
Para entender mejor
Venezuela comenzó a liberar este jueves a un “número importante” de detenidos por razones políticas, lo que según la Casa Blanca muestra la influencia de Donald Trump en el país tras la captura del presidente depuesto Nicolás Maduro.
Son las primeras excarcelaciones bajo la presidencia interina de Delcy Rodríguez, quien asumió tras los bombardeos de Estados Unidos el sábado que condujeron a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Entre los primeros liberados están el excandidato presidencial Enrique Márquez y cinco españoles, entre ellos la activista Rocío San Miguel, quien tiene doble nacionalidad.
“Ya terminó todo”, dijo Márquez, detenido hace un año, tras recobrar la libertad junto con un cercano colaborador de la líder opositora y Premio Nobel de Paz, María Corina Machado, quien será recibida por Trump la próxima semana.
El objetivo es promover la “convivencia pacífica”, dijo el jefe de la Asamblea legislativa, Jorge Rodríguez, hermano de la mandataria encargada, al anunciar las liberaciones.

“Es un ejemplo de cómo el presidente está utilizando al máximo su influencia para hacer lo correcto para el pueblo estadounidense y el venezolano”, afirmó la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Anna Kelly, en un comunicado a la AFP.
En medio de afirmaciones de Trump de que dictará decisiones al gobierno interino, especialmente en cuestiones petroleras, Delcy Rodríguez negó este jueves que su gobierno esté subyugado.
“No estamos subordinados ni estamos sometidos, aseguró en un homenaje al centenar de fallecidos en el operativo, incluidos 32 cubanos.
“Tenemos compromiso y lealtad” con Maduro, añadió, y sostuvo que que durante el ataque “nadie se entregó” y “hubo combate”.
Al tributo asistió el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez.
Tras el ataque, Maduro y Flores fueron llevados a Nueva York para enfrentar un proceso por narcotráfico y otros cargos.
El jefe parlamentario no precisó cuántas personas ni quiénes serán liberados, y agradeció las gestiones de España, Brasil y Catar.
La oenegé Foro Penal contabiliza 806 presos por razones políticas en Venezuela, incluidos 175 militares.
“La injusticia no va a ser eterna”, reaccionó Machado, a quien Trump apartó por ahora de una transición política pese a que apoyó la intervención militar.
Familiares de presos llegaron al temido centro de detención El Helicoide, en Caracas, con la esperanza de que sus parientes queden libres, observó la AFP.
“Estoy nerviosa. Dios quiera que esto sea una realidad”, dijo la madre de Juan José Freites, colaborador de Machado.
Atalí Cabrejo contó que su hijo fue “secuestrado” por fuerzas del Estado en su casa hace dos años. “He sentido mucho terror”, indicó.

Reporteros Sin Fronteras pidió que también sean liberados seis periodistas presos por su labor.
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La captura de Maduro siguió a una serie de ataques ordenados por Trump en el Caribe contra lanchas que supuestamente transportaban drogas. Desde septiembre, un centenar de personas murieron en esas acciones.
“Vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los cárteles. Los cárteles están controlando México”, advirtió Trump en una entrevista emitida la noche del jueves en Fox News.
También amenazado por Trump, el presidente colombiano, el izquierdista Gustavo Petro, dialogó por teléfono el miércoles con su homólogo estadounidense.
Acordaron realizar “acciones conjuntas” contra la guerrilla ELN, que opera en la frontera con Venezuela, reveló el ministro del Interior, Armando Benedetti, a Blu Radio.
Petro y Delcy Rodríguez se reunirán próximamente en Bogotá, anunció la presidencia colombiana.
Tras la distensión entre Trump y Petro, una disidencia de la antigua guerrilla colombiana FARC convocó a una cumbre de comandantes de cuatro grupos rebeldes en defensa de Venezuela y para hacer frente al “enemigo” común.
En tanto, la aerolínea Copa anunció que reanudara sus vuelos a Caracas el próximo martes, tras un mes de suspensión por el despliegue que terminó con la caída de Maduro.
Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo, aceptó negociar con Washington sus ventas de crudo, afectadas por sanciones desde 2019.
Trump sostuvo incluso que su país podría mantener durante años el control de Venezuela y de su petróleo, en una entrevista publicada el jueves por el New York Times en la que celebró la “muy buena sintonía” con el gobierno interino.
Trump ha advertido a Delcy Rodríguez que podría pagar un “precio probablemente más alto que Maduro” si no cumple su plan, que aún no prevé un cambio de gobierno.
Está al mando “pero no como jefa de Estado soberana”, sino “como administradora local de intereses estadounidenses”, dijo a AFP por email el exministro de Información de Venezuela Andrés Izarra.
La operación estadounidense incluyó comandos en tierra, aviones de combate y una imponente fuerza naval.
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En tanto, en las calles de Caracas los venezolanos están divididos sobre el plan de Trump de manejar la deteriorada industria petrolera.
“Tendremos más oportunidades si el petróleo está en manos de Estados Unidos (…) porque no sólo se va a encargar de la producción, sino de administrar el dinero”, confía José Antonio Blanco, de 26 años.
“Está enredado porque unos dicen una cosa y otros dicen otra (…) Uno lo que hace es buscar la manera de sobrevivir, si no trabajamos no comemos”, señaló Teresa González, de 52 años.
Chevron es la única multinacional que opera en el país con un permiso especial.
Trump recibirá a las petroleras estadounidenses el viernes para convencerlas de volver a Venezuela.
China era hasta ahora el principal cliente del crudo venezolano, con fuertes descuentos.

