
Ryan Wedding, exmedallista olímpico canadiense de snowboard señalado por autoridades como un presunto capo vinculado al Cártel de Sinaloa, fue detenido la noche de este jueves en México, informó el director del FBI, Kash Patel.
Patel publicó este viernes un mensaje en su cuenta de X en el que confirmó la captura. En él atribuyó la detención al “liderazgo y compromiso del presidente Trump con la aplicación de la ley a nivel mundial” y detalló que tras ser arrestado, Wedding fue trasladado a Estados Unidos por el FBI para enfrentar la justicia.

Añadió que el exolímpico llevaba más de una década oculto en territorio mexicano y era buscado desde 2024 por cargos de tráfico de cocaína y asesinato.
Patel aseguró que Wedding dirigía una operación transnacional que enviaba “cientos de kilogramos de cocaína desde Colombia, a través de México y el sur de California, hacia Estados Unidos y Canadá”, como miembro del Cártel de Sinaloa.
También destacó la cooperación del gobierno mexicano—incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Seguridad Omar García Harfuch y la Legat del FBI en México—en la detención, así como la participación del Departamento de Justicia y el Departamento de Estado. Patel añadió que este es el sexto fugitivo de la lista de los más buscados capturado en el último año.
En tanto, las autoridades mexicanas informaron que el 17 de septiembre de 2024, un Tribunal de Distrito de los Estados Unidos emitió una orden de arresto federal en contra de Wedding, acusándolo de conspiración para distribuir sustancias reguladas y para poseerlas con fines de distribución; conspiración para exportar cocaína; empresa delictiva permanente; homicidio y tentativa de homicidio en conexión con una empresa delictiva permanente y el delito de narcotráfico.
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Además, las autoridades mexicanas informaron que, de manera paralela a la captura de Wedding, se realizó otra detención relevante en coordinación con agencias estadounidenses. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Fiscalía General de la República (FGR) ejecutaron en Pachuca, Hidalgo, una orden de arresto con fines de extradición contra Alejandro Rosales Castillo, otro de los diez fugitivos más buscados del FBI.
Según el reporte oficial, la detención fue resultado de trabajos de inteligencia y del intercambio de información con el Buró Federal de Investigaciones. Rosales Castillo, quien cuenta con ficha roja, es requerido por autoridades de Carolina del Norte por los cargos de asesinato en primer grado, robo con arma, hurto de vehículo y secuestro.
El fugitivo está acusado del asesinato de una excompañera de trabajo en Charlotte, ocurrido en 2016. El cuerpo de la víctima fue localizado el 17 de agosto de ese año en una zona boscosa del condado de Cabarrus, con heridas provocadas por arma de fuego. Autoridades estadounidenses habían buscado a Rosales Castillo durante años, hasta su detención este jueves en territorio mexicano.
Siete personas presuntamente vinculadas a la operación de contrabando de cocaína de Wedding fueron detenidas en Canadá en noviembre, entre ellas su abogado, y Estados Unidos ha solicitado su extradición.
Wedding compitió por Canadá en snowboard en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City 2002, donde terminó en el puesto 24 del eslalon gigante paralelo. Conocido también como “El Jefe”, “Giant” y “Public Enemy”, está acusado de enviar cientos de millones de dólares en cocaína desde Colombia, a través de México, hacia Estados Unidos y Canadá.
Wedding, de 44 años, era buscado por Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas y asesinato, y figuraba en la lista de los “Diez Fugitivos Más Buscados” del FBI. El Departamento de Estado ha ofrecido una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera a su captura.
Con información de AFP.

La baja de sus soldados en los recientes eventos en Venezuela han expuesto los riesgos estratégicos de la política exterior de La Habana.
Desde el amanecer del jueves, multitudes de personal militar, funcionarios del gobierno y civiles alinearon el trayecto entre el aeropuerto de La Habana y el Ministerio de Fuerzas Armadas para aplaudir el cortejo fúnebre con los restos repatriados de 32 oficiales cubanos muertos en Venezuela.
Los líderes de Cuba -desde el Raúl Castro hasta el presidente Miguel Díaz Canel- estuvieron en el aeropuerto para recibir las cajas con las cenizas de sus “32 héroes caídos”.
En el vestíbulo del edificio ministerial, cada caja fue cubierta con una bandera cubana, acompañada de una fotografía correspondiente al soldado o agente de inteligencia con las palabras “honor y gloria”.
