
Es un sábado de 2010, hace frío, y estás sentadx en el sofá de tu casa pensando en que hoy no quieres salir, quieres quedarte en tu casa a ver una película. ¿Qué haces? Hay de dos: buscarla en un sitio pirata con miles de anuncios raros, o bien, ir a Blockbuster a rentarla.
Mmmm, mejor quieres ver una serie o una telenovela. Ah, pero no, porque tienes que esperar a que sea jueves, porque Friends solo pasa los jueves a las 8:00 pm.

Por suerte, esos tiempos quedaron muy muy atrás. Es 2019 y no tienes que perder horas buscando el enlace bueno para ver una serie, ni caminar para llegar a Blockbuster y rentar o devolver tu película.
Comenzó en 1997 como un servicio de alquiler de DVD ( o sea, como un Blockbuster) antes de convertirse, diez años después, en la plataforma más grande y famosa de series y películas a la carta por suscripción.
Pero, a diferencia de Blockbuster, Netflix dio un paso adelante: digitalizó su catálogo y lo puso a disposición de todo el mundo por una cantidad de 100 pesos al mes, con 30 días de prueba gratis.
Aunque su verdadera gran apuesta fue en 2011 cuando adquirió los derechos del drama británico House of Cards e hizo su propia versión.
Así, Netflix dejó de ser solo un catálogo de series y películas y se convirtió en una productora de contenidos. House of Cards ganó Emmys y Golden Globes, y el resto, es la historia que ya conoces.
https://youtu.be/kM2JD6hfcJk
De acuerdo con el periodista, crítico de cine y consultor, Arturo Aguilar, la llegada del streaming nos trajo dos grandes cambios: maratonear y replantearnos las barreras entre el cine y la televisión.
“Hacer bingewatching, es decir, que el usuario tenga la capacidad de decidir si la temporada de una serie la quiere ver en ocho horas seguidas es uno de los grandes cambios. El control del tiempo pasó por completo a manos del usuario. Antes estábamos amarrados a una hora, a un canal, ya no”, opinó Aguilar.
La llegada del streaming hizo que los espectadores tuviéramos un papel mucho más activo con respecto a lo que consumimos. Ahora podemos decidir qué ver, cuándo, cuánto tiempo y cuántas veces.

Quizá esto no le guste tanto a Martin Scorsese, pero la explosión del streaming en esta década hizo que tanto los creadores de contenido como los espectadores nos cuestionáramos sobre qué es cine, qué es tele y si realmente es necesario ver una película en una sala al lado de decenas de personas.
Ya no necesitas ir al cine para ver una película que se acaba de estrenar, y ya no tienes que esperar a que esa película que viste en el cine y te gustó tanto la pasen en el 5 o llegue al DVD para volver a verla.
“Otro de los grandes cambios que trajo la era del streaming fue desdibujar la idea de qué es cine y qué es televisión, incluso qué es televisión. Es un parteaguas porque hoy le llamamos televisión a un formato de contenido, ya no al aparato en el que lo consumimos”, señaló Arturo Aguilar.

No importa si estás en México o en Luxemburgo. Gracias a que internet, tecnología e indistria se juntaron, ahora puedes ver lo que quieras cuando quieras y donde quieras.
El boom del streaming “empujó hacia donde tenía que ir la evolución natural de la industria. Es una evolución donde internet y tecnología tocaron la industria del entretenimiento.
“Esto le dibujó a la industria el camino que tenía que seguir para evolucionar y ha permitido que haya muchas más producciones”, explicó Arturo Aguilar.
Estos cambios abrieron la puerta para conocer películas y series de todo el mundo, algo impensable en los 90 o inicios de los dosmiles.
Las universidades extranjeras, los Institutos de Cine y otros creadores de contenido tienen disponibles catáologos digitales que pueden verse desde cualquier parte del mundo.
