
La reciente reforma a la Ley Federal del Trabajo en materia de plataformas digitales ha marcado un hito indiscutible en la historia laboral de México. Tras años de operar en un vacío legal, el Estado mexicano dio un paso progresista para reconocer lo que era evidente, pero ignorado: detrás de cada clic, de cada entrega de comida y de cada viaje, existen personas trabajadoras de carne y hueso a las que se les deben garantizar sus derechos laborales.
La implementación del programa piloto del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha comenzado a arrojar sus primeros frutos, y son dignos de reconocimiento. El hecho de que, en el último mes de la prueba, más de 206,512 personas lograran superar el umbral de ingresos necesario para acceder a la seguridad social es una noticia que debemos celebrar. Significa que para más de doscientas mil familias, la incertidumbre ante un accidente de quien lleva el sustento a casa o el miedo frente a una emergencia médica comienza a disiparse. Este avance confirma una tesis fundamental: la formalización del sector no es una utopía, sino una posibilidad administrativa y política real.
Sin embargo, en política pública, el éxito general a veces funciona como una cortina que oculta las grietas particulares. Si bien los números globales son alentadores, un análisis más profundo, realizado con las “gafas violetas”, nos revela que el diseño actual de la reforma, aunque bienintencionado, corre el riesgo de dejar atrás a una parte vital del gremio: las mujeres.
Este es un sector altamente masculinizado, donde las mujeres representan apenas el 10 % de la fuerza laboral. Precisamente por ser minoría numérica, existe el riesgo latente de que sus problemáticas específicas sean invisibilizadas bajo la premisa de la “neutralidad” de la ley. El informe “Conectadas al cambio: por un trabajo justo para las mujeres en plataformas digitales”, presentado recientemente por el consorcio UNIDAS, pone el dedo en la llaga sobre cómo las reglas del juego actuales, paradójicamente, podrían estar profundizando las brechas de desigualdad que prometieron cerrar.
Hemos identificado cuatro barreras críticas que requieren atención prioritaria para calibrar el rumbo de la reforma. La primera y más técnica es el acceso a la seguridad social. Para acceder a ella, las personas trabajadoras deben generar un ingreso base equivalente al salario mínimo. No obstante, el obstáculo reside en el llamado “factor de exclusión”: un porcentaje que se descuenta al total de ingresos generados para calcular el ingreso neto. En términos llanos, si una conductora tiene un ingreso bruto equivalente al salario mínimo (9,558 pesos en un mes), al aplicarse un factor de exclusión del 48 % (para quienes usan automóvil), solo se toman en cuenta 4,970 pesos. Esto la obliga a generar más de 18,000 pesos brutos mensuales solo para acceder a la seguridad social.
Bajo estas reglas, cruzar la meta es una carrera de obstáculos mucho más difícil para las mujeres. Ellas suelen trabajar jornadas fragmentadas no por falta de voluntad, sino por la carga de cuidados: son quienes desconectan la aplicación para recoger a sus infantes, cuidar a personas enfermas o gestionar el hogar. Esta realidad se confirma con datos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social: existe una subrepresentación de mujeres en el acceso a la seguridad social, alcanzando sólo al 5 % de las beneficiarias, la mitad de lo que se esperaría por su participación en el sector. Al exigir el mismo umbral a quienes no tienen el mismo tiempo disponible, la política pública penaliza, indirectamente, los cuidados.
El segundo punto ciego es la maternidad. La normativa actual establece que la inactividad por 30 días puede interpretarse como terminación de la relación laboral. ¿Qué sucede con una trabajadora en las últimas semanas de embarazo o en pleno puerperio? Bajo la regla actual, su necesidad fisiológica de reposo se traduce en un despido automático y la pérdida de derechos justo cuando más los necesita. Además, la reintegración laboral es compleja pues tampoco contarán con el acceso a guarderías. A esto se suma que los horarios no son compatibles con las dinámicas de las plataformas, que a menudo incluyen turnos nocturnos o fines de semana.
La tercera barrera tiene que ver con una realidad alarmante: la violencia. Siete de cada diez trabajadoras reportan haber sufrido acoso o violencia durante sus servicios. Las formas más frecuentes son acoso verbal (77.4 %), insinuaciones sexuales (62.3 %), contacto físico no deseado (47.2 %) e insultos por razón de género (54.7 %).Aunque la reforma obliga a las empresas a tener protocolos, en la práctica, los contratos y políticas actuales no explicitan acciones contundentes de prevención, atención y sanción.
Finalmente, se encuentra la opacidad algorítmica. A pesar de la publicación de sus políticas, los algoritmos siguen siendo cajas negras que penalizan a quien rechaza un viaje, incluso si es por seguridad. Si una conductora rechaza un servicio en una zona de alto riesgo, el algoritmo la castiga con menos asignaciones, afectando su ingreso y alejándola de la seguridad social. Se les obliga a elegir, literalmente, entre su integridad física y su protección social.
