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Egresados de las Universidades del Bienestar reportan rezago de hasta tres años en titulación
Egresados de las Universidades del Bienestar reportan rezago de hasta tres años en titulación
Imagen: Andrea Paredes
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Egresados de las Universidades del Bienestar reportan rezago de hasta tres años en titulación

El proyecto emblema de educación superior del sexenio pasado dejó a decenas de egresados sin título ni cédula. Algunos llevan hasta tres años esperando documentos que no existen en los registros oficiales y que hoy les impiden trabajar, estudiar o ejercer su profesión.
14 de enero, 2026
Por: Dalila Sarabia
@Dalila_Sarabia 

Creadas en 2019 por el expresidente Andrés Manuel López Obrador para que las personas jóvenes tuvieran una opción gratuita para continuar con sus estudios, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ) han dejado a la deriva a decenas de egresados en todo el país que, en algunos casos, suman hasta tres años esperando que les entreguen los títulos y cédulas profesionales que avalen su preparación académica.

También hay estudiantes que, aunque ya tienen sus títulos, se les han cerrado puertas al aplicar a distintas vacantes laborales, incluso en dependencias del gobierno federal, pues el documento no está dado de alta en el Registro Nacional de Profesionistas y carece de validez oficial.

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Raquel Sosa Elízaga, titular de las Universidades del Bienestar. Foto: Cuartoscuro

“El panorama está muy alejado de lo que dice la doctora Raquel Sosa, titular de las Universidades del Bienestar”, dijo Laura Pérez, egresada de la Licenciatura en Patrimonio Histórico, Cultural y Natural en Papantla, Veracruz, refiriéndose a la funcionaria ha negado los rezagos y afirma que las universidades tienen la capacidad de proporcionar alternativas a quienes han sido excluidos de la educación superior en México.

“Nos dio un título que es meramente simbólico (…) porque si tú te buscas en el Registro Nacional de Profesionistas —yo me he buscado— no aparece nuestro registro”, denunció la egresada, quien recibió su título el 12 de septiembre de 2024.

A petición de este medio, Laura ingresó al sistema el viernes 9 de enero pasado a fin de verificar su estatus y confirmó que no hay ningún registro del título que recibió hace 16 meses.

Mismo caso es el de Francisco Castillo, egresado de la Licenciatura de Derecho en la sede Cuauhtémoc de la CDMX, quien pidió ser identificado así, aunque no es su nombre real, por temor a represalias. Él recibió el documento físico en junio de 2024, pero nunca se encontró en los registros oficiales, por lo que acudió directamente a la Dirección General de Profesiones a preguntar qué sucedía.

“Fui a la Dirección General de Profesiones que está aquí en la Avenida Revolución y me llevé el título (…) se los enseñé y me dijeron ‘no te sirve de nada, tu título tiene que estar registrado ante esta dirección’”, compartió.

De acuerdo con el Primer Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, al cierre de 2025 había 10 mil 871 estudiantes egresados y 7 mil 108 titulados. Sin embargo, de acuerdo con los testimonios recabados, en decenas de casos el rezago en la entrega de los títulos persiste, impidiendo que puedan aspirar a un mejor empleo o continuar con su preparación académica.

“Yo he perdido oportunidades de trabajo. He perdido oportunidades de seguir estudiando porque los títulos que están dando son un cartón, un cartón que no sirve para nada (…) honestamente es un fraude, es un engaño”, reclamó Francisco.

Según su testimonio, en busca de apoyo ha ido directamente a Palacio Nacional, al área de atención ciudadana; a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CHDH), donde inició una queja; e incluso a la Secretaría Anticorrupción, pero nadie le ha dado respuesta ni solución.

Animal Político buscó a la titular de las UBBJ, Raquel Sosa Elízaga, para consultarla sobre estas denuncias. Sin embargo, hasta la publicación de este texto no hubo respuesta ni en su celular ni en el número de las oficinas de la sede central en Pátzcuaro, Michoacán.

A la fecha, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez imparten 37 carreras y tienen presencia en todos los estados del país, con excepción de Baja California Sur.

