
La crisis de combustible que se agudiza en Cuba no le dejó a Eduardo Romano otra “alternativa” que vender su viejo automóvil de los años 1950 para comprarse un triciclo eléctrico y seguir trabajando de taxista.
“Debido al tema de la gasolina y el petróleo hemos tenido que coger esta alternativa, buscar un triciclo”, dice a la AFP este padre de dos niñas mientras aguarda por clientes en un parque del municipio de Centro Habana, uno de los más populosos de la capital.
Cuba enfrenta una gravísima crisis energética tras el fin del suministro de petróleo por parte de Venezuela luego de la caída de Nicolás Maduro y ante las amenazas de Washington de imponer aranceles a los países que le vendan petróleo a la isla.
Frente a esta coyuntura, el gobierno comunista aplica desde el lunes un paquete de medidas de emergencia que restringe la venta de combustible (racionalizó la de gasolina y detuvo la de petróleo) y redujo el transporte público, una actividad que ya estaba muy deprimida por el impacto de la crisis económica.
Con el paso de los días, también se ha reducido el número de taxis privados que circulan en la capital y se ha triplicado el costo del servicio, debido al alza del precio de la gasolina, que ahora se cotiza a cinco dólares por litro en el mercado negro.
“Es una situación difícil para la gente”, comenta Romano, que cobra 200 pesos (0.40 centavos de dólar) por el mismo tramo que un taxi privado reclamaría el triple del valor.

Sin otras alternativas para la movilidad, los triciclos eléctricos, con capacidad para entre seis y ocho pasajeros, se han convertido en un salvavidas para la mayoría de los cubanos.
En la isla el salario medio es de 6,680 pesos (13.6 dólares).
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“Ahora mismo los triciclos son los reyes de la carretera”, dice jocosamente Romano.
Sin embargo, aunque ya no depende del combustible, sí debe sortear los frecuentes y prolongados apagones para cargar su nuevo medio de trabajo. “Vivo en una zona que tumban la corriente” y “hay que jugar con eso”, explica.

“Hay personas que han tenido que dejar hasta el trabajo porque no les da la cuenta” para transportarse, comenta Ignacio Charón, de 48 años, empleado de un taller donde se reparan neumáticos.
Justo al lado del taller hay un parqueo de bicitaxis, otro de los medios de transporte que se han vuelto muy populares en las calles de La Habana y otras ciudades del país.
Incluso algunos de sus propietarios se han apresurado a instalarles motores eléctricos a sus “coches”, como suelen llamarlos.
“Todos (los taxis) que sean de combustible van ahora mismo al piso” y “los bicitaxis y los triciclos eléctricos son los transportes que va a haber en Cuba”, predice Charón, todo tiznado por el trabajo con los neumáticos.
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El hombre explica además que muchas personas han acudido al taller durante las últimas semanas para alistar las bicicletas que tuvieron guardadas por años en sus casas.
Orlando Palomino, dueño de un bicitaxi lo confirma. “Hay trabajo de lunes a lunes”, dice el hombre de 44 años, que cada día pedalea hasta 70 kilómetros transportando a personas entre municipios colindantes.
Los bicitaxis, de fabricación artesanal, se venden hasta en 200,000 pesos (400 dólares) en la actualidad, según propietarios de estos vehículos.

La situación del transporte “es pésima”, se queja Roselia López, una estomatóloga de 54 años que esperaba por un triciclo eléctrico para llevar a su madre a una consulta cardiológica.
“Nosotros damos una alternativa”, pero “sabemos que no es mucho”, asegura Ariel Estrada, chófer de estos vehículos que apoyan el transporte en La Habana.
Estrada asegura que durante la última semana la demanda ha sido “atómica” y que los triciclos eléctricos que ofrecen el servicio no dan abasto.

