
¿Tiene algún beneficio incorporar la inteligencia artificial (IA) a la educación? En su caso, ¿cuáles podrían ser estos beneficios?
Fernando Reimers, profesor de la Universidad de Harvard, junto con sus colaboradoras Zainab Azim, Maria-Renée Palomo y Callysta Thony, aportan una respuesta de gran alcance a estas preguntas en su libro Inteligencia artificial y educación en el Sur Global. Una perspectiva sistémica, recientemente publicada en inglés y lanzada, en su traducción al español, por Mexicanos Primero.
Este libro analiza el potencial de la inteligencia artificial en educación, con base en tres objetivos centrales:
Estos tres dominios —alfabetización en IA, eficacia educativa y relevancia educativa— constituyen el núcleo desde el cual los autores analizan si la IA puede realmente resolver problemas críticos en la educación. El análisis de esta cuestión se enfoca en el sur global, compuesto por más de 100 países de África, América Latina y aquellos de Asia considerados ‘en desarrollo’, y en conjunto cuentan con una población de más de 6 mil millones de personas, alrededor del 85 % de la población mundial, y aproximadamente el 90 % de los menores de 18 años del mundo. Los diversos países que integran este conjunto requieren inversiones significativas en educación, salud e infraestructura para aprovechar su bono demográfico. Si estas necesidades no se atienden satisfactoriamente, pueden presentarse tensiones sociales en distintos ámbitos.
Los sistemas educativos en estos países –algunos de enorme magnitud– tienen recursos insuficientes y, sobre todo, enfrentan grandes crisis de aprendizaje, incluso en aquellos que son fundamentales, como lectura, escritura y matemáticas básicas. Esto es resultado de la diversidad de condiciones socioeconómicas de las y los estudiantes, las cuales no han sido adecuadamente atendidas, de manera que al ofrecerles un mismo currículo, se les ofrecen, de hecho, distintas oportunidades de aprendizaje, cuestión que ocupa un lugar prioritario en el libro de Reimers y sus colaboradoras.
En esta obra, el aprendizaje –el núcleo de la educación– constituye el centro del análisis. En consecuencia, sus autores examinan la forma como la IA puede contribuir a mejorar las oportunidades de aprendizaje en los sistemas educativos, para lo cual se basan en una perspectiva sistémica, es decir, consideran a la educación no como un conjunto de partes desvinculadas, sino como un sistema adaptativo complejo, en donde las distintas intervenciones no generan efectos lineales y pueden tener consecuencias impredecibles e ingentes, y aquellas de alcance local o marginal no siempre son escalables.
A partir de estos planteamientos ampliamente desarrollados en el libro, analizan el potencial de la IA para subsanar las deficiencias observadas en distintos componentes del sistema educativo: los estudiantes, su aprendizaje, el trabajo en las aulas y las escuelas; el currículo; la evaluación del aprendizaje; el desarrollo profesional docente; la organización y gestión escolar y, por último, la gobernanza educativa.
En cada capítulo, presentan los desafíos más importantes que enfrentan los sistemas educativos en sus distintos componentes, la evidencia disponible relacionada con la aplicación de la IA para atender estos desafíos en diferentes países, y las implicaciones para los tomadores de decisiones de política educativa, los profesionales de la docencia y los desarrolladores de IA. Además, sus autores reflexionan sobre las cuestiones de orden ético y plantean una serie de preguntas para la investigación.
El libro es prolijo en ejemplos, en evidencias y en cuestionamientos acerca de las mejores formas de incorporar los distintos recursos de la IA a la educación. Con apoyo de la IA es posible diseñar contenidos y materiales educativos contextualizados, adaptar los procesos de aprendizaje al ritmo y dificultades de las y los estudiantes, identificar las brechas de aprendizaje entre estudiantes, evaluar el desarrollo de habilidades críticas, apoyar con mayor pertinencia el desarrollo profesional docente, transformar la gestión educativa, en fin. Las posibilidades de la IA para mejorar las oportunidades de aprendizaje que este extraordinario libro nos hace ver son inagotables.
No obstante, no hay a lo largo del texto un optimismo ciego que ignore los obstáculos o los retos que tienen frente a sí los sistemas educativos del sur global. Si la IA se integra a la educación, tendrá que hacerlo colocando en el centro al ser humano, actuando como soporte y no como sustituto de la interacción docente-estudiante. Esto requiere transitar de una perspectiva de ‘innovación incremental’ hacia una transformación paradigmática que fomente la ‘cointeligencia’, asegurando que la tecnología sea una herramienta de apoyo y no un factor de exclusión digital en el sur global. En este marco, se destacan la contextualización –la adaptación a realidades de infraestructura limitada y de culturas diversas; la equidad –prioridad a grupos marginados, y la transformación –el cambio sistémico basado en la tecnología digital para reimaginar la relevancia de la educación y no solo automatizar los sistemas educativos que no han logrado impulsar la igualdad de oportunidades educativas para todos los estudiantes.
