
No hay nada para momentos difíciles como una lloradita y a seguirle. Así que no importa si estás pasando por un momento difícil o si solo te sientes apachurrada, ahí te van unas películas tristes para llorar.
Con películas como Intensamente aprendimos que es importante y necesario sentir tristeza y saber cómo procesarla. Sin embargo, también está el lado científico de cómo el llanto nos ayuda.
Y es que llorar puede ayudar a calmarnos y sentirnos más relajados. Eduardo Calixto, académico de las facultades de Medicina y Psicología de la UNAM, explicó que el llanto incrementa el metabolismo cerebral.
“Al terminar de llorar, el cerebro libera endorfinas, uno de los neurotransmisores que más nos tranquilizan y que, al mismo tiempo, generan la sensación de beneplácito, de esperanza y fe”, se explica en la Gaceta UNAM.
Así que ya sabes. Si quieres fomentar tus lágrimas para hacerte sentir mejor, nada como alguna de estas películas para llorar a moco tendido.
Y no te preocupes, te dejamos opciones en algunas de las plataformas de streaming más populares para que tengas variedad.
Parecían la pareja ideal, su primer encuentro fue mágico, pero con el paso del tiempo ella deseó nunca haberlo conocido. Su anhelo se hace realidad gracias a un polémico y radical invento. Sin embargo descubrirán que el destino no se puede controlar.
Nora y Hae Sung, dos amigos de la infancia profundamente conectados, se separan cuando la familia de Nora emigra de Corea del Sur. Décadas más tarde, se reencuentran durante una fatídica semana mientras enfrentan el destino, el amor y las decisiones que marcan la vida.
Años después de las últimas vacaciones que pasó con su padre, Sophie rememora la figura de su progenitor, un hombre amoroso e idealista. En el presente, Sophie trata de hacer encajar aquel recuerdo con la imagen de un hombre que ha cambiado.
Claro que tenemos películas tristes de anime para llorar y una de las mejores (o peores, para tu corazón) es esta de Isao Takahata.
La película sigue a Seita, un adolescente se ve obligado a cuidar a su hermana menor, Setsuko, después de que un bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial destruye su casa.
Narra el encuentro de un profesor de literatura durante 1959 con un grupo de alumnos de la Academia Welton en Vermont, institución prestigiosa pero rígida y antañona.
Valiéndose de la poesía, el profesor inspira un cambio en el transcurso vital de la historia de la vida de sus alumnos.
¡Recuééééééérdame! No importa que ya sepamos qué pasa con Mamá Coco, esa escena siempre nos hace llorar.
Revive la historia de cómo Miguel termina en la Tierra de los Muertos, donde termina entendiendo más de su pasado para así redefinir su futuro y sueño de ser músico.
Entre las películas tristes animadas, es difícil superar algunos clásicos de Disney como esta historia que sigue a Tod, un pequeño zorro, y Toby, un cachorro.
Aunque su naturaleza los pone como enemigos, desarrollan una hermosa amistad que se pondrá a prueba conforme pasan los años.
Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield protagonizan esta película conmovedora y poderosa sobre mejores amigos que crecen juntos en un internado inglés.
Cuando se enteran de la impactante verdad sobre sí mismos aprovechan su oportunidad fugaz de vivir y amar en esta interesante exploración de esperanza y humanidad.
Andrew Dufresne es un hombre inocente que es acusado del asesinato de su mujer. Tras ser condenado a cadena perpetua, es enviado a la cárcel de Shawshank, en Maine.
Con el paso de los años, Andrew conseguirá ganarse la confianza del director del centro y el respeto de los otros convictos, especialmente de Red, el jefe de la mafia.
Otra de las películas para llorar que nunca fallan es esta que sigue a Paul Edgecomb, un funcionario de prisiones que vigila “la milla verde”, el pasillo que los condenados a muerte recorren a la silla eléctrica.
