
Un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) disparó este miércoles contra un migrante venezolano en Minneapolis.
En un comunicado, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que los hechos ocurrieron mientras los agentes migratorios se dirigían a detener a un hombre de nacionalidad venezolana con estatus irregular.
El ataque sucedió cuando presuntamente el hombre intentó evadir el arresto y escapó del lugar en su automóvil, chocando con otro vehículo estacionado, para después huir a pie.
De acuerdo con la información del DHS, al agente lo alcanzó, pero al intentar detenerlo se resistió y lo agredió. Mientras el sujeto y los agentes forcejeaban en el suelo, dos sujetos salieron de un apartamento cercano y también atacaron al agente con una pala y un palo de escoba.
“Temiendo por su vida y seguridad al ser emboscado por tres individuos, el oficial disparó un tiro para defenderse”, señaló el DHS.
El migrante recibió un balazo en la pierna.
At 6:50 PM CT, federal law enforcement officers were conducting a targeted traffic stop in Minneapolis of an illegal alien from Venezuela who was released into the country by Joe Biden in 2022.
In an attempt to evade arrest, the subject fled the scene in his vehicle and crashed…
— Homeland Security (@DHSgov) January 15, 2026
El gobierno de la ciudad de Minneapolis informó que investiga el incidente.
Las tácticas de confrontación del ICE durante el gobierno del presidente Donald Trump han estado en el foco de atención desde la muerte de Renee Nicole Good a manos de un agente en Mineapolis, Minnesota, el 7 de enero.
Datos publicados por esa agencia muestran que los centros de detención de migrantes también pueden ser sitios mortales para quienes están recluidos en ellos.
Los comunicados de prensa del ICE revelan que varias personas han muerto bajo su custodia en los primeros días de 2026, después de un año en que las muertes de migrantes detenidos alcanzaron su nivel más alto en 20 años y el número de detenciones del ICE aumentó exponencialmente.

Más de 68 mil adultos estaban detenidos por el ICE a finales de diciembre, en comparación con aproximadamente 36 mil en diciembre de 2023, según datos de la agencia.
Al menos cuatro personas murieron mientras estaban detenidas por el ICE en 2026, según esta agencia. Todos los fallecimientos ocurrieron en los primeros 10 días del año, tres de ellas anunciadas entre el 9 y el 10 de enero.
Los migrantes, todos hombres, tenían entre 42 y 68 años. Dos eran originarios de Honduras, un tercero de Cuba y otro de Camboya.
Dos de los fallecimientos se atribuyeron a “problemas de salud relacionados con el corazón”, mientras que las otras dos causas no fueron claramente indicadas. Solo uno de estos últimos casos se señaló como bajo investigación.

El 2025 fue el año más letal para los detenidos por el ICE en dos décadas. Al menos 30 personas murieron mientras se encontraban retenidas en centros para migrantes, el mayor número desde 2004, el año posterior a la creación de la agencia.
La cifra de 2025 representa más que el total de muertes registradas bajo custodia del ICE durante todo el gobierno del presidente demócrata Joe Biden (2021-2025).
En esos cuatro años, 26 detenidos murieron, según datos recopilados por la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración a partir de informes del ICE.
Observadores externos han expresado preocupación por el nivel de atención médica que reciben los detenidos, ya que se halló evidencia generalizada de tratamientos incorrectos o inapropiados, así como de atención médica gravemente demorada.
Con información de AFP.

