
La construcción de la nueva ciclovía en la Calzada de Tlalpan, una de las principales apuestas de infraestructura rumbo al Mundial de 2026 en la Ciudad de México, está provocando el desplazamiento de las trabajadoras sexuales independientes que históricamente han ejercido su labor en esta vialidad, llevándolas a enfrentar una caída en sus ingresos.
En el marco del Día Internacional por el Fin de la Violencia contra las Trabajadoras Sexuales, que se conmemora este 17 de diciembre, la organización Tejiendo Pueblos busca visibilizar el impacto directo que la construcción de la ciclovía en Tlalpan está teniendo en la vida y labor de mujeres trans y cis que ejercen el trabajo sexual.
En abril, la jefa de Gobierno capitalino, Clara Brugada, anunció la construcción de la ciclovía que comunicará del Zócalo capitalino a Periférico Sur e irá por Calzada de Tlalpan y es diferente al proyecto de la Calzada Flotante que también será por la misma avenida.
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“Vamos a echar a andar una ciclovía de 34 kilómetros que va del Zócalo a Periférico y que le vamos a llamar “la Ciclovía Gran Tenochtitlan”, que va a ser de Tlalpan al Zócalo, como les digo, y va a ayudar muchísimo”, dijo en conferencia de prensa.
Ante este proyecto, trabajadoras sexuales se han manifestado en contra de la obra por afectar su actividad.
El grupo cívico, que desde 2020 acompaña y brinda apoyo a mujeres trabajadoras sexuales en la Ciudad de México, señala que para muchas el proyecto de movilidad significa la pérdida de sus puntos de trabajo consolidados durante años, además de la exposición a mayores riesgos por tener que trabajar a altas horas de la noche, cuando el tránsito vehicular ha disminuido.
En ese sentido, Tejiendo Pueblos enfatiza que algunas mujeres reportan caídas de hasta el 70 % en sus ingresos desde que comenzó la construcción de la ciclovía, de acuerdo con un censo de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez.
El impacto es tal, que algunas se han visto forzadas al exilio económico, como es el caso de Sofía, una mujer trans que ejerce el trabajo sexual desde hace 25 años y que tuvo que abandonar la capital del país para encontrar un ingreso que le permita sostener a su familia.
“Empezaron a haber días que no me hacía ni un cliente. Hace tres semanas tuve que buscarle por otro lado y me vine a León, Guanajuato, porque mi mamá depende de mí y está enferma”, relata, evidenciando cómo el desplazamiento urbano fractura no solo el tejido económico, sino también el familiar.
Para quienes permanecen en Tlalpan, el ambiente se ha vuelto hostil. Rosa, una mujer cisgénero de 55 años y con casi dos décadas en el oficio, describe cómo la obra ha empeorado las condiciones y la han llevado a trabajar con un mínimo de seguridad.
“Si de por sí, para una trabajadora sexual de 55 años ya es difícil, imagínate con esto de las obras, con los escombros, la arena y la gravilla”, dice.
Esta alteración del espacio público la ha obligado a extender su horario hasta la madrugada, exponiéndose a mayores peligros, solo para encontrar un momento en que los vehículos puedan detenerse.
“Me tengo que quedar más tarde, porque ya cuando baja el tráfico es cuando los carros se pueden parar sin que les estén pitando”, explica.
A pesar de que se establecieron mesas de diálogo donde las autoridades prometieron mitigar el impacto con despensas y seguros de desempleo, las afectadas Rosa y Sofía aseguran que la ayuda no ha llegado.
“Yo pienso que el gobierno debería acercarse a las que ya estamos mayores y darnos algún apoyo, el que sea”, enfatiza Rosa, quien cuestiona si las obras realmente son una respuesta para el bienestar de la población o a la imagen de la Ciudad de México.
“Quién sabe si beneficie a alguien o solo sea para que los turistas vean bonitas las calles para ese mentado mundial”, dice Rosa.

En tanto, Sofía señala que, aunque autoridades aseguraron que no serían desplazadas con el proyecto para el Mundial 2026, persiste la desconfianza y dudan de sus intenciones.