Es un poco obvio, aunque haya gente que se resista. Aguilar mencionó que tanto espectadores como creadores tendremos que reajustarnos a lo que viene en materia de exhibición.
“Tendremos que entrar en una etapa en la que tenemos que reacomodar nuestras ideas sobre qué significa estrenar una película y cuál es la prioridad. Al final se ha escuchado que lo que la mayoría de los actores, directores y productores quieren es que la mayor cantidad de gente posible pueda ver sus películas.
“Y probablemente las plataformas de streaming son hoy en día los únicos canales con la posibilidad económica de darle recursos a productores, directores y actores para que hagan producciones y se vean en formato televisivo.
“Porque no podemos seguir casados con la idea de que una película solo se debe estrenar en cine. El negocio del cine es hacer dinero”, señaló Aguilar.
Tanto el cine independiente como el cine comercial van a tener un lugar en el futuro aun con la llegada del streaming.
Arturo Aguilar planteó estas tres posibilidades en la exhibición cinematográfica: La cartelera comercial, el sistema de disctribución alterno y, claro, el streaming.
“Disney está rompiendo todos los récords del planeta con un exitosísimo modelo de negocios, pero para hacer dinero. Y son súper inteligentes al respecto y lo están haciendo bien. Y hay que entender que de eso se va a tratar.
“El cine de centro comercial va a ser para que vayamos a ver todas estas sagas, Star wars, todo lo de Marvel, Frozen, El Rey León…
“Y también se va a establecer un sistema de distribución alterno de cine independiente como vemos con Cine Tonalá, The Movie Company, La Cineteca, la Filmoteca…
“Y como un tercer brazo, el streaming, sabiendo que tanto ahí como en el cine se van a estrenar cosas.
“Tiene muchos beneficios que la gente pueda ver una película o una serie en la comodidad de su casa. Y que el nivel de cine (como el de Scorsese) llegue a una plataforma que tiene 200 millones de suscriptores es muy valioso”, señaló Aguilar.
La previsión de Arturo Aguilar con respecto al futuro en esto que llamamos “la guerra del streaming” es que las condiciones de las plataformas se van a emparejar.
Actualmente, Netflix es la plataforma con mayor número de suscriptores, pero conforme vayan apareciendo otros competidores, su liderazgo irá a la baja.
“Nosotros como consumidores tendremos que hacernos a la idea de que dependiendo de lo que queramos ver, vamos a tener que pagar diferentes paquetes. Volverá a pasar lo mismo del cable” señaló Aguilar.
Así es, mientras de 2010 a 2019, la pelea entre los pocos servicios de streaming disponibles era por el número de suscriptores, en el futuro será por el tiempo, por las horas que vamos a dedicar a cada una de las plataformas, comentó Arturo Aguilar.
Esta es la gran interrogante de la década que viene, aunada a la de ¿cómo funcionan los modelos de negocio de las plataformas de streaming?
“Ahorita el modelo de negocios de Netflix no es sustentable, Netflix está viviendo de una enorme deuda de más de 15 mil millones de dólares para hacer producciones en cada país, pagan 150 millones por The Irishman, hacen Marriage Story, pero no tienen anuncios y sus 200 mil suscriptores no dan para llegar a los números”, señaló Aguilar.
“Porque del otro lado sí sabes, por ejemplo, de dónde vienen los números de Disney, de Apple. Netflix es la gran interrogante”.

Para que vayas llenando el cochinito, te vamos a contar quiénes van a pelearse por tu tiempo:
Netflix cuenta con tres paquetes:
Básico, un dispositivo en calidad estándar: $129 pesos.
Estándar, dos dispositivos al mismo tiempo en calidad HD: $169 pesos.
Premium, cuatro dispositivos al mismo tiempo en calidad ultra HD: $229 pesos.
$99 pesos al mes, tres dispositivos en calidad HD.
$149 pesos al mes.