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Fotos: Cortesía

Del área de la salud, por ejemplo, se puede estudiar Medicina Integral y Salud Comunitaria, así como Enfermería y Obstetricia; en la rama de Energía se imparte Ingeniería Civil, Ingeniería Electromecánica, Ingeniería en Energías Renovables e Ingeniería Química en Desarrollo de la Industria Petrolera. En el campo de los procesos agroalimentarios se puede estudiar Ingeniería en Procesos Agroalimentarios, Ingeniería Agroforestal, Desarrollo Regional Sustentable e Ingeniería en Gestión Integrada del Agua.

En ciencias sociales se ofrece Derecho, Contabilidad y Administración Pública, Estudios Sociales, Patrimonio Histórico, Industria de Viajes y Turismo y Formación Docente en Educación Básica. Además de Ingeniería Industrial, Ingeniería en Minas y Restauración Ambiental, entre otras.

Hasta 2025 estas universidades habían atendido a 85 mil estudiantes en 202 sedes educativas, con capacidad para albergar a 247 mil alumnos, según se reportó en el primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, pero cursar la carrera no siempre es garantía de que el proceso administrativo subsecuente marche correctamente.

Alfredo Hilerio Girón, por ejemplo, cursó la licenciatura en Estudios Sociales, en la sede de Escuintla, Chiapas. Después de enfrentar una serie de obstáculos burocráticos al momento de realizar su servicio social, egresó hace poco más de año y medio, y aún no ha recibido ni su título ni su cédula profesional, a pesar de haber entregado todos los documentos requeridos.

En entrevista, el joven compartió que su sueño es continuar estudiando y hacer una maestría, y aunque él y sus compañeros, que se encuentran en la misma situación, han mandado un sinnúmero de correos a la titular de las Universidades para el Bienestar, no han tenido ninguna respuesta.

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“Nosotros no nos titulamos por tesis y eso es un grave problema para hacer una maestría porque te piden a fuerza un escrito que valide que tienes la calidad para seguir estudiando. Nosotros buscamos fuentes externas y ya logramos hacer dos publicaciones (…) y ya tengo un paso para seguir con la maestría. Ahorita acabo de terminar el primer nivel de inglés que también me lo piden. O sea, sí estoy buscándole, pero lo que me sigue retrasando es el título”, explicó.

De acuerdo con el artículo 32 del Reglamento Escolar de las UBBJ vigente, se entregará el título y grado profesional a aquellos alumnos que hayan cubierto la totalidad de los créditos correspondientes a las asignaturas del plan de estudios, que hayan cumplido con los servicios sociales y profesionales, entregado cartas de liberación de servicio social o profesional y un breve informe sobre las actividades realizadas en el mismo, es decir, no es un requisito hacer una tesis o tesina para obtener el grado.

Al hacer un balance de la situación, Alfredo subraya que él confió en el proyecto, pero ahora cuando le preguntan si recomienda estudiar en estas universidades, aconseja que busquen otra opción.

“Nos quitan la ilusión porque siguen abriendo escuelas, como si fueran a poner una dulcería, ¿no?, y no atienden las universidades que ya tienen porque hay falta de maestros, hay personas no preparadas en los cargos… pues sí nos quitan la ilusión”, abundó.

Durante el 2025, de acuerdo con el oficio OCUBBJG/DG/146/2025, firmado por Raquel Sosa, se recibieron 75 solicitudes para abrir igual número de planteles nuevos en la República Mexicana, de las cuales 20 fueron avaladas para que se construyan y se sumen a las 202 que ya están en operación.

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Gráfico: Fernando Estrada

Egresados no pueden ejercer sus carreras

Esmeralda, quien cursó la licenciatura de veterinaria en Ayala, Morelos, cuenta que se inscribió en estas universidades para poder ayudar a su comunidad. Y aunque concluyó satisfactoriamente sus estudios en 2023, no ha recibido ni el título ni la cédula que le permitan ejercer su profesión y aspirar a un mejor empleo.

