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Islas Marías: así se viven tres días de turismo entre celdas, senderismo y memoria penal
Islas Marías: así se viven tres días de turismo entre celdas, senderismo y memoria penal
Foto: Dalila Sarabia
9 minutos de lectura

Islas Marías: así se viven tres días de turismo entre celdas, senderismo y memoria penal

La experiencia privilegia la historia y la memoria sobre el descanso en la playa. Durante tres días, los visitantes recorren museos, antiguas celdas, la prisión de máxima seguridad y miradores naturales en la Isla María Madre.
04 de febrero, 2026
Por: Dalila Sarabia
@Dalila_Sarabia 

Visitar las Islas Marías es sumergirse en un viaje de aprendizaje histórico, cultural y del cosmos en donde el tiempo de descanso prácticamente no tiene cabida. La aventura de tres días y dos noches comienza a las 7:00 de la mañana del viernes en el puerto de San Blas, en Nayarit; o en Puerto Vallarta, en Jalisco. Hasta el año pasado también era posible viajar desde Mazatlán, Sinaloa, pero esa salida fue cancelada.

En el puerto la tripulación prepara todo para que el ferry zarpe en punto de las 8:00 de la mañana y mientras acomoda el equipaje y da la bienvenida a los turistas, otros trabajadores instalan un pequeño stand en donde ofrecen a los visitantes algún recuerdo. No hay mucha variedad, pero un llavero, una playera o una taza sí pueden comprar.

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Foto: Dalila Sarabia

De dos pisos y pintado de color naranja, el ferry que llevará a los turistas a la excolonia penal en este Archipiélago del Pacífico, abre sus puertas a los visitantes, quienes no pierden la oportunidad de tomarse las primeras fotografías del viaje. 

“Son cinco horas de camino (…) estamos como a 120 kilómetros de la isla”, dijo un marino a un grupo de adultos mayores quienes mientras esperaban subir al ferry intercambiaban impresiones sobre cuánto tiempo tardarían en llegar.

En las pantallas del ferry se proyecta un mensaje de seguridad y de inmediato comienza Las Islas Marías, película de 1951 protagonizada por Pedro Infante, una probadita de lo que podrán ver en vivo.

Dada la hora de salida, a algunos visitantes no les es posible desayunar, pero en el ferry hay una pequeña cafetería en la que se puede comprar un sándwich, café, refresco y alguna botana. Tampoco hay muchas opciones, pero funciona.

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Foto: Dalila Sarabia

No hay tiempo que perder

Ya es la 1:00 de la tarde, y después de cinco horas de camino, en donde no faltaron quienes sintieron un poco de mareo y solicitaron una bolsa plástica para alguna eventualidad, el ferry llegó al Puerto Balleto, en la Isla María Madre, una de las cuatro que conforman el Archipiélago Islas Marías. Es la más grande y durante 114 años operó como una colonia penal y después como una cárcel de máxima seguridad.

El cielo y el mar… todo es azul. Al fondo, algunas construcciones pintadas de blanco. Más allá lo que parece la torre de una iglesia que no tiene sacerdote.

Una vez que los turistas reciben la llave de su casa no habitación los guías del lugar les piden que tomen una fotografía del itinerario pegado en una de las paredes. Ahí están los horarios y actividades que se realizarán hasta el domingo a las 10:30 de la mañana, cuando el ferry debe zarpar de vuelta al continente.

Los visitantes se hospedan en casas de un piso, también pintadas de blanco, que además de las camas y el baño tienen una pequeña sala, comedor y hasta estufa. Se trata de las mismas viviendas que años atrás fueron ocupadas por presos que cumplían sus condenas en la isla y las habitaban en compañía de su familia.

 

Al ser una colonia de presos un modelo que Porfirio Díaz trajo de Europa, los reclusos no estaban encerrados en una celda, al contrario, vivían en comunidad y cada uno desempeñaba una actividad específica para el buen funcionamiento de la isla.

Había quienes se dedicaban a la madera, otros trabajaban en la salinera o camaronera. También estaban quienes cultivaban los alimentos que eran el sustento de quienes vivían en la isla, otros cocinaban y algunos más realizaban trabajos de construcción y mantenimiento de infraestructura.

