
La violencia de género deja heridas hondas: algunas se manifiestan a través del miedo o la desesperación, otras con la ansiedad, muchas con rabia y una tristeza casi asfixiante. En el cómo sanar las heridas de esta violencia ningún proceso es el mismo, pero de alguna forma todos convergen en lo necesario de las redes de apoyo y amor, de la fuerza interna y el autoconocimiento.
En un esfuerzo por compartir los descubrimientos del camino de sanar, preguntamos a lectoras, activistas, denunciantes y sobrevivientes cómo ha sido su proceso, quiénes las acompañan, qué conocen de sí mismas ahora. Las respuestas son variadas y muestran cómo ningún camino es lineal, pero en todos hay amigas, redes, familia, que abrazan y acompañan. Esto nos contaron ustedes, queridas lectoras:
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El proceso ha sido… en un principio fue muy cansado, fue devastador, fue lleno de emociones altas y bajas, un proceso que sabemos que no debió haber pasado, un proceso que no solamente fue desgastante para mí en la parte emocional, física y económica, sino también para mi familia, para mi propia abogada.
Después de cierto tiempo —porque este año cumplimos 10 años de lo que me sucedió—, a través de ciertas actividades, ciertas cosas que he realizado en esos años me han servido para poder sanar.
Al final de cuentas un antecedente tan feo como el que viví no se olvida y no se pasa de largo, no se deja a un lado y se sigue con la vida, más bien lo traes arrastrando siempre, pero lo utilizas para mejorar de manera personal y profesional.
Por supuesto. Estoy totalmente convencida de que trabajar en una organización que apoya a mujeres como a mí me apoyaron es totalmente mi manera de sanar.
Todavía me cuesta trabajo hablar de mi violación. Es algo que solo he podido compartir con mis amigas y psicóloga. Mi pareja no lo sabe, mis papás tampoco, mis hermanas tampoco. Verbalizarlo ha sido un trabajo muy duro y hay días y semanas (cada vez más) en las que no recuerdo nada, pero hay momentos (cada vez menos y más espaciados) en los que la ansiedad y el miedo vuelven a mí.
Siempre pensé que ser una mujer independiente, segura y alegre me haría inmune a la violencia sexual. Me equivoqué.
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Aprendí que mi violador es un hombre que busca a personas como yo: se muestra encantador e interesante, y conforme pasa el tiempo te manipula, te envuelve, te acorrala. Sé que no soy su única víctima, antes y después de mí ha habido más mujeres a las que ha hecho trizas y todas tenemos un perfil similar.
Con el tiempo he aprendido a verlo a él como algo ajeno a mí: lo mucho o poco que sé sobre su infancia y adolescencia y las violencias que él vivió me ayuda a entender (más no justificar) de dónde vienen sus intenciones siniestras.
En el camino, el amor, los cuidados y la ternura de mis amigas han sido fundamentales. Estoy aprendiendo que su paciencia y cercanía me apapachan el corazón herido, que las lágrimas compartidas pueden ser un gran bálsamo ante el cansancio y la tristeza y que el sonido de nuestras risas es como un jarabe que sana.
Caminar con mis amigas y psicóloga me ha ayudado a recuperar a la persona risueña, a veces despreocupada, independiente y amorosa que siempre he sido; pero también a conocer a una nueva Isabel más amable consigo misma, más flexible y que sabe decir “no”.
Pedir ayuda ha sido mi salvación. La compañía, comprensión y ternura de mis amigas son, todavía hoy, la forma más segura para no ahogarme en la desesperación, la ansiedad, el enojo, la tristeza que, aunque ya comienza a diluirse a veces se aferra a reaparecer en mis días.
Él me robó la calma y la alegría durante un tiempo. Mis amigas me han hecho redescubrirme y aprender a mirarme a mí misma a través de sus ojos amorosos.

No somos víctimas, somos sobrevivientes. Me quedo con la unión, con la fuerza que hacemos las mujeres día con día. Estamos juntas en esto y, justo, juntas vamos a hacer que deje de ser injusto para nosotras pasar por este proceso: porque nos enfrentamos a la crítica, al señalamiento, la revictimización, al mismo tiempo todos.
A pesar de que es difícil y que a veces parece que nadie nos escucha, que no hay justicia -porque no la hay, no existe en nuestro país-, la justicia existe, y la justicia se hace cuando estamos unidas.