“Aún no me entregan nada y ya fui a preguntar a la sede, que qué onda, o sea, si nos lo van a entregar… y primero nos habían dicho que sí, que en septiembre y ya cuando se estaba acercando septiembre nos dijeron que ya no, que no iba a venir la coordinadora Raquel Sosa y que se cancelaba”, explicó la joven que cada ocasión que va a la universidad a preguntar por sus documentos hace dos horas de camino.

“Me hago dos horas de mi casa hasta la universidad y tengo que gastar pasajes, perder el día, o sea, para ir y que me den una solución, pero no nos dan nada (…) a la primera generación solo fueron algunos los títulos que entregaron y también de mi generación (la segunda) otros. No sé si escogieron al azar porque yo entregué mi documentación en tiempo y forma, y pues nada más escogieron a algunos compañeros. Muchos de nosotros nos quedamos fuera, ni siquiera nos dieron una explicación, nada”, reclamó.

En entrevista, Esmeralda contó que su paso por la Universidad para el Bienestar Benito Juárez fue bueno. Cada maestro le enseñó con su estilo, pero al final aprendió y eso la animó para que al concluir sus estudios pusiera una clínica veterinaria o diera consultas a domicilio, pues la comunidad en la que vive es rural y hay muchos animalitos que requieren atención.

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Sin embargo, su sueño se esfumó porque la falta del título y cédula le impiden ejercer y ahora debe conformarse con ser auxiliar en una clínica veterinaria.

“Muchas personas me dicen ‘oye, ve a darme una consulta… es que tengo así mi marranito o es que mi perrito…’, entonces yo les decía, ‘oigan, pues es que no puedo, todavía no tengo cédula, no tengo título, no puedo dar una consulta’”, compartió. “Me limita muchísimo hasta la fecha, o sea, no lo hago por cuestiones legales (porque) si llego a indicar algún tratamiento me puedo meter en problemas”.

Los testimonios recabados por Animal Político contrastan con lo dicho el 3 de diciembre por la presidenta Claudia Sheinbaum quien, si bien admitió que había retraso en la entrega de títulos, acotó la problemática a solo dos sedes de la CDMX.

Esto, a pesar de las constantes denuncias en redes sociales que hacen los egresados e incluso movilizaciones que han llegado al Palacio Nacional y a la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Este medio habló con egresados de Veracruz, Morelos, Zacatecas, Chiapas, Estado de México y CDMX, por ejemplo. En todos los casos las quejas se repiten: años sin recibir sus títulos y cédulas.

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Andrés Manuel López Obrador y Raquel Sosa. Foto: Cuartoscuro

“López Obrador sabía que no nos daban títulos”

En busca de apoyo, la egresada Hezael Martínez, quien concluyó la carrera de Ingeniería y Administración de la Industria Energética en 2022 en la sede de Minatitlán, Veracruz, se apersonó en un evento conjunto que tuvieron el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum durante el periodo de transición entre sus gobiernos.

“(AMLO) venía con Claudia en una Suburban y que me echo a correr cuando dijeron ‘ahí viene, ahí viene’, porque yo llevaba mi cartulina de ‘Títulos UBBJ a la brevedad’”, recuerda Hezael.

Aunque el equipo de logística le pidió que bajara su pancarta, se las arregló para entregar un oficio en el que explicaba toda la problemática y pedía la intervención del presidente López Obrador.

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“Corrí y pues que se lo doy (el oficio) en su mano (a AMLO) y Claudia escuchó (…) le dije, ‘soy orgullosamente egresada de la UBBJ aquí en Minatitlán, pero a la fecha no nos han dado los títulos’ y él me dijo ‘no, ¿cómo crees? Ya lo hablamos con Raquel, no es posible, yo no sabía, no sé qué…’ Y es cuando me pidieron bajarme de la camioneta porque yo fui y me trepé”, detalló la egresada, quien lamenta que aunque en aquella ocasión en Minatitlán, en agosto de 2024, hasta le tomaron sus datos para buscar una solución, no ha sucedido nada.

