
Las dificultades en la salud sexual y reproductiva de las mujeres migrantes, documentadas por Médicos del Mundo, dieron vida a la exposición La cuerpa que migra bajo la premisa “que la salud no sea frontera”, que refiere a las barreras que enfrentan por lo menos un 60 % de las mujeres en movilidad para acceder a servicios y recibir atenciones por violencia.
Derivado del trabajo que hace la organización, que es ofrecer de manera prioritaria servicios de salud sexual y reproductiva, así como de atención a la violencia basada en género, han podido documentar que más de la mitad de las mujeres que atienden han vivido algún tipo de violencia durante su tránsito; de entre ellas, el 50 % se ha enfrentado a esos hechos a su llegada a México.
Entre 2021 y 2024, la organización registró 19 mil 739 consultas en México y Centroamérica, que reportaron que el 43 % de las personas migrantes no utiliza ningún método anticonceptivo y el 95.5 % de las que están en edad reproductiva no recibieron información sobre métodos de anticoncepción durante su tránsito.
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Alexa Forero, artista que creó la exposición, y Mariana Mancilla, de Médicos del Mundo, explican en entrevista la importancia de atender la salud sexual y reproductiva de las mujeres que migran, pues entre aquellas que gestan, por ejemplo, la mayoría no tiene controles prenatales, el 32 % presenta síntomas depresivos, el 51.3 % anemia y el 87 % inseguridad alimentaria.

Las intervenciones de Médicos del Mundo, que la artista acompañó durante algún tiempo, ocurren principalmente en Tapachula, Chiapas, punto de entrada para miles de migrantes que buscan llegar o atravesar México. Aunque la organización hizo un esfuerzo por sistematizar la estadística, hace énfasis en que ellas no significan números, sino situaciones y contextos que viven las mujeres y niñas que transitan por el continente.
En su labor, la organización detectó la necesidad de hacer un llamado de atención para mejorar el acceso efectivo a los servicios de salud y a la atención a la violencia de género, y así surgió la invitación a Forero para que a partir de la información y el trabajo con un grupo de mujeres en Tapachula, hiciera una propuesta artística que se presenta este viernes 15 de agosto, y permanece sábado y domingo con posibilidad de visitas guiadas. Además, se replicará en Guatemala en septiembre y en El Salvador en octubre.
Entre las atenciones de salud generales de primer nivel que provee Médicos del Mundo, como aquellas dirigidas a personas en movilidad que necesitan hidratación o sufren lesiones, a las mujeres en particular les ofrecen servicios de salud sexual y reproductiva, atendiendo sus dudas sobre el uso de métodos anticonceptivos y ofreciéndoles algunos.
“La mayoría de las mujeres prefieren como método anticonceptivo –explica Mancilla– las inyecciones o los preservativos, por dos razones que nosotras hemos identificado: una, los anticonceptivos de larga duración no son confiables para ellas, o muchas veces una de las razones es que como su tránsito y destino final es reencontrarse con su pareja, ahora no desean embarazarse pero sí en cuanto se encuentren, entonces la posibilidad de retirarse un DIU o un implante puede ser mucho más complicada para ellas en su destino final”.
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En Tapachula también ofrecen atención a casos de violencia de género, a partir de que la dinámica de la movilidad ha cambiado drásticamente y ya no pueden ubicarse en puntos estratégicos por donde pasen las caravanas, como lo hacían antes. Ahora, describe, hay más gente volviendo de Estados Unidos a México que cruzando de Guatemala hacia nuestro país, y muchos incluso lo consideran como su país de destino.
“Les damos algún algún tipo de plática sobre ciertos temas, derechos sexuales y reproductivos, particularmente, y sobre violencia, y en ese punto es donde hemos logrado identificar algunos casos de violencia; a ellas las referimos particularmente y directamente a nuestro consultorio médico para poder conversar, para que puedan recibir apoyo psicológico, o acompañamiento legal en caso de que ellas decidan denunciar”, agrega Mancilla.

Uno de los aspectos que lograron identificar como parte de su investigación es que de las personas que han vivido violencia en México, la mayor parte es por perpetradores mexicanos, ya sea quien les renta o les gestiona trámites migratorios, por lo que muchas incluso se disuaden de denunciar. Un servicio más que ofrecen de manera específica es el acceso a la interrupción del embarazo, cuando las mujeres así lo deciden, seguro y en completa confidencialidad.
