
¡El calendario cultural de la CDMX arranca oficialmente! Del 4 al 8 de febrero de 2026, el Centro Citibanamex se transforma en el epicentro del arte mundial con la edición número 22 de ZSONAMACO.
Con más de 200 galerías de 27 países, esta feria no es solo un mercado de arte; es el punto donde el diseño, la fotografía y las antigüedades chocan para definir qué es lo que “vibra” hoy en la cultura global. Aquí te contamos lo que no te puedes perder de la feria que puso a México en el mapa del coleccionismo internacional.
Bajo la dirección de Zélika García y Direlia Lazo, ZSONAMACO 2026 se divide en secciones para todos los gustos:
ZSONAMACO México Arte Contemporáneo: El plato fuerte con 200 galerías de América, Asia y Europa.
ZSONAMACO Sur: Curada por Manuela Moscoso, esta sección se enfoca en el “Sur Global”, cuestionando las historias oficiales con perspectivas mucho más diversas e interseccionales.
ZSONAMACO Ejes: La nueva curaduría de Aimé Iglesias Lukin que explora cómo circula el arte en un mundo lleno de restricciones de movilidad y tensiones geopolíticas.
Diseño, Foto y Antigüedades: Desde muebles de autor y joyería hasta archivos fotográficos que rescatan la memoria desde los márgenes.
Si te gusta lo que está en la frontera entre el arte y el objeto utilitario, tienes que visitar ZSONAMACO FORMA. Es una nueva iniciativa que reconoce que las nuevas generaciones de coleccionistas ya no separan el “arte” del “diseño”; buscan piezas que dialoguen con su estilo de vida y que sean, ante todo, objetos de deseo.
ZSONAMACO es todo un ecosistema que sucede dentro y fuera del Centro Banamex:
Conversaciones: Voceros de museos como el MALBA (Argentina), el Centro Pecci (Italia) y la Dia Art Foundation (Nueva York) se sentarán a discutir el futuro del arte.
Semana del Arte: Más de 65 museos y galerías (como el Museo Jumex, el MUAC y el Palacio de Bellas Artes) se suman con una agenda especial que paraliza la ciudad.
App Móvil: Gracias a la colaboración con Always Art, podrás gestionar tu inventario o seguir tus obras favoritas desde tu celular.
¿A dónde ir después de la feria? Artsy Nights 2026 promete ser el highlight de la Semana del Arte. Este año, la fiesta oficial de ZSONAMACO se une a la energía de BLOND:ISH. La fiesta arranca a las 22:00 horas el sábado 7 de febrero en Mesones 72, en pleno centro de CDMX. Tus boletos los puedes comprar en Mango Pase antes de que vuelen.

La feria también es una plataforma de apoyo. Este año regresan reconocimientos clave como el Premio Tequila 1800 Colección (para artistas emergentes) y el Premio de Residencia para Artistas Mujeres de Fundación Casa Wabi, que lleva el talento femenino a trabajar directamente con las comunidades de la costa de Oaxaca.

Las entradas las puedes adquirir en las taquillas del Centro Banamex y por medio de su página oficial.
En línea tiene un costo de 570 pesos y en taquilla 730 pesos, a esto se le suma un 13% de cargo por servicio.
La mayor feria de arte contemporáneo tendrá lugar del 4 al 8 de febrero de 2026.
ZSONAMACO reafirma por qué la CDMX es el nodo cultural más importante de Latinoamérica. Ya sea que vayas a comprar, a aprender o simplemente a ver qué está pasando, esta es la cita obligada del año.

