con el ejército. “Todos los hombres de mi familia sirven. Mi padre es policía, pero después de jubilarse también se unió a las fuerzas armadas. Mi hermano mayor también está en el ejército”, explica.
Sasha viaja a Kramatorsk casi todos los meses. Desearía poder hacerlo con más frecuencia, pero para Dmytro es difícil conseguir permisos.
Después de la boda, Sasha llegó a considerar mudarse a Kramatorsk. “Hablamos de ello a principios de septiembre. Y hace un mes, volvimos a hablarlo. Y hace una semana. Hablamos de eso todo el tiempo, pero obviamente ahora no es posible porque Kramatorsk es peligrosa”, explica.
Dmytro elige zonas relativamente tranquilas y seguras para sus breves reencuentros, pero aún así, la ciudad sigue siendo “muy ruidosa” y hay “muchos ataques”. “Cuando él duerme a mi lado, no tengo miedo a nada”, añade Sasha.
El tren que toma desde Kyiv es de alta velocidad. Pero ese día, tiene un retraso de al menos dos horas.
“Va rápido hasta Poltava, pero una vez que llegamos a la región de Járkiv, tenemos que dar rodeos debido a los bombardeos a la infraestructura. Nunca se puede estar seguro de cuándo llegaremos. La gente se va enterando sobre la marcha”, explica el inspector del tren.
A veces el viaje se complica aún más después de que el tren llega al final del trayecto en la ciudad de Barvinkove. En una ocasión, el autobús estaba estacionado lejos de la estación y, finalmente, se marchó sin ella.
“Vi a una taxista”, recuerda Sasha. “Simplemente la convencí para que me llevara a Kramatorsk. Condujimos a través de la niebla durante unas tres horas. La carretera estaba llena de baches”.
“Lo único que me ayuda a seguir adelante es el sentido común: que todavía estamos vivos, hay comunicación, transporte y podemos vernos”, dice Sasha con una sonrisa.
Y después de cada encuentro, comienza a prepararse para el siguiente.
En el andén de Barvinkove, la gente desembarca con cautela. La niebla del atardecer añade atmósfera y, para algunos, una sensación de calma. “Cuando hay niebla, vuelan menos drones”, se susurran las abuelas entre sí.
En la oscuridad, quienes bajan del tren no están muy seguros de hacia dónde ir. La única opción es seguir a la multitud, compuesta en su mayoría por personas vestidas de camuflaje.
Un hombre con barba abraza suavemente a una chica con una chaqueta blanca. Me acerco a la pareja para charlar.
“Tomé valeriana para no llorar. La última vez lloré todo el tiempo y no pudimos despedirnos adecuadamente”, dice Polina, quien conoció a Andriy en un autobús hace cuatro meses. Él se dirigía a alistarse en el ejército. Ella regresaba a casa desde la costa.
Polina tiene 24 años y esta es su primera visita a Kramatorsk. Antes Andriy solía viajar a Kyiv los fines de semana.
“No llevamos mucho tiempo juntos y realmente ansiamos este tiempo a solas. En un momento dado, le dije a Andriy que ya no me importaba: vendría aunque fuera por medio día, solo para tomar un café juntos”, comenta ella.
Finalmente, a Andriy le dieron un pase de fin de semana, y Polina compró un billete de tren.
“Las relaciones a larga distancia son difíciles”, admite Polina. “Cuando Andriy no responde, empiezo a preocuparme de inmediato… pero puede que simplemente se esté duchando o algo así. Además, cada vez que nos vemos, siento que tenemos que volver a acostumbrarnos a la presencia física del otro, porque no nos conocemos desde hace tanto tiempo”.
El peligro es constante. Temprano por la mañana, cuando el tren de Polina llegó de vuelta a Kyiv, escuchó explosiones en el andén. Esa noche, la capital había soportado una de sus alertas de ataque aéreo más largas: más de 10 horas. Más tarde se confirmó que hubo decenas de heridos y dos muertos.
Mientras tanto, los trenes que llevan a las parejas a las ciudades de primera línea también alejan a las familias de ellas. Las autoridades locales instan regularmente a la población a marcharse por seguridad. El frente de batalla está a solo 20 km de las ciudades de Kramatorsk y Sloviansk. Ambas están bajo constantes bombardeos y también al alcance de los drones.
Cada día, unas 200 personas llegan al centro de evacuación en el límite de las regiones de Járkiv y Donetsk en busca de seguridad.
Algunos viajan en sus propios vehículos con un plan claro para su vida futura. Otros esperan el tren de evacuación de los Ferrocarriles Ucranianos, aunque con retraso debido a los constantes ataques rusos acabará por llegar.
“Ya estoy deseando que llegue el próximo encuentro”, dice Sasha con nostalgia. “Simplemente no hay tiempo para las lágrimas ni para la desesperación”.
Con reportería adicional del equipo de periodismo global de la BBC.
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