
Tengo miedo. Estoy en un lugar oscuro y siento como se pega a mí y empieza a sobar mis glúteos. Tengo 11 años y estoy en el laberinto “Viaje en el tiempo” de una feria a la que fui con mi familia. Estoy paralizada. Lo siento embarrado en mí. Estoy sudando. Me preocupa mi hermana que viene detrás de mí. Lo único que pienso es correr.
Encuentro la salida y voy hacia mi mamá para contarle lo que acaba de suceder. Ella se enfurece, se dirige firmemente a la entrada del juego y empieza a gritar a los responsables. No recuerdo las palabras, solo una sensación de vergüenza profunda.
¿Por qué no grité? ¿Por qué no dije que no? ¿Mi silencio fue lo que propició esto?
Treinta y un años después, el pasado 18 de febrero, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el dictamen que establece que EL SILENCIO NO ES UN SÍ. Se reformaron los artículos 260 y 266 Bis del Código Penal Federal, estableciendo, entre otras cosas, que el consentimiento no podrá presumirse a partir del silencio, la pasividad o la falta de resistencia física de la víctima.
Al leer esa noticia, mi niña interior se sintió vista y validada. También mi yo actual, al que le duele saber que, de enero a octubre de 2025, se registraron 6,760 llamadas de emergencia por abuso sexual; que, de acuerdo a la ENDIREH 2021, el 49.7% de las mujeres en México han sido víctimas de violencia sexual a lo largo de su vida. Peor aún, entre 2020 y 2024, en 3720 registros de nacimientos reportados, las madres tenían entre 10 y 17 años y los padres entre 40 y 85. Porque aun teniendo Presidenta [sic], seguimos siendo objetivizadas sexualmente.
Probablemente, estas cifras te revuelven el estómago y te generan una necesidad inmediata de que esta realidad cambie. La buena noticia es que esta reforma al Código Penal puede ser el inicio de un cambio sociocultural profundo.
Que la ley se construya sobre la base de que el consentimiento debe ser libre, voluntario e informado —libre de toda coacción— implica un cambio radical en la forma en que entendemos la interacción sexoafectiva entre personas. Y si esta iniciativa se acompaña de una buena socialización, hay esperanza de que una de cada tres mujeres deje de ser víctima de abuso sexual.
Este nuevo paradigma reconoce que los delitos sexuales no son casos aislados que pasan de vez en cuando. Son un problema estructural que forma parte de la manera en que están organizadas nuestras dinámicas sociales. Tienen que ver con desigualdades históricas de poder entre hombres y mujeres, arraigadas en una cultura machista que perpetúa la discriminación.
Tratar la violencia sexual como un problema estructural implica reconocer que no basta con castigar al agresor individual: se requiere transformar las estructuras sociales y culturales que permiten que estos comportamientos persistan. En este contexto, el consentimiento se entiende como un proceso que se construye y reafirma de manera continua, en el que cada persona puede decidir y expresar lo que quiere y lo que NO quiere en todo momento, con libertad, seguridad y sin miedo.
Al ser continuo, incluso cuando ha habido un consentimiento inicial de forma expresa, este puede ser reversible y retirado en cualquier momento. En términos simples, se busca proteger nuestra autonomía e integridad, y garantizar que las personas involucradas puedan decidir, comunicarse y asegurarse de que todos los actos sexuales se realicen de mutuo acuerdo.
Por lo anterior, “no se considera consentimiento cuando la voluntad de la persona haya sido anulada o viciada por violencia, intimidación, engaño, amenaza, abuso de confianza, autoridad o situación de vulnerabilidad”. Ya que en cualquiera de estos supuestos, el aparente consentimiento deriva de la coacción, fuerza, amenaza —explícita o implícita—, generada por un desbalance de poder, miedo, opresión psicológica, ignorancia, indefensión o incapacidad para entender la violencia sexual, entre otras.
De igual manera, la reforma incluye diversas agravantes que aumentan las penas, particularmente en casos en los que existe un claro desbalance de poder: cuando hay una relación previa (sentimental, familiar, de confianza), una situación de dependencia y —quizás de las más relevantes para desestigmatizar a muchas víctimas— “cuando la víctima se encuentre bajo los efectos de alcohol, fármacos, narcóticos u otras sustancias que afecten su voluntad o discernimiento”.
