
El crecimiento de Milo J en la escena musical internacional suma un nuevo capítulo con la confirmación de tres conciertos en México, país que formará parte de la gira con la que presenta La vida era más corta, su más reciente producción discográfica.
A través de sus redes sociales en un en vivo de su showcase, el cantante argentino anunció que se presentará el en junio en Monterrey, Guadalajara y cerrará su paso el Palacio de los Deportes, uno de los recintos más importantes para conciertos internacionales en la Ciudad de México.
La visita llega en un momento clave para el artista, quien, con apenas 19 años, se ha posicionado como una de las voces más visibles de la nueva generación en América Latina.
Milo J, originario de Argentina, comenzó a llamar la atención del público y la industria por su estilo introspectivo, letras honestas y una propuesta que cruza el rap y el trap. Te dejamos una sesión con Bizarrap, misma que en su momento alcanzó millones de visitas.
En pocos años, el cantante ha logrado colaboraciones relevantes, millones de reproducciones en plataformas digitales y una presencia cada vez más sólida fuera de su país natal, consolidándose como una figura clave del nuevo panorama musical latinoamericano.
Los conciertos de Milo J en México se llevarán a cabo en las siguientes fechas:
La preventa de boletos se realizará el 26 de enero, exclusiva para clientes Banamex, mientras que la venta general comenzará el 27 de enero, de acuerdo con información confirmada por Ocesa.
Aunque Milo ya había incursionado hasta en los corridos tumbados junto a Peso Pluma en ‘Una Bala’, su último álbum ‘La Vida Era Más Corta’ marcó un antes y después en su carrera.
La producción fue bien recibida tanto por el público como por la crítica, destacando por su carga emocional, letras personales y una propuesta sonora más madura sin dejar por fuera algo importantísimo: El Folklore.
Con colaboraciones increíbles como Silvio Rodríguez, Radamel y hasta la mismísima Mercedes Sosa, el disco no solo amplió su base de seguidores, sino que lo posicionó como un artista capaz de trascender la viralidad y construir una narrativa propia dentro de la música contemporánea.

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.
Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.
Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.
Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?
La Tierra está formada por cuatro capas principales.
Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.
“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.
La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.
Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.
“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.
Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.
El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.
El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.
Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.
El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.
Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.
Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.
Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.
Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.
La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.
La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.
Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.
Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?
La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.
Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.
“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.
Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.
Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.
“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.
Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.
Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
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