
Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los grupos criminales más importantes en México y el mundo, fue abatido este domingo 22 de febrero luego de un operativo en Tapalpa, Jalisco, confirmó la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
“Con trabajos de inteligencia militar central, del Centro Nacional de Inteligencia y de la Fiscalía General de la República (FEMDO), Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano planearon y ejecutaron una operación en Tapalpa, Jal., en la que intervinieron diversas aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional para lograr la detención de Rubén ‘N’ (a) Mencho”, indicó en un comunicado.
Defensa Nacional agregó que, durante el operativo, el personal militar fue atacado, por lo que las fuerzas federales respondieron a la agresión.

“Resultando cuatro integrantes del grupo delictivo CJNG fallecidos en el lugar y tres heridos de gravedad, quienes perdieron la vida durante su traslado vía aérea a la Ciudad de México; entre estos últimos se encuentra Ruben ‘N’ (a) Mencho”, confirmó el Ejército, aunque matizó en su escrito que “serán las autoridades correspondientes las que se encargarán de las actividades periciales para su identificación”.
Además, fueron detenidos otros dos integrantes del Cártel Jalisco, y fueron asegurados vehículos blindados y armamento, entre los que se encuentran lanzacohetes capaces de derribar aeronaves y vehículos blindados.
La dependencia también informó que tres soldados resultaron heridos durante el operativo.
“Cabe hacer mención que, para la ejecución de esta operación, además de los trabajos de inteligencia militar central, dentro del marco de coordinación y cooperación bilateral con los Estados Unidos, se contó con información complementaria por parte de autoridades de ese país”, detalló el Ejército.
“El Mencho” llevaba décadas prófugo y el Departamento de Estado de Estados Unidos llegó a ofrecer hasta 15 millones de dólares por información que condujera a su detención. De hecho, tras la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán e Ismael ‘El Mayo’ Zambada -líderes históricos del Cártel de Sinaloa-, era el narcotraficante más buscado por Estados Unidos.
Bajo el mando de Nemesio Oseguera, el Cártel Jalisco se convirtió en el grupo criminal con mayor presencia en México, desbancando al Cártel de Sinaloa.
El abatimiento del líder criminal dejó la mañana de este domingo múltiples bloqueos carreteros. El operativo inicial se realizó en el municipio jalisciense de Tapalpa, donde individuos quemaron y atravesaron vehículos para impedir el operativo de la autoridad en esa región y en otras partes del estado, como Puerto Vallarta. También se reportaron bloqueos carreteros en el estado vecino de Michoacán, en múltiples municipios.
El gobierno de México que preside Claudia Sheinbaum no se había pronunciado de manera oficial, tampoco la Secretaría federal de Seguridad Ciudadana, de Omar García Harfuch.
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Al finalizar un evento en Coahuila, donde habló de programas para el abasto de agua, empleo y apoyos sociales, y ante la insistencia de reporteros sobre un mensaje para la gente de Jalisco y Michoacán, la presidenta Claudia Sheinbaum se limitó a decir que sería el gabinete de seguridad federal el que proporcionaría la información oficial, sin precisar mayor detalle.
Hasta las 10 de la mañana, el Gabinete solo había informado en sus redes sociales que se estaban atendiendo bloqueos en algunas zonas de Jalisco, producto de operativos realizados por instituciones federales, sin mencionar otras entidades donde se han reportado los mismos hechos.
El CJNG fue designado como una Organización Terrorista Extranjera (FTO) y Terrorista Global Especialmente Designado (SDGT) por el Departamento de Estado el 20 de febrero de 2025, siguiendo la Orden Ejecutiva 14157, que declaró que el grupo representa una “amenaza a la seguridad nacional”.
El 18 de junio de 2025, Estados Unidos sancionó individualmente a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes y a otros líderes del CJNG. Las autoridades estadounidenses señalan al grupo criminal por el “tráfico de fentanilo, metanfetamina, cocaína y otras drogas”.
Además, en mayo de 2025, Estados Unidos sancionó una “red clave involucrada en el tráfico de fentanilo, robo de combustible y contrabando de petróleo crudo” relacionada al CJNG, y en agosto de 2025, se sancionó a líderes del cártel por operar “estratagemas de fraudes en relación con propiedades a tiempo compartido ‘timeshare’”.

Nemesio Oseguera Cervantes era policía en el municipio de Tomatlán, al sur de Jalisco. Algunas versiones dicen que nació en Uruapan y otras en Aguililla, Michoacán, ambos en la zona conocida como Tierra Caliente.
En la década de los 90, “El Mencho” incursionó en el narcotráfico junto con su cuñado Abigael González Valencia, alias “El Cuini”. En esa época trabajaban en alianza con el Cártel de Sinaloa, según se tiene documentado.