En este horizonte de posibilidades, la inteligencia artificial es esperanzadora. Es una posibilidad para volver al núcleo de la educación: el aprendizaje –especialmente del que es fundamental para la vida. Nos abre el camino para redescubrir el aprendizaje como experiencia que transforma y nos permite construir futuros más dignos y justos. Ahora que estamos en los inicios de la era del llamado diseño post-inteligente, donde la colaboración entre humano y máquina crea algo totalmente nuevo, este libro nos recuerda que ninguna tecnología podrá jamás reemplazar la especial sinergia que surge en cada encuentro educativo, en la mirada, la palabra o la presencia que sostiene. En cada salón de clases, la IA puede ayudarnos a recuperar la promesa más profunda de la escuela: el derecho de cada persona a florecer.
* Maura Rubio Almonacid es directora de Investigación de Mexicanos Primero.

El comercio en Little Village, un vecindario de Chicago conocido como el “México del Medio Oeste”, está de capa caída tras semanas de un intenso operativo de la agencia migratoria de EE.UU.
Durante las últimas semanas, todos los ojos han estado puestos en Mineápolis, Minesota, donde la furia pública por la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas de EE.UU. (ICE, por sus siglas en inglés) generó una oleada de disturbios en la ciudad.
El presidente Donald Trump se comprometió a “reducir la intensidad” de la situación y el llamado zar de la frontera, Tom Homan, declaró este jueves el fin del operativo en el estado.
Chicago ya ha visto una leve disminución en el envío de más agentes migratorios y de sus medidas severas en las calles.
La llamada Operación Midway Blitz se lanzó en septiembre contra lo que el gobierno de Trump llamó “inmigrantes ilegales criminales” y alcanzó su auge en las semanas siguientes.
Desde entonces, Chicago y específicamente sus vecindarios hispanos, han tenido que ajustarse a la nueva normalidad.
En el sector Little Village, La Villita, el temor a las redadas ha causado que la gente no salga de casa, convirtiendo a uno de los núcleos económicos clave de Chicago en algo parecido a un pueblo fantasma, dicen los comerciantes y funcionarios de la ciudad.
“El comercio ha caído a la mitad durante la semana, algunas veces menos que eso. La gente no quiere gastar dinero”, afirma Carlos Macías, dueño de una tienda y restaurante Carnicería y Taquería Aguascalientes, que su padre abrió hace 50 años en la calle 26, la principal avenida.
Macías recuerda cómo una redada en su propio negocio propagó el miedo entre la comunidad. Los agentes escondían sus caras con pasamontañas, cuenta, y algunos portaban rifles mientras otros tenían pistolas en sus cartucheras.
Mientras se movían por el lugar, hicieron una barrida visual del espacio, mirando directamente a los ojos de los empleados y la clientela, algunas personas se agacharon bajo las mesas, recuerda, y otras empezaron a llorar. Otros corrieron hacia la parte de atrás del edificio, sin estar seguros de las intenciones de los agentes. Con la creciente tensión, Macías intervino.
“Esta es mi propiedad”, les dijo Macías. “No tienen permiso para estar aquí”.
Sus palabras tuvieron poco efecto. El incidente sigue grabado en su mente y cree que es una de las razones de la caída en el negocio.
Pero, aunque las redadas pueden provocar que la gente se quede en casa, Trump asegura que son necesarias para proteger a los ciudadanos estadounidenses.
El Departamento de Seguridad Interna afirma que lanzó la Operación Midway Blitz en honor a Katie Abraham, una estudiante de 20 años que murió atropellada por un inmigrante ilegal ebrio guatemalteco que se fugó.
La agencia asegura que más de 800 inmigrantes indocumentados han sido arrestados, incluyendo agresores sexuales, ladrones, asesinos y pandilleros.
Sin embargo, los expedientes de los tribunales federales divulgados en noviembre registraron que un número alto de los detenidos no eran considerados un riesgo significativo para el público.
La contracción en Little Village está teniendo repercusiones en la economía más amplia de la ciudad, señalan los funcionarios.
El corredor de tres kilómetros es uno de los núcleos económicos clave de Chicago, que genera uno de los recaudos impositivos más altos por fuera de la llamada Magnificent Mile (Milla Magnífica) en el centro.
