
El 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos, una fecha que nos recuerda la adopción de la Declaración Universal de 1948, pero también —y sobre todo— la urgencia de revisar qué tan real es ese compromiso en la vida de millones de personas. Este año, bajo el lema global “Nuestros derechos cotidianos”, la reflexión nos invita a mirar no solo las grandes causas universales, sino los derechos que deberían acompañar a cada persona en su día a día. Y si hablamos de lo esencial, entonces no hay mejor lugar para empezar que en la infancia.
Las niñas, niños y adolescentes representan casi un tercio de la población mundial. lo que subraya su peso demográfico y la responsabilidad global de garantizar su bienestar. En México, de acuerdo con el INEGI, hay 38.2 millones de niñas, niños y adolescentes, es decir, cerca del 30 % de la población nacional.
Sin embargo, su realidad evidencia que los derechos humanos no se ejercen plenamente desde el inicio de la vida. La violencia, la pobreza, la desigualdad, la discriminación y la falta de condiciones dignas continúan marcando la experiencia de millones de niñas y niños. En un mundo que se declara defensor de la dignidad humana, las vulneraciones hacia los derechos de la niñez y adolescencia siguen siendo una contradicción inaceptable.
Por su parte, la Declaración de los Derechos del Niño, adoptada por la ONU en 1959 y fortalecida con la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, establece principios fundamentales: el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo; a un nombre y una nacionalidad; a la protección contra el maltrato; a la educación; a la salud; al juego; a la participación, y a crecer en entornos seguros y amorosos. Este marco normativo, aceptado prácticamente por todos los países del mundo, establece que la infancia es un grupo prioritario y que su bienestar debe ser una responsabilidad compartida entre Estado, familias y sociedad.
Pero los derechos, como recordamos cada 10 de diciembre, no se garantizan solamente declarándolos. Se necesitan políticas, recursos, instituciones fuertes y una profunda convicción social. Es así que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha señalado este año: los derechos humanos deben estar al centro de cualquier política o respuesta pública. Y, en ese sentido, las niñas y los niños deben estar aún más al centro. No hay verdadera política de derechos humanos si las experiencias de la niñez quedan relegadas.
En Save the Children lo vemos cada día: cuando una niña puede ir a la escuela sin miedo; cuando un niño recibe atención emocional después de vivir violencia; cuando una familia accede a oportunidades para dar a sus hijos una vida digna; cuando un adolescente encuentra información confiable sobre salud mental; cuando una comunidad trabaja para erradicar prácticas dañinas normalizadas. Todos estos logros no son abstractos: son la materialización concreta de los derechos humanos en la vida cotidiana.
Pese a los avances legales, la realidad nos obliga a reconocer que la niñez sigue siendo uno de los grupos más vulnerados.
En México, millones de niñas y niños viven en condiciones de pobreza; muchos experimentan violencia física o psicológica en el hogar; otros enfrentan barreras para acceder a servicios básicos de salud, educación o protección. A nivel global, se estima que millones de niñas y niños viven en zonas de conflicto; las migraciones forzadas alcanzan cifras récord; la crisis climática amenaza directamente su futuro, y las desigualdades digitales amplifican brechas de aprendizaje.
Estos desafíos no son nuevos, pero se multiplican en el siglo XXI. Hoy, garantizar los derechos de la niñez exige atender dimensiones que en 1948 ni siquiera podía imaginarse: el derecho a la privacidad digital, la protección frente a desinformación y discursos de odio, los riesgos tecnológicos, las crisis ambientales, las epidemias globales y la creciente desigualdad estructural.
Hay muchos problemas que afectan a la niñez, pero el más grave es que no se les considera un grupo prioritario. Con frecuencia, los derechos de niñas y niños se ven como un tema complementario y no como el eje que debe guiar las decisiones públicas. Se habla de infraestructura, seguridad o crecimiento económico sin reconocer que ninguna política será sostenible si no prioriza a la niñez y adolescencia. Entre más temprano se vulneran los derechos de una persona, mayores son los efectos acumulados a lo largo de su vida.