John Coffey, un gigantesco convicto acusado de violar y asesinar a dos niñas de nueve años, está esperando su inminente ejecución. Tras una personalidad ingenua, John esconde un don sobrenatural con el que contagia su sentido de espiritualidad y humanidad a todos sus compañeros de prisión.
Cuando un abogado con SIDA es despedido por su condición, él decide contratar al único profesional que acepta tomar su caso: un abogado homofóbico, para que lo represente en la demanda judicial.
Desde que nació hace cinco años, Jack vive junto a su cariñosa y entregada madre en “habitación”, el único mundo que el niño conoce, un pequeño cuarto en el que el captor de su madre los tiene retenidos.
Una familia coreanoestadounidense se muda a una pequeña granja de Arkansas en busca de su propio sueño americano.
Claro que la historia de este perrito no podía faltar en las películas tristes para llorar.
Un perro fiel llamado Hachiko acompaña cada mañana a su amo a la estación de tren y regresa cada tarde para darle la bienvenida después del trabajo. Sin embargo, esta rutina se ve rota por una desgracia.
Frankie Dunn (Clint Eastwood) es un entrenador que, a pesar de no entrenar a chicas, hace una excepción con Maggie Fitzgerald (Hilary Swank).
Maggie es un poco mayor para empezar de cero en el deporte profesional, pero está dispuesta a sacrificarse al máximo para triunfar.
Un niño de 10 años nacido con una deformidad facial que le ha obligado a ser operado 27 veces de cirugía, se esfuerza por encajar en su nuevo colegio.

La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos abre las puertas para que empresas privadas asuman funciones de la industria petrolera venezolana que previamente estaban reservadas para el Estado.
Un cuarto de siglo después de que Hugo Chávez pusiera en marcha un polémico proceso de estatización de la industria petrolera en Venezuela, el país sudamericano acaba de dar media vuelta para abrirles los brazos (y los pozos) a muchas de esas mismas empresas internacionales que hace dos décadas fueron expropiadas y estatizadas.
Este jueves la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos orientada básicamente a abrir las puertas para que empresas privadas nacionales y extranjeras participen en la explotación petrolera en formas en las que legalmente no podían hacerlo desde 1976, cuando se produjo la nacionalización del petróleo.
Aunque estas compañías siempre han mantenido algún tipo de presencia en el negocio petrolero venezolano, desde que se produjo la nacionalización petrolera en 1976 el Estado venezolano ha tenido una gran preponderancia que se acentuó mucho durante la presidencia de Chávez.
“50 años y 28 días después, hoy concluye formalmente la etapa de la nacionalización petrolera. También hoy se pone punto final a la política de expropiaciones llevada a cabo durante el gobierno de Chávez”, escribió en la red X este jueves José Ignacio Hernández, un abogado venezolano experto en derecho constitucional y administrativo que trabaja como consultor para empresas internacionales.
En otro mensaje, Francisco Monaldi, director del programa latinoamericano de energía del Instituto Baker de la Universidad de Rice (Houston), pareció coincidir con esta visión.
“Hoy fue sepultado el modelo de soberanía petrolera de Chávez. El sector privado puede producir y exportar crudo. La participación del Estado puede ser reducida a niveles mínimos, a discreción del Ministerio, sin consultar a la Asamblea Nacional. El fin de la revolución”, escribió.
El nuevo giro se produce a menos de un mes de la operación militar con la que Estados Unidos capturó en Caracas al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores; y tras la cual el gobierno de Donald Trump anunció que su país iba a recuperar la industria petrolera venezolana y que las grandes petroleras estadounidenses iban a invertir hasta US$100.000 millones en ello.
Desde entonces, EE.UU. ha asumido un rol preponderante en el negocio petrolero en Venezuela al punto de hacerse cargo de vender el crudo y de administrar el fruto de sus ventas.
El gobierno de Trump ha dejado claro que espera que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, siga sus instrucciones insinuando no tan veladamente que, de lo contrario, podría correr una suerte similar a la de Maduro.
Fue Rodríguez quien puso en marcha el proceso de reforma de la Ley de Hidrocarburos la semana pasada.