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Ante este escenario en la Calzada de Tlalpan, la organización Tejiendo Pueblos señala que estos casos evidencian que “no puede hablarse de una ciudad incluyente mientras el desarrollo urbano se construye a costa del sustento y la seguridad de mujeres históricamente marginadas“.
Asimismo, subraya que las trabajadoras sexuales no piden privilegios, sino que se les escuche, se les reconozca como parte de la ciudadanía y les dejen trabajar. “Porque no hay celebración posible si el progreso avanza, dejando atrás a quienes han sido sistemáticamente ignoradas”, enfatiza.

Los analistas coinciden en que en los casi 17 meses que lleva al frente del gobierno mexicano, la sucesora y heredera política de AMLO ha tratado de desmarcarse de él con sus acciones. La presión de EE.UU. ha hecho el resto.
Al referirse al operativo que llevó a la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, Claudia Sheinbaum volvió a reivindicar la soberanía de México en la lucha contra el narcotráfico.
“Todas las operaciones se realizan por las fuerzas federales (mexicanas). No hay participación de las fuerzas de Estados Unidos. Lo que hay es mucho intercambio de información”, aseguró este lunes la presidenta.
Asimismo, al dar los detalles de las operaciones que el domingo acabaron con quien era el narcotraficante más buscado por México y EE.UU., y líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el secretario de la Defensa Nacional (Sedena), el Ricardo Trevilla Trejo, remarcó que las ejecutaron militares mexicanos en suelo mexicano.
“¿Qué es lo que se demostró?”, se preguntó el general, visiblemente afectado por la muerte de 25 guardias nacionales en enfrentamientos con miembros del CJNG.
“La fortaleza del Estado mexicano. De eso no hay duda”, dijo.
Pero sobre lo que los expertos tampoco dudan es del papel que la presión del gobierno estadounidense ha jugado, no solo en la caída de “El Mencho”, sino en la estrategia general contra el narco de Sheinbaum, de mayor confrontación que la de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador.
“Esa acción fue muy seria y a muy gran escala”, le dijo a la BBC Jon Benjamin, quien fuera el embajador de Reino Unido en México entre 2021 y 2024, sobre la captura y posterior muerte de “El Mencho”.
“El presidente Trump ha designado a los carteles como organizaciones terroristas y México le ha entregado a decenas de narcotraficantes. El factor Trump es muy importante en lo que está ocurriendo”, aseguró.
Con el diplomático concuerdan los analistas mexicanos expertos en seguridad David Mora y David Saucedo, quienes, consultados por BBC Mundo, describen dicha presión como “decisiva”.
Tras más de una década de fracasos y violencia en la guerra contra el narcotráfico declarada por el presidente Felipe Calderón en 2006, López Obrador llegó al poder en 2018 con la idea de que, en lugar de luchar contra el crimen organizado, era más adecuado atender las causas de la violencia, como la pobreza y la falta de oportunidades, y promover el diálogo entre los grupos de poder establecidos.
“Abrazos, no balazos”, se le llamó al nuevo enfoque.
En sus comparecencias ante la prensa, Sheinbaum defiende siempre el legado de López Obrador, a pesar de que durante sus años en el poder se rompieran récords de homicidios y estructuras como la que lideraba “El Mencho”, consolidaran su presencia en prácticamente todo el país.
Sin embargo, los analistas coinciden en que en los casi 17 meses que lleva al frente del gobierno mexicano, la sucesora y heredera política de AMLO ha tratado de desmarcarse de él en su actuar, aunque no en sus discursos.
Y, en esa línea, muchas voces señalan que el operativo de este domingo habría sido la estocada final a la política de “abrazos, no balazos”.
El consultor Saucedo lo matiza, aclarando que esa estrategia ya se había empezado a quebrar en la recta final del mandato de AMLO.