Estos hallazgos no se presentan como una descalificación a la reforma, sino como un esfuerzo constructivo para identificar áreas de oportunidad. Existen propuestas factibles y accionables que es necesario seguir discutiendo para mejorarlas e incorporarlas a una nueva versión de la reforma.
La tecnología avanza rápido, pero los derechos laborales deben avanzar a la par. Tenemos la oportunidad histórica de lograr que la flexibilidad laboral no sea sinónimo de precariedad para las mujeres. La mesa está puesta y necesitamos sentarnos para continuar este diálogo y construir acciones concretas para garantizar el trabajo justo para las trabajadoras de plataformas digitales.
* Néstor Genis (@GenisNestor) es coordinador de Inclusión y Desarrollo Sostenible en Ethos Innovación en Políticas Públicas (@EthosInnovación).

La mujer que llevó su lucha contra el abuso sexual hasta los tribunales falleció en abril de 2025 tras años de batallas personales y judiciales.
En medio del furor desatado por la publicación de los últimos documentos de los archivos Epstein, hay que recordar a una figura que fue clave para que estos documentos acabaran viendo la luz: Virginia Giuffre.
Giuffre, quien murió el pasado abril a los 41 años, fue una de las principales denunciantes de Epstein y su socia Ghislaine Maxwell. El primero se suicidó en la cárcel en 2019 y la segunda cumple una condena de 20 años en EE.UU. por su participación en el tráfico y los abusos sexuales de Epstein.
También denunció por abusos sexuales al príncipe Andrés de Inglaterra, acusación que este siempre ha negado rotundamente.
El pasado octubre, Andrés perdió su título de príncipe tras surgir nuevas revelaciones de sus vínculos con Epstein.
En unas memorias póstumas publicadas a principios de ese mes y tituladas Nobody’s Girl (La chica de nadie), Giuffre reiteró las acusaciones de que, siendo adolescente, mantuvo relaciones sexuales en tres ocasiones con el expríncipe, conocido ahora como Andrew Mountbatten Windsor.
En esas memorias, la mujer también aseguró que había temido “morir como esclava sexual” de Epstein y su círculo.
¿Quién era Virgina Giuffre y por qué fue clave para que el escándalo de abusos de Epstein saliera a la luz pública?
Giuffre nació como Virginia Roberts en 1983 en el estado de California, en EE.UU. Su familia se trasladó más tarde a Florida.
A los 7 años, según relató, fue abusada sexualmente por un amigo de la familia, y su “infancia fue robada rápidamente”.
“Ya estaba tan mentalmente dañada a tan corta edad que huí de eso”, contó en el programa Panorama de la BBC en 2019.
Durante su infancia pasó por varios hogares de acogida. A los 14 años, ya vivía en la calle, donde aseguró que solo encontró “hambre, dolor y más abuso”.
En el año 2000, mientras intentaba reconstruir su vida, conoció a la socialité británica Ghislaine Maxwell.
Giuffre trabajaba como asistente en los vestuarios del resort Mar-a-Lago, propiedad del presidente Donald Trump en Palm Beach, cuando Maxwell le ofreció entrevistarla para trabajar como masajista.
“Corrí hacia mi papá, que trabajaba en las canchas de tenis de Mar-a-Lago. Él sabía que estaba intentando arreglar mi vida, por eso me había conseguido ese trabajo. Le dije: ‘No lo vas a creer, papá'”, recordó.
Cuando Giuffre llegó a la casa de Epstein en Palm Beach, dijo que él estaba acostado desnudo y que Maxwell le dio instrucciones sobre cómo masajearlo.
“Durante ese tiempo me hacían preguntas sobre quién era yo”, recordó.
“Parecían buenas personas, así que confié en ellos, y les conté que había tenido una vida muy difícil hasta entonces: que había sido una niña fugitiva, abusada sexual y físicamente… Eso fue lo peor que pude haberles dicho, porque ahora sabían lo vulnerable que era”, le contó a la BBC.
Lo que esperaba que fuera una entrevista de trabajo se convirtió en el comienzo de años de abuso por parte de Epstein y Maxwell, según su testimonio.
Maxwell fue hallada en 2022 culpable de reclutar y traficar jóvenes para que Epstein abusara de ellas y actualmente cumple una condena de 20 años.
Aunque el nombre de Giuffre se mencionó repetidamente durante el juicio, ella no fue una de las cuatro mujeres que testificaron en el caso. Maxwell negó haberla agredido.
En 2015, Giuffre presentó una demanda por difamación contra Maxwell tras ser acusada de mentir. El caso se resolvió posteriormente con un acuerdo.
En sus memorias póstumas, Giuffre cuenta que, incluso décadas después, recordaba cuánto temía a ambos y afirma que Epstein la sometió a sexo sadomasoquista que le causó “tanto dolor que recé para perder el conocimiento”.
Giuffre también detalla las consecuencias físicas que dicho abuso tuvo en su cuerpo, con ojeras y costillas visibles bajo la piel.