Según las observaciones del informe de Médicos del Mundo, en general el contexto de las mujeres en movilidad se caracteriza por los roles de género asociados al ser mujer, incluido el de cuidadoras y la mayor probabilidad de vivir violencias, la falta de documentación, circunstancias económicas y materiales de pobreza, el estigma y discriminación social que perciben por ser migrantes indocumentadas y racializadas, así como experiencias durante su trayecto migratorio o en rutas previas emprendidas.
Casi la mitad reportan la necesidad sentida de atender su salud menstrual, mientras que un tercio la de acceder a métodos anticonceptivos y planificación familiar. Las organizaciones, además, han detectado la importancia del acceso a la interrupción del embarazo para algunas, y para otras, a cuidados prenatales, prevención de cáncer mamario y cervicouterino, y diagnósticos por síntomas de infección genital o vías urinarias. Un tercio también expresó requerir servicios de prevención, diagnóstico o atención de infecciones de transmisión sexual.
Ante esta realidad, Alexa Forero, artista migrante colombiana que tiene 10 años viviendo en México y conociendo las peripecias de llegar a un lugar nuevo y enfrentarse a un sistema de salud y otras barreras –aunque no hizo el tránsito igual que ellas, aclara–, considera vital hablar desde el arte de un tema urgente e importante que cambia la vida de las personas.
“El arte tiene la capacidad de sensibilizar y de poner sobre la mesa temas que son urgentes y tangenciales, para poder llegar a un público más amplio… La cuerpa que migra comienza como una idea de una obra digital cuando me encuentro con el informe y toda la información que había reunido Médicos del Mundo; para mí ha sido muy importante dar el espacio a la voz de las personas”, apunta.
Su trabajo siempre ha tenido que ver con la defensa de derechos humanos y género, y está en contra –sostiene– de decir “soy la voz” o “represento a los que no tienen voz”, pues su propia experiencia le ha mostrado que todas las personas tienen una voz y están en la necesidad continúa de contar sus experiencias, exigir sus derechos, e incluso gritar o pelear; lo que no tienen es la misma plataforma que poseen los artistas, los medios y otros espacios.
Ser esa plataforma para compartir las historias de las mujeres –con quienes tuvo encuentros horizontales directamente en Tapachula, porque está en contra de las prácticas artísticas extractivistas y colonialistas– es el primer pilar de su obra. A partir de ahí propició un espacio donde pudieran reconocerse, hablar en confianza y seguridad, porque esas conversaciones también pueden abrir puertas dolorosas.
“Traigo a La cuerpa que migra todos estos testimonios que me contaron, y empiezo a hilar una narrativa a partir del informe que creo que es vital que llegue a las personas, porque tiene de por sí datos que son fuertes y sensibilizadores… Para mí era importante, por un lado, tomar todos estos datos, que muestran la urgencia de ‘tomemos decisiones, movilicemos, hagamos algo’, pero por otro lado, detrás de esos datos hay mujeres y tienen cada una su historia con sus particularidades”, explica.

La obra, además, explora la interactividad para que las personas usuarias puedan ser parte de ella y descubrir la información, sin ser solo contemplativa. Así, está compuesta por una animación, un sitio de internet que es interactivo con varias actividades y una serie de carteles que las personas podrán manipular. Por otro lado, trabajó a partir de la metáfora del cuerpo.
“Este paralelo con las personas migrantes que están fuera de su territorio, llegan y no están aún en su territorio, entonces qué les queda: el cuerpo, el cuerpo como primer y único territorio realmente propio que posee la mujer migrante, y a través de esa metáfora de nuestro territorio, visto como tierra fértil que se transita y todo, fui tejiendo las piezas gráficas y hablando de ciertos temas que son complejos”, cuenta Forero.
A partir de preguntarse de qué manera el tránsito de la migración ha atravesado su propio territorio, que es su cuerpo, empezaron a descubrir juntas las experiencias de cómo se encuerpa el tránsito, cómo se encuerpa la migración, y acceder a toda esa información a través de sus experiencias corporales. Eso es lo que podrá verse en la muestra, una intersección entre la investigación y los testimonios.
Como reflexión propia, Forero quiere transmitir a quienes nunca piensan en ello que cuando las personas deciden migrar, la mayoría lo hace por supervivencia, por la necesidad de salir para vivir mejor, pero se encuentran con un camino hostil y la llegada a un territorio que les pone un montón de barreras –desde algo tan básico como con qué ejercer su cuidado menstrual– que pueden devenir en violencias. En el momento crudo que vive el mundo para el tema migrante, valora esencial que tomadores de decisiones y sociedad pongan el tema sobre la mesa.