“La política de no confrontación con el narco solo duró hasta la mitad del sexenio de AMLO, cuando el entonces presidente estadounidense Joe Biden presionó al gobierno de México para que se incrementaran los decomisos, el desmantelamiento de los narcolaboratorios y las capturas de narcotraficantes de alto perfil”, destaca el experto.
“De hecho, el episodio popularmente conocido como el ‘Culiacanazo’ se da en la época de López Obrador. Eso fue de balazos y de amenazas de ataques de narcoterrorismo”, agrega.
Se refiere con ello a la sangrienta balacera que se desató en 2019 en la capital del estado de Sinaloa tras la captura —y posterior puesta en libertad— de Ovidio Guzmán, uno de los hijos del legendario capo Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Saucedo señala que, “con Sheinbaum como presidenta, se empiezan a cruzar líneas como no se había hecho antes, con la extradición masiva de narcotraficantes o los macrodecomisos de droga”.
Mucho del giro en la política antidrogas tiene que ver con la llegada a la Secretaría de Seguridad de Omar García Harfuch, el expolicía que mientras Sheinbaum fue alcaldesa de Ciudad de México, logró reducir los homicidios en la capital y mejorar la sensación de inseguridad.
Lo que marcó un antes y un después en el combate del crimen y la delincuencia en la ciudad, fue un atentado contra García Harfuch, ordenado según la versión oficial por “El Mencho” y llevado a cabo por elementos del CJNG en mayo de 2020 en uno de los barrios más exclusivos de la capital mexicana.
Ya como secretario de Seguridad de la federación, en la rueda de prensa que dio en octubre de 2025 para exponer los resultados del primer año de gobierno de Sheinbaum, Harfuch marcó distancia discursiva y operativa respecto al sexenio anterior.
Sin tono triunfalista y subrayando que la materia que lo ocupa continúa siendo una asignatura pendiente, Harfuch habló de una reducción del 32% en los homicidios dolosos hasta alcanzar el nivel más bajo en una década, con disminuciones “notables” en 23 de los 31 estados en el país.
También reportó la detención de 35.817 personas por “delitos de alto impacto”, el decomiso de 18.274 armas de fuego y de 288 toneladas de droga, incluidos cuatro millones de pastillas de fentanilo —la principal causa de las decenas de miles de muertes anuales por sobredosis en EE.UU.— y más de 48 toneladas de cocaína en alta mar, así como el desmantelamiento de 1.597 narcolaboratorios en 22 estados.
“La presión que Trump ha ejercido sobre su administración ha sido una fuerza que ella (Sheinbaum) ha aprovechado”, le dijo a The New York Times Carlos Bravo Regidor, analista político mexicano que estudia las relaciones entre los dos países vecinos.
“Quería cambiar la seguridad en México y Trump llegó en un momento muy interesante para impulsarla”.
“En el año y meses de administración de Sheinbaum, hemos visto fuerzas armadas más combativas contra los grupos del crimen organizado que operan en el país”, subraya asimismo David Mora, analista sénior en México del International Crisis Group.
“Y eso es muy importante leerlo con los lentes de la relación bilateral con EE.UU.“, le dijo a BBC Mundo.
“Trump detectó hace tiempo que el talón de Aquiles de México es el tema de la seguridad, y lo ha utilizado para presionar a Sheinbaum en materia comercial, arancelaria y migratoria, además de en combate al crimen”, dice el experto.
“Como México también tiene un cáncer, que es la narcopolítica, la penetración del crimen organizado en nuestro régimen democrático, Trump rápidamente encuentra pretextos y excusas, aunque muy fundamentadas, para intervenir de manera cotidiana en las decisiones de México en distintos ámbitos”, prosigue Mora.
En ese sentido, Saucedo recuerda que el republicano fue elegido por segunda vez para la presidencia estadounidense con una plataforma sostenida sobre una mejora en la economía doméstica, el fin de la inmigración irregular y el combate al crimen organizado por la responsabilidad de este en las muertes por sobredosis de fentanilo.