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Dada la imposibilidad de recibir visitas, podían solicitar que llevaran a su familia con ellos. Se construyó un kínder, una primaria y había telesecundaria. Hasta transporte escolar tenían.

Apenas hay tiempo de dejar las maletas. Son las 2:00 de la tarde y por delante hay dos recorridos, pero primero la comida.

La experiencia turística en las Islas Marías incluye todos los alimentos: desayuno, comida y cena en buffet, y para ello solo hay un lugar donde comer: el restaurante “Brisa Marina” con capacidad para 180 comensales. 

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Hasta inicios de este 2026 el inmueble estaba cerrado porque se llevan a cabo obras de ampliación, por lo que los turistas deben utilizar un espacio provisional.

El horario es claro: la comida es a las 2 de la tarde porque inmediatamente terminando comienza el primer recorrido en el que se visita el museo, el panteón, las celdas y hay una breve visita a la tienda de regalos.

Aunque se podría llegar caminando a los puntos que incluye la visita, se tiene dispuesto un camión de la Marina que transporta a los turistas de forma más cómoda. De hecho, en diciembre, cuando Animal Político, visitó la isla, el 80 % de los visitantes eran adultos mayores, por lo que el camión les facilitó su movilidad.

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Foto: Dalila Sarabia

114 años de historia

La primera parada del tour es en el museo de las Islas Marías. Una construcción que alberga en sus salas la historia de la isla, desde su descubrimiento hasta su transformación en un centro turístico.

Todos los recorridos son encabezados por un guía certificado, quien con apoyo de un micrófono explica a detalle cada parte del recorrido, además de que en todo momento personal de la Marina, incluido un médico, acompaña a los grupos a fin de garantizar la seguridad de los paseantes.

“El modelo de penitenciaría de las Islas Marías era de semilibertad, es decir, los internos o colonos que era como a ellos les gustaba que les llamaran tenían la oportunidad de andar transitando libremente de su campamento asignado. En toda la isla hay alrededor de 11 campamentos: Balleto, donde nos encontramos ahora, albergaba a personas de buena conducta, ya que aquí estaban las oficinas administrativas de todo el penal”, explicó el guía previo a iniciar el recorrido.

La isla María Madre tiene 145 kilómetros cuadrados, 11 campamentos y llegó a albergar hasta 16 mil personas entre internos y trabajadores. 

Después del museo toca recorrer una zona de celdas aún no la prisión de máxima seguridad y antes de cenar se hace una parada en el panteón de la isla.

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Foto: Dalila Sarabia

Ahí hay 220 tumbas, en su mayoría sin nombre, sin epitafio. Son el recuerdo de aquellos que fueron condenados a pagar por sus errores en una isla de la que nunca salieron

A las 6:00 de la tarde hay que volver para la cena que se sirve en punto de las 6:30.

Tras esa última comida hay que volver a subir al camioncito que llevará a los visitantes a la pista de aterrizaje de la Isla Madre, porque sí, llegan aviones y helicópteros, pero en su mayoría son gubernamentales o de privados que tienen la suficiencia económica para pagar el traslado.

En total oscuridad a los turistas se les pide que bajen del camión y se acuesten en la pista de aterrizaje para ver un espectáculo que en la CDMX, al menos, es prácticamente imposible observar: las estrellas.

Ahí, un marino ofrece una explicación mitológica de las estrellas y sus constelaciones, además de contar cómo en la antigüedad las embarcaciones se guiaban con las estrellas para navegar.

De vuelta al campamento el primer día de actividades ha concluido. Es hora de descansar porque antes del amanecer hay que estar listos para una nueva actividad: senderismo al Faro de la Isla.

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Foto: Dalila Sarabia

Del senderismo a los trabajos forzados

Antes de las 6:00 de la mañana el camión de la Marina ya está listo para llevar a los visitantes al inicio del camino que los conducirá al Faro. Ninguna actividad es obligatoria, así que quienes deseen quedarse en sus casas descansando lo pueden hacer. 

El recorrido a pie es de poco más de un kilómetro, pero hay que hacerlo rápido para estar en el punto más alto justo al amanecer y poder disfrutar del espectáculo.