Y, contrario a las elegantes boutiques y tiendas de marca internacional que salpican esa zona élite en la Avenida Michigan Norte, esta calle atraviesa lo que es predominantemente un vecindario hispano.
Los negocios son propiedad de los lugareños y sirven principalmente una comunidad latina, la clientela de base que muchos dicen se está quedando de puertas adentro por el miedo.
El concejal Michael Rodríguez declara que ha recibido informes de los restaurantes y expendios de comida locales que las ventas han caído hasta 60%. Una tienda local de teléfonos celulares no registró una sola venta durante un período de dos semanas, dice.
“Desde que el presidente Trump ha estado en el poder, hemos notado un importante traspié en los días subsiguientes en enero y febrero”, expresó Rodríguez.
“Cualquier impacto perjudicial en el entorno comercial de la calle 26 tiene un efecto negativo en la región”.
Pero algunos líderes políticos apoyan el plan de deportación de Trump, que fue una política central de su campaña electoral en 2024.
“Me encanta lo que está haciendo”, dice Lupe Castillo, una residente de Little Village y candidata republicana al Congreso por el 4to Distrito de Illinois.
“Me da lástima que haya llegado a esto, pero es la culpa de los demócratas. Este país tiene reglas. Puedes entrar, pero hazlo de la forma correcta. Así te puedes quedar aquí y buscar la vida que quieres”.
Castillo, que ha vivido en Little Village durante más de 40 años, afirma que esta es la primera vez que ha visto agentes federales en el vecindario, pero los residentes deberían continuar apoyando a los negocios locales.
“Simplemente no llames mucho la atención”, aconseja. “Yo conozco a estas personas del vecindario, no son malas, así que, ¿por qué deberían tener miedo? Sólo están buscando a los malos”.
El concejal Rodríguez señala que unos pocos negocios se han mantenido estables durante este período de incertidumbre, como algunas tiendas de comestibles selectas. Sin embargo, como un residente de Little Village de toda la vida, asegura que nunca ha visto algo así.
“Por primera vez en mi vida teníamos estacionamiento público disponible a lo largo de la calle 26”, dice Rodríguez. “A la hora del almuerzo, cuando nuestros restaurantes típicamente están llenos, veíamos restaurantes vacíos. Incluso durante la pandemia parecía que éramos más resilientes”.
En respuesta a las redadas migratorias, la ciudad de Chicago ha lanzado un programa de apoyo a los negocios locales que se han visto afectados. Ana Valencia, secretaria municipal de Chicago, introdujo la iniciativa llamada Shopping in Solidarity (Compras en solidaridad) para instar a los residentes, y los habitantes de toda la ciudad, a comprar localmente y apoyar a sus vecinos.
“Creo que los chicaguenses han encontrado la manera de unirse durante estas crisis”, expresa Valencia. “Lo que me derrite el corazón es ver a la gente venir aquí y ver lo vibrante que es el vecindario”.
A pesar de estos esfuerzos, el resultado de la diminución de tráfico peatonal se está sintiendo en todo el corredor, aún en restaurantes de larga data como la Taquería Los Comales, un lugar emblemático de Little Village por más de cinco décadas.
Aunque la Cámara de Comercio de Little Village no tiene datos de las ventas diarias en el vecindario, Christina González, miembro de la junta y dueña de la Taquería Los Comales, indica que las ventas de muchas tiendas han caído entre 30% y 60%. Dice que ella misma se ha visto forzada a recortar las horas de trabajo de sus empleados.
“No necesitamos 10 mesera sirviendo cuatro mesas”, explica González. “Simplemente no tiene sentido”.
La mayoría de los empleados son contratados localmente, añade, porque los residentes tienden a buscar empleo cerca de casa.
“La comunidad depende de estos pequeños negocios para el empleo y los ingresos”, cuenta González. “Si no tienen las horas para sostener eso, entonces no están percibiendo los ingresos que necesitan y empiezan a prescindir de otros lujos”.
Aunque todavía es muy temprano para conocer la totalidad del impacto económico a nivel nacional, los economistas advierten que las deportaciones masivas podrían perjudicar el PIB, ya que muchos migrantes trabajan en los sectores de la agricultura, construcción y manufactura.
Un informe de 2024 del Instituto Peterson para la Economía Internacional, un centro de análisis independiente arguyó que las deportaciones masivas podrían reducir el PIB en 7% en el curso de tres años.
Igualmente, un informe de 2024 de la Comisión Económica Conjunta del Congreso encontró que, dependiendo de la magnitud de las deportaciones, los precios podrían subir hasta en 9,1% para 2028.
