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Desde “El Mencho” hasta Beltrán Leyva: ellos son los principales capos del narco abatidos en operativos militares
Desde “El Mencho” hasta Beltrán Leyva: ellos son los principales capos del narco abatidos en operativos militares
(Foto: Cuartoscuro Archivo).
5 minutos de lectura

Desde “El Mencho” hasta Beltrán Leyva: ellos son los principales capos del narco abatidos en operativos militares

Diversos capos del narcotráfico en México se han resistido a su captura, enfrentándose en intensos combates con militares y marinos, lo que ha derivado en un saldo mortal de cabecillas criminales abatidos.
22 de febrero, 2026
Por: Alfredo Maza

En México, el destino de varios líderes del narcotráfico no se escribió en la celda de una prisión, sino en medio de intensos operativos militares que se resistieron a la captura hasta el último aliento. Las muertes de estos cabecillas —algunos de los más buscados del país como es el caso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”— marcaron un cambio de estrategia.

La intención original era la “decapitación” de las organizaciones criminales, un golpe frontal que terminó por reconfigurar el mapa criminal de México, aunque no necesariamente con resultados positivos para la ciudadanía o los índices de violencia del país.

Aquí está la crónica de las caídas más estratégicas y violentas en la guerra del gobierno contra el narcotráfico.

Lee más | Cártel de Jalisco opera en 27 estados del país; hay otros 18 grupos criminales

Desde “El Mencho” hasta Beltrán Leyva: ellos son los principales capos del narco abatidos en operativos militares
(Foto: Cuartoscuro).

La caída de “El Mencho”: Cooperación con EU y armamento de guerra

La mañana de este domingo 22 de febrero de 2026 se dio a conocer una operación registrada en Tapalpa, Jalisco, donde Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, apoyadas por aeronaves de la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, ejecutaron un plan maestro que combinó inteligencia militar central y la ayuda de autoridades de Estados Unidos para la captura de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del temido Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El personal militar fue atacado y, en defensa propia, repelió la agresión. El saldo inicial fue de cuatro miembros del grupo delictivo fallecidos en el lugar y tres heridos de gravedad, incluido “El Mencho”, quien perdió la vida mientras era trasladado vía aérea a la Ciudad de México para recibir atención médica de urgencia.

La magnitud del enfrentamiento quedó grabada no solo en el hecho de que tres elementos militares resultaron heridos, sino en el arsenal asegurado. Entre los vehículos blindados y el armamento incautado, las autoridades encontraron lanzacohetes con capacidad para derribar aeronaves y destruir otros blindados.

Arturo Beltrán Leyva: El sitio de Cuernavaca que reveló la violencia del narco

El 16 de diciembre de 2009, la paz del exclusivo conjunto habitacional Altitude en Cuernavaca, Morelos, se rompió con el estruendo de un asedio militar. Aquel día, el centro de atención fue Arturo Beltrán Leyva, cabecilla del Cártel de los Beltrán Leyva, una escisión del Cártel de Sinaloa.

Cientos de elementos de la Secretaría de Marina (Semar) y el Ejército Mexicano cerraron las vialidades y notificaron a los habitantes—decenas de familias que vivieron uno de los episodios más traumáticos de la guerra contra el narco—que debían refugiarse.

Desde “El Mencho” hasta Beltrán Leyva: ellos son los principales capos del narco abatidos en operativos militares
(Foto: Cuartoscuro Archivo).

Los disparos no tardaron en llegar. En uno de los departamentos, el líder narcotraficante y sus sicarios resistieron hasta el final, intentando protegerlo. Las imágenes de las secuelas mostraron la ferocidad del combate: paredes perforadas, muebles destrozados y el piso lleno de casquillos de grueso calibre. Beltrán Leyva, de 43 años, fue abatido junto a seis presuntos sicarios más.