En lugar de ofrecerle atención médica, Epstein se sentía “repugnado” por su apariencia, afirma.
“‘Ya no eres la misma chica que eras’, le dijo Epstein con frialdad. ‘Tienes que adecentarte'”, escribe en el libro.
También describe cómo Maxwell facilitó que le presentaran al príncipe Andrés en marzo de 2001.
Giuffre afirmó que pasó de ser abusada por Epstein a ser “pasada como una bandeja de frutas” entre sus poderosos amigos, mientras la llevaban en jets privados por todo el mundo.
Aseguró que en 2001, cuando tenía 17 años, Epstein la llevó a Londres y se la presentó al príncipe Andrés. Una famosa fotografía que, asegura, fue tomada esa noche muestra al príncipe con el brazo alrededor de Giuffre, con Maxwell sonriendo al fondo.
Giuffre afirmó que, tras acudir a un club nocturno, Maxwell le dijo que “tenía que hacer con Andrés lo que hacía con Jeffrey”.
“Fue una época muy aterradora de mi vida… No estaba encadenada, pero estas personas poderosas eran mis cadenas”, le dijo a la BBC.
En su demanda civil, Giuffre alegó que el príncipe abusó sexualmente de ella en tres ocasiones: en la casa de Maxwell en Londres esa noche, y más tarde en propiedades de Epstein en Manhattan y en Little St. James, en las Islas Vírgenes.
En sus memorias, Giuffre afirma que esa tercera en la isla de Epstein tuvo que participar “una orgía” junto a “otras 8 jóvenes”.
“Las demás chicas parecían ser menores de 18 años y no hablaban inglés. Epstein se reía de su dificultad para comunicarse, diciendo que eran las chicas con las que era más fácil llevarse bien”.
El príncipe Andrés, quien llegó a un acuerdo económico con Giuffre en 2022 después de que esta presentara una demanda contra él en EE.UU. el año anterior, ha negado reiteradamente cualquier delito. En 2019, declaró a BBC Newsnight que no recordaba haber conocido a Giuffre en absoluto y que nunca tuvieron ningún tipo de contacto sexual.
Giuffre contó que para el año 2002 Epstein había perdido interés en ella porque ya era “demasiado mayor” para él.
Aseguró que lo convenció para que le pagara una formación para convertirse en masajista profesional, y que él y Maxwell la mandaron a un curso en Tailandia. A cambio, se esperaba que trajera a su regreso a EE.UU. a una chica tailandesa.
Sin embargo, Giuffre conoció a un hombre durante el viaje, se enamoró, se casó con él diez días después y se mudaron a Australia para formar una familia.
Según su relato, Epstein y Maxwell se quedaron el shock al oír la noticia de que no regresaba a EE.UU.
En 2009 presentó una demanda civil contra Epstein por explotación sexual en la que aparecía bajo el seudónimo de Jane Doe 102. Giuffre llegó a un acuerdo con Epstein en ese caso antes de que fuera a juicio.
Giuffre estuvo casada con su esposo Robert durante más de dos décadas. Juntos, tuvieron tres hijos, con los que vivían en Australia.
Fundó una organización sin fines de lucro dedicada a “educar y abogar por las víctimas de trata”.
A principios de abril de 2025, publicó en redes sociales una fotografía en la que se la veía con moratones y un mensaje en el que decía que le quedaban pocos días de vida tras el choque de un autobús escolar contra su coche.
El 24 de abril de ese año, su familia anunció que Virginia murió por suicidio a los 41 años en Australia Occidental.
La policía de esa región indicó que fue hallada sin vida en su vivienda de Neergabby y que no había indicios de circunstancias sospechosas.
En un comunicado, sus familiares la describieron como una “guerrera feroz en la lucha contra el abuso sexual”, y señalaron que “el peso del abuso se volvió insoportable”.
Añadieron que perdió la vida como consecuencia de una trayectoria marcada por el abuso sexual y la trata de personas.
“A pesar de todas las adversidades que enfrentó en su vida, brilló con luz propia. La extrañaremos muchísimo”, dijeron.
Josh Schiffer, abogado que representa a otra de las víctimas de Epstein, afirmó que Giuffre fue fundamental para exponer al financista y su cómplice. “El caso no habría existido sin su aporte, su cooperación y su valentía al principio, que inspiraron a tantas otras personas a denunciar”, declaró a una cadena estadounidense.
En 2022, después de que condenaran a Ghislaine Maxwell a 20 años de cárcel en EE.UU., Giuffre declaró al New York Magazine: “Definitivamente, esto no ha terminado”.
“Hay muchas más personas involucradas”, aseguró.
Las nuevas revelaciones que están apareciendo del caso Epstein parecen darle la razón.
*Este artículo se publicó originalmente en abril de 2025 y fue actualizado con motivo de la publicación de los nuevos archivos del caso Epstein.
Aquí encontrarás enlaces de ayuda para la prevención del suicidio.
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