No obstante, los adeptos de las políticas del presidente han sostenido que la inmigración descontrolada costaría más al fin de cuentas, incluso aplicándoles presión a los servicios públicos.
En 2024, el Centro de Estudios Migratorios, un centro de análisis que aboga por niveles menores de inmigración, declaró en un testimonio ante el Congreso que una vida de fuga fiscal (impuestos pagados menos los costos) por cada inmigrante ilegal era de unos US$68.000.
Mientras los economistas y los políticos debaten las cifras, para Gonzáles y sus empleados la preocupación es más inmediata: cómo mantener las luces encendidas y la comida en la mesa.
Adolfo Peña, dueño de la Zapatería Linda’s, revela que sus ingresos han caído por lo menos a la mitad desde que Trump asumió el poder. El declive ha sido particularmente difícil para él. Votó por Trump en las pasadas elecciones y Peña describe el resultado como una amarga desilusión.
“Esto es lo peor que nos ha pasado”, manifiesta. “Desafortunadamente, voté por él. Eso es lo que más me duele. Tenía confianza en que iba a cambiar las cosas”.
Peña confesó que parte de su decisión de votar por Trump fue motivada por su frustración con la política fronteriza de Joe Biden. Durante la presidencia de Biden, Chicago experimentó un aumento en el número de migrantes, con la ciudad recibiendo más de 51.000 llegados de la frontera sur de EE.UU.
Little Village se convirtió en un punto de entrada clave, con uno de los mayores refugios en la región que albergaba 220 personas a comienzos de 2024.
La victoria electoral de Trump en 2024 fue impulsada por un aumento en el apoyo de los votantes latinos como Peña, que estaban preocupados por la economía con la carga de la inmigración indocumentada.
Pero desde que Trump asumió el cargo, Peña señala que sus utilidades netas han sufrido más, primero cuando impuso aranceles a múltiples países, incluyendo algunos de sus proveedores, y luego durante la Operación Midway Blitz.
“Cuando se presentó este problema con ICE, todo el mundo desapareció”, lamenta.
En el Pollo Feliz, otro restaurante del vecindario, Marya trabaja detrás de la caja registradora y confirma que ha visto el tráfico peatonal disminuir. Los que entran al restaurante ordenan para llevar.
“Los que vienen son los que tienen papeles”, comenta Marya, que no quiso dar su apellido. “Antes, la gente solía venir de lejos. Desde que los agentes de inmigración están aquí, eso ya no sucede más”.
Marya afirma que entiende ese miedo. Ha sido testigo de los agentes migratorios deteniendo vendedores ambulantes comerciando tamales, chicharrones y empanadas. También recuerda detectándolos temprano en la mañana en vehículos con vidrios ahumados, algunos con sus caras cubiertas y rifles expuestos.
Rodríguez, el político local, dice que el número de vendedores ambulantes no es el mismo. Antes, varios vendedores de comida llegaban temprano a asegurar sus puestos en las esquinas, con los clientes ya esperando en fila antes de que los puestos terminaran de instalarse. En los meses más cálidos, casi todas las esquinas de la calle 26 estaban ocupadas.
Ese ajetreo ha desaparecido desde entonces. Algunos comerciantes dejaron de vender comida por completo, y las esquinas que solían estar repletas ahora lucen vacías.
“Los vendedores callejeros, que pueden no tener un estatus de documentación formal en nuestro país, me han manifestado su preocupación no sólo de perder su sustento, sino de ser separados a la fuerza de sus familias”, cuenta. “Tienen miedo de que sus hijos no tendrán a sus padres a la mesa”.
Edwin y Luna, que venden huevos en una de las esquinas de la calle 26, expresan que los vendedores ambulantes salen menos y por períodos más cortos.
“No quieren salir”, afirman. “Nosotros no estamos asustados, pero al mismo tiempo, sí lo estamos. No respetan que seas de aquí. No les importa”.
ICE podría incrementar sus redadas en todo Estados Unidos en los próximos meses.
El gobierno de Trump planea emplear miles de agentes más, abrir nuevos centros de detención y trabajar con compañías privadas para localizar personas sin estatus migratorio legal. El Congreso también aprobó US$170.000 millones de financiación para ICE y la Patrulla Fronteriza hasta septiembre 2029.
Para los residentes de Little Village, el temor de ICE está siempre presente.
Determina quién sale, quién trabaja y quién compra. A pesar de la incertidumbre, las familias, los negocios y los miembros de la comunidad mantienen su decisión de adaptarse y perseverar en esta nueva normalidad.
Imágenes adicionales de Google Street View
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.