
Para entender mejor
Un hombre murió el sábado a consecuencia de disparos efectuados por agentes federales en Mineápolis, confirmó el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, los hechos ocurren dos semanas después de que un agente del servicio de inmigración (ICE) matara a tiros a una estadounidense en esa misma ciudad del norte del país.
En un comunicado, el DHS señaló que los hechos ocurrieron mientras los agentes realizaban una “operación específica en Minneapolis contra un extranjero ilegal buscado por agresión violenta” y una persona que portaba un arma se acercó a los agentes de la Patrulla Fronteriza.
“Los agentes intentaron desarmar al sospechoso, pero este se resistió violentamente. Temiendo por su vida y la de sus compañeros, un agente disparó para defenderse. Los médicos presentes en el lugar le brindaron asistencia médica de inmediato, pero fue declarado muerto en el lugar”.
El Departamento de Seguridad agregó que el sospechoso también tenía dos cargadores y ninguna identificación: “esto parece una situación en la que un individuo quería causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”, señaló la oficina y aseguró que en las próximas horas se dará a conocer más información.
Asimismo, informaron que alrededor de 200 personas, a las que llamaron “alborotadores” se presentaron en el lugar para “obstruir y agredir a las fuerzas del orden” por lo que “se implementaron medidas”.

Previamente, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, denunció el sábado “otro tiroteo atroz” por parte de agentes federales en Estados Unidos.
“Acabo de hablar con la Casa Blanca después de otro tiroteo atroz por parte de agentes federales esta mañana. Minnesota ya está harta. Esto es repugnante”, dijo Walz en X. “El presidente debe poner fin a esta operación. Saquen a los miles de oficiales violentos y sin entrenamiento de Minnesota. Ahora”, agregó.
Miles de agentes del ICE han sido desplegados en esta ciudad gobernada por los demócratas, en el marco de la campaña del presidente Donald Trump para deportar a inmigrantes indocumentados en todo el país.

En rueda de prensa, el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, instó al presidente Donald Trump a poner fin a la operación federal de inmigración, que ha provocado masivas manifestaciones, algunas violentas.
“Este es el momento de actuar como un líder. Ponga a Mineápolis, ponga a Estados Unidos primero en este momento; logremos la paz. Pongamos fin a esta operación”, subrayó.
El jefe de policía, Brian O’Hara, dijo que la situación después del tiroteo era “increíblemente volátil” y llamó a los residentes a evitar la zona.
El gobierno de la Ciudad de Mineápolis afirmó “tener conocimiento” de “nuevos disparos que involucran a fuerzas del orden federales” cerca de un cruce de calles de esta ciudad del norte de Estados Unidos, sacudida desde hace varias semanas por manifestaciones contra la presencia de ICE.
Mineápolis ha sido sacudida por protestas cada vez más tensas desde el 7 de enero, cuando agentes federales dispararon y mataron a Renee Nicole Good, de 37 años, madre de familia y ciudadana estadounidense, durante un operativo de ICE contra la migración irregular.
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Una autopsia concluyó que fue un homicidio, lo cual no significa automáticamente que se haya cometido un delito. El oficial responsable de los disparos que mataron a Good, Jonathan Ross, no ha sido suspendido ni acusado.
Según la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Renee Good fue la culpable, pues al alejarse de los agentes de ICE “utilizó su auto como arma” en un “ataque terrorista doméstico”.
Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamó a la mujer asesinada “agitadora profesional”.
La indignación pública en Minnesota se reavivó esta semana con el caso de Liam Conejo Ramos, de cinco años, y su padre, Adrian Conejo Arias, de nacionalidad ecuatoriana, detenidos el martes cuando llegaban a su residencia.
Miles de personas desafiaron este viernes las bajas temperaturas en Mineápolis para protestar contra las masivas redadas antiinmigración del gobierno de Estados Unidos, y varios negocios cerraron sus puertas en medio de la indignación por la detención de un niño de cinco años.