El mensaje resulta claro: los perpetradores ya no pueden despojarnos de la posibilidad de decidir, vulnerando nuestra autonomía y nuestra integridad. El consentimiento es el elemento fundamental en el marco de los delitos contra la libertad sexual.
Esperemos este mensaje se traduzca en las legislaciones locales y en la generación de políticas públicas que permeen en la sociedad y garanticen la aplicación efectiva de estos criterios, para que todas las niñas puedan estar seguras de que pueden ir a la feria, y a cualquier lugar, sin el riesgo de ser violentadas.
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Macarena Velázquez López (@MacaIntensa) es abogada por el CIDE y cuenta con estudios de maestría por la London School of Economics & Political Science (LSE). Feminista, activista e intensa. Profesionalmente, su carrera se ha desarrollado en torno a la promoción y defensa de los derechos humanos. Actualmente es consultora en género y derechos humanos.

Analizamos la vida del máximo líder de Irán, el poder que ejerce y el papel que desempeñan sus hijos en la política del país que fue atacado este sábado por EE.UU. e Israel.
Un nuevo desafío para el hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.
El ejército de Israel lanzó este sábado un ataque contra su país con la participación de Estados Unidos.
En enero, el líder supremo iraní enfrentó el reto más serio a su poder desde la Revolución Islámica de 1979, cuando manifestaciones masivas sacudieron las calles del país y desataron una crisis de legitimidad del gobierno.
En las protestas antigubernamentales, que alcanzaron un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, murieron miles de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente amenazó con tomar acción militar por la muerte de los manifestantes.
Ante esas amenazas, el gobierno de Irán señaló que Teherán estaba abierta a conversar con Washington, pero aseguró que el país estaba “preparado para la guerra”.
Entretanto, el ayatolá Jamenei acusó a EE.UU. de “engaño” y de usar a “mercenarios traidores” para atizar las protestas.
Ni Trump, ni el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han ocultado su deseo de un cambio de régimen en Irán.
Durante décadas, Washington e Israel han acusado a Irán de intentar desarrollar en secreto un arma nuclear. Irán ha negado repetidamente que busque una bomba y afirma que su programa solo tiene fines pacíficos.
Este mes se celebraron tres rondas de negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, y se esperaban nuevas negociaciones la próxima semana.
Pero este sábado, la situación dio un giro dramático.
“Hace poco, el ejército de Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible. Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo”, dijo Trump en la red social Truth Social.
Una fuente dijo a Reuters que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, no se encontraba en Teherán y que había sido trasladado a un lugar seguro.
Tras el ataque “preventivo” de Estados Unidos e Israel, la presión sobre el líder supremo no cede.
¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, qué poder ejerce en el país y qué rol desempeña su familia en la política iraní?
El ayatolá Alí Jamenei es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989. Los jóvenes iraníes nunca han experimentado la vida sin él en el poder.
Jamenei, que está en el medio de una compleja red de poderes rivales, es capaz de vetar cualquier asunto de política pública y elegir a dedo a candidatos para cargos públicos.
Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Iran (CGRI), su posición lo convierte en una figura con todo tipo de poderes.
Nacido en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, en 1939, Jamenei es el segundo de ocho hijos en una familia religiosa. Su padre era un clérigo de rango medio de la rama chiita del islam, el grupo religioso dominante en Irán.
Su educación se centró principalmente en el estudio del Corán y obtuvo el título de clérigo a los 11 años. Pero, al igual que muchos líderes religiosos de la época, su rol siempre ha sido tanto político como espiritual.
Jamenei, un hábil orador, se unió a los críticos del Sha Reza Pahlavi, el monarca que fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979.
Durante años, vivió en la clandestinidad y estuvo detenido. Fue arrestado seis veces por la policía secreta del Sha, sufriendo torturas y el exilio interno.
Un año después de la revolución, el ayatolá Jomeini lo nombró líder de la oración de los viernes en la capital, Teherán.
Jamenei fue elegido presidente en 1981, antes de ser designado en 1989 por los ancianos religiosos como el sucesor del ayatolá Jomeini, quien había muerto a los 86 años.
