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Así funciona la comunicación gubernamental
Lo que quiso decir
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Rubén Aguilar Valenzuela: Socio fundador de Afan y Asociados, S.C. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor... Continuar Leyendo
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Así funciona la comunicación gubernamental

Estoy convencido que el más completo instrumento en una sociedad democrática es la existencia del portavoz del gobierno, que día a día da cuenta, de manera pública, del quehacer gubernamental y responde de manera puntual a los cuestionamientos de la prensa.
01 de marzo, 2026
Por: Rubén Aguilar

En el Museo Histórico de Acapulco. Fuerte San Diego, en Acapulco, Guerrero, el pasado 20 de febrero se presentó el libro Así funciona la comunicación gubernamental, del periodista guerrerense Ricardo Castillo Díaz (Editorial Tirant Humanidades, México, 2025).

Las presentaciones y el intercambio con los asistentes estuvo coordinado por Alejandra Santoyo Serrano, coordinadora de la licenciatura en Ciencia Política del IEPA-IMA-UAGRO, y participaron René Posselt Aguirre, coordinador general de Comunicación Social del Gobierno de Guerrero, el autor y el que escribe. Comparto con ustedes el prólogo que preparé para el libro.

El supuesto fundamental del libro que tenemos en la mano, obra del periodista Ricardo Castillo Díaz, es que la comunicación de gobierno da lugar a una actividad profesional que debe ser realizada por profesionales. No hay lugar a la improvisación.

Está también presente la idea de que la teoría da sustento a la acción, pero que la acción interpela a la teoría. Se establece, entonces, el círculo virtuoso de la dialéctica entre teoría y práctica (praxis), donde de manera permanente una y otra se alimentan.

Castillo Díaz en el primer capítulo realiza un recorrido panorámico por los autores clásicos que a lo largo de los siglos han reflexionado sobre la política. De manera original establece la relación de lo que plantean estos pensadores con el campo de la comunicación del gobierno.

Analiza el pensamiento de teóricos, de filósofos de la política, como Maquiavelo, Montaigne, Locke, Rousseau, Hume, Madison y Tocqueville. Luego se adentra a la revisión de las concepciones de politólogos modernos como Giovanni Sartori, Karl Deutsch, Robert Dahl, Andreas Schedler, Guillermo O’Donnell y Luciano H. Elizalde.

El diálogo que Castillo Díaz establece con estos autores y la confrontación que hace de las posiciones de estos, da cuenta de la importancia que concede a la teoría como fundamento de la comunicación del gobierno, tarea compleja y apasionante.

De la fundamentación teórica del campo, Castillo Díaz pasa a proponer, desde su propia concepción, cómo funciona la comunicación gubernamental. A eso dedica el capítulo dos. De inicio, vuelve a la teoría y nos plantea la concepción de sistema político que sustenta David Easton.

La comunicación de gobierno ocurre siempre en el marco de un sistema político dado. Se requiere, es condición indispensable, conocerlo a profundidad, para poder comunicar al gobierno. No hacerlo implica el fracaso. En las sociedades mediáticas de hoy, la comunicación está a la base de la acción de gobierno. Comunicar es gobernar o gobernar es comunicar.

En este capítulo se adentra también al análisis de la Teoría de la Agenda Setting. Aquí surge el tema siempre a debate entre la opinión publicada y la opinión pública. Una no necesariamente conduce a la otra. Se puede todos los días ganar la Agenda Setting, pero no la opinión pública.

En ese horizonte, en el de la disputa diaria por la Agenda Setting, surge el tema de la estrategia de comunicación del gobierno. ¿Cómo estar presente en la agenda mediática de todos los días? ¿Para qué?  Sin la gran estrategia y sin plan que la traduzca en acción, la comunicación del gobierno nunca tendrá dirección.

Castillo Díaz propone una serie de mecanismos para organizar y difundir la comunicación del gobierno. Hay consenso en torno a ellos. Entre más abiertos y públicos mejor. Estoy convencido que el más completo instrumento en una sociedad democrática es la existencia del portavoz del gobierno, que día a día da cuenta, de manera pública, del quehacer gubernamental y responde de manera puntual a los cuestionamientos de la prensa.

Subrayo que en el capítulo Castillo Díaz, con rigor, fundamenta las diversas propuestas prácticas a partir de la revisión de la elaboración teórica de autores que han trabajado los diversos temas a los que hace referencia. Mantiene la dialéctica permanente entre la teoría y la práctica.