Como madre, Ellie Leonard sintió que no había misión más importante que encontrar justicia para las víctimas de Jeffrey Epstein.
Mientras los archivos del caso Epstein acaparan titulares en todo el mundo, no son solo los principales medios de comunicación los que examinan los millones de documentos: también han despertado un amplio interés del público en línea.
Entre los periodistas ciudadanos independientes que se han unido al esfuerzo de examinar los archivos está la escritora estadounidense Ellie Leonard, quien trabaja con otros para revisar el último lote de documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
“Tengo que hacerme a la idea de que no puedo revisar las 3,5 millones de páginas”, dijo Leonard a la BBC.
Leonard asegura que al principio no sabía nada sobre Jeffrey Epstein, pero comenzó por investigar sus vínculos con Donald Trump, inspirada por su interés en la justicia social y su oposición a las políticas económicas y de inmigración del presidente.
La última entrega de material publicada el 30 de enero incluye tres millones de páginas, 180.000 imágenes, 2.000 videos y varios nombres conocidos como Richard Branson, Bill Gates y Elon Musk.
Nada indica que aparecer en los documentos implique algún delito. Muchas personas que han aparecido en publicaciones anteriores han negado cualquier ilícito en relación con Epstein.
Leonard dice que renunció a su trabajo en la escuela de su hijo a finales de diciembre de 2025 para dedicarse a la tarea de examinar los documentos, pero con las entregas de archivos más grandes pronto se dio cuenta de que necesitaría ayuda.
La última publicación llegó semanas después de la fecha límite establecida por la Ley de Transparencia de Archivos de Epstein, que el presidente estadounidense Donald Trump firmó en noviembre. Esta exigía la publicación completa de todos los documentos relacionados con Epstein.
Leonard invitó a personas de todo el mundo a ayudarle a examinar los archivos y, como ella dice, “la gente respondió a mi llamado”.
Estima que más de 1.000 periodistas ciudadanos de países que van desde Corea del Sur hasta Noruega se han unido a su proyecto en la plataforma en línea Substack. Tienen intereses y especializaciones tan diversas como el psicoanálisis, las métricas de datos y el derecho.
Leonard tiene experiencia en simplificar documentos políticos complejos para ayudar a los votantes a estar más informados, y sintió que podía ayudar de manera similar con los archivos de Epstein.
Sin embargo, su motivación radica principalmente en obtener justicia para las víctimas cuyos relatos a menudo no han recibido credibilidad.
“Cuando las mujeres se presentan o las sobrevivientes se presentan y cuentan su historia, voy a creerles. Voy a darles el beneficio de la duda”, dice.
“Luego voy a comenzar a buscar las cosas que dicen e ir a encontrar estas cosas. Creo que es realmente importante validar sus historias de esa manera”.
Una clave es que el enfoque del grupo difiere del de muchas organizaciones de medios más grandes.
En lugar de comenzar por el principio de cada nuevo lote de documentos publicados, donde generalmente se encuentran los clips, capturas de pantalla y citas más ampliamente difundidos y comentados, ella aconseja a su grupo comenzar en otro lugar.
“Cuando sale un nuevo lote de archivos, hay muchos momentos destacados de los que la gente hablará una y otra vez… y tienden a venir del principio de los archivos”, explica.
“Así que siempre recomiendo que las personas se distribuyan y comiencen en el medio, comiencen cerca del final, trabajen hacia atrás, porque todo está desordenado”.
Al dividir los documentos de esta manera, dice que el grupo puede comparar notas más fácilmente, identificar vacíos y evitar duplicar el trabajo de los demás.
“Todos buscan con su propia habilidad en su propia sección de los archivos, y todos aunamos nuestras mentes”, dice.
Leonard argumenta que la conversación pública a menudo gravita hacia las figuras más reconocibles mencionadas en los documentos, las “grandes personalidades” que dominan los titulares cuando se publica nuevo material.
Pero ella dice que ese enfoque puede oscurecer otras partes de los archivos que son igualmente significativas.
“Creo que hay cosas más pequeñas que contienen más detalles en este caso”, dice Leonard.
Los intercambios de correos electrónicos, las comunicaciones internas y los pequeños fragmentos de evidencia, dice, “actúan como recibos para las historias de los sobrevivientes”.
Señala el ejemplo de una mujer que dio el nombre de Epstein a las autoridades en una etapa temprana del caso.
“Maria Farmer habló con el FBI en 1996. Bueno, ahora podemos ver realmente su informe del FBI. Y prueba que lo que ella decía era verdad, corrobora lo que ha dicho durante décadas”.
Farmer, una artista que trabajó para Epstein, había dicho al FBI que Epstein había robado fotos personales que ella tomó de sus hermanas de 12 y 16 años.
Denunció que creía que Epstein vendió las fotos a posibles compradores, y dijo que la amenazó con quemar su casa si le contaba a alguien lo sucedido.
Farmer también afirmó que Epstein le había pedido que tomara fotos para él de niñas en piscinas.
Tras la publicación de los archivos, Farmer dijo que se sentía “reivindicada” después de casi 30 años.
Leonard dice que es el efecto acumulativo de los indicios lo que encuentra más sorprendente, la forma en que llenan los vacíos y confirman las líneas de tiempo.
“Puedo ver qué pensaba la gente, con quién hablaban, quiénes eran sus amigos, dónde bajaron la guardia, y luego qué información nos daban en esas conversaciones”.
“Realmente creo que la sustancia de este caso vendrá de esas conversaciones, porque nunca pensaron que serían públicas”.
Leonard dice que aborda los documentos sin la experiencia y el enfoque de un reportero de noticias tradicional, pero con las habilidades analíticas que moldeó durante sus estudios unviersitarios de Historia Clásica.
“El periodismo tradicional se trata de tener estándares, tener guardianes”, dice.
“Creo que yo realmente me enfoco en las citas y la búsqueda de hechos”.
Aún así, aún consulta a periodistas capacitados que conoce y comparte borradores antes de publicar.
“Recibo mucho ánimo de ellos. Y creo que eso me permite avanzar y saber que he contado la historia con el mejor de mis conocimientos”.
Como madre, Leonard dice que para ella este trabajo es una cuestión de “responsabilidad”.
“Soy madre, y haré lo que sea necesario para hacer del mundo un lugar mejor para mis hijos y un lugar más seguro”.
Espera que su trabajo de investigación llegue a una conclusión.
“Necesita tener un final para estas sobrevivientes, y necesitan encontrar justicia”, dice.
“Creo que el objetivo, la razón por la que todos trabajamos tan duro, es encontrarla”.
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