Si yo hubiera estado sin la red, me hubiera sentido tres veces más sola de lo que estuve. Me siento respaldada por todo un sistema de abrazos, de amor, de generar cosas lindas, que es lo que justo no quieren que se vea en esta marcha, quieren que nos veamos como personas enojadas, que están locas, que tienen mucho coraje.
Si yo te contara todas las puertas que me han bloqueado por hablar, por expresarme, por contar mi historia… Han sido más las que se han cerrado que las que se han abierto, pero las que se han abierto son lugares seguros donde me respetan y me dignifican. Entonces estoy encaminándome a mi lugar seguro.
Ha sido largo y a veces extenuante, sobre todo porque es un proceso que no tiene fin; siempre estamos descubriendo nuevas formas de violencia, pero también de blindarnos de ellas.
Las redes de apoyo son importantísimas para nombrar y salir de las violencias. Lo personal es político y por eso es importante verbalizar y compartir nuestras experiencias aunque haya personas que insistan en que esto no debe hacerse público.
Siempre se puede volver a empezar y cada proceso es único. Lo más difícil es perdonarse y reconciliarse con una misma por haber permitido ser violentada, por no tener las herramientas para reconocer y protegernos de ello.
Al inicio una se siente pendeja y tonta por haber permitido un montón de cosas, pero entonces te das cuenta que precisamente lo que una necesita es dejar de pendejearse y comenzar a darse todo ese amor que merecemos.
Mi mayor descubrimiento ha sido que todas las mujeres, sin distinción de raza, identidad de género, estrato social, estudios, nacionalidad, etcétera, estamos sujeta a ser violentadas.
El saber que no depender física y emocionalmente de una persona, ver que con el tiempo logras vivir plenamente y que todo se puede recuperar, menos la vida….
Hasta que estuve frente a la muerte, ya me creyeron en mi familia, que yo no era, quien imaginaba cosas, ni que era mala persona, sino que él estaba enfermo y manipulaba a la gente para quedar bien… Hasta cuando me llevaba al médico, después de una golpiza, entraba conmigo para que no dijera nada, el inventaba que me había caído y que me estaba ayudando.
Saber que fui fuerte para sobrevivir, ese es mi mejor descubrimiento.
Saber que poner límites es necesario, que es posible construir redes de cuidado con otras mujeres, que es importante y vital el autocuidado.
Qué podemos caer y levantarnos de nuevo, que a nuestra generación de mujeres siempre se nos ha dicho que no somos suficientemente buenas o capaces y que esto no es así, que podemos encontrar inspiración en generaciones más jóvenes que se animan a hacer las cosas sin dudarlo tanto.
Que puedo poner límites y distancia. Y que necesito nombrar la violencia sin endulzar o suavizar, para que agresores o se vayan o se confronten con ellos mismos.

El presidente Daniel Noboa y el Comando Sur de EU informaron este martes por la noche sobre el inicio de estas acciones.
El gobierno de Ecuador anunció este martes el inicio de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en contra de “organizaciones terroristas” en ese país sudamericano.
“Iniciamos una nueva fase contra el narcoterrorismo y la minería ilegal”, escribió el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, en un mensaje en la red X.
“En el mes de marzo haremos operaciones conjuntas con nuestros aliados de la región, incluidos los Estados Unidos. La seguridad de los ecuatorianos es nuestra prioridad y lucharemos por obtener la paz en cada rincón del país”, agregó.
Por su parte, el Comando Sur de EE.UU. también informó sobre el inicio de estas acciones.
“El 3 de marzo, fuerzas militares ecuatorianas y estadounidenses lanzaron operaciones contra Organizaciones Terroristas Designadas en Ecuador. Estas operaciones son un claro ejemplo del compromiso de sus socios en América Latina y el Caribe para combatir el flagelo del narcoterrorismo”, se lee en un mensaje en su cuenta en X.
En su texto, el Comando Sur incluye una cita de su comandante, general Francis L. Donovan, en el que valora favorablemente a los militares ecuatorianos.
“Elogiamos a los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas ecuatorianas por su inquebrantable compromiso con esta lucha, demostrando coraje y determinación a través de acciones continuas contra los narcoterroristas en su país”.
En septiembre pasado, Washington había anunciado su intención de incluir a las dos principales bandas criminales de Ecuador -Los Lobos y Los Choneros- en la lista oficial de grupos terroristas.
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