Zena Stenvik, superintendenta de escuelas públicas de Columbia Heights, donde el pequeño cursaba el preescolar, dijo que el menor fue utilizado como “carnada” por los agentes de inmigración para golpear en la puerta de la casa e intentar que salieran las personas en su interior.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, confirmó el jueves que el niño se encuentra entre los detenidos, pero explicó que los agentes buscaron protegerlo después de que su padre “huyó” de la redada.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió el viernes a las autoridades estadounidenses poner fin a la “deshumanización y el trato perjudicial hacia migrantes y refugiados”.
Arias, el padre del niño, se encuentra en un centro de detención de Texas, según una base de datos de ICE que no incluye el paradero de menores de 18 años.
El comandante del ICE, Marcos Charles, aseguró que el objetivo de sus agentes no era el niño y aseguró que éstos hicieron “todo lo que podían” para que el pequeño se reuniera con su familia, pero esta se negó a abrirle la puerta después de que su padre lo dejara y huyera de los agentes antiinmigración.
Según el comandante Charles, el niño y su padre entraron al país de forma ilegal y son “deportables”.
Sin embargo, el abogado Marc Prokosch dijo que la familia del niño cumplió con los pasos legales al solicitar asilo en Mineápolis, una ciudad santuario en la que la policía no coopera con las redadas migratorias federales.
Con información de AFP

Se trata de uno de los incendios más agresivos de la década y se extendió por las regiones de Ñuble y Biobío en el sur de Chile.
Sandra Soto, de 62 años, no se quiso ir a dormir la noche del sábado 17 de enero.
Las llamas que se veían a lo lejos desde la casa que compartía con su pareja en la población Ríos de Chile, localidad de Lirquén, región del Biobío, la tenían inquieta.
Estaba sola y algo le decía que las cosas se iban a complicar y que no era seguro quedarse en el bloque de dos pisos en el que vivía.
Decidió llamar a un taxi para irse a la casa de sus padres.
Cuando volvió a la mañana siguiente para buscar su uniforme de trabajo se encontró sólo con escombros.
“Nosotros quedamos en la calle, todo se desintegró”, le dice a BBC Mundo.
La técnica en enfermería es una de las tantas personas que lo perdieron todo en el que se considera uno de los incendios más agresivos de la década en el país sudamericano, y que afecta las regiones de Ñuble y Biobío, en el sur de Chile.
Lirquén, en la comuna de Penco, es una de las zonas más afectadas por los siniestros que ya han alcanzado 34.000 hectáreas.
El gobierno de Chile decretó estado de catástrofe y siguen los esfuerzos por extinguir los focos activos, mientras el país se viste de luto ante una tragedia que ya cuenta 20 muertos y decenas de heridos, desaparecidos y damnificados.
No todos corrieron la suerte de Sandra en la población en la que vive.
La mujer explica que, al volver a su casa la mañana del domingo, se enteró del verdadero infierno que vivieron sus vecinos y familiares, quienes optaron por quedarse protegiendo sus enseres mientras las llamas se acercaban cada vez más.
“Al subir para acá yo no podía creer cómo quedó todo. Vimos cómo sacaban los cuerpos”, relata.
“Aquí detrás de nuestra casa un matrimonio se quemó completo. Al frente otros vecinos muertos. Entonces, es muy grave”, agrega.
En varios momentos de la conversación, Sandra se quiebra.
Dice que lo más fuerte para ella fue el temor que sintió por la vida de su familia.
Antes de irse en taxi donde sus padres, pasó a despertar a su hermana Marlenne Soto, de 56 años, quien vive en la misma población con sus hijos y su nieta.
Intentó convencerla de que evacuaran, pero ella no quiso dejar su casa. Tampoco su cuñada. “Yo les decía que arrancaran, pero ellas pensaron que estaba exagerando”, recuerda.
“Les decía ‘por favor, vengan conmigo’. Pero me decían que no, que no era para tanto”.
Pasaron varias horas antes de que Sandra pudiera confirmar que su hermana estaba viva y que su cuñada también había sido evacuada del lugar.
Dice que nunca se va a olvidar de lo que sintió cuando se reencontró con Marlenne.
“Menos mal que salieron, porque muchos no quisieron salir por cuidar sus cosas y ahora están muertos. La casa de mi hermana quedó hecha carbón”, sostiene.