A más de tres años de haber terminado su carrera, Hazael continúa desempleada y sin saber qué más hacer para remediar su situación. Ha enviado correos a la universidad donde estudió, a la sede general en Pátzcuaro, Michoacán, a la Presidencia y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. La única certeza que tiene es que, sin un título universitario, las puertas de los empleos a los que aplica se le seguirán cerrando, como hasta ahora.

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Imagen BBC
“Sentí que había muerto”: sobrevivientes relatan lo que vivieron durante el bombardeo de EU al Bloque 12 en Venezuela
6 minutos de lectura

Sobrevivientes al ataque de EU en Venezuela que condujo a la captura de Nicolás Maduro cuentan sus testimonios. Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.

10 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Eran las 2:00 de la mañana cuando un proyectil cayó en su departamento. “La onda explosiva me tiró contra la pared”, recuerda Wilman González.

Tirado en el suelo, abrió los brazos mirando al cielo y se despidió: “Dios, perdona todos mis pecados”.

En ese instante, recuerda, “sentí que había muerto”. Momentos después se dio cuenta que tenía enterrada en su cara una astilla de madera que se había desprendido de la puerta.

“Como pude me la saqué y fui a atender a mis hermanos que estaban aturdidos por el impacto”, cuenta a BBC Mundo el electricista de 54 años.

Aún con el pómulo derecho morado, apenas puede creer lo que le pasó a él y su familia este 3 de enero, cuando las fuerzas militares estadounidenses atacaron Venezuela y capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Wilman vivía en el Bloque 12, un antiguo edificio ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera de Caracas.

Habitado principalmente por personas de edad avanzada en un barrio popular, el Bloque 12, o lo que queda de él, es ahora un símbolo de uno de los mayores acontecimientos ocurridos en la historia reciente de Venezuela: el bombardeo de Estados Unidos ordenado por el presidente Donald Trump.

Y es uno de los edificios civiles afectados en un ataque que principalmente tuvo como objetivo instalaciones militares y de comunicaciones.

Mientras Maduro permanece detenido en una cárcel de Nueva York acusado por cargos relacionados con narcoterrorismo, la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, es quien asumió esta semana las riendas del país bajo la tutela de EU.

Según el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, la operación causó la muerte de unas 100 personas, incluyendo civiles y militares.

Bloque 12, edificio parcialmente destruído por un misil estadounidense en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
BBC
Bloque 12, el edificio donde murió Rosa González por el impacto de un misil estadounidense.

Wilman es uno de los sobrevivientes, pero su tía Rosa, de 79 años, que dormía en la habitación del lado, no tuvo la misma suerte.

“Ella empezó a gritar: ‘Ay, me duele, me duele el brazo’ (…). Había una lavadora encima de ella. Una lavadora que con el impacto voló y le cayó encima”, cuenta su sobrino que, con dificultad, logró sacarla y sentarla en una silla.

Fue en ese momento cuando la mujer le dijo que no podía respirar.

Desesperados, los familiares llevaron a Rosa González a un hospital donde recibió atención médica de urgencia. Pero pese a todos los esfuerzos, fue demasiado tarde.

Wilman González frente a su departamento destruido.
BBC
“Mira cómo quedó… no es justo”, reclama Wilman González frente a los escombros de su departamento.

Con el ataúd semi abierto para decirle adiós, dos días después del bombardeo, familiares y amigos velaron a Rosa en una pequeña capilla de paredes blancas frente a una estatua de Jesucristo en la cruz.

Wilman, que por ahora está viviendo en la casa de un cuñado, se para frente al que alguna vez fue su hogar y mira los escombros sin explicarse lo que pasó. “Mira cómo quedó… No es justo, no es justa esta vaina”, dice profundamente molesto, mientras señala los restos del Bloque 12.

“La parte más grande del proyectil quedó en el cuarto de mi tía”.

Los restos del misil estadounidense, cuenta, se los llevó el gobierno. Pero el trauma de la experiencia se queda. “Estamos asustados, nosotros nunca hemos estado en una guerra”, cuenta desconsolado.

“Señores, ¡no a la guerra, no a la guerra!. La guerra no hace falta, lo que hace falta es comer, vivir”, grita con rabia frente al edificio. Lo único que hay frente a sus ojos son paredes demolidas, vidrios quebrados, trozos de objetos personales, y los restos de una vida que nunca volverá a ser como antes.