Inicialmente se había anunciado que Disney+ llegaría a México y Latinoamerica en 2021, pero en la expo D23 de este año, Disney reveló que siempre no, que en Latinoamérica tendremos Disney+ en 2020, aunque aún estamos esperando la fecha exacta, al menos ya sabemos que su llegada se adelantó un año.
$134 pesos al mes.

Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta iraní han reabierto el debate sobre el uso legítimo de la fuerza en la escena internacional.
Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta iraní ya han causado víctimas civiles. También provocaron la condena del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien instó a todas las partes a respetar el derecho internacional.
Ambos bandos afirman que sus acciones armadas están justificadas, pero para verificar si los ataques iniciales contra Irán fueron legales debemos remontarnos a los estándares del derecho internacional que la mayoría de países acordaron, después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
Poco después de que Estados Unidos e Israel comenzaran a bombardear Irán el 28 de febrero, el presidente Donald Trump acusó a Teherán de construir armas nucleares que amenazan a los aliados de Washington y podrían “pronto alcanzar territorio estadounidense”.
Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo el 2 de marzo que Estados Unidos tuvo que “atacar preventivamente” ya que la administración sabía que iba a producirse “una acción israelí” contra Irán.
Por su parte, el presidente israelí, Isaac Herzog, dijo a la BBC que los presuntos planes de Irán para “desarrollar una bomba” son, por sí solos, motivo suficiente para los ataques.
Irán ha respondido bombardeando Israel y países de Oriente Medio que albergan bases militares estadounidenses, alegando la legítima defensa.
Las cifras de víctimas siguen aumentando. De acuerdo con organizaciones humanitarias, más de 1.000 personas han muerto en Irán desde el inicio de los ataques. Mientras, en Líbano, decenas de personas han perdido la vida a causa de los bombardeos israelíes.
Por otro lado, decenas más, incluidos seis soldados estadounidenses, han muerto en Israel y en los países del golfo Pérsico.
Los expertos legales con los que ha hablado la BBC sostienen que las condiciones jurídicas necesarias para el ataque inicial de Estados Unidos e Israel no parecen haberse cumplido, aunque la represalia de Irán también podría haber violado el derecho internacional.
Según la Carta de la ONU, el documento fundacional de la organización, los países, por regla general, no pueden recurrir a la fuerza militar contra otro Estado, salvo que exista una excepción específica.
Dos disposiciones son fundamentales:
La cuestión jurídica clave es, por tanto, si Irán representaba una amenaza inminente.
Susan Breau, experta en derecho internacional del Instituto de Estudios Legales Avanzados, un centro de análisis británico, señaló que una defensa legítima requeriría “pruebas irrefutables de un ataque inminente”, y añadió que no ha visto ninguna evidencia de ese tipo.
Coincide con ella el destacado abogado de derechos humanos Geoffrey Nice, quien entre 1998 y 2006 dirigió la acusación contra el expresidente yugoslavo Slobodan Milošević en el Tribunal Penal Internacional.
“No se ha presentado ninguna prueba”, dijo Nice. “Existe una buena posibilidad de que el inicio de la guerra no haya sido legal”.
En Estados Unidos, muchos demócratas sostienen que la operación contra Irán es ilegal, al argumentar que solo el Congreso tiene la facultad de declarar la guerra.
Sin embargo, como comandante en jefe, un presidente estadounidense puede llevar a cabo ciertas operaciones militares sin una declaración formal de guerra.
El presidente Trump ha dicho que Estados Unidos intentó negociar con Irán después de bombardear tres instalaciones nucleares en junio de 2025, pero que Teherán “rechazó cada oportunidad de renunciar a sus ambiciones nucleares”.
Ha sostenido que Irán estaba intentando reconstruir su programa nuclear y desarrollar misiles de largo alcance capaces de amenazar a aliados de Estados Unidos, a tropas estadounidenses desplegadas en el extranjero y, al final, de alcanzar territorio estadounidense.