“No todos querían hacer caso de arrancar, dejar todos sus bienes, su esfuerzo, su sacrificio. Nosotros nos endeudamos para tener una cama, una tele, yo sigo endeudada. Ahora no sé qué va a pasar con nosotros”.
Sandra afirma que, hasta ahora, no ha recibido ayuda directa de ninguna autoridad.
Este lunes se quedará a pasar la noche junto a su pareja, Jorge Moya, en uno de los tantos albergues que se han habilitado para las víctimas de los incendios.
Para ella la prioridad es resolver, aunque sea de manera provisoria, la situación de vivienda de las miles de personas que quedaron en la calle.
“Porque yo me pregunto, ¿dónde van a ir a vivir los que no tienen ningún apoyo? ¿Qué va a ser de ellos?, si no tienen una red”, plantea.
Sandra recalca que “lo importante es que el mismo gobierno se ponga la mano bien en el corazón y actúe de forma rápida y oportuna. Porque esto de verdad es algo muy complejo”.
“Ahora imagínese si yo estoy de allegada en la casa de la mamá de mi pareja, qué va a ser de mí…porque claro, yo voy a tener un pancito, un cafecito, pero dónde voy a dormir, dónde me voy a duchar, dónde me voy a lavar, dónde voy a calentar agua. Qué voy a hacer, uno no se puede organizar porque es un caos el que uno tiene en la cabeza. ¿Por dónde empiezo? De verdad, por dónde empiezo”.
Matías Arriagada se ha convertido en una de las caras más tristes de la tragedia en la localidad de Lirquén.
Estaba trabajando en la región de Rancagua durante el fin de semana cuando las alertas sobre la gravedad de los incendios en la zona se intensificaron.
Al no poder contactar con su familia, utilizó sus redes sociales para saber si alguien había tenido novedades sobre sus padres.
Horas después, subió un video a Instagram para contar que su papá, Pedro Arriagada, murió consumido por las llamas.
“Me acabo de enterar, mi papá falleció en el incendio, falleció acostadito con mi perrita, se quemó toda la hueá, porfa, necesito que la mayor cantidad de gente, a nivel país, se reúna y ayude a toda la gente de ahí, por favor, se los pido”, relató en el video.
“Yo más encima voy manejando, me quedan hartas horas todavía, necesito llegar y saber cómo está mi mamá, ya me informaron que mi papá fue consumido por las llamas”, dijo.
El video se viralizó ampliamente en redes sociales y en medios locales, ante lo que el joven inició una campaña para recaudar fondos e ir en ayuda de otras víctimas de los incendios.
“Por fa, mi gente, porfa, yo no soy influencer ni nada, pero necesito que la mayor parte del país se junte y colabore y ayude a la gente que lo está pasando pésimo, yo soy uno de ellos, pero toda la gente lo está pasando muy mal en Lirquén, Penco, todos los alrededores, por favor, necesitamos ayuda, tanto material, agua, ropa y gente que vaya a cooperar, a ayudar”.
De acuerdo a las autoridades, la comuna de Penco es la más golpeada.
Ahí es donde se concentra el mayor número de muertos, cifra que podría seguir aumentando conforme se realicen las labores de localización e identificación de los cuerpos.
Patricio Valenzuela, vendedor de 47 años, relató lo que vivió al evacuar su vivenda en esa zona.
“Fuego, humo y todo negro. La gente corría desesperada, algunos gritaban. Era prácticamente como una zona de guerra. Y eso que estábamos en la parte baja. Yo no tenía idea de que mientras yo estaba abajo, esto (la parte alta) se estaba quemando”, le dijo a la agencia de noticias AFP.
Matías Cid, estudiante de ingeniería de 25 años, también habló con AFP: “A las 2:30 de la madrugada el fuego estaba fuera de control. Había remolinos, consumió las casas de la población de abajo y después se propagó hacia arriba. Ya no había forma de quedarse”.
Y añadió: “El humo era muy tóxico. Salimos solo con la ropa que llevábamos puesta, con nada más. Tuvimos muy poco contacto con otros vecinos y logramos evacuar rápido, porque creo que si nos hubiéramos quedado 20 minutos más, habríamos muerto calcinados”.
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