Pero el cártel fundado por Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, se dividió en 2010 tras la muerte de uno de sus fundadores, Ignacio Coronel, “El Nacho”.
Fue entonces cuando “El Mencho” comenzó a tejer alianzas con otros grupos menores y nació el CJNG. Actualmente Nemesio Oseguera y su organización están catalogados como uno de los mayores traficantes de drogas sintéticas a los Estados Unidos.

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero la industria estatal ha estado desprovista de inversiones durante muchos años.
Trump afirma ahora que tiene previsto visitar Venezuela, aunque aún no se ha fijado una fecha.
Sus comentarios, realizados el viernes pasado, se produjeron después de que el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, completara un viaje de dos días a Venezuela para ver cómo el país está empezando a reabrir su sector petrolero a las empresas estadounidenses.
La visita de Wright se produjo poco después de que la Asamblea Nacional venezolana aprobara una ley para permitir la inversión privada y extranjera en su industria petrolera, tras dos décadas de estricto control estatal.
A los ojos de Trump, se trata de una gran oportunidad de negocio para el sector petrolero estadounidense: “Vamos a extraer cantidades de petróleo como pocas personas han visto”, afirmó en una conferencia de prensa a mediados de enero, tras una reunión con los directivos del sector energético en la Casa Blanca.
Pero para las empresas petroleras estadounidenses que Trump quiere que inviertan fuertemente en Venezuela, la pregunta es sencilla: ¿salen las cuentas?
William Jackson, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics, afirma que el objetivo del presidente estadounidense es “reactivar el sector petrolero de Venezuela y utilizar esa energía para aumentar la oferta y reducir los costos para el consumidor, lo que posiblemente proporcionaría una fuente de ingresos para que un gobierno venezolano más favorable reconstruyera la economía tras años de mala gestión”.
Sin embargo, para las empresas energéticas estadounidenses hay enormes dificultades prácticas que superar. La petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), es una sombra de lo que fue.
Los gobiernos de Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, exprimieron la empresa al máximo y utilizaron el dinero para financiar el gasto social en vivienda, salud y transporte, así como una inédita expansión del Estado.
Pero no invirtieron en mantener los niveles de producción de petróleo, que se han desplomado en los últimos años, en parte, pero no solo, debido a las sanciones de Estados Unidos, que ahora podrían revisarse.
“En Venezuela, se trata de una infraestructura que se ha degradado tras muchos años de abandono”, afirma Jackson. “Hace diez o quince años, Venezuela producía 1,5 millones de barriles al día más que en la actualidad”.
Mónica de Bolle, investigadora principal del Instituto Peterson de Economía Internacional, coincide en que PDVSA se encuentra en una situación precaria.
“Hay muchas cosas que hay que desechar por completo y reconstruir desde cero”, afirma a la BBC. “De hecho, si las restricciones políticas no importaran, lo mejor sería desmantelar PDVSA, pero eso no va a suceder”, continúa.
“Es un gran símbolo nacionalista, está ligada a la soberanía. ¿Estarían los venezolanos dispuestos a hacer lo que diga Estados Unidos y rendirse? No lo creo”.
Trump ha pedido a las empresas petroleras estadounidenses que inviertan al menos US$100. 000 millones en restaurar la maltrecha infraestructura de Venezuela, algo absolutamente necesario para que su plan de aumentar las ventas pueda hacerse realidad.
Oficialmente, Venezuela tiene 300.000 millones de barriles de reservas de petróleo, pero en 2023 solo exportó 211,6 millones de barriles, por un valor aproximado de US$4.000 millones.
Comparado con Arabia Saudita, que ocupa el segundo lugar, con 267.000 millones de barriles de reservas, el país de Medio Oriente tuvo exportaciones por valor de US$181.000 millones en el mismo periodo, es decir, 45 veces más.
Así que, al menos sobre el papel, hay margen para mejorar.
Sin embargo, Jackson afirma que existen dudas sobre el verdadero tamaño de las reservas petroleras de Venezuela.
Durante la presidencia de Chávez, Venezuela reclasificó sus reservas. Anteriormente, se pensaba que solo había 80.000 millones de barriles de petróleo extraíble, pero en 2011 la cifra comunicada casi se había cuadruplicado.
Ese cambio estadístico fue posible gracias a los altos precios del petróleo en ese momento, que permitieron que proyectos anteriormente inviables parecieran factibles.
“Hubo un gran salto que la gente ha cuestionado”, afirma Jackson. “Pero ahora el mundo está inundado de petróleo y no está claro que los mismos cálculos sigan siendo válidos”.
