
El 2025 fue un año excepcional, no solo por la magnitud de la crisis que atravesó el mundo, sino porque dejó al descubierto algo más profundo y preocupante: la fragilidad de los sistemas que deberían proteger a la niñez cuando más lo necesita. Para millones de niñas, niños y adolescentes, este fue un año marcado por la incertidumbre constante, la pérdida de derechos básicos y la normalización de contextos que nadie —y mucho menos de esa edad— debería habitar.
Conflictos armados prolongados, desplazamientos forzados, crisis climáticas cada vez más severas y una inseguridad alimentaria creciente configuraron un escenario en el que la niñez volvió a ser la más expuesta y la menos escuchada. En 2025, uno de cada cinco niños vivía en zonas de conflicto activo; decenas de millones fueron desplazados de sus hogares; cientos de millones carecieron de una alimentación adecuada y otros tantos quedaron fuera de la escuela. No se trató de crisis aisladas, sino de una acumulación de violencias estructurales que impactaron directamente su desarrollo, su salud mental y sus oportunidades de futuro.
A esta realidad se sumó un factor que agravó aún más la situación: la crisis de financiamiento de la ayuda humanitaria. Los recortes abruptos a la cooperación internacional —derivados de decisiones políticas y económicas— redujeron drásticamente la capacidad de respuesta global justo cuando las necesidades alcanzaban niveles históricos y sumamente urgentes.
Programas de salud, educación, nutrición y protección a la niñez se vieron obligados a disminuir su alcance o cerrar, dejando a millones de niñas, niños y adolescentes sin redes de apoyo en contextos ya de por sí adversos. Lo ocurrido en 2025 dejó una lección incómoda pero necesaria: el sistema humanitario global es vulnerable porque depende de decisiones que rara vez ponen a la niñez en el centro. Cuando los recursos se reducen, los primeros en perder son quienes menos poder tienen para exigir. La niñez queda, una vez más, al final de la lista de prioridades.
Sin embargo, limitar la lectura y balance del 2025 a un recuento de crisis sería incompleto, además de injusto. Porque, paradójicamente, este año también abrió una oportunidad ineludible: la de cuestionar y transformar la forma en que entendemos la acción humanitaria.
La experiencia demostró que los modelos tradicionales —centralizados, reactivos y cada vez menos sostenibles— ya no responden a la complejidad del mundo actual. La crisis no solo expuso fallas, también obligó a pensar en nuevas respuestas. Proteger a las personas en contextos de vulnerabilidad —en especial a la niñez— hoy exige adaptar, innovar y reimaginar: avanzar hacia modelos de respuesta menos rígidos y más sensibles al contexto, donde las comunidades tengan un papel central, las decisiones se tomen cerca de los territorios y las soluciones respondan a las condiciones específicas de cada lugar.
Implica, además, reconocer que la niñez no es solo receptora de ayuda, sino portadora de conocimiento, experiencia y propuestas. La pregunta incómoda —pero necesaria— es qué estamos dispuestos a hacer las personas adultas con todo lo que ellas y ellos ya nos están diciendo: si vamos a escucharlos de verdad, a compartirles espacio y poder, o si volveremos a fallarles desde la indiferencia, la inercia o la comodidad.
En México, esta pregunta no se quedó en el terreno del análisis o el discurso. Durante 2025, este enfoque se tradujo en acciones concretas. En un contexto nacional marcado por desigualdades persistentes, movilidad humana, emergencias climáticas y brechas en el acceso a servicios básicos, desde Save the Children hicimos lo necesario para fortalecer el trabajo en educación, salud, nutrición, protección y respuesta humanitaria sin perder de vista lo que la niñez tiene que decir.
Teniendo esto claro, logramos acompañar a miles de niñas, niños y adolescentes no solo desde la atención inmediata, sino desde una visión integral de derechos. Uno de los aprendizajes más importantes del año fue entender que el impacto no se mide únicamente en servicios entregados, sino en la capacidad de escuchar y generar espacios reales de participación.
Por ello, una de las decisiones más relevantes fue colocar la voz de la niñez y la adolescencia como eje transversal del trabajo.
En ese marco, se creó un espacio de emociones para que niñas, niños y adolescentes pudieran hablar abiertamente sobre su salud mental, expresar miedos, frustraciones y esperanzas, y ser escuchados sin juicio. En un mundo que exige resiliencia constante a la niñez, reconocer su bienestar emocional como una prioridad fue un acto profundamente político, justo y necesario.
Asimismo, la integración del grupo musical juvenil “Picus” como embajadores de Save the Children en México respondió a esa misma lógica: amplificar las voces de la niñez en espacios donde tradicionalmente no se les escucha. Su participación ayudó a conectar con otras infancias y adolescencias, a visibilizar mensajes clave sobre derechos y a reforzar la idea de que la niñez puede incidir, comunicar y movilizar.
Mirar hacia 2026 implica asumir responsabilidades claras. No basta con reconocer lo ocurrido, es indispensable actuar en consecuencia. El año debe marcar un giro hacia una acción humanitaria más sostenible, con financiamiento diversificado, mayor localización de recursos y decisiones compartidas con las comunidades.
Debe ser, también, un año en el que los Estados asuman que invertir en la niñez no es una concesión, sino una obligación legal, ética y social. Garantizar educación, salud, protección y participación infantil no puede seguir siendo una promesa sujeta a coyunturas económicas o políticas.
El 2025 dejó claro que la niñez no es el problema, sino el espejo más nítido de nuestras decisiones como sociedad. Mientras niñas, niños y adolescentes siguen resistiendo, aprendiendo y soñando incluso en los contextos más adversos, el mundo adulto sigue debatiendo si puede o no responder a la altura.