La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos está dirigida a atraer la inversión privada en el sector petrolero de Venezuela y, para lograrlo, está dando un paso inédito al permitir que empresas privadas asuman “la gestión técnica y operativa” de los proyectos, algo que previamente estaba reservado a la estatal Pdvsa.
En el caso de las empresas mixtas (conformadas por asociaciones entre Pdvsa y compañías privadas, en las que la estatal venezolana seguirá teniendo al menos una participación del 50%) se permitirá que el socio minoritario pueda asumir las riendas.
Además, por primera vez se abre la puerta para que estas empresas privadas comercialicen el crudo.
Orlando Ochoa, consultor económico independiente y senior visiting fellow en el Oxford Institute of Energy Studies (Reino Unido), explica a BBC Mundo que, aunque estos cambios relacionados con la gestión son una novedad dentro de la ley, en la práctica era algo que ya se venía haciendo con las empresas Chevron, Repsol y la empresa francesa Maurel & Prom.
Algo similar ocurre con la comercialización del crudo. “En la práctica Chevron ya lo venía haciendo, a Repsol se le autorizó y Maurel & Prom también. Además, la ley dice ‘permitirá’ por lo que se mantiene una amplia discrecionalidad estatal”, agrega.
Otros cambio importante se produce en relación con las regalías y los impuestos que deben pagar estas empresas al participar en la actividad petrolera venezolana.
La nueva Ley de Hidrocarburos mantiene la regalía que deben pagar las empresas por explotar el crudo venezolano en un 30%, pero establece la posibilidad de que ese porcentaje se rebaje en función de la viabilidad económica del proyecto.
También se permite al Ejecutivo reducir la tasa del impuesto sobre la renta por la misma causa.
Además, se derogó una ley que obligaba a las empresas a pagar contribuciones especiales al fisco cuando el precio del petróleo alcanza “precios extraordinarios” y se eliminó la obligación que tenían de pagar una serie de impuestos previstos en leyes de áreas muy diversas como ciencia y tecnología, deportes, lucha contra las drogas, pensiones.
“En términos fiscales, hay una racionalización inicial al eliminar las cargas parafiscales e impuestos estatales o municipales que tendían a sobrecargar. Sin embargo, queda una alta discrecionalidad en los términos fiscales, pues quedará por determinar en qué casos se aplica una regalía y una tasa de impuesto sobre la renta y en cuáles otra”, apunta Ochoa.
Otro cambio relevante se produce con la introducción de la posibilidad de dirimir cualquier conflicto en relación con esos contratos petroleros a través de mecanismos alternativos de resolución de competencias como el arbitraje.
Este es un elemento de mucho interés para las empresas extranjeras, sobre todo, después de la experiencia de las estatizaciones realizadas por Chávez de forma forzosa.
Orlando Ochoa advierte, no obstante, que el texto de la ley habla de “arbitraje independiente”, pero no especifica que se trate de “arbitraje internacional”, por lo que el texto queda un poco ambiguo en este tema.
En todo caso, la cuestión de un posible arbitraje internacional en asuntos petroleros levanta polémica en Venezuela tanto por razones políticas como jurídicas, pues la Constitución prevé que los contratos de interés público deben resolverse en los tribunales nacionales y no darán lugar a reclamos internacionales, y estos contratos petroleros tienen una gran probabilidad de ser considerados como de interés público.
Ochoa considera probable que los términos de este tipo de mecanismos se establecerán de forma específica en los términos y condiciones de cada contrato.
Sin embargo, mientras exista esa previsión en la Constitución sobre los contratos de interés público habrá un cierto margen para la impugnación y la polémica.
Esta posibilidad, de hecho, se conecta con otra modificación relevante a la Ley de Hidrocarburos, pues en su nueva versión ya no exige que el Parlamento venezolano apruebe los contratos petroleros suscritos por el Ejecutivo, sino que simplemente establece que el Legislativo debe ser informado sobre los mismos.