Velatorio de Rosa González.
AFP via Getty Images
Rosa González murió por el impacto de un misil estadounidense en su casa.

Su vecino, Jorge Cardona, de 70 años, estaba en la sala de su departamento cuando cayó el misil.

De repente, sintió un ruido y luego vino el impacto. “Escuché la explosión y la llamarada de candela y todo voló”.

Quedó tirado en un pasillo. “La pared del vecino se vino para mi casa y se llevó muebles, se llevó todo”. Cuando logró reaccionar, comenzó a sacudirse el polvo y los escombros que habían caído sobre su cuerpo. Rápidamente se puso un pantalón y unos zapatos, y fue a hablar con los vecinos.

“Yo pensé que nos estaban atacando, pero nunca pensé que me iban a atacar a mí”. El proyectil, cuenta, “pegó en la platabanda (techo) de arriba, en el pasillo, y pasó por la ventana del baño de los vecinos”.

“Estamos vivos de milagro”, le dice a BBC Mundo. “Fue algo que se vive una sola vez en la vida y se ve nada más en las películas de Hollywood, donde el muchacho se salva”.

¡Al suelo, tírate al suelo!

Jesús Linares, de 48 años, estaba durmiendo cuando un zumbido fuerte lo despertó. Lo primero que se le vino a la cabeza es que podía tratarse de un fuego artificial de las celebraciones de fin de año.

Jesús Linares.
BBC
“La onda expansiva me arroja al piso y siento que algo me golpea la cabeza”, recuerda Jesús Linares.

Pero cuando llega el impacto, su hija de 16 años, que estaba durmiendo en la misma habitación, le preguntó: “¿Papá qué pasa?”. Él le contestó: “Hija, nos están invadiendo”.

En ese momento la sacó de la cama y mientras iba camino al cuarto de su madre, sintió un nuevo zumbido. Era el misil que impactó el edificio, destruyendo la entrada principal de su casa.

“La onda expansiva me arrojó al piso y sentí que algo me golpeaba la cabeza. Cuando me levanté le grité a mi hija: ‘¡Al suelo, tírate al suelo!'”.

Descalzo, pasó por encima de unos vidrios para buscar zapatos y alcanzó a empacar alguna ropa para él, su hija, y su madre, de 85 años. Luego entró al departamento de su vecina y la encontró tirada en el suelo, totalmente desorientada y con heridas en el cuerpo.

Coronel de bomberos, con 28 años de servicio en la institución, Jesús se dio cuenta que la mujer requería ayuda inmediata. Con una sábana improvisó un vendaje en la cabeza y otro en la pierna para detener la hemorragia.

Su madre y su hija, afortunadamente, solo quedaron con traumatismos leves.

Recordando lo que pasó esa noche, llega a la conclusión de que automáticamente había aplicado el protocolo que se utiliza en caso de un terremoto. Eso le permitió rescatar con vida a su vecina y ponerse a resguardo junto a sus parientes.

Bloque 12, ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
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Al menos ocho departamentos quedaron destruidos por el misil.

Ahora está colaborando en las tareas de reconstrucción del Bloque 12 y permanece alojado en la casa de un familiar junto a su hija y su madre, con la expectativa de volver a su hogar.

Y aunque Jesús está acostumbrado a lidiar con situaciones difíciles, la caída del misil en su edificio le ha dejado algunas secuelas.

Desde el ataque, Jesús se levanta todos los días a eso de las 2:00 de madrugada, la hora en que el proyectil impactó en su vivienda.

A esa hora, “retrocede la película”, y recuerda lo que vivió el día en que Estados Unidos atacó Venezuela e impactó al Bloque 12.

Bloque 12, ubicado muy cerca de una importante base militar de Venezuela, la Academia de la Armada Bolivariana, en la ciudad costera Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 35 kilómetros por carretera desde Caracas.
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Los habitantes afectados esperan regresar a sus departamentos tras las tareas de reconstrucción.
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