Poner a la niñez en el centro implica reconocer que el bienestar de las niñas, niños y adolescentes no es un tema secundario ni accesorio, sino un indicador esencial de la salud democrática, social y económica de un país. Significa entender que no basta con garantizar su supervivencia: es necesario asegurarles condiciones reales para desarrollarse plenamente, libres de violencia y con oportunidades equitativas sin importar su origen, contexto o condición.
También supone asumir que las decisiones públicas —el presupuesto, las leyes, los programas y las prioridades del Estado— deben partir de su perspectiva. Cuando las políticas se diseñan pensando primero en la niñez, se fortalecen las familias, las comunidades y el futuro común. Y, sobre todo, implica reconocer que cada acción u omisión del mundo adulto impacta de manera directa en su presente y en su futuro, por lo que protegerles y escucharles no es una concesión, sino una responsabilidad ética impostergable.
Cada año, el Día de los Derechos Humanos pretende recordarnos que la dignidad humana es —o debería de ser— universal. Pero este recordatorio no puede ser retórico. Si realmente creemos en la esencia de la Declaración Universal, tenemos que empezar por asegurar que todas las niñas y niños vivan en entornos que les permitan desarrollarse plenamente.
Esto no es solo un principio moral: es una decisión estratégica. Las sociedades que cuidan a sus niñas, niños y adolescentes garantizan su propio futuro. Invertir en educación, protección, salud mental, bienestar económico y prevención de la violencia es invertir en estabilidad, productividad y cohesión social.
Hoy, la pregunta central no debería ser “¿qué conmemoramos este 10 de diciembre?”, sino “¿qué estamos dispuestos a transformar para que los derechos humanos se vivan desde la niñez”. Porque cuando un país protege a sus niñas y niños, está protegiendo su humanidad.
En Save the Children México reafirmos este compromiso todos los días: seguir trabajando, con evidencia y desde el terreno, para que cada niña, niño y adolescente viva sus derechos no solo como un ideal, sino como una experiencia cotidiana.
Porque los derechos humanos empiezan en la niñez. Y es allí donde también debe empezar la justicia.
* Save the Children (@SaveChildrenMx) es la organización independiente líder en la promoción y defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Trabaja en más de 120 países atendiendo situaciones de emergencia y programas de desarrollo. Ayuda a los niños y niñas a lograr una infancia saludable y segura. En México, trabaja desde 1973 con programas de salud y nutrición, educación, protección infantil y defensa de los derechos de la niñez y adolescencia, en el marco de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Visita nuestra página y nuestras redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram.

Desde que Delcy Rodríguez asumiera como presidenta encargada el pasado 5 de enero, hizo cambios en su círculo más cercano que apuntan a dónde podrá ir su gobierno.
No lleva ni un mes como mandataria de Venezuela, pero el poder de Delcy Rodríguez lleva años forjándose.
La actual presidenta encargada se juramentó el 5 de enero después de que Estados Unidos atacara Venezuela y capturara a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
Desde entonces, ha cambiado a buena parte de los responsables de ministerios y de puestos cercanos a ella como el Despacho de la Presidencia o el responsable de la Guardia de Honor Presidencial; ha bajado de la primera línea política a fichas de Maduro: se ha reunido con el director de la CIA, Jon Ratcliffe, en Caracas y firmó un acuerdo por el cual EE.UU. comercializará hasta 50 millones de barriles de petróleo.
Incluso ha sido elogiada por el presidente de EE.UU., Donald Trump.
Todo mientras denuncia “el secuestro de dos héroes que tenemos como rehenes en los Estados Unidos de Norteamérica”, tal y como dijo en su discurso de juramentación en referencia a Maduro y Flores.
Es pronto para determinar el rumbo que tomará Delcy Rodríguez teniendo en cuenta las dinámicas internas tanto de Venezuela como del propio chavismo, así como la naturaleza cambiante de Trump.