“Hay más que suficiente información que muestra que… los iraníes estaban preparando sus fuerzas de misiles para atacar antes de que Estados Unidos o Israel tomaran la decisión de seguir adelante”, dijo a la BBC Ezra Cohen, quien formó parte del equipo de inteligencia y seguridad del presidente Trump durante su primera administración.
Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica, afirmó en una rueda de prensa el lunes que Irán tenía “un programa nuclear muy grande y ambicioso”, pero que él no había visto pruebas que sugirieran “un programa estructurado para fabricar armas nucleares”.
Un informe de mayo de 2025 de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos (DIA) concluyó que Irán seguía a años de producir misiles de largo alcance.
Los expertos también señalan que la afirmación de Trump de que el programa nuclear iraní había quedado “aniquilado” después de la guerra de 12 días del año pasado parece incompatible con la idea de que Teherán representara una amenaza inminente.
Uno de los debates centrales en derecho internacional gira en torno a cuán estrictamente debe interpretarse el concepto de “inminencia”.
Tradicionalmente, inminencia significa “el último momento posible en que puedes interrumpir un ataque que, de otro modo, llegaría de forma inevitable a tu territorio”, explica Marc Weller, académico de derecho internacional de la Universidad de Cambridge.
También existe un debate de larga data sobre cuándo un Estado puede emplear la fuerza de forma legítima en defensa propia anticipada, señala Breau: algunos sostienen que el ataque debe haber comenzado ya; otros afirman que la defensa anticipada ya estaría justificada si existen pruebas creíbles de que un ataque ocurrirá muy pronto.
“Pero no dentro de diez años”, remarca.
Breau añade que la defensa propia legítima exige dos condiciones: la necesidad —”sin otra opción posible”— y la proporcionalidad.
Weller y Breau consideran que el ataque israelí contra Egipto en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, es uno de los ejemplos más citados de defensa propia anticipada en la historia moderna.
En ese momento, muchos creían que las tropas egipcias concentradas en la frontera estaban listas para lanzar un ataque, afirma Breau.
Sin embargo, sostiene que, incluso entonces, el ataque israelí se consideró “controvertido”.
Muchos expertos consideran que la respuesta de Irán también podría haber vulnerado el derecho internacional.
Weller afirma que Teherán ha infringido el derecho internacional al llevar a cabo “ataques indiscriminados” contra países del Golfo.
Geoffrey Nice subraya que, aunque Irán pueda invocar la legítima defensa, su respuesta debe ser “proporcionada”. La proporcionalidad, explica, exige valorar el objetivo militar frente al daño colateral que se puede prever.
“En el caso de Irán, el uso de misiles que quizá no estén dirigidos de manera precisa y estricta puede considerarse con facilidad como desproporcionado y, por tanto, ilegal”.
Breau coincide y menciona el célebre hotel Fairmont del centro de Dubái, que ha sido impactado por fuerzas iraníes. “Ese no era un objetivo militar, sino un objetivo civil”.
Los expertos advierten que no identificar con claridad los casos de usos ilícitos de la fuerza podría acabar debilitando el sistema jurídico internacional.
Breau alerta de que otros países podrían invocar razonamientos similares y recurrir al uso de la fuerza, como China, que podría recurrir al uso unilateral de la fuerza contra Taiwán, a la que considera una provincia separatista.
“No hay nada más peligroso para el sistema internacional que aceptar usos ilícitos de la fuerza”, señala.
En un artículo para Chatham House, Weller advierte que será difícil oponerse a “más agresiones rusas o a un posible expansionismo chino” sin “desatar acusaciones de doble rasero e hipocresía”, y que Estados Unidos y otros Estados podrían lamentar “la pérdida de autoridad legal y moral que esto implicaría”.
Si los países poderosos violan repetidamente el derecho internacional sin consecuencias, muchos temen que el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial colapse y dé paso a la ley del más fuerte.
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