“En todos estos temas, México, al ser el vecino, está involucrado y Trump lo identifica como fuente de muchos de los males que acechan a su país”, sigue el especialista. “Así que, para poder avanzar en su agenda, utiliza el tema de la seguridad para presionar al gobierno de Sheinbaum”.
Así, nada más volver a la Casa Blanca en enero, Trump designó a varios carteles mexicanos como “organizaciones terroristas extranjeras”, al igual que había hecho antes con el Tren de Aragua, una banda surgida en Venezuela, y con la Mara Salvatrucha o MS-13, una pandilla nacida en Los Ángeles.
“Los carteles están librando una guerra en EE.UU. y ya es hora de que EE.UU. les declare la guerra, algo que ya estamos haciendo”, clamó ante el Congreso en marzo, en su primer discurso como presidente, al tiempo que llamaba a México a “hacer más” al respecto.
Ante la declaración de la emergencia nacional por parte de Trump en el área limítrofe entre ambos países, Sheinbaum respondió con la Operación Frontera Norte, destinando 10.000 efectivos a la zona.
“Estamos incautando en México, evitando que pase del otro lado”, comentaba la presidenta en una reciente conferencia de prensa. “Quiere decir que algo bien estamos haciendo, ¿no?”, se preguntaba.
Desde entonces las autoridades mexicanas también han enviado a EE.UU. a casi 100 personas señaladas como criminales clave, 37 de ellas hace apenas un mes.
Son muchos los expertos que han planteado dudas sobre los fundamentos jurídicos de los traslados, al haberse realizado al margen del proceso normal de extradición. Mientras, el secretario Harfuch ha defendido su legalidad, señalando que, de acuerdo con el Departamento de Justicia Estadounidense, no se les aplicaría la pena de muerte (algo prohibido en México).
Dichos movimientos forman parte de un esfuerzo más amplio para apaciguar a Trump, mientras el mandatario amenaza con ataques unilaterales dentro del territorio mexicano, algo que Sheinbaum rechaza, remarcando que sería una violación de la soberanía de su país.
Pero analistas señalan que quizá el elemento más obvio de presión han sido los ataques de las fuerzas estadounidenses contra presuntas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, que empezaron en septiembre.
“No es una estrategia ganadora, francamente, pero infunde miedo en los corazones”, evaluaba en ese sentido Christopher Sabatini, investigador principal para América Latina de Chatham House, un influyente centro de análisis británico.
“Es en muchos sentidos un aviso para México, diciendo: ‘Tómense esto en serio, porque ustedes pueden ser los siguientes'”, agregaba.
“Hay presión por parte de la Casa Blanca de acciones militares conjuntas con fuerzas de EE.UU., y la presidenta Sheinbaum y el gobierno de México reiteran que la fórmula que le proponen a EE.UU. funciona”, dice el analista Mora.
“¿Cuál es esa fórmula? Cooperemos, compartamos información, compartamos inteligencia, pero México está a cargo de las acciones en el terreno”, aclara. Un enfoque que la propia Sheinbaum ha definido como “coordinación sin subordinación”, tanto en temas de seguridad como en otras materias.
En esa línea, la Secretaría de Defensa Nacional informó este lunes que la operación que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera contó con “información complementaria” del gobierno de EE.UU. “dentro del marco de coordinación y cooperación bilateral” con ese país.
Asimismo, Fuentes del Pentágono le dijeron a la cadena CBS, socia en EE.UU. de la BBC, que hubo apoyo de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Anticarteles, que colabora habitualmente con el ejército mexicano a través del Comando Norte de EE.UU.
“El Departamento de Estado exigía “resultados significativos” de México”, apuntaba en esa línea Mora.
“Pero estos resultados, como descabezar Jalisco y matar a ‘El Mencho’, pueden traer efectos que van en contra del objetivo de la presidenta de pacificar México”, subraya.
“Es un balance que el gobierno de México tiene que encontrar: qué tanto cede a la presión por descabezar a los grupos, sin que eso signifique que aumente la violencia. Porque para la población, para los votantes en México, el problema es la violencia”.
*Con reporteo adicional de Gerardo Lissardy.
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