En el operativo también se aseguraron 40 mil dólares en efectivo y varias armas. La Armada de México confirmó su deceso, aunque un elemento de la Infantería de Marina también perdió la vida en la acción. Su muerte también desató inmediatamente una ola de violencia.

Arturo Beltrán Leyva

Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta”: El enfrentamiento más extenso en Matamoros

El 5 de noviembre de 2010, Matamoros, Tamaulipas, se convirtió en zona de guerra. “Tony Tormenta”, líder del Cártel del Golfo (CDG) y hermano de Osiel Cárdenas Guillén, fue ubicado en la Colonia Centro.

La Marina desplegó un impresionante operativo con 660 elementos de Infantería, tres helicópteros y 17 vehículos para detenerlo. Cuando el personal naval llegó a su ubicación, fueron recibidos con disparos de armas de fuego de grueso calibre y granadas.

Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta”

El enfrentamiento fue de tal magnitud que se extendió por más de tres horas, aunque medios locales reportaron que el conflicto armado duró hasta ocho horas.

Los miembros del CDG intentaron rescatar a Ezequiel Cárdenas. Alrededor de las 17:35 horas, la batalla terminó. “Tony Tormenta” cayó abatido junto a otros cuatro integrantes de su organización.

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(Foto: Cuartoscuro Archivo).

“El Comandante Toro” y el bloqueo de Reynosa

En 2017, la violencia regresó a Tamaulipas, esta vez en Reynosa. Julián Loisa Salinas, conocido como “El Comandante Toro”, líder del Cártel del Golfo en esa plaza, también encontró su final a manos de la Armada.

Durante la madrugada del 22 de abril, elementos de la Marina localizaron a Loisa Salinas. El intento de captura desató una reacción violenta: un grupo de sicarios de la organización bloqueó las vialidades con vehículos incendiados, provocando una serie de persecuciones y balaceras que se extendieron por diversas zonas de la ciudad.

Tras el violento cruce de disparos, “El Comandante Toro” y Francisco “Pancho” Carreón, un integrante de Los Zetas, perdieron la vida, sumándose a la lista de capos que murieron resistiendo su destino en la cárcel.

“El Perris”, la más reciente baja de Los Chapitos

El golpe más reciente a una estructura criminal se produjo el 23 de mayo de 2025, en Barimeto, municipio de Navolato, Sinaloa. El objetivo era Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “El 27” o “El Perris”, un hombre clave identificado como el encargado de la seguridad de la facción de Los Chapitos, parte del Cártel de Sinaloa.

Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “El 27” o “El Perris”

Al igual que en los casos anteriores, su muerte no fue resultado de una captura, sino de una agresión repelida por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional. El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, confirmó el deceso.

Las fotografías difundidas después de la operación mostraron la cruenta intensidad del enfrentamiento, con Figueroa Benítez abatido y manchas de sangre en la habitación, evidencia de la resistencia que opuso.

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crimen organizado
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Imagen BBC
Por qué te incomoda escuchar a alguien que piensa distinto (no es solo ego)
5 minutos de lectura

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.

18 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.

Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.

Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.

El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.

Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.

El cerebro detecta conflicto antes de razonar

Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.

Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.

La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.

Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.

Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.

dibujo a lapiz de un cerebro. tiene algunas líneas de color amarillo, azul y rojo.
Getty Images
Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.

El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.

Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva

Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.

Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.

A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.

En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.

Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.

Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.

El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.

El estrés dificulta escuchar y pensar con calma

Un factor clave en todo este proceso es el estrés.

Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.

En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.

radiografías del cerebro en una tablet. Una mano señala el dispositivo.
Getty Images
Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.

La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.

Escuchar desde la calma se puede entrenar

La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.

El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.

Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.

Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.

Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.

Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.

De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.

Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.

un hombre canoso, sentado en un escritorio y con un computador en frente, se lleva las manos a la cara. Aunque no se le ve el rostro su posición implica que está angustiado.
Getty Images
El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros.

La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.

Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.

En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.

Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.

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