Para Médicos del Mundo, agrega Mancilla, es importante subrayar que el acceso a la salud y a la justicia reproductiva no debería ser un privilegio, sino un derecho para todas las personas, y que debe pensarse como un acceso universal, en lugar de significar una frontera más para poder tener seguridad y estabilidad en los proyectos de vida. Debería ser un derecho para todas las personas, sin importar la edad o la condición, ni la nacionalidad.


Mientras Cuba se prepara para un temido escenario de “cero combustible” por las presiones de Trump, los cubanos tiran de solidaridad, inventiva y previsión.
Elizabeth Contreras* remueve el carbón en la cocina que improvisó sobre bloques de cemento en el patio de su casa.
En la parrilla hay unas piezas de pollo que alimentarán a tres familias del barrio en un municipio periférico del suroeste de La Habana.
“Mucha gente lleva días cocinando así porque la olla eléctrica apenas puede usarse sin corriente y queda poco gas”, le cuenta a BBC Mundo.
“Nos ayudamos entre vecinos en esta incertidumbre”, añade esta pensionista de 68 años.
Cuba sufre una crisis energética y de escasez de combustible que se agravó desde mediados de 2024 y que en este 2026 se acerca a un abismo impredecible.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en una alocución el pasado 5 de febrero que precedió al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump en EE.UU. desplegó varias medidas que dificultan el acceso a combustible de la isla, como la amenaza de imposición de aranceles a los países que envíen petróleo.
Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.
Esto se une a problemas crónicos para generar electricidad por deficiencias productivas, plantas termoeléctricas obsoletas y falta de divisas para acceder a combustibles en el mercado internacional.
Son situaciones que el gobierno de La Habana atribuye al embargo económico estadounidense impuesto sobre Cuba desde los años 60, cuando triunfó la revolución socialista de Fidel Castro y se nacionalizaron industrias y negocios estadounidenses.
Lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla.
En los 90, Cuba dependía mayoritariamente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), su principal aliado político y comercial.
Tras derrumbarse la URSS, los cubanos sufrieron una grave crisis conocida como el Periodo Especial que para muchos, incluida Contreras, nunca llegó a superarse del todo, sino que se pasó “por mejores y peores momentos”.
“Pero lo de ahora me parece más grave”, opina.
Con el colapso del comercio entre Moscú y La Habana a comienzos de los 90, los cubanos se vieron forzados a un racionamiento extremo de recursos y alimentos.
Como ahora, cocinaron con carbón, sufrieron problemas de transporte y convivieron con largas horas de apagones.
Contreras recuerda que, “parecido a hace tres décadas, hemos sufrido cortes de electricidad de hasta 18 horas en más de una ocasión en las últimas semanas”.
El plan anunciado por el gobierno cubano para ahorrar incluye racionar la venta de combustible, utilizándolo para actividades económicas imprescindibles y servicios esenciales, además de priorizar el teletrabajo e implementar clases semipresenciales en universidades.
Díaz-Canel rescató en su discurso el concepto de “opción cero”, un plan de supervivencia planteado en los 90 ante un escenario de “cero petróleo”.
Michael Bustamante, profesor asociado de estudios cubano-estadounidenses de la Universidad de Miami, aclara que, en términos comparativos, el PIB de Cuba hoy es menos débil que en los 90.
“Entre el 91 y el 94, el PIB se desplomó más de un tercio. Desde la pandemia para acá, el deterioro se calcula en un 11%. No existe la misma magnitud”, dice el académico.
Sin embargo, Bustamante comprende que muchos crean que la crisis actual es más grave.
“La economía cubana nunca se recuperó del todo tras el Periodo Especial y, aunque el colapso de ahora es menor en porcentaje, se siente peor para muchos porque se parte de una situación ya de por sí delicada”, añade el experto.
Bustamante observó en su último viaje a Cuba en 2023 que los cubanos sienten que en los 90 la crisis fue igual para todos, pero que hoy se notan disparidades.
“Tras la aparición de tiendas privadas, bien surtidas, quienes tienen dinero pueden conseguir cosas. Uno pensaría que eso aliviaría la crisis para algunos, pero tengo la sensación de que hay una desigualdad rampante que poco tiene que ver con lo vivido en los 90”, argumenta.
