
¿Meterte en el ombligo un pedazo de alcanfor para adelgazar? ¡Amix, por favor, no lo creas! En Facebook y TikTok circula un video de un médico que supuestamente recomienda tapar el ombligo con una bolita marrón adentro para así bajar de peso. Pero se trata de desinformación.
El video está manipulado. El médico que aparece en este, Richard J Brown, no dio esa recomendación, sino que editaron uno de sus videos de TikTok para hacerte creer que recomienda tal cosa.
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Y por si tenías la duda, déjame contarte que no hay evidencias científicas de que tapar el ombligo ayude a bajar de peso.
El video tiene ya 31 millones de reproducciones en Facebook, y ocasiona que los usuarios pidan más información y quieran comprar la cinta con la que se cubre el ombligo.
Utilizamos la herramienta de búsqueda inversa de Google Imágenes y encontramos que el médico que aparece en el video es Richard J Brow, un cirujano en Estados Unidos y cuya cuenta en TikTok @therealtiktokdoc tiene más de 7.7 millones de seguidores.
Revisamos su cuenta, y encontramos que no hay evidencia de que publicara algún video donde recomiende tal cosa como una cinta para tapar el ombligo.
En realidad, en su cuenta Brown analiza y opina sobre los videos de otros médicos que suben contenido a TikTok.
Lo que hicieron fue manipular uno de sus videos —el cual ya fue bajado de su perfil—, para hacer creer que anda recomendado cosas muy raras para, supuestamente, perder peso.
Esta no es la primera vez que utilizan la imagen de Brown.
El Sabueso encontró que manipularon el mismo video para hacer creer que recomendaba tomar café con limón para adelgazar.
En ambas manipulaciones del video original lo que hacen es utilizar la imagen del médico, para que recomiende productos que se conocen como “milagro“, pues no tienen pruebas científicas de que funcionen e incluso pueden ser perjudiciales para la salud.
Además, encontramos que todas las cuentas de TikTok y Facebook que comparten los videos, colocan el mismo link de compra del supuesto producto que recomienda. ¡Así que no caigas, plis!
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Hasta el momento no hay evidencia científica de que colocar un fruto de alcanfor en el ombligo y luego detenerlo con una cinta ayude a bajar de peso.
En una búsqueda de publicaciones académicas no se encontró alguna aprobación de uso que sea similar para bajar de peso.
El alcanfor proviene de un árbol que surgió en Asia y su nombre científico es cinnamomum camphora.
De acuerdo con la Librería Nacional de los Estados Unidos, el alcanfor tiene propiedades para aliviar la congestión en el pecho y las condiciones inflamatorias; también puede funcionar como fungicida.
Sobre lo que sí hay estudios, publicados en la librería entre 2015 y 2016, es sobre las propiedades del alcanfor en aceite, pero fueron realizados en ratas obesas para evaluar su reducción de grasa corporal. Así que, por favor, no te pongas nada en el ombligo que todavía falta mucho por saber.
En conclusión, el video de un doctor que supuestamente recomienda colocar un fruto de alcanfor en el ombligo fue manipulado. Además, no hay evidencia científica de que esa bebida ayude a bajar de peso.

La antigua civilización romana creó un calendario que sirvió de base para identificar los meses del año que tenemos hoy. Aunque a lo largo de miles de años, hubo varios cambios.
La llegada del nuevo año es una de las celebraciones que comparte todo el mundo… o al menos lo hacen los países que siguen el calendario gregoriano, vigente desde hace siglos.
Pero que sea enero el primer mes del año no es algo que siempre fue así. De hecho hubo un tiempo en el que marzo era el mes que marcaba el cambio de año.
Y es que el calendario que usamos hoy en día ha tenido varias reformas y ajustes a a lo largo de miles de años, desde su origen en la antigua civilización romana.
Desde su primera creación, atribuida a Rómulo, el mítico fundador de Roma junto a su hermano Remo, los romanos le dieron el nombre a cada uno de los 10 meses de su primer calendario. Y luego le añadieron dos meses más, enero y febrero.
Como en otras culturas, la sincronización con el año solar era el objetivo. Y aunque luego hubo que ajustar el desfase de los días, los nombres de los meses quedaron fijados así hasta nuestros días.