Mientras la atención internacional se centra en los cambios políticos que atraviesa Venezuela, para los venezolanos el aumento de precios es la preocupación más inmediata.
En un supermercado en el este de Caracas hace unos días me enfrenté con un dilema: ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por un kilo de manzanas?
Me pasó lo mismo cuando al tratar de adquirir mi desodorante habitual me di cuenta de que en la capital venezolana debía abandonar la fidelidad a un producto que he utilizado durante casi una década.
¿Por qué pagaría US$13 por un desodorante que en Londres cuesta 2,5 libras esterlinas (US$3,4)? ¿Y quién puede pagar en Venezuela US$10 por un kilo de manzanas?
Mientras la atención internacional se centra en el cambio de mando en Venezuela y en el giro del país tras el ataque de EE.UU. y la captura de Maduro, en las calles de Caracas una gran preocupación de los venezolanos vuelve a ser el costo de la vida, los altos precios y la economía del país.
En mercados y comercios de Caracas, los precios suben con enorme rapidez en un contexto marcado por la inestabilidad política y cambiaria y en un país marcado desde hace años por la inflación.
“Me siento más pobre hoy que en diciembre”, dice María Luisa, de unos 50 años, mientras compra hortalizas con su hija Sofía en el mercado de Chacao, en el este de la ciudad. “El dinero rinde menos ahora que hace un mes”, insiste.
Sofía explica que pasó parte del día buscando comida para su gata.
Afirma que a finales del año pasado costaba entre US$3,5 y US$4 el kilo, y hoy está en US$6.
“Cuesta casi el doble de repente”, se queja.
En el centro de Caracas se repite la historia. Con una gran cantidad de bolívares en la mano, que parecen mucho, pero en realidad valen poco, Yarilén, una pensionada de 55 años, afirma que además de la caída del poder adquisitivo, el volátil tipo de cambio es difícil de seguir en una economía que en los últimos años vivió una dolarización de facto.
“Un negocio cobra en bolívares y el siguiente en dólares. Tienes que hacer las cuentas todo el tiempo en tu cabeza”, explica.
La economía venezolana está siendo impactada de nuevo por la inestabilidad política, que tradicionalmente ha elevado el precio del dólar, además de por la incapacidad ahora de vender su petróleo libremente, su principal producto de exportación, debido a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y al bloqueo marítimo que impide a Caracas colocar crudo en el mercado negro con ayuda de una “flota fantasma”, como solía hacerlo desde que se impusieron las primeras sanciones en 2017.
Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas en octubre, Venezuela cerró 2025 con una inflación de 548%.
La misma fuente preveía un crecimiento económico moderado de 0,5%, una cifra muy modesta considerando que el Producto Interno Bruto (PIB) del país es hoy casi un 80% menos al pico histórico de 2012 que logró impulsado por los altos precios del petróleo.
Estas proyecciones no tomaban en cuenta los eventos del 3 de enero, cuando el presidente Nicolás Maduro fue detenido y trasladado a una cárcel de Nueva York, donde se espera que enfrente a la justicia estadounidense por cargos relacionados con narcotráfico y posesión de armas.
Ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que quiere controlar y vender el petróleo de Venezuela, país que tiene las mayores reservas de crudo del mundo.
Pero un gran número de venezolanos se opone a la idea.
“Este es un país rico en petróleo, oro y minerales (…) Que vengan de afuera a tomar el control es como que alguien entre en tu casa sin pedir permiso”, le dice a BBC Mundo Sandra, quien vende helados para mantener a su familia.
A ella también le ha afectado el bolsillo la inestabilidad del país, y asegura que el temor a nuevos episodios de violencia hace que los venezolanos sean aún más cautelosos con los gastos.
“La gente trabaja con miedo. A tempranas horas ya todos están en su casa”, añade. “Yo quiero un cambio para el país, pero no así”.
Según el economista Jesús Palacios, la economía venezolana se enfrenta a corto plazo a desafíos como la galopante inflación y la presión cambiaria.
“La pérdida de poder de compra ya se sintió en diciembre y eso repercute en un menor ritmo de crecimiento”, le dice el profesor de la UCAB a BBC Mundo.
Señala además que la escasez de divisas por las trabas a la exportación petrolera y la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo han empujado a muchos comercios a subir precios incluso en dólares, generando inflación también en moneda extranjera.
El tipo de cambio oficial establece que un dólar cuesta unos 330 bolívares. Pero el cambio paralelo es mucho mayor y es el que se usa muchas veces como referencia para marcar precios, lo que ha sido denunciado por el gobierno como una herramienta de distorsión y especulación.
Palacio advierte que si no hay un ajuste de precios a la baja en dólares, Venezuela podría convertirse en uno de los países más caros de la región, e incluso del mundo.
Pero añade que hay expectativas de que la situación mejore tras los acuerdos petroleros anunciados por Trump y la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
“Probablemente en un par de semanas empiece a notarse un flujo de caja importante”.
José Guerra, profesor de Economía de la Universidad Central de Venezuela, concuerda.
“Los anuncios del presidente Trump han logrado crear expectativas favorables: el dólar paralelo ha disminuido más del 40% desde el día 8 de enero, cuando se hizo el anuncio, hasta el día 13 de enero. Y la brecha cambiaria se ha ido reduciendo”, le dice a BBC Mundo.
Oficialmente, el salario mínimo en Venezuela está fijado en 130 bolívares, lo que equivale a menos de un dólar, pero ambos economistas explican que la remuneración real tiende a ser algo mayor.
“El gobierno otorga bonos que hacen que el salario promedio esté entre US$60 y US$70, algo aún muy por debajo de la canasta básica alimentaria, que para una familia de cuatro miembros estaba en US$470 por mes”, apunta Guerra, firme opositor al gobierno actual.
El economista Jesús Palacios añade que el venezolano común tiende a tener varios empleos y no depende tanto de su sueldo oficial, sino que busca actividades complementarias.
“Vende tortas, busca comprar algo y revenderlo. Está constantemente rebuscándose. Cerca del 60% de la población tiene actividades complementarias”.
Nadie en Venezuela quiere hablar abiertamente de la diferencia entre el bolívar oficial y el paralelo por miedo a repercusiones.
Pero es un tema que rige la economía actual.
Mientras tanto, la mayoría, vive buscando alternativas a productos básicos.
Pensativos, dan vueltas en los mercados de la capital venezolana comparando precios y preguntándose si pueden permitirse comprar lo que planeaban.
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