Pero se puede sugerir una línea al ver su historial, el círculo de confianza del que se rodea y a quién está dando protagonismo.
Delcy Rodríguez no fue una figura relevante con Hugo Chávez. Tuvo un paso fugaz por el Ministerio de Secretaría de Presidencia, “pero no tuvo las mejores relaciones posibles con él”, cuenta a BBC Mundo Mariano de Alba, investigador venezolano asociado del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos en Reino Unido.
Quien sí tuvo mano desde el principio y logró construir bastantes vínculos en el chavismo fue su hermano, Jorge Rodríguez, quien de un día para otro pasó de escuchar a pacientes en su consulta de psiquiatría a ser el rector del Consejo Nacional Electoral (CNE); luego fue su presidente, más tarde, vicepresidente ejecutivo y alcalde del Municipio Libertador, la almendra de Caracas. Su hoja de vida se completa con la cartera de Comunicación, diputado de la Asamblea Nacional y, ahora, su presidente.
“Jorge siempre ha sido más público, el que se activó, quien manejó campañas a Chávez. También tiene más beligerancia. La hermana pequeña (Delcy) es más callada, pero esta comparación es injusta. No puedes comprenderlos por separado”, cuenta a a BBC Mundo César Bátiz, periodista y director del medio venezolano El Pitazo.
Bátiz define la relación de Jorge y Delcy con las palabras del investigador ruso Daniel Estulin: “Un dragón de dos cabezas”.
“El mayor aliado de Delcy Rodríguez es su hermano. Tienen una agenda. Los dos han pasado por casi los mismos cargos, salvo que Jorge no tiene experiencia económica. Ambos saben y conocen cómo funciona fuera y adentro. No puedes verlos por separado”, remarca Bátiz.
Andrés Izarra -ministro con Chávez y Maduro que dejó su cargo días después de que metieran preso al opositor Antonio Ledezma, padrastro de su esposa, en 2015-, comparte esta visión: “Jorge acumuló el control legislativo y los canales de negociación. Delcy, la vicepresidencia, la economía, las relaciones exteriores. Cuando había que abrir puertas desde dentro, ellos tenían las llaves”.
Tras la captura de Maduro, ahora los principales poderes del país están en manos de los Rodríguez: ella es la cabeza del Poder Ejecutivo y él, del Legislativo
Izarra califica a los hermanos como “los Fouché de esta historia”, en referencia al político francés que sobrevivió a la Revolución Francesa, al Imperio de Napoleón y a la posterior Restauración. “Su lealtad (la de los Rodríguez) es al poder mismo –a cualquier poder-. No teorizan sobre cómo ejercerlo, tejen cómo sobrevivirlo”.
Hay varios retos por delante para Delcy Rodríguez.
“Los dilemas de la elite autoritaria son múltiples, entre ellos, mantener el control, satisfacer las demandas Estados Unidos y lograr una reconfiguración hacia un ‘chavismo 3.0’ que le permita sobrevivir a esta coyuntura tras la captura de Maduro”, dice a BBC Mundo Maryhen Jiménez, doctora en Ciencias Política por la Universidad de Oxford.
Todo esto mientras hace se enfrenta a una paradoja pues “el chavismo se identificó antimperialita y ahora les toca convivir con el tutelaje de Estados Unidos”, dice Jiménez.
El reacomodo entre actores, con Trump, las diferentes facciones del chavismo y las bases chavistas, “es un equilibrio bastante frágil”.
“Es posible pensar que se van a priorizar perfiles con lealtad personal, que permitan delegar tareas complejas y que permitan transitar este momento”:
La experta en autoritarismos y democratización explica que “necesita hacer concesiones a Estados Unidos, sobre todo en lo económico; a la vez, hay múltiples demandas sociales acumuladas, causadas por el colapso del Estado; así como exigencias de liberalización política, es decir, el cese de la represión de la sociedad y de la oposición”.
