
“Este libro es para todo el mundo, porque todo el mundo tiene algo que contribuir a la causa antirracista.”
Con esta frase poderosa, la autora, activista, investigadora y traductora Jumko Ogata— lanza una invitación a mirar de frente uno de los temas más incómodos pero urgentes de nuestra época: el racismo estructural y la responsabilidad individual en su desmantelamiento.
Tuvimos la oportunidad de conversar con ella quien nos contó un poco más sobre todas las temáticas que se abordan en el libro.
Tal como su nombre lo indica, este es un manual con el que se busca contribuir al desmantelamiento del racismo. A través de capítulos que tocan temas como: la historia del racismo en México, el salvador blanco, la inclusión, la educación y otros temas más.
Jumko nos invita a analizar, cuestionar y ponernos la camiseta para combatir el racismo.
Más allá de contener una fórmula mágica, esta lectura se convierte en un espacio de propuesta y cuestionamiento personal, en la que en cada cierre de capitulo se hace una especie de evaluación de lo aprendido e identificado en nosotros.
La lectura y la incomodidad como herramientas de cambio
Hablar de racismo no es fácil. Leer sobre él, menos aún y Jumko lo sabe:
“De pronto leer de estos temas puede ser pesado emocionalmente, porque toca reconocer muchas cosas que nos han pasado, que también hemos hecho como acciones hacia otras personas, y puede ser incómodo”, explica.
Pero esa incomodidad, dice, es necesaria. No es el final del camino, sino el principio: “En la incomodidad hay mucha esperanza y muchas posibilidades de transformación.”
Aunque la autora aclara que al leer este texto no se asegura la eliminación del racismo, si se logra atravesar ese primer muro emocional y salir del otro lado con herramientas para imaginar y construir un futuro distinto.
“Después de pasar ese primer momento de incomodidad, pueden llegar muchas ideas productivas que nos permitan imaginar y crear futuros más iguales para todo el mundo.”
Uno de los temas que más preguntas le generan es la llamada “inclusión forzada”. Esa crítica que aparece cuando vemos elencos diversos en películas o series, cuando una marca apuesta por la representación o cuando se cuestionan los relatos históricos tradicionales.
“Me preguntan mucho sobre la inclusión forzada: que qué pasa, por qué ahora de pronto todos los elencos son personas racializadas, personas negras, hay más mujeres, más personas LGBT…” Su respuesta no es una defensa, sino una provocación: “Invitaría a las personas a cuestionarse por qué se les hace normal, neutro y universal la gente blanca.”
Para evidenciar cómo lo que se percibe como “neutro” está también construido, pone un ejemplo contundente:
“Vicente Guerrero y Morelos, nuestros héroes de la patria, no eran personas blancas. Vicente Guerrero era un hombre afroindígena. Y Morelos también. Pero los ponen como personas blancas en todos los retratos e imágenes que vemos: en la escuela, en los murales. ¿Eso no es inclusión forzada?”
La pregunta que deja flotando es tan incómoda como necesaria: “¿Por qué consideramos normales ciertos cuerpos y anormales otros?”

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Otro punto clave de su libro es la reflexión sobre el papel de las personas blancas en la lucha antirracista.
El miedo a caer en la figura del “salvador blanco” —ese personaje que actúa desde una superioridad moral y condescendencia— es frecuente. ¿Cómo evitarlo?
“Si te preocupa caer en una dinámica de salvador blanco, lo más importante es la escucha y el aprendizaje sincero. Tomarnos el tiempo para reflexionar seriamente sobre nuestro papel en un espacio determinado.”
El libro no ofrece recetas, pero sí preguntas para pensar, como esta: “¿Eres tú la mejor persona para hablar de esto en este momento, o quizás lo es alguien más?” El objetivo no es dictar reglas, sino abrir caminos: “Fomentar espacios de pensamiento crítico para que las personas lectoras puedan tomar decisiones conscientes y crear su propio camino de acción.”
Sobre uno de los conceptos más controversiales de la actualidad—el llamado “racismo a la inversa”— es tajante: no existe.
“A nivel sistémico no se excluye a las personas blancas de acceder a trabajo, vivienda digna o servicios de salud, solo por ser blancas. Esto sí pasa con personas indígenas, negras, asiáticas, con personas racializadas”, explica.
Puede haber insultos o discriminación individual hacia personas blancas, sí. Pero eso, insiste, no constituye racismo estructural:
“Es sencillamente una agresión individual, pero no lo podemos llamar racismo a la inversa porque no existe un sistema que refuerce violencias hacia la comunidad blanca por ser blanca”, agrega.
Finalmente, uno de los aspectos que más llaman la atención del texto es el propio título, y porque no basta solo con no ser racistas sino que debemos ser antirracistas, sobre esto la autora comenta:
“A todos nos han educado en un sistema racista: en nuestras casas, en la escuela, en los medios. Más que desentendernos, es mucho más productivo conscientemente decidir oponernos al racismo y tratar de crear una realidad distinta.”
El mensaje es claro: el antirracismo no es un lugar cómodo, ni inmediato, ni simple. Pero es un camino que vale la pena recorrer. Y este libro, sin duda, es una invitación honesta y poderosa para dar el primer paso.