En el capítulo tres, Castillo Díaz presenta los modelos de comunicación de los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y España. De manera particular desarrolla ampliamente la experiencia estadounidense. Ofrece una síntesis del desarrollo de la misma y los mecanismos que se utilizan, para organizar e implementar la comunicación del gobierno.

De los modelos del Reino Unido, Alemania y España subraya la importancia que estos dan a la transparencia y la rendición de cuentas. Para cada uno de estos casos presenta los mecanismos que utilizan las oficinas de comunicación de estos gobiernos, para realizar su trabajo.

En este mismo capítulo Castillo Díaz analiza de manera más puntual el caso de México. Lo divide en dos grandes partes. La comunicación del gobierno antes de la alternancia en 2000 y lo que ha ocurrido después de ella. De manera sintética ofrece una revisión histórica del desarrollo de la oficina de la presidencia encargada de la comunicación gubernamental, que incluye la relación entre los medios y el poder político.

Al analizar la comunicación del gobierno de la alternancia, Castillo Díaz pone un especial cuidado en plantear cómo se organizaba la oficina, que es una manera de señalar cómo se articulaba y operaba la estrategia. Destaca la innovación que fue la constitución de la Vocería Presidencial. Hace mención especial a la apertura del gobierno de la alternancia con los medios, que implicó un cambio sustantivo con el pasado.

Castillo Díaz termina su trabajo con veinte grandes conclusiones, que son más que una síntesis de lo que se aborda en los capítulos que estructuran el libro. Son, así lo entiendo, un conjunto de propuestas para desarrollar el trabajo de comunicación gubernamental en el marco de la dialéctica propia de la praxis.

En la construcción de este libro se hace evidente de parte del autor, que fue mi alumno en la Universidad Iberoamericana y es mi amigo, una experiencia de vida que articula el ejercicio del periodismo por más de 30 años, haber coordinado una oficina de comunicación gubernamental, incursionar en la docencia universitaria y ser director de una agencia de noticias.

Portada del libro Así funciona la comunicación gubernamental, de Ricardo Castillo Díaz.

Ricardo Castillo Díaz

Editorial Tirant Humanidades

México, 2025

pp. 127

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Imagen BBC
Por qué es tan difícil contener la risa en situaciones inapropiadas, te lo contamos
6 minutos de lectura

La risa “inapropiada” suele interpretarse como grosería o infantilismo. Pero desde una perspectiva neurológica, es una consecuencia predecible de la inhibición emocional prolongada.

24 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

No creo haberme reído nunca tanto como durante un servicio religioso, cuando algo ligeramente ridículo me llamó la atención. Mi amiga también lo vio, y cuando se empezó a reír, ya no pudo parar. Años después he intentado explicar qué fue tan gracioso, pero parece que había que estar allí. ¿Qué tenía la combinación de la situación -a veces llamada “risas de iglesia”- y la risa compartida que la hacía tan graciosa?

La mayoría de la gente reconoce la experiencia. Un ambiente solemne. Silencio absoluto. Un detalle visual fugaz que, en cualquier otro contexto, es apenas divertido en el mejor de los casos. Sin embargo, cuanto más intentas reprimir la risa, más incontrolable se vuelve. Cuando alguien más la nota, contenerse se vuelve casi imposible.

Este tipo de risa, que surge cuando intentas no reírte, no se limita a los espacios religiosos. Ocurre en cualquier entorno donde el silencio, la seriedad y el autocontrol se imponen con fuerza y la risa descontrolada está mal vista.

Más que una cuestión de mala educación o falta de madurez emocional, nos dice algo sobre cómo se comporta el cerebro bajo presión. La ciencia que lo sustenta es sorprendentemente compleja.

En entornos muy formales (iglesias, tribunales, funerales), el cerebro opera en un estado de inhibición activa. Este es el proceso mediante el cual el cerebro suprime deliberadamente la actividad cerebral.

La región más involucrada es la corteza prefrontal, la parte del pensamiento y la toma de decisiones en la parte frontal del cerebro, en particular sus áreas medial y lateral. Estas áreas gestionan el juicio social, la restricción del comportamiento y la regulación emocional.

Esta parte del cerebro no impide que surjan las emociones. En cambio, funciona suprimiendo su expresión externa.

El origen de la risa

La risa proviene de una red distribuida por todo el cerebro, en lugar de un único “centro de la risa”. El impulso comienza en las regiones externas del cerebro, pero el impulso emocional proviene de estructuras más profundas del sistema límbico, el centro de procesamiento emocional del cerebro.