En 2026 no se trata de nuevas promesas, sino de decisiones concretas: proteger presupuestos, priorizar derechos, escuchar de verdad y actuar con coherencia. Este debe ser el año en que pasemos del diagnóstico a la acción, del discurso al compromiso real. Porque si la niñez ya está haciendo su parte, resistiendo y alzando la voz, el mundo adulto no tiene derecho a seguir fallando.
* Save the Children (@SaveChildrenMx) es una organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram.

Se trata del buque Marinera, que históricamente transportó petróleo de Venezuela pero que actualmente no lleva cargamento. Los últimos informes lo sitúan entre Escocia e Islandia.
Rusia desplegó efectivos navales para escoltar un petrolero que también está siendo perseguido por fuerzas estadounidenses a través del Atlántico, según informó CBS News, socio mediático de la BBC en Estados Unidos.
El barco, que actualmente no lleva cargamento, históricamente transportó crudo venezolano y se creía que se encontraba entre Escocia e Islandia el martes.
El presidente Donald Trump ordenó el pasado mes un “bloqueo” de los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela, una medida calificada como “robo” por las autoridades venezolanas.
Antes de la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ocurrida el sábado, Trump acusó repetidamente al gobierno del país sudamericano de utilizar barcos para introducir drogas en suelo estadounidense.
La Guardia Costera de EE.UU. intentó abordar el Bella 1 el mes pasado en el Caribe cuando se creía que se dirigía hacia Venezuela. Tenía una orden judicial para incautar el barco, acusado de infringir las sanciones estadounidenses y transportar petróleo iraní.
Luego cambió drásticamente de rumbo (así como de nombre a Marinera) y, según se informa, cambió de bandera de guyanesa a rusa.
Su aproximación a Europa coincidió con la llegada de unos 10 aviones de transporte militar estadounidenses, así como helicópteros.
Rusia afirma estar “monitoreando con preocupación” la situación en torno al buque.
Dos funcionarios estadounidenses declararon a CBS News el martes que las fuerzas estadounidenses planeaban abordar el buque y que Washington prefería incautarlo antes que hundirlo.
BBC Verify analizó imágenes publicadas por Russia Today, supuestamente tomadas a bordo de un petrolero, que muestran un barco a lo lejos que coincide con el perfil de un guardacostas clase Legend de la Guardia Costera estadounidense.
También ha estado monitoreando la última ubicación reportada del Marinera.
Según los datos de ubicación AIS de la plataforma de seguimiento de barcos Marine Traffic, su ubicación el martes por la mañana era en el Océano Atlántico Norte, a unos 300 km al sur de la costa de Islandia.
Datos previos del AIS sugieren que se dirigió hacia el norte, pasando por la costa occidental de Reino Unido durante los últimos dos días.
También el martes, el Comando Sur del ejército estadounidense publicó en redes sociales que “continúa dispuesto a apoyar a nuestras agencias gubernamentales asociadas en la lucha contra los buques y actores sancionados que transitan por esta región”.
“Nuestros servicios marítimos están vigilantes, ágiles y preparados para rastrear buques de interés”. Cuando llegue la llamada, allí estaremos”.
Antes de que se lance cualquier operación militar desde Estados Unidos, se espera que dicho país informe a su aliado Reino Unido.
Por ahora, el Ministerio de Defensa británico dice que no hará comentarios sobre las actividades militares de otras naciones.
Los funcionarios citados por CBS sugirieron que Estados Unidos podría realizar una operación como la del mes pasado, cuando los Marines y las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses, en colaboración con la Guardia Costera, incautaron The Skipper, un gran petrolero con bandera de Guyana, después de que el buque zarpara del puerto de Venezuela.
Según el derecho internacional, los buques que enarbolan la bandera de un país están bajo la protección de dicha nación, pero Dimitris Ampatzidis, analista sénior de Riesgos y Cumplimiento de la firma de inteligencia marítima Kpler, declaró a BBC Verify que un nuevo nombre y bandera del buque podría no suponer un gran cambio.
“La acción de EE.UU. se basa en la identidad subyacente del buque [número OMI], sus redes de propiedad/control y su historial de sanciones, no en sus marcas pintadas ni en la reivindicación de la bandera”, afirmó.
Ampatzidis añadió que el cambio al registro ruso podría causar “fricciones diplomáticas”, pero no detendría ninguna acción coercitiva de EE.UU.
Por su parte, Michelle Bockmann, analista de inteligencia marítima de Windward, afirmó que cambiar a un registro ruso podría complicar las medidas de control de Estados Unidos.
“En virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, existe una disposición que permite que las autoridades aborden un buque apátrida. Al cambiar a bandera rusa, el buque ya no puede ser abordado en virtud de esta disposición”, explicó.
“Actualmente, nuestro buque navega en aguas internacionales del Atlántico Norte bajo la bandera estatal de la Federación Rusa y en pleno cumplimiento de las normas del derecho marítimo internacional”, declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.
“Por razones que desconocemos, el buque ruso está recibiendo una atención cada vez mayor y claramente desproporcionada por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la OTAN, a pesar de su carácter pacífico”, declaró.
“Esperamos que los países occidentales, que declaran su compromiso con la libertad de navegación en alta mar, comiencen a adherirse a este principio”.
La controversia por el petrolero se produce días después de que Estados Unidos conmocionara al mundo con la captura de Maduro en la capital, Caracas. Objetivos en la ciudad fueron bombardeados durante la operación para arrestarlo a él y a su esposa, bajo acusaciones de supuestos delitos relacionados con armas y drogas.