Durante la sesión de la Asamblea Nacional de este jueves, el diputado opositor Pablo Pérez cuestionó que el texto no mantuviera el requerimiento de que los contratos fueran aprobados por el Parlamento y argumentó que se trata de acuerdos de “interés público”.
La reforma a la Ley de Hidrocarburos ha recibido duras críticas desde perspectivas muy diversas.
El Partido Comunista de Venezuela la calificó como “un retroceso histórico” que forma parte de “una política sistemática de desmantelamiento de la soberanía petrolera”.
Mientras que Andrés Izarra, quien fue ministro de Comunicación durante el gobierno de Chávez, publicó un artículo en el que consideraba como inconstitucionales muchos de los cambios por, entre otras cosas, transferir a agentes privados actividades petroleras reservadas al Estado.
“La reforma reduce a Pdvsa a un cascarón mientras otros operan”, escribió en un artículo publicado en la web Aporrea.org.
Expertos petroleros como Francisco Monaldi han considerado la ley como “muy deficiente” y han criticado la excesiva discrecionalidad que otorga al gobierno.
Orlando Ochoa considera la ley como un paso importante en la dirección correcta al reducir el peso del Estado y abrir un espacio para el sector privado, pero también apunta deficiencias.
“Sigue siendo un régimen basado en una empresa estatal, algo que no estaría mal si hubiera una trayectoria razonable, el problema es que en los últimos 20 años Pdvsa se sobreendeudó, suspendió pagos de deuda, suspendió pagos a contratistas y a socios. Todo esto antes de las sanciones”, señala.
“Entonces, en el contexto de las empresas mixtas queda un socio estatal que, pese a ser mayoritario, tiene poco músculo financiero y poca capacidad técnica”.
Ochoa considera que estos cambios generan un estímulo para las empresas que ya están operando en Venezuela porque ahora tendrán un mejor marco de términos y condiciones. Sin embargo, cree que se debe ir más allá.
“Si Venezuela quiere atraer nuevas empresas internacionales para levantar realmente la producción tiene que hacer mucho más que esto”, dice.
Frente a las críticas que ha recibido la reforma, tanto Delcy Rodríguez como su hermano y presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, han señalado la necesidad de que Venezuela saque provecho del hecho de tener las mayores reservas probadas del mundo, extrayendo el crudo para poner esa riqueza en función del desarrollo del país.
No es un argumento nuevo para los venezolanos.
Ideas similares sustentaron la Apertura petrolera, un proceso impulsado en la década de 1990 cuando Venezuela quería aumentar su producción petrolera pero no disponía de los recursos para hacerlo, por lo que recurrió a autorizar contratos de servicio para que empresas privadas participaran en la producción petrolera.
Hugo Chávez calificó ese proceso como una traición contra el país y fue con miras a ponerle fin que inició su estatización petrolera en 2001.
“Es positiva para el país, es la siembra del petróleo, es la diversificación de la economía, es darle mayor solidez a la industria petrolera”, declaró Chávez.
“De cada 10 venezolanos, siete son pobres. Una de las razones de esto es el mal manejo de la industria petrolera”, agregó según reseñó BBC Mundo.
Muchas cosas han cambiado desde entonces.
En aquel momento, Venezuela producía 2,8 millones de barriles de petróleo diarios y era el cuarto productor de petróleo del mundo. En la actualidad, es el productor número 20 y extrae menos de un millón de barriles diarios.
En cuanto a la pobreza, cifras de la Cepal ubicaban la pobreza en 2001 en un 43%, con una pobreza extrema de 4,4%.
Aunque la Cepal dejó de publicar este dato sobre Venezuela hace más de una década al no recibir más información del gobierno, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, registra que 73,2% de los hogares en Venezuela se encuentran en situación de pobreza de ingresos, de esos 36,5% se ubican en situación de pobreza extrema, según datos de 2024.
Así, al parecer, ciertamente Venezuela requiere ahora más que nunca convertir esa riqueza en el subsuelo en desarrollo para sus ciudadanos.
La pregunta es si los cambios que se están dando serán suficientes para conseguirlo.
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