
Adiós, Tánger (Sexto Piso, 2023) es la primera novela de Salma El Moumni (Marruecos, 1999). En la historia se cuenta que Alia, una mujer tangerina, se ve obligada a salir de su ciudad e ir a vivir a Lyon, Francia.
Alia en las calles de Tánger suscita turbación, aunque ella no comprende por qué. Los hombres, al pasar, la desnudan con la mirada, la siguen, la insultan.
Entonces, en la intimidad de su cuarto, en el esfuerzo de comprender qué ven los hombres en ella, comienza a hacerse fotos. Posa desnuda ante la cámara. Se acuesta, arquea la espalda, y poco a poco esas sesiones fotográficas se convierten en un ritual.
Alia empieza a pasar tiempo con Quentin, un francés de su instituto. Junto a él, descubre un mundo de privilegios, de liviandad, pero también una libertad, que antes no había experimentado.
Si las fotos se dan a conocer, en el Marruecos en el que vive pueden llevar a proceso judicial por considerase inmorales. Quentin traiciona su amistad y las publica en forma anónima en Internet.
El único camino que le queda es dejar el país, para evitar ser acusada de ofensa a la moral. Huye a Lyon, escenario donde se siente a salvo e inicia una nueva vida en un claro desarraigo.
Pronto descubre que en la nueva ciudad en la que vive, la cosificación en las calles también la persigue en Europa, donde el racismo golpea y ahora siente que “ni es de los magrebíes de Francia ni de los blancos de Francia”.
Aquí, a los lugares donde va la palabra que se utiliza es beurette, un término peyorativo del argot, para designar a las jóvenes mujeres francesas de padres magrebíes.
En esta novela, Salma El Moumni, retrata el poder destructor de la mirada de los hombres, y de su obra dice que “quería dar voz a una mujer silenciada socialmente. Cuando crecemos, confundimos la idea de libertad con el silencio. El precio de vivir libremente es no poder hablar claro: hemos de ser discretas, calladitas, invisibles”.
Afirma que “al principio esto ni siquiera era una novela. Fui escribiendo ideas en diferentes trozos de papel y el deseo de convertirlo en un libro llegó cuando visualicé la imagen de una jirafa, una escena que se puede leer en la novela y que tiene que ver con ese animal del que hay una estatua gigante en el centro de Lyon”.
La obra no tiene nada de autobiográfica. Refleja, sí, el camino que siguen tantos y tantos jóvenes marroquíes hoy en día, que emigran y dejan su país, y que de manera particular viven en Francia.
Salma El Moumni, en 1999 nació en Tánger, Marruecos, y se fue a vivir a Francia para cursar estudios universitarios en la Escuela Normal Superior de Lyon. Ahora vive en Paris. Escribe en francés. Con esta su primera novela ha ganado del Premio France Culture des étudiants 2023 y fue finalista del Premio Médicis. Está dedicada a escribir su segunda novela.

Versión original: Adieu Tanger, Editione Grassets & Fasquelle, 2023. Traducción del francés al español de Palmira Feixas.

Adiós, Tánger
Salma El Moumni
Editorial Sexto Piso
Madrid, 2025
pp. 124

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.
Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.
Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.
El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.
Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.
Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.
La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.
Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.
Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.
Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.
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Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.
Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.
A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.
En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.
Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.
Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.
El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.
Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.
En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.
La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.
El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.
Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.
Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.
Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.
Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.
Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.
La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.
Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.
En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.
Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.
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