Dos días después de que Maduro fuera capturado en Caracas en una operación militar estadounidense, quien fuera su mano derecha asumió como jefa de Estado interina.
Delcy Rodríguez juramentó este lunes como la nueva presidenta encargada de Venezuela.
Quien fuera la mano derecha de Nicolás Maduro se conviritó así en su sucesora interina, dos días después de que en la madrugada del sábado el entonces mandatario fuera capturado por Estados Unidos.
Maduro fue detenido en Caracas en un amplio y controlado operativo militar de EE.UU. junto a su esposa, Cilia Flores
Ambos fueron trasladados a Nueva York, donde este lunes se declararon no culpables ante un tribunal federal de cargos de conspiración para el narcoterrorismo y otros delitos.
En una retrasada ceremonia ante la Asamblea Nacional, que asumió en esta misma jornada para su nuevo periodo, la otrora vicepresidenta ejecutiva del país asumió el cargo luego de que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenara su asunción como jefa de Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
El diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo de Nicolás Maduro, fue uno de los testigos directos de la juramentación.
Con el nombramiento de Rodríguez como presidenta interina, el tribunal le otorga el poder para liderar “la defensa de la soberanía” y “preservar el orden constitucional”.
La líder cuenta además con el respaldo del ejército venezolano.
La abogada de 56 años ha sido una pieza clave del chavismo. Durante el gobierno de Hugo Chávez llegó por primera vez al gabinete como ministra del despacho de la Presidencia.
Pero fue tras la asunción de Maduro, en 2013, cuando consolidó su poder: fue ministra de Comunicación e Información, ministra de Economía, para luego asumir como canciller y finalmente como ministra de Hidrocarburos y vicepresidenta ejecutiva.
Pocas horas antes de juramentar, Rodríguez había dado un giro drástico en el tono con Estados Unidos.
Tras la operación militar de élite que fue ordenada por el propio Donald Trump en territorio venezolano, fue ella quien la calificó como un “secuestro ilegal e ilegítimo” y una “agresión extranjera”.
“Lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbarie”, aseguró en una intervención en cadena nacional.
“Sitiarla, bloquearla, es una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional y configura delitos de lesa humanidad. Que ningún bloqueo pretenda torcer la voluntad de este pueblo”, dijo Rodríguez a la vez que reafirmó que “en Venezuela solo hay un presidente, que se llama Nicolás Maduro Moros”.
La noche del domingo, sin embargo, la nueva presidenta de Venezuela invitó al gobierno de Trump a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortalezca una convivencia comunitaria duradera”.
“Venezuela reafirma su vocación de paz y de convivencia pacífica. Nuestro país aspira a vivir sin amenazas externas, en un entorno de respeto y cooperación internacional. Creemos que la paz global se construye garantizando primero la paz de cada nación”, agregó en un post de Instagram, recalcando los principios de la “igualdad soberana y la no injerencia”.
Trump había sugerido previamente que Rodríguez estuvo en contacto con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y que habría manifestado su disposición a acceder a todas las exigencias de Washington. “No tiene alternativa”, afirmó.
Este domingo el mandatario estadounidense fue más allá y le dijo a la revista The Atlantic que si Rodríguez “no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que el de (Nicolás) Maduro”.
Tras la captura de Maduro, Trump había advertido que EE.UU. “gobernará” Venezuela “hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”.
La Constitución venezolana establece un plazo de 30 días para realizar elecciones en caso de una falta absoluta del presidente.
Las causas incluyen, entre otros supuestos, fallecimiento, renuncia, destitución o abandono.
Sin embargo, por el carácter excepcional del caso, el Tribunal Supremo de Venezuela optó por interpretar la ausencia de Maduro como “temporal”, atribuyendo a la vicepresidenta la función de suplirlo.
Un vicepresidente puede suplir la ausencia presidencial temporal durante hasta 90 días, período que puede extenderse a seis meses con el voto de la Asamblea Nacional.
En su sentencia, de todas formas, el máximo tribunal venezolano no recordó esos plazos, lo que abre dudas sobre la posibilidad de que Rodríguez pueda mantenerse en el poder más allá de ese itinerario.
Lo más probable es que aquello dependa ahora, en gran medida, de cómo la nueva presidenta de Venezuela maneje la relación con Estados Unidos.
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