Desde este punto los visitantes pueden apreciar el amanecer en la isla y cómo, poco a poco, los primeros rayos de sol comienzan a iluminar a la Isla Madre. Abajo, como si fuera de juguete, se observa el ferry atracado que permanece ahí hasta el momento de volver al continente con los visitantes.

Concluida la actividad es momento de volver para tomar el desayuno a las 7:30.

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A partir de ese momento y hasta la próxima comida, a la 1:00 de la tarde, los visitantes tienen el mayor “tiempo libre” para disfrutar de la playa.

La Isla Madre cuenta con un Club de Playa que ha sido acondicionado con camastros y hamacas. Hay una alberca y un área confinada para nadar en el mar. Por alrededor de tres horas los visitantes no hacen más que relajarse.

A las 2:30, después de la comida, es momento de adentrarse en uno de los pasajes más oscuros: la visita a la cárcel de máxima seguridad Laguna del Toro.

El camión de la Secretaría de Marina recibe a los turistas y los conduce hasta este centro penitenciario construído entre 2010 y 2011, durante el gobierno de Felipe Calderón.

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Foto: Dalila Sarabia

Con un estilo claramente estadounidense, este lugar fue destinado a recibir criminales de alta peligrosidad, como miembros de cárteles o sicarios.

En 2013, apenas dos años después de su puesta en operación, se registró el último motín que dejó a cinco custodios heridos. Nunca se informó ni se supo con certeza cuántos presos perdieron la vida en aquel enfrentamiento.

Este motín se dio como resultado de las denigrantes e inhumanas condiciones en las que se tenía a los presos: sin agua corriente para los baños e higiene personal ni agua suficiente para consumo; no se les brindaba atención médica; no les permitían tener actividades laborales, educativas, de recreación y físicas; además de que les daban alimentos echados a perder.

En 2019, con la firma del decreto que desincorporó del sistema federal los centros penitenciarios que operaban en las Islas Marías para convertir el espacio en un centro ecológico y de educación ambiental, el penal de máxima seguridad Laguna del Toro cerró completamente sus puertas.

Ahora, quienes visiten el lugar pueden entrar y recorrerlo. Conocer las celdas y los contados espacios en los que a los reclusos se les permitía salir unos minutos al día a tomar el sol.

Como parte de este recorrido también se visita la camaronera y la salinera, este último lugar en donde Pedro Infante filmó la película Las Islas Marías.

Antes de volver para tomar la cena, el camión de la Marina traslada a los visitantes al Mirador Punta Halcones, espacio desde el cual podrán admirar el atardecer.

La jornada concluye hacia las 10:00 de la noche después de visitar la Henequenera y el Auditorio Muros de Agua, un espacio construido en honor al escritor José Revueltas, quien escribió la novela Los Muros de Agua mientras estuvo prisionero en las Islas Marías.

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Foto: Dalila Sarabia

Visita al Cristo y despedida

Antes de volver al continente, quienes así lo deseen pueden hacer senderismo al Cristo Rey de las Islas Marías que se ubica en la cima del Cerro del Comején.

Se trata de una escultura monumental construida por los presos de la antigua colonia penal para simbolizar esperanza y fe.

Para llegar al Cristo y poder disfrutar el amanecer hay que subir poco más de tres kilómetros, así que el recorrido comienza a las 5:20 de la mañana.

Después de llegar y subir hasta la parte más alta de la escultura, desde donde se puede disfrutar el amanecer y llevarse un gran recuerdo, es momento de volver. El paseo prácticamente ha terminado.

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Foto: Dalila Sarabia

A las 8:00 de la mañana se sirve el desayuno y a las 10:00 los turistas deben estar listos para subir de nuevo al ferry.

“Este viaje es cultura. Todos los visitantes se llevan una experiencia muy bonita, no es solo playa y mar. No, es algo totalmente diferente”, dijo Alfonso Valderrábano, quien opera una agencia de viajes y en diciembre llevó a su primer grupo a este lugar.

“Fue una experiencia muy bonita y un concepto muy diferente. Cada uno de nuestros turistas se lleva una idea totalmente diferente de lo que son las Islas Marías”, agregó.

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