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BBC Mundo conversó con dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente. Tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre del sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
Una ruidosa alarma en su teléfono celular sobresaltó a la periodista venezolana Ibis León Malave en la tarde del sábado, mientras estaba descansando en su casa en una zona residencial en el centro de Qatar.
“De inmediato es angustiante porque suena como un alarma de incendios”, le contó Ibis a BBC Mundo. “Llega a todos los celulares con indicaciones e información oficial de las autoridades”.
La alarma se lanzó en repuesta al operativo militar conjunto que Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana contra Irán, en el que murió el líder supremo del país, Alí Jamenei.
Los países del Golfo Pérsico activan sus alarmas para prevenir muertes civiles en sus territorios, ya que su cercanía diplomática con EE.UU. los ha convertido en objetivos de los ataques del ejército de Irán.
Ese mismo sistema se activó también el sábado, a casi 600 km de distancia, en Emiratos Árabes Unidos. Pero cuando el guatemalteco José Basilea la recibió, ya sabía lo que estaba pasando.
“Me di cuenta cuando los misiles entran al cielo emiratí y el ejército lo intercepta”, le dijo a BBC Mundo desde Abu Dhabi, donde vive hace poco más de 5 años. “Ese golpe, ese sonido es lo que se escucha como una explosión”.
“Entonces el sábado, eso es lo que se empezó a escuchar (…) y a través de videos me di cuenta de que, en efecto, hubo una explosión y que sí que hubo unos escombros que sí cayeron cerca de donde yo vivo, en la isla de Yaz”.
Ibis y José le contaron a BBC Mundo sus experiencias viviendo un momento histórico, en países que están en alerta por los ataques de Irán.
A pesar de la distancia que los separa, tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre tuvo lugar el sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
“Después de recibir la alerta, como a los cinco minutos, empezamos a escuchar explosiones y sentimos la onda expansiva en la estructura del edificio”, le dijo Ibis a BBC Mundo.
“Muy leve porque, aunque la percepción y la sensación es que está cerca, no está ocurriendo tan cerca, pero todo sí tiembla: las puertas, las ventanas, sientes como la estructura del edificio se resiente un poco con estas explosiones”.
“De día solo se ve como una nube en el cielo, en el lugar donde interceptaron el misil”.
Ibis llegó con su esposo a Qatar buscando una nueva vida, lejos de la crisis política y económica de su país.
“Las personas me han parecido amables”, dijo, “y apenas llegué pude también contactar con una comunidad de hispanohablantes, lo que te permite no sentirte solo o tener la posibilidad de hablar también en tu idioma”
“Pero, por supuesto, con todo este conflicto, pues ahora nos queda simplemente esperar. Hay demasiada incertidumbre. Miedo también, por supuesto.”
José, por su parte, ha hecho una carrera en los países del Golfo, trabajando con el servicio diplomático de Guatemala, tanto en Dubái como en Abu Dhabi, gracias a lo cual, ya lleva 5 años viviendo en la región.
José recuerda que el sábado, las autoridades empezaron a usar los mensajes de emergencia para pedirle a la gente que se escondiera en los sótanos de los edificios.
Este tipo de experiencias son excepcionales en un país que está enfocado en convertirse en un hub internacional para el turismo y los negocios.
“Específicamente Abu Dhabi es una ciudad exageradamente tranquila, donde no pasa mucho,” explica José.
Eso es algo que hace mucho más alarmante los sonidos que atravesaron los cielos el sábado: “Son sonidos como hipersónicos o algo por el estilo donde se escucha un primer bombazo, pasa un tiempo y luego se escucha como como la ola”.
José recuerda que Emiratos Árabes Unidos no cuenta con un sistema de defensa antiaérea como el famoso Domo de Hierro de Israel -aunque las bases estadounidenses en los territorios del Golfo sí cuentan con sistemas similares-, algo que aumenta el riesgo.
Pero siente que la gente igual confía en las capacidades de las fuerzas armadas del país para defenderlos.
“Miedo, personalmente, yo no lo tengo”, cuenta José. “Sí hay preocupación, pero tanto Dubái como Abu Dhabi, como Emiratos Árabes Unidos en general, está teniendo una vida muy normal dentro de lo que cabe con la situación en la que estamos”.
Ibis ve lo mismo en los cataríes: “La sensación en general es que la gente tiene buen ánimo, confía en el sistema de defensa de Qatar y cree que va a ser algo temporal. Tienen la esperanza de que es algo que se puede resolver a corto plazo. Tratan de mantener la calma”.
Ambos concuerdan en que el sistema de alertas tempranas de ambos gobiernos ha funcionado de manera eficiente, y que los servicios, por lo menos en las zonas donde ellos están, se han mantenido activos.
“Por una parte, con las alarmas, hay como una sensación de alivio porque las autoridades están allí indicándote qué hacer,” explica Ibis. “Pero, por otro lado, es ver cómo me protejo realmente, porque estar dentro de mi casa es la única garantía de seguridad”.
Algo le queda claro a José, luego de contar su experiencia del sábado a BBC Mundo: “Si tú me preguntas dónde está mi casa, para mí es Emiratos Árabes Unidos”.
“Entonces, uno no tiene que estar con un país que le ha dado tanto solo en las buenas y en los momentos de alegrías y de fiestas y de comidas y demás, sino en los momentos donde el país necesita que exista esa estabilidad”.
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