Dos testimonios obtenidos por BBC Mundo relatan que, en medio de la crisis, todavía notan cierta normalidad en las calles.
“Veo Cuba como hace unas semanas. No hay fogatas en cada calle y vimos bastante gente fuera, haciendo fila en cajeros y mucho tráfico. Todavía no he visto ‘la época de las cavernas’ que pintan muchos”, cuentan dos mujeres en mensajes de voz.
Lo cierto es que, ya sea por costumbre o inventiva, a muchos esta situación les agarra prevenidos.
Una usuaria cubana en TikTok, @darlinmedina93, ha explicado en su cuenta cómo cocinar con leña o lavar ropa en ríos.
“Sé que me vas a decir que la cocina en leña es muy rica (…) pero no es fácil, mi amor, que tengas que batirte todos los días a cocinar con carbón, leña, que tu casa se te llene de tizne y que te ahogues del humo”, narra la usuaria en uno de sus videos.
Jennifer Pedraza*, trabajadora y estudiante de 34 años, reúne “bombillos, ventiladores y lámparas recargables, además de cargadores portátiles”.
“También acumulo agua, que está fallando”, le dice a BBC Mundo.
Pedraza y Contreras sí notan una disminución del tráfico en los últimos días.
Imágenes de agencias de noticias mostraron importantes avenidas vacías este domingo, como la del Malecón habanero, que habitualmente es una de las más transitadas de la capital.
“Solo rezo por no enfermarme porque me da pavor pensar cómo podré moverme”, dice Contreras.
Es algo que no le afecta tanto a Pedraza porque vive cerca de su trabajo, pero recientemente “dejó de hacer un examen en la universidad” porque estudia lejos y “no había cómo llegar”.
Su principal preocupación es su hijo de 9 años: “En la escuela casi nunca hay corriente y, cuando sale, debe hacer repasos y tareas a oscuras porque cuando llega a casa tampoco hay electricidad”.
“Tampoco puede ver dibujos animados o películas, ni usar mucho el teléfono cuando no hay luz o internet. Es complicado para un niño estar todo el tiempo a oscuras”, cuenta.
La situación, si bien grave, no es crítica para todos los ciudadanos con los que contactó BBC Mundo. Varios de ellos cuentan con familiares en el exterior que envían remesas, alimentos y recursos, o tienen un empleo por cuenta propia.
Pero quienes no tienen estas vías se apañan con un salario medio de 6.830 pesos cubanos al mes (US$14 al cambio en el mercado informal), según cifras de noviembre de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba.
Una botella de aceite cuesta alrededor de US$2,5 y una caja con 30 huevos casi US$6, según Pedraza. Ahí se va más de la mitad del ingreso oficial.
Tras la captura de Maduro, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, quien es de origen cubano, comenzaron a presionar al gobierno de la isla.
No está claro si, como en Venezuela, buscan forzar un cambio de liderazgo tras más de 60 años de un sistema sociocomunista de partido único.
Antes de las presiones petroleras, ya Trump había incluido de nuevo a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y revertido muchas de las medidas aperturistas tomadas por Washington en 2015, a fines de la segunda presidencia de Barack Obama.
Díaz-Canel aseguró en su discurso del 5 de febrero que “Cuba está dispuesta a un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema”, aunque “sin presiones”.
La historia dice que las medidas de EE.UU. contra la isla han servido poco para acercar posturas.
“La asfixia económica de EE.UU. hacia Cuba nunca ha funcionado. Empobrece a la población y la afecta mucho más que al gobierno. No ha servido para que se negocie la gestión económica y política de la sociedad cubana”, recuerda Bustamante.
El profesor cree posible que esa historia de presión que no llega a ninguna parte se repita, aunque piensa que EE.UU. tiene hoy más cartas sobre la mesa.
“La pregunta es si Washington forzará una crisis humanitaria que provoque un estallido social y justifique una intervención militar o si el gobierno cubano cederá o apostará a aguantar hasta las elecciones de medio término y que Trump pierda capital político”, analiza Bustamante.
Son teorías que resuenan en la población cubana.
“Hay quien comenta si aquí puede suceder lo de Venezuela, aunque a nadie le gusta escuchar sobre balas y bombas”, comenta Contreras.
La sensación de que “algo va a pasar” es compartida entre cubanos de dentro y fuera de la isla, pero es difícil de predecir que será ese “algo” tras décadas de impasse político entre Washington y La Habana.
*Los nombres reales de los testimonios fueron omitidos por protección de fuentes.