Mariano de Alba apunta que el círculo más cercano de Delcy Rodríguez, además de su hermano, es “gente con un vínculo económico y técnico (…) más tecnócrata, pero teniendo como punto de referencia que es el gobierno más tecnócrata al que se podía aspirar dentro del chavismo”.
Uno de los primeros nombres es Félix Plasencia, actual embajador en Reino Unido. La semana pasada distintos medios reportaron que fue enviado por Caracas a Washington para mediar y “avanzar en la reapertura de la embajada de Venezuela”, según reportó The New York Times.
“Plasencia es un hombre de Delcy y de Jorge, no puedes separarlo, sobre todo de ella. Tiene un perfil más limpio, no tiene señalamientos y donde está no puede ser responsable de violaciones de derechos humanos. Es fiel a los hermanos y hará lo que le digan: si tiene que ser moderado, lo será. No es un chavista de los tradicionales, no tienen un verbo tan fuerte”, remarca César Bátiz.
Sobre Plasencia, Mariano de Alba dice que es “una persona con conexiones en el mundo empresarial e internacional”.
Delcy Rodríguez fue la encargada de la política económica con Maduro en la última etapa y a la que se le atribuyó una liberalización que alivió parcialmente la crítica situación del país.
Y lo económico parece ser prioritario en esta nueva etapa.
En ese sentido, otro miembro de su círculo es Calixto Ortega Sánchez, nombrado vicepresidente sectorial de Economía. Antes fue presidente del Banco Central de Venezuela (BCV). Según De Alba, “educado fuera de Venezuela, es una persona muy bien conectada, conoce bien el tema económico y lo maneja con cierta destreza”.
Otros nombres que destaca De Alba dentro del tema económico son Héctor Silva, poco conocido, “abogado especialista en negocios internacionales que viene manejando el tema de la industria minera en el sur de Venezuela”.
Román Maniglia, “presidente de Pequiven -corporación del Estado encargada de producir y comercializar petroquímicos- , fue presidente del Banco Venezuela y una ficha clave de Delcy Rodríguez”.
Así como Anabel Pereira, abogada y economista, vicepresidenta del BCV y ministra de Economía y Finanzas, cargo que empezó con Maduro “gracias a que Delcy le convenció de esa designación”.
“Si veo los nombres en su conjunto, diría que son personas bien preparadas, profesionales, enfocadas no tanto en lo ideológico del chavismo, aunque sí son chavistas, sino más bien en conseguir resultados económicos”, remarca De Alba.
Entre los últimos nombramientos que ha hecho Delcy Rodríguez en los últimos días está el de Gustavo González como Comandante General de la Guardia de Honor Presidencial y máximo responsable de la Dirección General de la Contraniteligencia Militar (DGCIM).
Como explica César Bátiz, “ahora es la mano militar más fuerte de Delcy”, aunque antes, como también apunta el periodista, “era reconocido como persona fiel y gran amigo de Diosdado Cabello”, ministro de Interior. “Ahora, sin embargo, juega a cuadro cerrado con ella”, agrega.
González fue el responsable del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y fue sancionado por Estados Unidos en 2015 durante la presidencia de Barack Obama como “responsable o cómplice de actos significativos de violencia o conducta que constituyen un abuso o violación grave de los derechos humanos”.
Otro nombre que no es nuevo es el de Juan Escalona, quien fue edecán de Chávez y miembro cercano al círculo de Maduro. En los ataques de Estados Unidos del pasado 3 de enero se creyó en un primer momento que había fallecido. Ahora es quien asume el Despacho de la Presidencia.
“No es un cargo pequeño. Tiene mucho acceso y eso es muy extraño. Puede ser un premio de consolación o también puede ser por guardarlas formas. Yo lo menciono como uno de los posibles traidores a Maduro, porque conocía muchos detalles de él”, señala Bátiz.
Otro nuevo nombramiento fue del Miguel Pérez Pirela como ministro de Comunicación, alguien considerado como uno “de los funcionarios afrancesados”. La propia Delcy se formó en Francia y Reino Unido.