Mientras la atención internacional se centra en los cambios políticos que atraviesa Venezuela, para los venezolanos el aumento de precios es la preocupación más inmediata.
En un supermercado en el este de Caracas hace unos días me enfrenté con un dilema: ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por un kilo de manzanas?
Me pasó lo mismo cuando al tratar de adquirir mi desodorante habitual me di cuenta de que en la capital venezolana debía abandonar la fidelidad a un producto que he utilizado durante casi una década.
¿Por qué pagaría US$13 por un desodorante que en Londres cuesta 2,5 libras esterlinas (US$3,4)? ¿Y quién puede pagar en Venezuela US$10 por un kilo de manzanas?
Mientras la atención internacional se centra en el cambio de mando en Venezuela y en el giro del país tras el ataque de EE.UU. y la captura de Maduro, en las calles de Caracas una gran preocupación de los venezolanos vuelve a ser el costo de la vida, los altos precios y la economía del país.
En mercados y comercios de Caracas, los precios suben con enorme rapidez en un contexto marcado por la inestabilidad política y cambiaria y en un país marcado desde hace años por la inflación.
“Me siento más pobre hoy que en diciembre”, dice María Luisa, de unos 50 años, mientras compra hortalizas con su hija Sofía en el mercado de Chacao, en el este de la ciudad. “El dinero rinde menos ahora que hace un mes”, insiste.
Sofía explica que pasó parte del día buscando comida para su gata.
Afirma que a finales del año pasado costaba entre US$3,5 y US$4 el kilo, y hoy está en US$6.
“Cuesta casi el doble de repente”, se queja.
En el centro de Caracas se repite la historia. Con una gran cantidad de bolívares en la mano, que parecen mucho, pero en realidad valen poco, Yarilén, una pensionada de 55 años, afirma que además de la caída del poder adquisitivo, el volátil tipo de cambio es difícil de seguir en una economía que en los últimos años vivió una dolarización de facto.
“Un negocio cobra en bolívares y el siguiente en dólares. Tienes que hacer las cuentas todo el tiempo en tu cabeza”, explica.
La economía venezolana está siendo impactada de nuevo por la inestabilidad política, que tradicionalmente ha elevado el precio del dólar, además de por la incapacidad ahora de vender su petróleo libremente, su principal producto de exportación, debido a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y al bloqueo marítimo que impide a Caracas colocar crudo en el mercado negro con ayuda de una “flota fantasma”, como solía hacerlo desde que se impusieron las primeras sanciones en 2017.
Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas en octubre, Venezuela cerró 2025 con una inflación de 548%.
La misma fuente preveía un crecimiento económico moderado de 0,5%, una cifra muy modesta considerando que el Producto Interno Bruto (PIB) del país es hoy casi un 80% menos al pico histórico de 2012 que logró impulsado por los altos precios del petróleo.
Estas proyecciones no tomaban en cuenta los eventos del 3 de enero, cuando el presidente Nicolás Maduro fue detenido y trasladado a una cárcel de Nueva York, donde se espera que enfrente a la justicia estadounidense por cargos relacionados con narcotráfico y posesión de armas.
Ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que quiere controlar y vender el petróleo de Venezuela, país que tiene las mayores reservas de crudo del mundo.
Pero un gran número de venezolanos se opone a la idea.
“Este es un país rico en petróleo, oro y minerales (…) Que vengan de afuera a tomar el control es como que alguien entre en tu casa sin pedir permiso”, le dice a BBC Mundo Sandra, quien vende helados para mantener a su familia.
A ella también le ha afectado el bolsillo la inestabilidad del país, y asegura que el temor a nuevos episodios de violencia hace que los venezolanos sean aún más cautelosos con los gastos.
“La gente trabaja con miedo. A tempranas horas ya todos están en su casa”, añade. “Yo quiero un cambio para el país, pero no así”.
Según el economista Jesús Palacios, la economía venezolana se enfrenta a corto plazo a desafíos como la galopante inflación y la presión cambiaria.
“La pérdida de poder de compra ya se sintió en diciembre y eso repercute en un menor ritmo de crecimiento”, le dice el profesor de la UCAB a BBC Mundo.
Señala además que la escasez de divisas por las trabas a la exportación petrolera y la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo han empujado a muchos comercios a subir precios incluso en dólares, generando inflación también en moneda extranjera.
El tipo de cambio oficial establece que un dólar cuesta unos 330 bolívares. Pero el cambio paralelo es mucho mayor y es el que se usa muchas veces como referencia para marcar precios, lo que ha sido denunciado por el gobierno como una herramienta de distorsión y especulación.
Palacio advierte que si no hay un ajuste de precios a la baja en dólares, Venezuela podría convertirse en uno de los países más caros de la región, e incluso del mundo.
Pero añade que hay expectativas de que la situación mejore tras los acuerdos petroleros anunciados por Trump y la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
“Probablemente en un par de semanas empiece a notarse un flujo de caja importante”.
José Guerra, profesor de Economía de la Universidad Central de Venezuela, concuerda.
“Los anuncios del presidente Trump han logrado crear expectativas favorables: el dólar paralelo ha disminuido más del 40% desde el día 8 de enero, cuando se hizo el anuncio, hasta el día 13 de enero. Y la brecha cambiaria se ha ido reduciendo”, le dice a BBC Mundo.
Oficialmente, el salario mínimo en Venezuela está fijado en 130 bolívares, lo que equivale a menos de un dólar, pero ambos economistas explican que la remuneración real tiende a ser algo mayor.
“El gobierno otorga bonos que hacen que el salario promedio esté entre US$60 y US$70, algo aún muy por debajo de la canasta básica alimentaria, que para una familia de cuatro miembros estaba en US$470 por mes”, apunta Guerra, firme opositor al gobierno actual.
El economista Jesús Palacios añade que el venezolano común tiende a tener varios empleos y no depende tanto de su sueldo oficial, sino que busca actividades complementarias.
“Vende tortas, busca comprar algo y revenderlo. Está constantemente rebuscándose. Cerca del 60% de la población tiene actividades complementarias”.
Nadie en Venezuela quiere hablar abiertamente de la diferencia entre el bolívar oficial y el paralelo por miedo a repercusiones.
Pero es un tema que rige la economía actual.
Mientras tanto, la mayoría, vive buscando alternativas a productos básicos.
Pensativos, dan vueltas en los mercados de la capital venezolana comparando precios y preguntándose si pueden permitirse comprar lo que planeaban.
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