Aunque si miramos al pasado, su orden ha perdido su lógica inicial.
Siguiendo el calendario primitivo, bajo el mando del rey romano Numa Pompilio (753-674 a. C.) fueron añadidos los meses de enero y febrero al final del calendario de 10 meses, con el objetivo de ajustar el conteo del tiempo al año solar.
Así que este mes originalmente era el penúltimo hasta el cambio de posición bajo el calendario juliano, impuesto por Julio César.
En latín era llamado Ianuarius y su nombre procedía de Jano, el dios romano de los inicios o las puertas. Esta deidad era también considerado un dios de los finales, por lo que era representado con dos caras, mirando al pasado y al futuro, respectivamente.
A diferencia de enero, Februarius no recibió el nombre de un dios, sino que hacía referencia a la festividad romana de la Februa.
Esta fiesta se celebraba como ritual de purificación o expiación, ya que februare en latín significa “purificar”. Se realizaba al final del año romano, por lo que este mes era también el último.
En el calendario primigenio romano, marzo era el inicio del año y fue llamado Martius, en honor a Marte, el dios de la guerra.
Para los romanos, el inicio del año no era a mitad del invierno boreal, como en la actualidad, sino en la época de primavera.
Era el momento adecuado de reactivar la agricultura y las campañas militares.
De hecho, iniciar el año con la primavera es algo que se usó durante mucho tiempo en diversas culturas. Reino Unido, por ejemplo, celebraba este mes el año nuevo hasta la adopción del calendario gregoriano en 1752.
Sobre abril, hay distintas teorías sobre el origen de su nombre.
Una se refiere a un verbo del latín, aperire, o abrir, posiblemente para señalar el florecimiento en la agricultura.
Pero otra hipótesis lo relaciona con Afrodita, la diosa griega del amor.
Este mes era Maius, dedicado a la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia. Esta divinidad también era la madre del dios Mercurio.
Algunos, sin embargo, señalan que el nombre pudo originarse como referencia a los maiores, es decir, los ancianos en la cultura romana.
El origen de junio, o Iunius en el calendario romano, era la evocación a Juno, la reina de los dioses romanos y esposa de Júpiter.
Como tal, esta diosa también era considerada protectora de la maternidad y el matrimonio.
Pero el origen del nombre también está sujeto a debate, pues también pudo haberse dedicado a los iuniores, es decir, los jóvenes, algo que tendría concordancia con Maius.
Este mes no era originalmente llamado Iulius, la palabra en latín del nombre Julio, sino que se llamaba Quintilis por ser el quinto mes del año en el calendario romano original (Quintus significa quinto)
En este mes había nacido el líder Julio César, así que a la muerte de éste en el año 44 a.C., los romanos cambiaron el nombre a Iulius en su honor.
Bajo su dominio fue que se había instaurado la primera gran reforma del calendario de 365 días, que colocó a enero como inicio de año (y febrero como segundo).
Durante siglos, el calendario juliano fue el que regía en los dominios de esta civilización conquistadora.
De manera similar a julio, el mes de Augustus, o agosto, originalmente era el sextus (sexto) mes del año y por ello era conocido como Sextilis.
Fue renombrado en 8 a.C. en honor a César Augusto, el primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.).
Siguiendo el orden numérico que tenían los meses en el calendario original, September, o septiembre, era nombrado por su posición.
Era el séptimo mes y los romanos lo nombraron por la palabra en latín septem, o siete.
El nombre de octubre, en latín October, venía de la palabra octo, que significa ocho.
Como el anterior, no estaba dedicado a un dios o un emperador, sino simplemente al octavo lugar que ocupaba en el año.
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La historia del mes de noviembre, o November, no es diferente: también tuvo su origen en la palabra novem, o nueve, por su lugar en el calendario romano original.
Finalmente estaba diciembre, el décimo mes del año para los romanos, que ellos conocían como December por la palabra en latín decem, que significa diez.
Cuando llegó la reforma del papa Gregorio XIII, en 1582, no se renombró los meses ni se cambió su orden, sino que simplemente se ajustó la duración para incluir los días bisiestos que corrigieran el desfase con el año solar.
Y desde entonces el calendario gregoriano rige en buena parte del mundo.
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