Alí Jamenei, quien rara vez viaja al exterior, vive junto a su esposa con austeridad en un complejo residencial en el centro de Teherán.
De Jamenei se sabe que disfruta de la jardinería y la poesía, que fumó en su juventud –algo inusual para una figura religiosa en Irán– y que perdió la movilidad de su brazo derecho en un intento de asesinato en la década de 1980.
Junto a su esposa, Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh, tienen seis hijos: cuatro varones y dos mujeres.
La familia Jamenei no suele aparecer en público ni en medios de comunicación, por lo que la información oficial y verificada sobre la vida privada de sus hijos ha sido limitada.
De sus cuatro hijos, el segundo, Mojtaba, es el más conocido por su influencia y el importante papel que desempeña en el círculo íntimo de su padre.
Mojtaba estudió en la escuela secundaria Alavi en Teherán, un colegio cuyos alumnos tradicionalmente son hijos de altos funcionarios de la República Islámica, y se casó con la hija de una destacada figura conservadora del país, Gholam-Ali Haddad-Adel, en un momento en que todavía no se había convertido a clérigo.
Comenzó sus estudios religiosos formales en el seminario de Qom, el centro chiita más importante de Irán, a los 30 años.
A mediados de la década de 2000, la influencia de Mojtaba en la política del país se hizo más evidente, aunque rara vez esto haya sido reconocido por los medios de comunicación locales.
Mojtaba saltó a la escena tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2004, cuando el candidato Mehdi Karroubi lo acusó en una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei de haber interferido de manera encubierta a favor de Mahmud Ahmadineyad.
Desde la década de 2010, Mojtaba ha sido considerado como una de las personas más poderosas de la República Islámica. Relatos anecdóticos sugieren que él es el candidato preferido de Jameneí para reemplazarlo. Sin embargo, algunas fuentes oficiales han negado estas afirmaciones.
Aunque Alí Jamenei no es rey ni puede ceder el trono a su hijo, Mojtaba tiene un poder significativo dentro de los círculos de línea dura de su padre, incluyendo la poderosa oficina del Líder Supremo, que eclipsa a los órganos constitucionales.
El hijo mayor de la familia es Mustafa Jamenei, quien está casado con la hija de Azizollah Khoshvaght, un clérigo tradicional firmemente conservador.
Tanto Mustafa como Mojtaba sirvieron en el frente durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980.
El tercer hijo de Alí Jamenei es Masoud. Nacido en 1972, está casado con Susan Kharazi, hija de Mohsen Kharazi, un conocido clérigo afiliado a la conservadora Asociación de Maestros del Seminario de Qom y es hermana de Mohammad Sadegh Kharazi, exdiplomático con inclinaciones reformistas.
Masoud Jamenei se ha mantenido alejado de los círculos políticos y se sabe poco sobre su vida.
Antes, había dirigido la oficina que supervisa las obras de su padre, una institución que funciona como un brazo clave de propaganda para el ayatolá Jamenei. También había sido responsable de la recopilación de la biografía y las memorias de su padre.
El hijo menor, Meysam, nació en 1977 y, al igual que sus tres hermanos mayores, también es clérigo.
Su esposa, cuyo nombre no ha sido mencionado en los medios, es hija de Mahmoud Lolachian, un comerciante con mucho dinero e influyente, conocido por apoyar financieramente a clérigos revolucionarios antes de la revolución de 1979.
Meysam ha trabajado junto a su hermano Masoud en la Oficina para la Preservación y Publicación de las obras de su padre.
Sobre las hijas de Jamenei se sabe poco.
Bushra y Hoda son las menores de la familia y ambas nacieron después de la revolución de 1979.
Bushra nació en 1980 y está casada con Mohammad-Javad Mohammadi Golpayegani, hijo de Gholamhossein (Mohammad) Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete de Jamenei.
Hoda, la menor de las hijas del líder, nació en 1981. Está casada con Mesbah al-Hoda Bagheri Kani, quien estudió marketing y daba clases en la Universidad Imam Sadiq.
*Esta es una actualización de un artículo originalmente publicado el 16 de junio 2025, con información de BBC News, BBC Verify y el corresponsal de la BBC en Washington Paul Adams
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