El sistema límbico incluye la amígdala, una estructura con forma de almendra que procesa las emociones y asigna importancia emocional a las cosas, y el hipotálamo, que controla funciones corporales automáticas como la frecuencia cardíaca y la respiración.

Una vez que se libera la risa, los circuitos del tronco encefálico (la base del cerebro que conecta con la médula espinal) toman el control y coordinan la expresión facial, la respiración y la vocalización.

Servicio religioso en una iglesia católica.
Getty Images
Mantener la seriedad cuando algo nos da risa en un entorno solemne no es fácil.

Esto hace difícil detener la risa voluntariamente. La corteza prefrontal normalmente controla esta respuesta, suprimiendo la risa cuando es socialmente inapropiada.

Cuando ese control se debilita, debido a una mayor excitación o a señales sociales compartidas, la risa surge como un comportamiento automático, casi reflejo. Ya no es un acto deliberado.

En otras palabras, el impulso de reír y el esfuerzo por contenerse provienen de diferentes partes del cerebro que compiten entre sí.

Cuando algo inesperado o extraño llama tu atención, tu respuesta emocional se activa rápida y automáticamente. Controlarla requiere esfuerzo, consume energía y suele estar destinado al fracaso, especialmente si tienes que mantener el control durante largos periodos.

Cuanto más firmemente intentes controlarla, más activo se mantendrá el detonante en tu atención. Reprimirla no borra el pensamiento; de hecho, lo ensaya y lo mantiene.

Liberar tensiones

La risa no es solo una respuesta al humor. Neurológicamente, también funciona como un reflejo regulador: una forma de liberar la tensión emocional y física.

En entornos con restricciones, tu sistema nervioso tiene pocas vías de escape. No puedes moverte, no puedes hablar, no puedes cambiar mucho de posición ni expresar incomodidad.

Al mismo tiempo, tu sistema nervioso automático se activa ligeramente. Tu ritmo cardíaco aumenta, tu respiración se vuelve más superficial y tu tono muscular se eleva.

Esta combinación reduce el umbral de liberación emocional. Tu cuerpo se prepara para liberar algo.

Una vez que comienza la risa, se activan vías motoras automáticas en el tronco encefálico que no puedes interrumpir fácilmente. Por eso, una vez que la risa se desencadena, a menudo se siente físicamente imparable.

Ya no estás “decidiendo” reír. El sistema ha tomado el control y estás indefenso.

Para muchas personas, el punto de inflexión no es el detonante original. Es el instante en que alguien más lo percibe.

Aquí es donde entra en juego la neurobiología social. Los humanos somos muy sensibles a las señales sociales sutiles: tensión facial, cambios en la respiración, sonrisas contenidas.

Procesamos estas señales rápidamente a través de redes que involucran el surco temporal superior, un surco a lo largo del lateral del cerebro que desempeña un papel clave en la interpretación de otras personas.

Las neuronas espejo (células cerebrales que se activan tanto cuando actuamos como cuando observamos actuar a otros) también nos ayudan a captar estas señales.

Tres mujeres riéndose
Getty Images
La risa es un mecanismo que nos permite liberar tensiones.

Reír juntos representa una alineación emocional compartida. Ese reconocimiento compartido hace dos cosas a la vez. Valida tu propia respuesta (no me lo estoy imaginando). Y elimina la sensación de transgresión solitaria (ya no estás reprimiendo solo).

El sistema de control prefrontal se debilita aún más. La risa se propaga a través del contagio emocional.

En este punto, el detonante original ya no importa. De lo que se ríen es del otro y de lo absurdo de intentar recuperar el control.

Estos momentos suelen desencadenarse por algo visual, pero no tiene por qué ser así. Una palabra mal pronunciada o una frase inesperada pueden provocar la misma respuesta.

Sin embargo, los desencadenantes visuales son especialmente potentes en entornos silenciosos. No se pueden interrumpir ni disimular, y el cerebro puede reproducirlos repetidamente mientras la inhibición esté activa.

Los desencadenantes verbales, en cambio, tienden a compartirse al instante. Que la risa surja depende de la rapidez con la que se pueda restablecer la inhibición social.

La risa “inapropiada” suele interpretarse como grosería o infantilismo. Pero desde una perspectiva neurológica, es una consecuencia predecible de la inhibición emocional prolongada en una especie social.

El cerebro no está diseñado para una inhibición sostenida sin liberación. Cuando la inhibición es lo suficientemente fuerte, y cuando alguien más está presente, la risa se convierte en la vía de escape. Por eso parece imposible detenerse.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

*Michelle Spear es profesora de Anatomía, Universidad de Bristol, Reino Unido.

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