“Una elección que puede ser porque, por un lado, tienen pocos cuadros en comunicación y, por otra, que ella (Rodríguez) trate de mostrarse como más moderada. Está en campaña y puede estar buscando ideas frescas”, dice Bátiz.
Cabe recordar que, además de presidenta, Delcy Rodríguez aún ostenta la vicepresidencia ejecutiva y es ministra de Hidrocarburos. Y al control del Ejecutivo, se suma la alianza en el Legislativo con su hermano Jorge al mando.
Pero, además, por los cargos que ostentó antes Jorge, también tienen aliados dentro de otro poder clave: el electoral.
La ONG Transparencia Venezuela publicó un informe que detalla los vínculos de la actual mandataria. Señala como su principal aliado al rector y vicepresidente del CNE, Carlos Quintero Cuevas, “quien ingresó en el ente electoral en septiembre de 2004, mientras Jorge Rodríguez era rector principal”.
En esos movimientos, una de las caídas que destacan es la de Álex Saab, controvertido empresario que estuvo preso en EE.UU. acusado de blanqueo de dinero, devuelto en un intercambio de presos y, hasta ahora, ministro de Industrias y Producción Nacional.
Bátiz destaca la salida de esta figura “muy vinculada a Maduro, protegido de él” como un mensaje para el exmandatario.
“Si yo fuera Maduro y tuviera la esperanza de que Delcy y Jorge me fueran a sacar del brete en el que estoy, este movimiento es un muy mal mensaje”.
Para Izarra esta salida “puede leerse como una concesión (a EE.UU.), pero también como una bomba de tiempo que Washington puede detonar cuando quiera. Saab suelto también es Saab que sabe demasiado”.
Las razones detrás de estos cambios, “hechos en muy poco tiempo”, como señala De Alba, buscan “un cierto reacomodo con mucho énfasis en el tema económico, sin poder desmontar el tema militar e ideológico”.
“¿Estamos ante un “chavismo 3.0″? No sabemos qué rumbo tomará, pero podemos anticipar una adaptación a esta nueva realidad, que intentarán navegar para mantener el control y resistir. El chavismo pretende seguir existiendo para darse contiuidad histórica”, señala Jiménez.
Para Izarra, el objetivo de la nueva formación de Delcy Rodríguez es “sobrevivir”, por lo que “no puede darse el lujo de rodearse de gente leal a Maduro o con agenda propia”.
Mariano de Alba apunta que hay diferencia con la vieja guardia militar chavista en este círculo de poder y que el objetivo es “conseguir resultados, dar una mayor garantía de mejor administración, mejor eficiencia, mejora económica y, con ello, usar los ingresos para fines políticos, para recuperar tanto la popularidad como estar en una mejor posición electoral”.
Izarra señala que entre los retos que tendrá que afrontar en esta nueva etapa será “mantener el equilibrio con Diosdado Cabello, que controla el aparato de seguridad y puede desatar el caos si decide que le conviene; satisfacer a Washington sin perder la fachada de soberanía que necesita para sobrevivir internamente y evitar la presión popular o de la oposición que encuentren un hueco para desafiarla”.
Aunque diferente, De Alba no señala a Delcy Rodríguez como moderada: “Quienes la conocemos sabemos que tiene un perfil bastante combativo. Ahora, dentro del chavismo sí que representa un ala que no es la más ideologizada y su facción es la más abierta a negociar ciertas concesiones; quiere enfocarse en estabilizar la economía”.
Rodríguez está aún sancionada por la Unión Europea por acciones contra la democracia y el Estado de Derecho, por violaciones de derechos humanos y represión de la sociedad civil y la oposición en el país.
La nueva presidenta parece haber iniciado cambios que satisfacen a Trump. Y a la vez dice que defiende el regreso del “secuestrado” Maduro. Un equilibrio difícil que muestra, como dice Jiménez, que Venezuela está en “un momento incierto, también para el gobierno”.
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