No obstante, a pesar de la pompa y todos los homenajes militares, esta ha sido una experiencia aleccionadora para la Revolución Cubana.
En primer lugar, se cree que es la mayor pérdida de combatientes cubanos a manos del ejército de Estados Unidos desde la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961.
El hecho de que hayan pasado seis décadas y media con un escasamente comparable intercambio de fuego entre tropas cubanas y estadounidenses, ni durante la Guerra Fría ni después, es una muestra de lo rara que es.
No es necesariamente sorprendente que los mejor capacitados y mejor dotados soldados estadounidenses de la Fuerza Delta salieran virtualmente ilesos, especialmente dada su reputación de élite dentro del ejército más poderoso del mundo.
Pero eso no es un consuelo para los afligidos familiares de los fallecidos que, con lágrimas, colocaron sus manos sobre las cajas de madera en La Habana.
Es más, en los días posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la remoción forzada de Nicolás Maduro del poder, el gobierno cubano se vio obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo había negado: la propia existencia de oficiales de inteligencia de Cuba dentro de los corredores del poder en Caracas.
Ahora ha quedado claro, como muchos lo habían afirmado en Venezuela, que los cubanos han estado presentes en todos lo niveles del aparato de seguridad de ese país y que los acuerdos de inteligencia bilaterales eran una parte crucial de las relaciones cubano-venezolanas.
En resumen, el gobierno de La Habana ha compartido con sus socios venezolanos sus años de experiencia sobre cómo mejor mantener el poder con mano de hierro. Las 32 bajas en suelo venezolano eran parte de esa estrategia compartida.
Tras sus muertes, sin embargo, los cubanos parecen estar sintiendo el remezón del cambio bajo sus pies.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, después de la cual el mandatario estadounidense la describió como una “persona estupenda”.
Hace solo tres semanas hubiera sido casi impensable escuchar semejante elogio del mismo gobierno que describió a su predecesor como el líder de un régimen de “narcoterroristas”.
Todo hace pensar que los gobiernos de Rodríguez y Trump están encontrando un modus vivendi. Pero hasta el momento pocos en el gobierno de Cuba parecen haber entendido cómo eso deja su situación o su visión compartida con Venezuela de un socialismo controlado por el Estado.
Washington insiste en que la Revolución Cubana tiene sus días contados.
Sin embargo, un integrante de la “generación original” de revolucionarios está en desacuerdo. Víctor Dreke, de 88 años, es un contemporáneo de Fidel Castro y del Che Guevara, y afirma que el actual conflicto con EE.UU. tiene similitudes con la invasión de Bahía Cochinos auspiciada por la CIA en abril de 1961.
Dreke comandó dos batallones ese día y sostiene que los cubanos aún podrían repeler cualquier intento parecido.
“Si EE.UU. nos trata de invadir, alborotarán un nido de avispas”, expresó, citando a Raúl Castro. “Ni siquiera verían a nuestros combatientes saliendo, hombres y mujeres”.
“Si los estadounidenses ponen un solo pie en suelo cubano, no será como su cobarde emboscada de nuestros combatientes en Venezuela”, afirma Dreke. “Aquí, las cosas serían muy diferentes”.
En los últimos días, la televisión estatal cubana ha emitido imágenes de reservistas civiles recibiendo entrenamiento en el uso de armamento por parte del ejército cubano.
Hay coincidencia en que un enfrentamiento con el ejército de EE.UU. sería una pelea desigual. El ataque de EE.UU. en Venezuela tuvo la intención, en parte, de resaltar ese aspecto al resto de la región.
Los riesgos para Cuba son particularmente altos.
La isla está sufriendo amplios apagones que son graves en La Habana, pero mucho peores en las provincias.
La economía, malograda por el embargo económico de EE.UU. y deficiente administración gubernamental, cojea en el mejor de los casos. El combustible escasea y el motor de la economía, el turismo, no ha podido recuperar sus niveles anteriores a la pandemia.
Es dentro de este ya complejo panorama que los cubanos intentan vislumbrar la pérdida casi total del apoyo venezolano. Para la mayoría, esto plantea un escenario lúgubre.
Pero el excomandante Dreke sostiene que Cuba ha sobrellevado tiempos difíciles antes y puede hacerlo otra vez con suficiente fervor revolucionario.
Cuba no quiere un conflicto con el gobierno de Trump, insiste, y no estará buscando aumentar las tensiones con Washington.
“Pero eso no quiere decir que no estaremos listos”, añade, desafiante.
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