Cuando Chávez asumió la presidencia de Venezuela en 1999, los precios del petróleo estaban subiendo. A principios de la década de 2010, un barril solía alcanzar unos US$100, lo que proporcionaba a Caracas mucho dinero para invertir en programas sociales. Pero con los precios actuales rondando los US$65, el país parece menos atractivo como inversión.
El petróleo de Venezuela también es de peor calidad que el de Arabia Saudita. Su crudo ácido y pesado es difícil de extraer y refinar, mientras que su alto contenido en azufre lo hace corrosivo para los oleoductos.
El resurgimiento de la industria venezolana podría plantear problemas a Canadá, que produce un petróleo igualmente viscoso y exporta gran parte de él a Estados Unidos, pero los analistas consideran que el riesgo es menor.
Según un estudio de Capital Economics, el petróleo canadiense debería seguir teniendo un precio competitivo, incluso si aumenta la producción venezolana.
Mientras tanto, la crisis económica de Venezuela ha provocado el éxodo de casi ocho millones de personas que se han marchado en busca de una vida mejor.
Esto incluye conocimientos técnicos esenciales para mantener en funcionamiento las bombas de petróleo: ahora que los ingenieros cualificados que antes trabajaban para PDVSA ejercen su profesión en otros lugares, el sistema sigue funcionando a duras penas con una plantilla mínima.
Thomas Watters, director general y responsable del sector del petróleo y el gas de la empresa de investigación S&P Global Ratings, afirma que las empresas estadounidenses tienen la capacidad de reparar la infraestructura de Venezuela, pero que debe tener sentido desde el punto de vista económico.
“Al fin y al cabo, las empresas petroleras y de gas tienen que aportar valor a los accionistas”, afirma. “Cuentan con muy buenos gestores. Se puede construir cualquier cosa, siempre y cuando se pueda pagar”.
“Pero se necesita un precio del petróleo que lo haga rentable. A menos que se pueda generar suficiente dinero para justificarlo, es muy difícil que la industria se recupere”.
Además, las empresas petroleras estadounidenses ya han sufrido consecuencias negativas por operar en Venezuela en otras ocasiones. En 2007, grandes firmas como ExxonMobil y ConocoPhillips vieron cómo se embargaban sus activos al negarse a permitir que PDVSA tomara el control mayoritario de sus proyectos.
Acudieron a los tribunales internacionales y se les concedieron enormes indemnizaciones por daños y perjuicios -US$8.300 millones en el caso de ConocoPhillips- que nunca se han pagado.
Dado que el actual gobierno venezolano sigue prácticamente intacto, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez como mandataria interina, será muy difícil disipar los temores de una nueva expropiación.
Además, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha declarado que el gobierno de Trump no tiene previsto ofrecer garantías de seguridad a las empresas petroleras en Venezuela, una omisión preocupante en un país donde los grupos paramilitares vinculados al gobierno, conocidos como “colectivos”, suelen actuar como bandas criminales.
Sin mayores incentivos gubernamentales, las empresas petroleras se mostrarán reacias a dar un paso que podría resultar muy costoso. No es de extrañar, pues, que el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, haya calificado a Venezuela de “inviable para la inversión” en su estado actual.
Es revelador que Trump no haya vuelto con una oferta de incentivos para promover la inversión. En cambio, amenazó con bloquear la inversión de ExxonMobil en Venezuela. La política es “todo palo, nada de zanahoria”, afirma De Bolle, del Instituto Peterson usando la expresión en inglés que significa “todo castigo, nada de premio”.
“Y no parece que entiendan que necesitan zanahorias”, añade.
En opinión de De Bolle, el gobierno de Trump tiene una “visión imperialista” de América Latina que la lleva a considerar los recursos de la región como de su propiedad. Para ella, la aversión de las empresas petroleras privadas hacia Venezuela es una barrera bienvenida a ese tipo de apropiación de recursos.
“Es un momento en el que uno piensa: ‘Gracias a Dios que Estados Unidos no tiene una empresa petrolera estatal'”, afirma. “Necesitan al sector privado, pero por el momento, este no se mueve. ¿Y qué empresa en su sano juicio va a invertir dinero en Venezuela?”.
Pero si la producción petrolera de Venezuela acaba aumentando, ¿podría hacer bajar los precios mundiales del petróleo? Los analistas se niegan a pronunciarse.
“Depende de la escala en la que se produzca”, afirma Jackson, de Capital Economics.
“La situación es muy fluida, muy opaca, y hay un gran ángulo geopolítico. Estamos en las primeras etapas en lo que respecta a la producción venezolana”, apunta.
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